Enfoque diferencial la convivencia de lo distinto

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Enfoque diferencial: la convivencia de lo distinto Una experiencia del Centro de Desarrollo Infantil Semillitas del Futuro Sucumbíos, Nariño Relato de M arcela C hamorro C armen C eneida N upan C añar


Enfoque diferencial: la convivencia de lo distinto, 2016 Ministerio de Educación Nacional, Colombia Una experiencia del CDI Semillitas del Futuro (modalidad institucional, educación intercultural) Sucumbíos, Nariño Relato de Marcela Chamorro Carmen Ceneida Nupan Cañar Proyecto editorial desarrollado por la Corporación Voces y Saberes Coordinación editorial Mariana Schmidt Quintero Carolina Turriago Borrero Redacción Juan de Brigard Pardo Asistencia editorial Juan Pablo Bonilla Carvajal Corrección de estilo Lilia Carvajal Ahumada Diseño y diagramación Marta Cecilia Ayerbe Posada Impresión Zetta Comunicadores S. A. Esta reseña se desarrolló en el marco de la Alianza por la Primera Infancia (Convenio de asociación 1375 de 2015), producto del diseño del esquema de reconocimientos e incentivos a buenas prácticas en educación inicial.


En nuestra zona conviven cinco pueblos indĂ­genas: pastos, awĂĄ, kofĂĄn, nasa e inga. Cada uno tiene una tradiciĂłn propia, consume unos alimentos y otros no o tiene maneras distintas de prepararlos.


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inga es una palabra que recibimos del término quechua mink’a y ahora forma parte del español. Denota el trabajo colectivo que una comunidad hace para beneficio de todos sus individuos. En una minga, el trabajo se ofrece como un regalo sin pretender conseguir una remuneración individual, pues se entiende que el provecho general es un beneficio para todo el grupo, incluidos los que hacen el trabajo. El ejemplo más común de una minga son los cultivos colectivos cuyos productos son para el disfrute de todas las personas de la comunidad. Pero no todas las mingas tienen como resultado alimentos y bienes materiales: también hay mingas de pensamiento. En estos encuentros, tal como sucede en otros casos, la comunidad se reúne para que los más sabios y hábiles ofrezcan su pensamiento al resto del grupo. El regalo que se hace aquí es inmaterial, pero tiene consecuencias tangibles para la comunidad que lo recibe. Esto es justamente lo que acontece en Sucumbíos donde las mingas tienen a los niños y las niñas como centro y los esfuerzos intelectuales se dedican a incrementar su bienestar. Las mingas, en especial las de pensamiento, logran reunir y cohesionar a la comunidad a través de los regalos que entregan. La gente de la comunidad entiende que el trabajo es para todos y no permite que nadie quede por fuera de esos beneficios;


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Cuando varios grupos distintos conviven, las mingas de pensamiento son una forma muy potente de establecer y conservar buenas relaciones entre ellos, pues la comunidad entera trabaja para construir algo que es fruto del esfuerzo de todos.


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 Sucumbíos, Nariño  deja a todos en igualdad de condiciones, independientemente de quién sea o cuál sea su posición. Esta manera de convivir cobra especial valor en nuestro caso y está sin duda al servicio de los chiquitines que nacen y crecen en este pequeño corregimiento ubicado en la frontera colomboecuatoriana, en el límite entre Putumayo y Nariño; un rincón tan escondido de la geografía nacional que al mismo Estado le ha tomado un buen tiempo saber si depende administrativamente de un departamento o de otro. Aunque muchas personas de Pasto piensen que aquí no vive gente, tenemos cinco grupos indígenas distintos, tres consejos afrocolombianos y bastante población campesina. Alrededor del 40 % de las personas del corregimiento se reconocen como indígenas y 10  % como afros. El 50 % restante son campesinos, tanto oriundos de la zona, como venidos de otros municipios por causa de la violencia y la fumigación de sus cultivos en zonas cercanas. Nuestra vida no está exenta de conflictos, como no lo está la de quienes conviven con variadas prácticas alimentarias, de salud y autocuidado, ley de origen e idioma, pero podemos decir que hemos logrado grandes cosas en medio de tantas diferencias. Cuando varios grupos distintos conviven, las mingas de pensamiento son una forma muy potente de establecer y conservar buenas relaciones entre ellos, pues la comu-


