Ilustración hecha por Gonzalo
Bubok Publishing S.L., 2013 1ª edición ISBN: Impreso en España / Printed in Spain Editado por Bubok
Los cazadores de lagartijas
Mª Luz Antuña
Para Gonzalo y Emilio que son los protagonistas de estas historias . M.Luz
Este cuento que aquĂ os cuento y que ahora os voy a relatar no es un cuento de mentira pues ocurriĂł de verdad.
E
l invierno había partido llevándose
consigo las noches largas, las bajas temperaturas y las lluvias. . . Mientras duró la gélida estación, el jardín había permanecido triste, pues la trayectoria seguida por el sol perdía alzada y la altura del edificio proyectaba sobre la floresta una desagradable sombra gris, húmeda y fría . . .
6
6
7 7
P
ero ya el invierno se habĂa ido y
el jardĂn empezaba a perder su letargo y a engalanarse de primavera. Poco a poco se iba llenando de luz, de colores, de fragancias y de sonidos nuevos de vida nueva. . . Pero sobre todo, sobre todo. . . ÂĄse llenaba de sol!
8 8
Y
cuando más
calentaba, por encima del muro aparecían las lagartijas, recién salidas de sus refugios invernales, solazándose al sol, en espera de sus presas. Los niños se quedaban frente a ellas, inmóviles y las observaban, entre curiosos y fascinados. 9 9
C
uando eran
más pequeños, las
perseguían intentando darles alcance, pero ligeras y escurridizas se metían en cualquier oquedad, ante sus atónitos ojos, y ellos persistían en la caza introduciendo un palito en el pequeño agujero, obligándolas a salir y. . . de nuevo, empezaba la persecución hasta llegar al pedregal, donde ya se hacía imposible la captura. 10 10
A
hora, ya no las importunaban,
tampoco maltrataban a los otros bichejos pequeĂąos, hormigas y cochinillas, que antes aplastaban entre sus dedos, sin el menor sĂntoma de arrepentimiento ante la crueldad cometida. Ya habĂan aprendido que eso estaba mal y que se debe respetar y amar la naturaleza y a los animales como parte de ella.
11 11
P
or eso, ahora ya
no perseguían
lagartijas, tan solo, las observaban camufladas en el paisaje, mientras ellas permanecían expectantes, con sus ojos saltones, acechando, para escapar al más mínimo movimiento. Y, cuando no se producía, porque los niños podían quedarse inmóviles, minutos y minutos, se despreocupaban y se adormilaban al sol de la tarde, sin importarles su presencia.
12 12
sede.sepe.gob.es
13 13
D
e tal manera se iba haciendo esto
costumbre, que los niños jugaban, corrían y gritaban y ellas seguían allí en la piedra, sin inmutarse, entre sus gritos y carreras. Solo un día ocurrió un pequeño percance: Corriendo, como siempre tras la pelota y, desde luego, sin darse apenas cuenta, uno de ellos pisó una pequeña lagartija. . . ¡o. . . creyó pisarla!. . .
14 14
N
o sabemos si la lagartija se asustó
al verlo llegar y puso en acción el mecanismo de distracción del enemigo para así escabullirse y salvarse, o, efectivamente, hubo un inconsciente pisotón. Lo cierto es que, ante el estupor del niño, su delgada y frágil cola se convulsionaba en el suelo sola, sin el resto del animal, que había desaparecido bajo un pequeño agujero que apenas se veía, bajo la portería de baloncesto. 15 15
C
on mucho cuidado, el niño recogió
del suelo ese apéndice convulso, cuando dejó de moverse, y lo introdujo en el orificio, para que su dueña lo recuperara y se volviera a poner su cola, sin más. Y allí se quedó esperando, en cuclillas, sin apenas moverse, a que el milagro se realizase. -¡Qué bien! – pensó el niño cuando al cabo de un rato, del agujero oculto bajo la portería, salió una lagartija completa, con cola y todo. 16 16
I
maginaba que se trataba de la misma
y que todo se había solucionado. Lo más curioso del caso es que su cola le volvería a crecer, aunque. . . ¡claro, no tan de prisa!.
17
17
A
quella tarde de verano, caliente
de sol, los niños, esperaban la aparición de las lagartijas en el muro, cuando de una cavidad entre las piedras. . . salió primero .. .¡una lengua bífida! y. . . después . . . ¡Una cabeza grande, cubierta de escamas grandes, que tenía unos ojos grandes! y . . . por último. . . ¡¡¡Un lagarto!!!
18 18
¡¡¡ U n lagarto de gran tamaño, del color de la hierba para mimetizarse en ella, que movió su fuerte cola, en gesto amenazador contra los intrusos!!!. ¡¡¡Qué sobresalto!!!…
19
19
20 20
L
os niños corrieron tan asustados
como si de una criatura venida del jurásico se tratara. Como si un terrible lagarto de los que poblaron la Tierra hace millones de años, acabara de aparecer ante sus ojos. Una de esas fascinantes, pero horribles criaturas del Jurásico. . .
21
21
U
n brontosaurio de los que pisaban
el suelo con tal fuerza, que resonaba como un trueno en cada paso, debido a sus mรกs de veinte toneladas de peso!!!.
22 22
A
temorizados y escondidos detrás del
manzano, agarrados de la mano para darse valor uno al otro y casi sin respirar, seguían los movimientos del lagarto. . . Este se limitó a mirar a ambos lados, cerciorándose de la ausencia de peligros y, simplemente, se quedó tumbado al sol un instante, para luego desaparecer tal y por donde había aparecido. 23
23
24
24
A
quella noche, cuando ya tarde se
durmieron ... ¡¡¡Qué sueños los dos pequeños!!!... ¡¡¡ Sueños antiguos años!!!...
de
millones de
¡¡¡ Pesadillas con robustos lagartos de cuello largo y colas como látigos!!!...
25 25
¡¡¡
P
or todas partes, lagartos gigantes
de todos los colores!!!... Y... ¡¡¡ellos, los niños, allí, perdidos. . . prisioneros de estos tremebundos gigantes. . .!!!
26 26
27 27
P
or fin, la mañana los arrancó de
las garras de los sueños y contentos salieron al jardín. Lo que no sabían es que la pesadilla se convertiría en obsesión.
28 28
E
staban
deseando
iniciar
una
batida para encontrar el lagarto que tan inesperadamente había aparecido en sus vidas. . . pero su búsqueda se hizo infructuosa ese día y durante muchos días más. . . Ya no prestaban atención a la aparición de las pequeñas y nerviosas lagartijas, que dejaron de ser sus juguetes habituales y sí rastreaban todos los rincones en busca del lagarto. 29 29
E
n un delirio de violenta exaltación,
convertían su juego cotidiano en una heroica empresa, que requería de toda su decisión y esfuerzo. . . Está claro, que no era una cacería, sino más bien una exploración para observar esta nueva especie descubierta. Y así pasaban los días. . . El lagarto no aparecía y los niños no se olvidaban de él. . .
30 30
H
asta
que
sin darse cuenta, se fue aquel verano, pasó el otoño y, de nuevo, el invierno se instaló en el jardín... proyectando sobre la floresta su desagradable sombra gris, húmeda y fría….
31 31
Mas como yo nunca miento aquí se acaba este cuento. . . y si juntos soplamos fuerte. . . ffffffffffffffffffffffffffffff ¡se lo lleva el viento. . . ! pero vuelve si lo miento. ..
32 32
33
34