¿Quién es nuestro próximo beato?
vivían las comunidades, campesinos y sus organizaciones. Estos acudían en demanda de su apoyo y él supo acogerlos con decisión. Como él mismo reconocería, el pueblo lo transformó: “con este pueblo no cuesta ser pastor”. Este proceso hizo cambiar rápidamente su visión de la misión de la Iglesia, de puramente sacramental y devocional a comprometida clara y decididamente con la causa de los pobres y su liberación. Es decir opción por la Vida, “la gloria de Dios es que el pobre viva” diría.
Monseñor Romero ya había tomado clara conciencia del genocidio en curso, y no dudó en acompañar las comunidades urbanas y rurales donde fue testigo de horribles matanzas. Supo acoger el clamor del pueblo, que tanto le amó. Su prédica no cesó en la denuncia, en la defensa la vida humana y en la demanda de respeto por los pobres y sus organizaciones.
Todo el compromiso del beato Romero, se enmarca en una radical fidelidad a Jesús. Fue su testigo, asumiendo compromisos que nunca buscó, pero tomó con decisión sintiéndose llamado a ello, asumiendo la persecución, el sufrimiento e incluso la muerte. “Si me matan, resucitaré en el pueblo
salvadoreño. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás” declararía meses antes de su asesinato.
Nació en El Salvador el 15 de agosto de 1917, en el seno de una familia muy pobre, fue ordenado sacerdote en 1942 y, luego de un dilatado servicio a la iglesia de su país, es nombrado arzobispo de San Salvador el año 1977.
En su última homilía en la catedral de San Salvador, el arzobispo Romero hizo un llamado a las fuerzas armadas de su país, para que detuvieran inmediatamente las masacres que a diario cometían contra la población campesina y urbana, los más pobres de su país. También los sacerdotes, monjas y catequistas eran masacrados.
Fue un hombre bueno, sincero, de una fe inquebrantable en Dios y apasionado servidor de la Iglesia. De mucha oración personal e incansable trabajo pastoral.
"¡En nombre de Dios y de este sufrido pueblo, les pido, les ruego, les ordeno, ¡Cese la represión!" rogó a los soldados
Siempre tuvo una profunda sensibilidad y solidaridad con las y los empobrecidos, pero solo a raíz del asesinato del Padre Rutilio Grande, cuyo compromiso con el pueblo valoraba sinceramente Romero, pudo descubrir las causas de la miseria y represión que
Y llegó su hora. El 24 de marzo de 1980, los poderes que el cuestionaba (oligarquía, ejército y gobierno) dieron la orden criminal. Un sicario disparó a ese corazón que tanto amor entregó, mientras oficiaba una Eucaristía.
para que no obedecieran las órdenes de sus superiores cuando les ordenaran matar a inocentes. Por esta muerte martirial Romero se ha convertido en una buena noticia para todos los y las que trabajan por un mundo más justo.