GUADALUPE REAL MONASTERIO DE GUADALUPE
PARADOR DE TURISMO
ERMITA DEL HUMILLADERO
En la pequeña ermita del Humilladero, Miguel de Cervantes, según la tradición, ofreció sus grilletes de preso en Argel. Desde allí, contempló Guadalupe y el perfil formidable de su monasterio. La imagen la conservó toda su vida. En su última obra, Los trabajos de Persiles y Segismunda, evocó Guadalupe y como si se refiriera a él mismo, escribió: “…les parecía venir por el aire volando los cautivos envueltos en sus cadenas a colgarlas en las santas murallas”. Como faro o potente imán, el “grande y suntuoso monasterio, cuyas murallas encierran la santísima imagen” -en palabras de Cervantes- se impone desde la distancia o desde la misma plaza de Santa María. Han escrito de él, de su singular biblioteca musical, de sus once zurbaranes, de su arquitectura y su silencio monacal cronistas, literatos españoles y extranjeros: el portugués Gaspar Barreiros (Chorographia de alguns lugares, 1546), Antonio Ponz (en su Viaje de España) y, en el pasado siglo, Unamuno o el holandés Cees Nooteboom (El desvío de Santiago, 1992). En Guadalupe, río escondido en árabe, hay signos para el que llega que indican otros tiempos: altos eucaliptos, las urracas azules de la zona, un águila que captura una presa y remonta el vuelo. Son los signos de una naturaleza, la de Villuercas, los Ibores, que parecen envolver la villa como una segunda piel. “El más hermoso paraíso extremeño”, lo denominó Mario Roso de Luna, nacido en la vecina Logrosán a fines del siglo XIX. “Jamás –escribe Unamuno- vi castaños más gigantescos y más tupidos”. De modo que quien llega a Guadalupe ya ha realizado Fuente de los Tres Chorros un primer viaje a una naturaleza asombrosa. Y bajo ese estado de seducción, si accede a la villa por la plazuela de Información los Tres Chorros, va entrando en la fisonomía de un pueblo suspendido en el tiempo, lo que se confirma entrando al informadoresturisticos@dip-caceres.es Monasterio Jerónimo. En su interior, Nooteboom entabló www.turismocaceres.org un diálogo silencioso con los zurbaranes y el doctor Gregorio Marañón se lamentó de la escasa iluminación que impedía verlos con detalle. Unamuno se refirió a la Perla de Zurbarán, un San Jerónimo que abre “perspectivas celestiales”. Y es el escritor de Por tierras de Portugal y de España quien encierra en unas palabras el adentro y el afuera de Guadalupe: “Hermosísimo es, sin duda, cuanto el arte humano puede aún ofrecernos en Guadalupe; mas es más hermoso aún lo que allí la naturaleza nos ofrece”.
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