PERIODISMO CATÓLICO; FE QUE SE HACE CULTURA No. 1270 / $13.00
10 de noviembre de 2019 / AÑO 25
observacatholic
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DE CAMINO
TEMA DE LA SEMANA
JAIME SEPTIÉN
Todos los muros, el Muro
U
A tres décadas de su caída: ¿hemos aprendido algo? Págs. 3-6
UN GRAN FRAGMENTO DEL MURO DE BERLÍN TRANSFORMADO EN MONUMENTO La destrucción del muro que separó Berlín en dos zonas tuvo su inicio el 9 de noviembre de 1989. En marzo de 1991 cruzaba la aduana portuguesa un enorme bloque del Muro que hoy se expone junto a una entrada de la explanada del santuario de Nuestra Señora de Fátima, en Portugal. Pesa más de 2 toneladas y mide 3.6 metros de alto y 1.2 de ancho. El muro había durado 28 años… y ese fragmento se expone, como un despojo, un símbolo de la fragilidad de los imperios humanos, en la casa de la Virgen. Foto: Santuario de Fátima / fatima.pt
REVISTA DE PRENSA CATÓLICA
ENTREVISTA
«ESTAMOS SIRVIENDO A UN PUEBLO MÁRTIR EN MEDIO ORIENTE» ENTREVISTA AL SACERDOTE LUIS MONTES
LA FE GUADALUPANA SE EXHIBE EN ROMA
LA LIBERTAD DE LA VERDAD
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n muro es una cosa que divide. Los hay de piedra o los hay de viento. Los de piedra suelen ser derribados, como el 9 de noviembre de 1989 sucedió con el emblemático Muro de Berlín; los de viento, como el del sur de nuestro país (para no dejar pasar migrantes de Centroamérica) también caen, pero tardan más tiempo, hasta que la solidaridad y el humanismo los tumban. El Papa Francisco decía que las bardas nos convierten, a la larga, en hongos. Son representantes del miedo al otro, al que no conocemos, al que no queremos, al que despreciamos. Hace muchos años se decía que del tamaño de los objetos era el tamaño de los complejos. Con la miniaturización, ahora los objetos más codiciados son los más pequeños. Pero eso no aplica para los muros. Ahí sí se cumple el dicho. Mientras más altos son, más fobia a los otros tienen aquellos que los alzan. Los muros son emblema de la sociedad del recelo. Pueden justificarse de mil maneras. Incluso, los que vivimos «dentro» los podemos «soportar» bajo el pretexto de la seguridad de los bienes y las familias. Mientras no derribemos los muros internos, esos que nos impiden el amor y el respeto al prójimo, los de piedra y los de viento seguirán alzándose con soberbia. La única salvación es el temor de Dios. Sin temor a ofenderlo a Él, cualquier cosa es posible. Hasta soñar muros «hermosos», como los que quiere Trump en su frontera sur.