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CAMBIO CLIMÁTICO

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GUÍA ASTRAL

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Viene de la página 4 demasiado, los corales se blanquean y expulsan las algas que necesitan como sustento. Si las aguas no se enfrían con la rapidez necesaria o si los eventos de blanqueamiento suceden uno detrás del otro, los corales mueren. Durante décadas, los científicos han advertido que el cambio climático es una amenaza existencial para los arrecifes de coral. El mundo ya ha perdido una proporción enorme de sus arrecifes de coral, quizá la mitad desde 1950.

“Si soy honesto, puede ser muy deprimente”, opinó Manzello. “Por desgracia, soy un científico que ve cómo ocurre”.

El calor marino no solo está afectando al golfo de México. A nivel mundial, cerca del 40 % del planeta está experimentando una ola de calor marino, según Dillon Amaya, científico físico de la NOAA que las estudia.

En parte, esto se debe a que el planeta está entrando en un fenómeno climático natural conocido como El Niño, que suele producir océanos más cálidos. No obstante, ahora, El Niño se suma al calentamiento a largo plazo a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Aunque el coral es especialmente vulnerable, las olas de calor dañan a una infinidad de especies y los efectos son distintos en todo el mundo, pues las especies están adaptadas a diferentes rangos de temperatura.

En general, los peces necesitan más oxígeno cuando el agua está más caliente. Eso es un problema, porque el agua más caliente contiene menos oxígeno.

“Las muertes de peces a gran escala son cada vez más frecuentes a medida que cambia nuestro clima”, afirmó Martin Grosell, profe- sor de Ictiología en la Universidad de Miami. En particular, los arrecifes de coral son importantes porque muchas especies dependen de ellos. Según la NOAA, casi el 25 % de la vida marina, incluidos más de 4.000 tipos de peces, depende de los arrecifes en algún momento de su vida.

Según Manzello, aunque todavía no hay noticias de blanqueamiento en Florida, ya comenzó en los arrecifes del sur, en las costas de Belice, México, El Salvador, Costa Rica y Colombia.

El sistema de arrecifes de coral de Florida se extiende poco más de 560 kilómetros, de la ensenada de St. Lucie en tierra firme al sur y al oeste hasta el final de los Cayos, y lo frecuentan tortugas marinas, mantarrayas, lenguados y langostas.

Las tormentas, que agitan las aguas más profundas y frías y reducen la luz del sol, podrían brindar alivio, según los científicos. Los periodos de El Niño suelen asociarse a temporadas de huracanes en el Atlántico por debajo del promedio, pero tal vez no sea así este año.

Los investigadores a los que les importa el coral están profundamente preocupados.

“Sí, me quita el sueño”, afirmó Andrew Baker, profesor de Biología Marina en la Universidad de Miami, donde dirige el laboratorio Coral Reef Futures Lab. “Pero todavía no quiero escribir el panegírico”.

Los científicos como Baker se están apresurando para idear mecanismos de ayuda para que los corales sean más resistentes al aumento de las temperaturas; por ejemplo, cruzando los corales de Florida con variedades que parezcan soportar más calor. Sin embargo, a final de cuentas, la supervivencia de los corales y de otras muchas especies depende de la capacidad de los seres humanos para controlar el cambio climático.

“Hay que ir a la raíz del problema”, afirmó Lizzie McLeod, directora mundial de océanos de la fundación The Nature Conservancy. “Debemos reducir las emisiones, debemos pasar a las energías limpias, debemos reducir los subsidios para la industria de los combustibles fósiles”.

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