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 Enfoque diferencial: la convivencia de lo distinto  nidad entera trabaja para construir algo que es fruto del esfuerzo de todos. Y cuando los niños están en el centro de esos esfuerzos, la comunidad verdaderamente logra hacer valer sus derechos. Nuestro CDI Semillitas del Futuro recibe niños y niñas de procedencias muy distintas, lo que nos impone el reto de hacer realidad día a día el enfoque diferencial. Los encuentros grupales constituyen nuestra principal herramienta para ajustar cada actividad, de manera que garanticemos que está al servicio de las necesidades específicas de una comunidad y de sus niños. Para ello es indispensable que conozcamos sus costumbres, su manera de concebir el mundo, sus prácticas, su gente y cómo crían a sus pequeños. Estos encuentros grupales, que llevamos a cabo una vez al mes, se asimilan a una minga de pensamiento y consisten en que un representante de cada uno de estos grupos presenta frente a todo el personal del CDI y de los padres de familia, los aspectos básicos de su cultura. Siempre comenzamos con una armonización a cargo de la persona que hace la presentación. Este momento varía de acuerdo con las tradiciones rituales de cada grupo. Cuando le corresponde a un representante indígena exponer su cultura, por ejemplo, él explica la ley de origen de su pueblo y comparte algunas palabras en su idioma. Cuando es un representante de un consejo afrocolom-


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 Sucumbíos, Nariño  biano, tal vez comente sobre su lugar de procedencia y comparta algunos de sus arrullos. Cuando el turno es de los campesinos, cuentan sus historias y hablan de sus tradiciones culinarias. El resultado es que todos aprendemos de los otros y comprendemos mejor el ambiente en el que cada grupo vive y a las personas que nos rodean. Los niños tienen la oportunidad de ver de primera mano las prácticas culturales de cada uno de los grupos que comparten el CDI. Aprenden de los mayores, empiezan a comprender que tienen diferencias y similitudes con los demás. Cada una de las presentaciones es un regalo para toda la comunidad en la medida en que es una herramienta fundamental para conocernos, resolver conflictos y construir terreno común con los demás. De ellas los niños aprenden que los conflictos se pueden resolver con el diálogo, que es posible convivir con personas distintas y que cada grupo humano tiene diferentes maneras de ver el mundo. Aunque esta manera de trabajar sea algo natural y coherente con nuestra realidad, las cosas aquí no siempre han sido como ahora. No hace muchos años, niños de nuestro corregimiento eran atendidos en guarderías administradas por el departamento de Putumayo donde eran “cuidados” durante el día y su procedencia no incidía en el tipo de atención recibida. En 2012, se estipuló que nuestro territorio dependía


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Somos un grupo cuyo principal interés es que la ayuda estatal tenga presentes a las comunidades indígenas de la zona. Con eso en mente partimos de los encuentros grupales y de un trabajo muy cercano con los gobernadores de cada una para conocer mejor a la población que atendíamos y así poder dar un servicio más diferenciado que tuviera en cuenta las necesidades de cada grupo.


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 Sucumbíos, Nariño  de las autoridades administrativas de Nariño y se inauguró un CDI. El comienzo fue muy difícil. Puesto que estamos en un lugar muy apartado, el personal de la entidad administradora no nos visitaba con la frecuencia requerida y todo el trabajo de administración, dirección y gestión caía sobre los hombros de las educadoras, quienes debían rotar entre ellas el cargo de coordinadora y dejar de prestar servicio algunos días por falta de personal. Finalmente en 2014 la Asociación de Cabildos y/o Autoridades Indígenas del Nudo de los Pastos Shaquiñan, que está a cargo del servicio, pues ya operaba en la modalidad familiar con bastante éxito, se encargó del servicio y cambiamos totalmente la forma de operar. Shaquiñan quiere decir “camino de los espíritus”. Para comenzar, somos un grupo cuyo principal interés es que la ayuda estatal tenga presentes a las comunidades indígenas de la zona. Con eso en mente partimos de los encuentros grupales y de un trabajo muy cercano con los gobernadores de cada una para conocer mejor a la población que atendíamos y así poder dar un servicio más diferenciado que tuviera en cuenta las necesidades de cada grupo. Por ejemplo en lo nutricional las variaciones son muy grandes. En nuestra zona conviven cinco pueblos indígenas: pastos, awá, kofán, nasa e inga. Cada uno tiene una tradición propia, consume unos alimentos


