La política del “comunismo de guerra” en la rusia leninista

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LA POLÍTICA DEL “COMUNISMO DE GUERRA” EN LA RUSIA LENINISTA: EL PELIGRO ESTÁ EN NOSOTROS

(en Memorias de mundos desaparecidos de Víctor Serge) MUNDO SIN EVASIÓN POSIBLE (1906-1912) ¿Qué es la vida?: “pensarás, lucharás, tendrás hambre”, son las palabras que encuentra Serge a sus doce años para resumir su dura infancia. Hijo de emigrados revolucionarios provenientes de Rusia, Víctor Serge nace por azar en Bruselas, producto de los múltiples viajes en búsqueda de trabajo de sus progenitores. Su padre, simpatizante y combatiente del Partido de la Voluntad del Pueblo, que pedía por tierra y libertad en Rusia, había tenido que dejar su país natal luego del atentado contra el zar Alejandro II perpetrado por dicho partido. La muerte por desnutrición de Raúl, su hermano menor, será prefigurativa de una vida de tormentos y sufrimientos que acompañarán a Serge a lo largo de su camino revolucionario 1. El detalle de los mismos, la narración de las angustias de la clase trabajadora, en particular de los revolucionarios pertenecientes a la misma, y las reflexiones que las mismos suscitan, escritas en clave entrañablemente humana -en el sentido más amplio de la palabra-, hacen de los escritos de Serge un hallazgo en tanto la revolución, el trabajador y el revolucionario se salen de los estereotipos complejizándose y humanizándose. Influido por las críticas que Kropotkin dirigía a los profesionales que la universidad formaba para servir a la burguesía y a su vez afectado por las desventuras de su padre para conseguir el sustento diario, Serge se decide por no cursar estudios, por trabajar y por, en sus propias palabras, estudiar sin hacer estudios: “Quiero luchar toda la vida”. La juventud de Serge transcurre en compañía de otros compañeros ligados de una u otra manera a las ideas socialistas. Muchos de ellos irán a morir a diferentes cárceles, serán fusilados, serán guillotinados, morirán de enfermedades curables, enfermedades contraídas en cárceles, padecimientos surgidos de los trabajos forzados y de las paupérrimas condiciones de alimentación y de salud. La política electoral, el reformismo y el parlamentarismo, indignan al joven Serge, en quien va despuntando una ideología libertaria: “El anarquismo nos poseía enteros porque nos pedía todo, nos ofrecía todo (…) perecer no tenía importancia”. El París de la Comuna, la Francia rica en activistas y discusiones revolucionarias atraen a Serge, quien emigra a dicho país a ganarse el pan. Allí, Serge sigue siendo testigo directo 1

“Detesté el hambre lenta de los niños pobres. En los ojos de los que encontraba creía reconocer las expresiones de Raúl. Me eran así más próximos que todos los demás: hermanos, y los sentía condenados. (…) Que la pena puede pasar y que se siga viviendo después fue para mí un gran asombro. (…) ¿Por qué sobrevivir si no es para aquellos que no sobreviven? Esta idea confusa justificó a mis ojos mi suerte y mi tenacidad dándoles un sentido, y por muchas otras razones, todavía hoy, me siento unido a muchos hombres a los que sobrevivo, y justificado por ellos. Los muertos están para mí muy cerca de los vivos, no discierno bien la frontera que los separa. Hube de volver a pensar en estas cosas más tarde, en cárceles, durante guerras, viviendo rodeado de las sombras de los fusilados, sin que en el fondo las oscuras certidumbres interiores del niño, casi inexpresables en lenguaje claro, se hubiesen modificado sensiblemente en mí.”

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de las persecuciones al movimiento obrero. Las movilizaciones contra los fusilamientos de compañeros se multiplican y marcan en Serge una repulsión y un desprecio crecientes por la pena de muerte, las torturas y las penas perpetuas. La violencia que se respira en las calles va dando lugar a una violencia mayor que no es sino el aire opresivo de la preguerra. UNA RAZÓN PARA VIVIR: VENCER (1912-1919) El capitalismo que va pariendo de su seno el imperialismo y el reparto del mundo que sumerge a las potencias en la primera guerra mundial encuentran a Serge contra la guerra y contra todos los socialdemócratas que deciden defender los intereses burgueses de la patria en lugar de priorizar los intereses de clase. Mientras tanto, parte del anarquismo se iba hundiendo en un torbellino de aberraciones individualistas2 que lo hacían fácil presa del accionar represivo y lo iban arrastrando hacia la decadencia. Serge mismo va a terminar en prisión, donde su compañía, por quince meses, serán la soledad, el hambre, la desnutrición, la enfermedad y el fusilamiento de los compañeros de presidio. La guerra estalla con Serge en la cárcel pero la misma no será sino anunciadora de otro estallido: el de la revolución rusa. Finalmente liberado, Serge deja atrás un mundo sin evasión posible, compañeros caídos, descabezados, soldados devastados por la guerra, esculpidos en la adversidad. Su siguiente destino será Barcelona 3. Mientras trabaja en una imprenta, Serge escribe para el periódico Tierra y Libertad, recibiendo cada vez más noticias de la inminente revolución en Rusia y teniendo cada vez más disputas con los individualistas en quienes ya no encuentra más que degeneración. Serge encuentra en la nueva tradición revolucionaria de España y de Rusia el espíritu de Bakunin que el individualismo perdió en el camino. La revolución rusa trae consigo vientos combativos y la CNT española inicia una huelga general insurreccional. Se estudiaba la posibilidad de tomar Barcelona. Serge incorpora nuevas ideas provenientes del anarcosindicalismo y comienza a plantearse la posibilidad de construir una Comuna barcelonesa. El 19 de julio de 1917 la multitud es derrotada, en agosto estallará la insurrección y se apagará causando un centenar de cadáveres de cada lado y sin interrumpir la marcha hacia adelante del

