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EL ARTE DE AMAR Amistad y sexualidad
¿Qué se entiende por un amigo? ¿Cuántos amigos tenemos? Pre-
hacemos “atractivos”. ¡Hay que ver lo que se valora hoy el cuidado
guntas de apariencia sencilla pero de respuesta no tan clara. En
de la imagen y las industrias que giran en torno a este negocio (die-
la mayoría de los casos, saber que junto a nosotros hay personas
tas, gimnasios, cosmética, farmacéutica, ropa y complementos,...)!
a las que conocemos y con las que tenemos algo más trato no es sinónimo de ser amigos suyos. Con algunos jugamos juntos, con otros estudiamos juntos y hasta salimos juntos a “pasarlo bien”. También “me llevo” o “no me llevo” con los que comparto piso o la vecindad o con los que comparto el lugar de trabajo. Pero… ¿son mis amigos o simplemente son mis “colegas”, mis compañeros, mi pandilla, mis conocidos,…?
Pero al final de todo este recorrido, que nació de esa experiencia impresionante que tuvimos en nuestra familia o de esa experiencia frustrante que no tuvimos y que nuestro corazón anhela, nos topamos NO con un AMIGO, sino con mi soledad más bestial. Es la soledad del que sólo se ha buscado a sí mismo. La soledad del egoísta. La soledad del Narciso enamorado de si mismo. La soledad del soberbio que se ha terminado creyendo superior a
Es evidente que todos estimamos al máximo ser acogidos sin que
todos. O la soledad del humillado, que pasa por estar todo el día
nos saquen defectos o a pesar de tenerlos. También concede-
“suplicando” y “comprando” la complacencia de los demás.
mos gran importancia a ser escogidos, a estar valorados por los demás, a que nos tengan en consideración, a que cuenten con nosotros para hacer cosas o tomar una decisión. Todos necesitamos que nos acepten gratuita e incondicionalmente. Es evidente que es prácticamente imposible dar el paso (más que un paso es un salto) de la confianza en los demás, del compartir abierta y gratuitamente tu vida con otra persona (tu tiempo, tu dinero, tus conocimientos, tus afectos,…) sin haber tenido esta experiencia. Se explica entonces que en la satisfacción de esta necesidad de “ser amados” gastemos unas energías inmensas. Y también se explica que equivoquemos el camino atendiendo a los cantos de sirena de este mundo de “mercaderes”.
Y es que, por mucho que lo intentemos, LA AMISTAD NO SE PUEDE NI VENDER NI COMPRAR. No funciona como nos han enseñado. No funciona como dice la publicidad, ni el mercado, ni la mayoría de las películas. Sólo se puede llegar a experimentar la amistad cuando maduramos como personas. Cuando crecemos en el esfuerzo por descubrir nuestra vocación de personas libres y responsables. La amistad es el último grado, y el más perfecto posible, al que pueden llegar las relaciones humanas, puesto que representa la máxima victoria sobre el egoísmo. No hay nadie que lo haya expresado tan clara y rotundamente de palabra y de vida como Jesús de Nazaret: “Amigo es el que da la vida por el amigo”. Aunque, gracias a Dios, ha tenido muchos imitadores.
Para alcanzar ese objetivo muchos se lanzan a la carrera de hacerse ricos y poderosos. Cada vez con menos pudor se grita que ese es su principal objetivo en la vida. Otros se apuntan a metas más modestas: el triunfo y el éxito en “algo”. La inteligencia y la modestia también pueden utilizarse para tratar de influir en los demás de cara a ese objetivo. La mayoría aceptamos que esto es imposible si no nos
La SEXUALIDAD tiene mucho que decir en esta historia. Cuando nos educamos y nos esforzamos para poder amar a los demás, cuando sentimos ese esfuerzo gratuito de amor de los demás (entiéndase “amor” en el sentido que decíamos antes), lo hacemos CON TODO NUESTRO SER. Es decir, también con nuestra condición SEXUAL, sexuada.
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