ABANDONO
Encontré un hombre agonizando en el camino por el que yo trataba de abrirme paso. Sus brazos y piernas se retorcían del dolor que les procuraba el miedo. Tiritando y sollozante, no alcanzaba a articular ningún llamado de auxilio o siquiera un grito de desesperación. El frío lo inundaba a través de su piel descubierta y el calor que le procuraba la fiebre asaltaba su conciencia. Desamparado, desesperado y demente, se tornó una herida que nunca cicatrizó en mi cabeza. Sin embargo, al tratar de seguir mi camino pasando por encima de su cuerpo, el único propósito que tenía era dejarlo arrojado ahí para siempre y que se muriera. En ese entonces no sentía ningún remordimiento por lo que estaba haciendo, pues de otra manera yo no habría podido sobrevivir. Apoyé mis manos sobre su torso que temblaba para impulsarme hacia adelante y al cruzarlo empujé con mis pies su espalda para impulsarme aún más lejos. Ya separados y distantes, todavía podía oír su agitada respiración por la boca, su congestión nasal y la fricción contra el suelo de sus miembros convulsionados. Cerré los ojos y esperé. Creía que podía conciliar el sueño y que cuando me despertara se habría acabado su lamentable agonía. Hasta que me quedé dormido en algún momento mientras trataba de fugarme de la realidad… o eso creía.