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“El “yo” me repugna como una vana afirmación de uno mismo, que contiene una gran parte de ilusión y otra de vanidad y de orgullo (…) prefiero emplear el “nosotros” (…) Nunca se vive sólo de sí mismo, para sí mismo (…) nuestro pensamiento más íntimo, más nuestro, se une por mil lazos con el del mundo. Y el que habla, el que escribe es esencialmente un hombre que habla por todos los que están sin voz.” 3 “No encontraba ninguna alegría en revivir, libre, privilegiado en mi generación movilizada (…) ¿Por qué estaba yo allí, en esos cafés, en esas playas doradas, mientras tantos otros sangraban en las trincheras de un continente entero? (…) Esa necesidad de participar en la suerte común, hoy comprendo que la sentí siempre y que fue uno de mis móviles más profundos”.

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proletariado barcelonés4. Serge, tras el fracaso de julio decide marcharse con rumbo a Rusia 5, previa escala en Francia y en un campo de concentración de dicho país, detenido por “ideas peligrosas”. Forma allí un grupo revolucionario6 de unos quince militantes y unos veinte simpatizantes, calificados de “bolcheviques” al igual que Serge, sin serlo (aún). En calidad de rehenes de intercambio por un grupo de franceses pertenecientes a la misión militar del general Lavergne, Serge pone pies en Rusia. En camino a Petrogrado reciben un primer choque, un número de la Severnaya Kommuna, órgano del soviet de dicha ciudad: “Nunca habíamos pensado en disociar la idea de la revolución de la de libertad (…) Esperábamos respirar en Petrogrado el aire de una libertad, seguramente dura e incluso cruel con sus enemigos, pero amplia y tónica. Y encontrábamos en ese primer periódico un macilento artículo firmado por G. Zinoviev sobre “el monopolio del poder”. “Nuestro partido gobierna solo…no permitirá a nadie… Somos la dictadura del proletariado… las falaces libertades democráticas reclamadas por la contrarrevolución…” Cito de memoria, pero tal era el sentido de esa prosa.” EL DESALIENTO Y EL ENTUSIASMO (1919-1920) El panorama en que se encuentra la revolución en guerra es desolador: hambre, frío, saqueos, tifus, motines, contrarrevolución por todas partes. Sin embargo la confianza en la revolución mundial compensa las carencias. Serge conoce a Zinoviev y a su mujer, Lilina, a Schklovsky y al escritor Máximo Gorki quien sostenía acerca de los bolcheviques que estaban “ebrios de autoridad”, que “recomenzaban un despotismo sangriento” pero que “eran los únicos en el caos”. Poco tiempo después conocería a Lenin, a Trotsky, a Stalin y al resto de los dirigentes más conocidos del bolchevismo. Sostenía Serge que “La disolución de la Asamblea Constituyente y ciertos crímenes del comienzo de la revolución (…) dejaban tras de sí sentimientos exasperados.” Pero “Rusia sólo ha-bría evitado el Terror rojo sufriendo el Terror Blanco (…) De manera que las afirmaciones más indignadas de los intelectuales antibolcheviques me revelaban la necesidad del bolchevismo”. Serge menciona las críticas del anarquismo a la intolerancia bolchevique, preconizando una federación de comunas libres en algunos casos y nuevas insurrecciones en otros, 4

