Homilía Domingo XXVI Tiempo Ordinario

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Domingo XXVI TO

P. Juan Antonio Carrera, SSP

(Mt 21, 28-32): En aquel tiem-

po, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. Él le contestó: No quiero. Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: Voy, señor. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis».

Pasar por la vida haciendo el bien El mundo en el que vivimos es muchas veces un mundo violento. Nos cuesta admitir que los llamados malos campen libremente e incluso prevalezcan sobre los que consideramos los buenos. Por eso muchos piensan, como ya denunciaba el profeta Ezequiel, que no es justo el proceder del Señor porque no los fulmina. Hay gente que piensa que su juicio es más recto que el juicio de Dios. Sin embargo, en la Biblia la convicción predominante es que el proceder divino se muestra, desde siempre, favorable a todo ser humano.

conforme a su voluntad, para que también nosotros podamos alcanzar, imitándolo, su propia gloria. El profeta Ezequiel, a diferencia de la tradición predominante en el Antiguo Testamento, acentúa en varios de sus textos la responsabilidad individual de nuestros actos, afirmando que nadie puede juzgar nuestro destino basándose sólo en alguna etapa de nuestra vida. Podemos cambiar a lo largo de ella, para bien o para mal. Los hombres con facilidad pretendemos juzgar a los demás sin tener en cuenta el cambio, es decir, esa posible evolución e incluso sin creer en ella, o sin admitir que pueda ir a mejor, sobre todo cuando pensamos en quienes tienen una conducta deplorable que suscita la repulsa general. Muchas veces pensamos que los malos no tienen remedio y por tanto no merecen ninguna consideración.

No obstante, ese proceder de Dios no es indiferente a nuestra respuesta. Sus designios de misericordia sólo se harán realidad si, por nuestra parte, nos abrimos a la fe en Aquel que él nos ha enviado. Precisamente, al enviarnos a su Hijo en nuestra condición Pero la actitud de Dios no humana, nos dio el máxies esa. Él sabe esperar. mo ejemplo de una vida


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