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 Enfoque diferencial: la convivencia de lo distinto  y otros no o tiene maneras distintas de prepararlos. Lo mismo puede decirse de los grupos afro y de los campesinos. Por ejemplo la mazamorra que los campesinos preparan con maíz blanco común y corriente, los awá la hacen pelando el maíz con ceniza. Estas diferencias implican minutas diferentes para los niños del CDI. Además de eso, el ICBF pide los alimentos con unas exigencias particulares que, dadas las diferencias entre los grupos, y por las condiciones materiales de nuestro contexto, son imposibles de cumplir. En un esfuerzo por conciliar las demandas del ICBF, la dieta particular de cada grupo, y cumplir con ciertas condiciones por el lugar en que vivimos (por ejemplo, en nuestro caso es impensable que el pollo permanezca congelado todo el trayecto desde el proveedor en la ciudad hasta la cocina del CDI), empezamos a aprovechar mejor los alimentos de pequeños productores de nuestra zona. Preguntamos a las indígenas mayores sobre sus comidas tradicionales y logramos conseguir proveedores que son productores directos de los ingredientes. Además, en muchos casos estas comidas se preparaban cada vez menos y gracias a nuestro esfuerzo se han vuelto a vender y a ganar popularidad. La yota, por ejemplo, una especie de papa silvestre que había dejado de consumirse, ahora se prepara en el CDI y está otra vez apareciendo en nuestro mercado local. Las madres indígenas jóvenes


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 Sucumbíos, Nariño  reconocen cada vez más los alimentos propios de sus grupos que no veían desde su niñez. Los niños del CDI disfrutan comidas que sus abuelos preparaban y tienen acceso a alimentos frescos. Por último, los pequeños productores de la región pueden vender sus productos y de nuevo cada vez más gente se interesa en comprarlos. Es una situación en la que todos ganan. Además de lo dicho, hemos logrado que el ICBF reconozca las ventajas en esta manera de hacer las cosas. Ya han hecho mediciones del valor nutricional de estas comidas y han encontrado que es posible ofrecer minutas variadas y autóctonas a los niños y las niñas de los diferentes grupos y cumplir su requisito alimentario simultáneamente. A su vez la relación precio-valor nutricional ha mejorado muchísimo desde que incluimos productos locales. Hoy en día cada grupo tiene su propia minuta basada en su alimentación tradicional y en las necesidades específicas del niño que la consume. Solo cumpliendo esa condición se puede decir realmente que el enfoque es diferencial y estamos muy orgullosos, porque ahora sí podemos decirlo. Con buena organización esto no significa trabajo adicional: tenemos un sistema con el cual las manipuladoras de alimentos preparan en el mismo día, la minuta de toda la semana de un solo


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Con los mitos de origen sucede algo similar que con la lengua. Hay muchos que están en el olvido por falta de sistematización y por la estigmatización que sufrieron estas visiones del mundo durante los siglos pasados.

grupo. Así, en vez de estar preparando el mismo día un poco de yuca, un poco de colada de plátano y un poco de yota, preparan toda la yuca de la semana el lunes, toda la colada de plátano el martes y toda la yota el miércoles. Con esto logramos rescatar tradiciones que no deben perderse y aprendemos a vivir en una comunidad con muchas culturas diferentes, respetando y valorando esas singularidades.


