Letra núm. 654, 19 de enero de 2020

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AMLO Y LA RELIGIÓN: EL ESTADO LAICO BAJO AMENAZA, DE B. BARRANCO Y R. BLANCARTE (II) EN LA PRIMERA PARTE DEL VOLUMEN (pp. 1590), Roberto Blancarte (profesorinvestigador de El Colegio de México), profundiza varios de los análisis que ha producido en los últimos años, en los que, con particular agudeza, ha señalado persistentemente los riesgos de la actuación de AMLO, desde antes de triunfar en las elecciones presidenciales de 2018. En la primera sección (“Los liderazgos populistas y la religión”) ubica la actuación de AMLO en el marco de lo que está aconteciendo en la política mundial actual en torno a gobernantes populistas tales como Trump en Estados Unidos, Johnson en Gran Bretaña o Bolsonaro, en Brasil. Algunas de sus características son similares: se oponen a la globalización, son nacionalistas, nativistas y proteccionistas. Otra constante es que varios de ellos están reintroduciendo “a la religión en el espacio del Estado, de donde había sido expulsada, poniendo en riesgo los objetivos de garantizar la libertad de conciencia, la igualdad y la no discriminación”, lo que conlleva también un peligro para la laicidad del Estado. […] El liderazgo personalista es otro de los aspectos comunes que apunta hacia un “mesianismo político”, sobre todo cuando se apela a fuentes sagradas o religiosas que contribuyan a legitimar el poder: “La mezcla entre religión y política, a través de una especie de cesaropapismo contemporáneo, tiene frecuente-mente efectos nocivos para

las libertades de las personas, sobre todo aquellas que, compartiendo o no una preferencia religiosa, no necesariamente coinciden en las visiones morales que éstas generan” (p. 17). En este contexto, contradictoriamente, el Estado laico se ve atacado desde dentro por quienes tendrían la obligación de afirmarlo, pues uno de los problemas que causa el populismo es que se puede afectar el entramado jurídico que garantice el respeto irrestricto a las libertades. De ahí que la introducción de elementos religiosos en la gestión pública puede distorsionar la labor de los funcionarios, máxime cuando éstos asumen que parte de su labor está al servicio de sus convicciones o dogmas. Con ello en mente, quedan bastante claros los ejemplos que proporciona sobre el accionar de AMLO, quien ya como presidente no ha cejado en su intento por hacer visible su creencia en que ciertos postulados religiosos pueden ser útiles para renovar o “regenerar” al país. Su crítica es incisiva, al referirse a un tema concreto: “El combate a la corrupción no es, para López Obrador, parte de una lucha cívica, ciudadana o gubernamental. No; se trata de una lucha religiosa, identificada además con una convicción religiosa en particular, la cristiana. Mezclada además con posturas económicas nacionalistas. Como si se quisiera construir una alianza católico-cristiananacionalista en la que el jefe del Ejecutivo es una especie de supremo sacerdote que conduce al pueblo a su salvación tanto material como espiritual (p. 26, énfasis agregado)”. (LCO) Protestante Digital, 17 de enero

LOS EUNUCOS EN LA BIBLIA: A PROPÓSITO DE ISAÍAS 56 H. Baltensweiler I. EUNOÛCHOS FUE ENTENDIDO YA por los griegos como un término compuesto de eune = lecho y echo = guardar y significaba, por consiguiente, “guardián del lecho”. Sin embargo, existe también la opinión de que la palabra es un semitismo En todo caso, eunoûchos designa primariamente el guardián del harén, y puesto que, por regla general, esta función era desempeñada por hombres castrados, la palabra adquirió el significado de castrado, eunuco Ciertamente, cuando un eunoûchos desempeña un alto cargo estatal (cf. Hch 8.26ss), a menudo no resulta fácil distinguir si el término alude a una castración efectiva o si se trata únicamente de un simple título. Cuando el término eunoûchos se usa para designar a los animales castrados o a las plantas estériles tiene un sentido figurado El verbo eunouchizo (usado literalmente sólo en 2 ocasiones) designa exclusivamente el acto de la castración castrar, capar, emascular. II. En el AT (casi la mitad de los pasajes aparecen en Ester) saris, cuando se emplea sin una reflexión especial, designa a un funcionario de la corte cuya condición de castrado no consta (Gn 39.1, Putifar, Gn 40.2 el copero y el panadero, 1 Sam 8.15 y los libros de los Reyes, funcionarios de la corte en general). Se trata, por consiguiente, de un uso puramente honorífico del vocablo, pues el eunuco no podía pertenecer a la asamblea de Israel (cf. Dt 23.1) Por esta disposición Israel se separa claramente del culto a la fertilidad existente en su entorno, que encontró su punto culminante no sólo en el


