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Atardecer en Medellín
Corporación Cultural VIVAPALABRA de aquel silencio se escuchó una voz fuerte y decidida: –Nadie es más que el otro… era el libro y cerro sus páginas.
Atardecer en Medellín
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Ya es tarde, ya viene la noche tiñéndose de arreboles que anuncian la llegada del verano. Ernesto es un pequeño de escasos años que trabaja en la calle para ayudar a su familia, a pesar de su impedimento, con su cojera camina muy despacio y observa a los transeúntes ansiosos de llegar a su morada. Las aves buscando su hogar. Es casi noche. Dos conductores vociferan y hacen trancón; Ernesto aprovecha aquel trancón para vender su mercancía: “Bonnay ,bonnay, lleve su bonnay, lleve su bonnay. Los hay de todos los colores olores y sabores bonnay bonnay” y el tumulto sigue creciendo y; uno de los conductores disparó su arma hiriendo de muerte a uno de los transeúntes. Rodando por el suelo: grita, llora, implora, pero nadie lo escucha … y la ciudad indiferente; no acepta sus realidades. Ernesto, testigo de aquel bello atardecer arrebolado, teñido de sangre y de dolor, se pierde entre las sombras de la noche, no ve, no oye, no siente, lo embriaga el sueño eterno. La madrugada se torna despejada y un periódico anuncia: Noticia de última hora: transeúnte de escasos nueve años fue muerto víctima de dos conductores intolerantes quienes dispararon hiriendo a otros más y la ciudad no acepta sus realidades. Una madre llora y busca a su hijo mientras enseña un retrato raído desteñido cómo está su corazón; y …mientras tanto, Medellín, la ciudad de la eterna primavera se prepara para empezar de nuevo su jornada.