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 Sucumbíos, Nariño  Otro elemento muy importante de la identidad de nuestros pueblos lo constituye el idioma. Aunque tenemos cinco grupos indígenas, en realidad se hablan más de cinco lenguas: los kofanes tienen más de una, ya que grupos indígenas que han venido de otras regiones, como la Amazonía, a establecerse en este resguardo, han traído consigo las suyas. Los esfuerzos por rescatar, conservar y usar estas lenguas son muchos. Tristemente algunos de los dialectos que los indígenas hablaban en su infancia están en desuso hace muchos años porque la cultura occidental llevó a sus hablantes a pensar que usar lenguas nativas en vez de español era algo vergonzoso. Hemos procurado conseguir personal para el CDI que hable al menos una de las lenguas indígenas además de español, para que pueda usarla con los pequeños. Esto es sumamente difícil, porque conseguir en una persona la cualificación profesional y la lengua simultáneamente es prácticamente imposible. Sin embargo como el énfasis está puesto en el enfoque diferencial, el próximo año la prioridad estará en la lengua por sobre otros criterios. Con los mitos de origen sucede algo similar que con la lengua. Hay muchos que están en el olvido por falta de sistematización y por la estigmatización que sufrieron estas visiones del mundo durante los siglos


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 Enfoque diferencial: la convivencia de lo distinto  pasados. Aunque esto ha cambiado, hay una parte del daño que ya está hecho y ese patrimonio cultural es cada vez más difícil de recuperar. Lo mejor que se puede hacer es un esfuerzo por sistematizar y recuperar, con los adultos mayores de cada grupo, tanto como sea posible de esa tradición. Otro asunto vital en nuestros pueblos es la atención médica y en ello hemos hecho un recorrido interesante. El Estado solo puede poner un médico en el corregimiento y por el tamaño y la dificultad de acceso al municipio esto no es suficiente; por ello la Asociación, en el marco del contrato, incluye en el personal un médico tradicional y nos apoyamos en otros de nuestros grupos; hoy en día tres de estos últimos están vinculados al CDI: una afro y dos indígenas. Ellos se encargan de curar el mal de ojo, el espanto, el mal viento y de remitir a las personas cuando los niños tienen enfermedades como diarrea o fiebre. Como médicos tradicionales conocen sus límites y saben cuándo deben recurrir a la medicina occidental, pero no por eso su labor deja de ser importante y útil dentro de la comunidad. Ellos hacen una gran contribución al mantener el buen estado nutricional y de salud de los niños. Los estándares en este campo son difíciles de alcanzar en condiciones como las nuestras, por esa razón la ayuda y el


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 Sucumbíos, Nariño  reconocimiento de los sanadores tradicionales aporta mucho en nuestro contexto. En últimas esto acaba manifestándose en lo que el ICBF quiere garantizar y lo que es en realidad más importante: el bienestar nutricional y físico de los pequeños. Otra cosa que ha cambiado mucho en este sentido es la atención que las madres reciben en el momento del parto. Muchas de ellas no iban hasta donde el médico occidental para tener a sus bebés. Los médicos tradicionales se desplazan hasta el lugar de vivienda de las madres y las asisten en sus partos. Culturalmente esto es mucho menos cortante que si, por ejemplo, el médico occidental hiciera lo mismo, además de que obviamente eso no sería económicamente viable. Estos sanadores tradicionales han ampliado efectivamente la cobertura médica de la región y lo han hecho a partir de prácticas culturales tradicionales que están recuperando su valor frente a la comunidad. Estos médicos son figuras tan respetadas que los mismos campesinos, con frecuencia, usan sus servicios. Por eso han logrado también reunir a la comunidad y darle valor y reconocimiento a prácticas tradicionales indígenas. A pesar de que estamos tratando de involucrar más médicos tradicionales para que haya al menos uno por cada grupo indígena, por ahora miembros de todos los grupos visitan a estos