coito cultual, sino también en la auto-emasculación en honor del dios

Esta división muestra que Jesús no habla

(como nos consta respecto al culto de Cibeles en Asia menor, al de Atis, y

simplemente del celibato, sino de la incapacidad

al de Artemisa en Efeso) En la era escatológica, el eunuco (Is 56.3ss), que

para el matrimonio. Sólo se enumeran los casos de

hasta entonces estaba excluido de la comunidad, participará de la

eunuquismo, mientras que otros motivos que

salvación de Dios.

impiden contraer matrimonio no se consideran. En

El judaísmo rabínico mantiene la condena vetero-testamentaria de la

los dos primeros miembros de su enumeración,

castración Por otra parte, distingue entre aquellos que son estériles a

Jesús recoge la clasificación corriente en el judaísmo.

consecuencia de una malformación corporal y aquellos que han sido

Es el tercer punto, el de los que a sí mismos se hacen

castrados por una intervención humana Esto se basa en la obligación de

eunucos por amor del reino de los cielos, el que

contraer matrimonio, que se deriva de Gn 1.28. Es cierto que, en la época

supone una novedad. Con ello aparece claro que lo que intenta subrayar

neotestamentaria y bajo la influencia helenística, empieza a imponerse una

este pasaje es justamente este tercer punto. Mientras que en los dos

praxis más laxa así Josefo nos narra que Herodes tenía eunucos en su

anteriores hay que pensar en una castración en sentido literal, esto resulta

palacio.

inverosímil con respecto al tercer punto. En la primitiva cristiandad estuvo representada la interpretación literal de este pasaje y hubo casos aislados

III. En el NT, el tesorero de la reina Candace es designado como eunoûchos

de auto-emasculación, p. ej. el de Orígenes. No obstante, el mismo

(Hch 8.27). Es probable que esto no haya que interpretarlo literalmente. El

Orígenes más tarde se expresó claramente contra la interpretación literal

vocablo podría indicar simplemente un alto cargo de la corte. Pero si el

de Mt 19, 12.

tesorero era realmente eunuco, en su conversión podríamos ver el

Quizá lo que ocurre en este pasaje es que Jesús reacciona contra una

cumplimiento de la profecía de Is 56.3-5: desde el día de pascua, la era

difamación que iba dirigida contra él y sus discípulos. Se le reprochaba

salvífica y mesiánica ha hecho irrupción y por eso tales gentes pueden ser

que vivía célibe por ser eunoûchos (cf. el reproche de Mt 11.19: comilón y

admitidas en la comunidad de la salvación; el tesorero sería entonces un

bebedor). Jesús responde con la referencia al reino de Dios. La alegría por

prosélito a medias, ya que en cuanto eunuco no podía serlo plenamente.

el reino de Dios puede ser tan grande que uno puede estar dispuesto a

Así, las barreras hasta ahora existentes quedarían rotas en un doble

renunciar a todo los demás en favor del reino de Dios, a veces incluso al

sentido: el evangelio se anuncia a los que son prosélitos a medias y a

matrimonio.

aquellos que hasta ahora estaban excluidos de la comunidad de la salvación.

Otra base para la comprensión de este pasaje nos la suministra la comparación con Mt 5.29s (en donde se habla de sacarse los ojos y

El verbo eunouchízo se encuentra tres veces, unido al sustantivo

cortarse las manos): comparadas con el reino de los cielos, todas las

eunoûchos, en Mt 19, 12, donde se describen los diferentes tipos de

demás cosas de la vida son irrelevantes y debe renunciarse a ellas en caso

eunucos: 1) los que lo son por una malformación congénita; 2) los que

de conflicto.

fueron hechos eunucos por los hombres; y 3) los que a sí mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos.

Lothar Coenen et al., dirs., Diccionario teológico del Nuevo Testamento. I. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1990, pp. 274-275.


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