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 Enfoque diferencial: la convivencia de lo distinto  dos sanadores. El proceso ha tenido el efecto secundario de intensificar los lazos de la comunidad y acercar unos grupos a otros. Toda la comunidad respeta, valora y recurre al servicio de los médicos tradicionales. Además, estos sabedores no se ocupan solo de la parte médica. También está a su cargo llevar a cabo las armonizaciones del grupo. Cuando hay algún motivo de disputa o conflicto, el taita convoca a las partes y hace un ritual en el cual las tensiones se disipan. Si los distintos grupos (incluidos campesinos y afros) no valoraran estas prácticas, las armonizaciones serían un fracaso y, honestamente, han demostrado ser un gran éxito. Así, el papel de los sabedores es en últimas el de estrechar los lazos de la comunidad y permitir que grupos distintos de personas interactúen pacíficamente unos con otros, que es también la meta del enfoque diferencial del CDI y una de las maneras de defender los derechos de los niños y las niñas. Un derecho muy importante es el que tienen todos los niños a tener una vida con calidad y a vivir en un ambiente sano, y esto depende de que los conflictos se resuelvan de manera pacífica y de que su comunidad promueva un contexto de bienestar. Nos hemos dado cuenta de que todos nuestros éxitos dependen de esto, y de que la gente conozca las distintas formas de ser de la población que vive en ese territorio, porque conociéndolas, aprende a


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 Sucumbíos, Nariño  respetarlas. Estas distintas iniciativas tienen en común una cosa: como las mingas, benefician a toda la comunidad aunque salgan de un solo grupo. Todas estas prácticas hacen que las diferencias que en muchos casos separan a los grupos, nos unan aún más. Comprender quién es el otro, cómo vive, cuáles son sus intereses, sus preocupaciones, sus maneras de enfrentar las dificultades y sus creencias hace que todos nos beneficiemos, pues además de aprender más de nosotros mismos en el proceso, aprendemos también a convivir con lo que es diferente y esa es una habilidad muy importante en este país. En este momento estamos ante la gran expectativa de que se firme el acuerdo de paz. Todas las posibilidades y dificultades que tenemos para prestar el servicio dependen de la situación de orden público de la región. No hace falta mencionar los cilindros, las masacres, los combates y los bombardeos, pero además las fumigaciones de cultivos ilícitos le hacen muchísimo daño a nuestra región. Aunque quizá no sea la intención, en general lo que logran destruir son los cultivos de arroz y maíz, haciendo que la gente se quede, literalmente, sin qué comer. Tampoco hace falta decir que nuestros niños son los que más sufren por esta violencia. Ellos necesitan estabilidad emocional y territorial para desarrollarse, dependen mucho más que los adultos de las personas con las que viven


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 Enfoque diferencial: la convivencia de lo distinto  y tienen menos madurez emocional e intelectual para procesar la violencia que los rodea. Por todas estas razones son los que más sufren y los que más protegidos deberían estar del contexto bélico que los rodea. Por eso tenemos esperanza en el proceso. Porque necesitamos la paz. Si nuestros niños y niñas crecen en un entorno sin guerra, esto será parte de su vida y como tal lo significarán cuando crezcan. Si aprenden que una vida con conflictos solucionados a partir del diálogo es posible, contribuirán a detener el ciclo que perpetúa la violencia. Tenemos esperanza en que el proceso termine bien y también tenemos la certeza de que podemos enseñar algo: estamos seguros de que nuestras mingas y nuestros niños awás, kofanes, afros, pastos, nasas, ingas y campesinos tendrán mucho que decir, y en muchas lenguas, al respecto de cómo podemos vivir en paz, aun siendo muy distintos.


La reseña que aquí se publica forma parte de un conjunto de 27 relatos cortos en los que gestores de buenas prácticas en educación inicial —  de la modalidades institucional, familiar, comunitaria y de educación intercultural — exponen algunas de sus actuaciones a favor de las niñas y los niños en el marco de la atención integral a la primera infancia. Colombia ha caminado hacia la cualificación de sus prácticas en educación inicial buscando que estas respondan a un enfoque de desarrollo integral, a los avances investigativos en asuntos de primera infancia y, por supuesto, también a las características y particularidades de cada niño y cada niña que recibe atención. Esta reseña es una prueba fehaciente de las transformaciones que se vienen dando y un reconocimiento a quienes las hacen posibles: equipos humanos de unidades de servicios regadas por todo el territorio nacional, que trabajan minuto a minuto, día a día, cumpliendo lo que como país hemos establecido en la Constitución y en el Código de Infancia y Adolescencia: el derecho impostergable de niños y niñas a recibir una educación inicial de calidad. ¡A los gestores de la experiencia que se relata en esta reseña, como a de las demás de la colección, nuestros reconocimientos!


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