Escribía Serge: “Es muy posible, Darío, que seamos fusilados al terminar toda esta historia. (…) Tú, ayer, cargabas bultos en el puerto (…) Yo llevaba cadenas (…) El mañana es grande (…) Está ciudad será tomada, si no por nuestras manos, por lo menos por unas manos parecidas a las nuestras, pero más fuertes. Más fuertes acaso por haberse endurecido gracias a nuestra misma debilidad. Si somos vencidos, otros hombres, infinitamente diferentes de nosotros, infinitamente semejantes a nosotros, bajarán por esta rambla, en una tarde semejante, dentro de diez años, dentro de veinte años (…)” y más adelante: “Tenía yo razón. Aquellos otros tomaron la ciudad el 19 de julio de 1936. Se llamaban Ascaso, Durruti, Germinal Vidal, la CNT, la FAI, el POUM.” 5 “No podía tener otra patria sino la Revolución rusa, mi razón de vivir era la suya” 6 “Queríamos una revolución libertaria, democrática –menos la hipocresía y la vileza de las democracias burguesas-, igualitaria, tolerante con las ideas de los hombres (…)”

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aún reconociendo que el hambre hacía imposibles los progresos de la revolución. “Mi decisión estaba tomada, no estaría contra los bolcheviques ni sería neutro. Estaría con ellos, pero libremente, sin abdicación de pensamiento ni de sentido crítico. “Las grandes carreras revolucionarias eran para mí de un acceso fácil, decidí evitarlas e incluso evitar, en la medida de lo posible, las funciones que implicasen el ejercicio de la autoridad (…) Estaría con los bolcheviques porque cumplían tenazmente, sin desaliento, con un ardor magnífico (…) echándose encima todas las responsabilidades (…) Se equivocaban sin duda en varios puntos esenciales: en su intolerancia, en su fe en la estatización, en su inclinación hacia la centralización 7 y las medidas administrativas. Pero si había que combatirlos con libertad de espíritu y espíritu de libertad, era con ellos, entre ellos (…) una vez pasado el peligro mortal, a colocarme del lado de aquellos que combatirán los males interiores del nuevo régimen…” En 1918 el gobierno bolchevique crea las Comisiones Extraordinarias de Represión de la Contrarrevolución, de la Especulación y de la Deserción, más conocidas como las Chekas. Las Chekas detenían en masa a los sospechosos, tendiendo cada vez más a decidir ellas mismas su suerte, “bajo el control formal del partido, en realidad sin que nadie supiese nada. Se convertía en un Estado en el Estado”. Se seleccionaban hombres desconfiados, rencorosos, duros, sádicos. La deformación profesional formaba rápidamente depravados con graves tendencias paranoides. “Considero la creación de las Chekas como una de las faltas más gravosas, más inconcebibles que cometieron en 1918 los gobernantes bolcheviques cuando los complots, el bloqueo y las intervenciones extranjeras les hicieron perder la cabeza (…) ¿Era inevitable volver a procedimientos de la Inquisición? (…) Los ejecutores, que usaban, el revolver Nagan, acababan casi siempre por ser ejecutados a su vez”. La revolución se batía contra el acoso de la contrarrevolución que llegaba desde todos los flancos imaginables. Mientras tanto, Serge cumplía -como todos los camaradas- una multitud de funciones8. Pasaba las noches en los puestos avanzados de la defensa. Su mujer, encinta, “dormía en la retaguardia, en una ambulancia, con un portafolios que contenía un poco de ropa y nuestros objetos más queridos, a fin de que pudiésemos reunirnos durante la batalla y batirnos en retirada juntos, a lo largo del Neva.” La heroica defensa de Petrogrado, librada entre bolcheviques y 7

Si bien Lenin propuso en reiteradas oportunidades caracterizar a las primeras etapas de la revolución rusa como la de un capitalismo de Estado, Trotsky prefería evitar esa denominación y muchos de los colaboradores de Lenin se resistían a emplear dicha denominación. En 1923 llegaría incluso a sostener que el Estado soviético era “un Estado obrero con una deformación burocrática”. Ver Gerratana, V. Estado socialista y capitalismo de Estado en Bertelli, A.R: A Nova Política Económica (NEP). Capitalismo de Estado, transicao y socialismo. 8 Dirigía el servicio de lenguas latinas de la Internacional, recibía a los delegados extranjeros, llenaba las funciones de comisario para los archivos del ex ministerio del interior, era soldado del batallón comunista del II ramo y attaché al estado mayor de la defensa.

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anarquistas, logra resistir y las fuerzas revolucionarias, al igual que en otros frentes de la guerra civil, se alzan con la victoria. A mediados de enero de 1920, Dzerzhinsky, Lenin y Trotsky proponen la abolición de la pena de muerte en el país, con exclusión de las zonas de operaciones militares. Mientras los periódicos imprimían el decreto firmado por Lenin, las Chekas de Petrogrado y Moscú “liquidaban sus existencias”, los presos eran fusilados por la noche de a cientos. Entre ellos había socialistas revolucionarios que habían sido encarcelados por delitos tales como comprar azúcar en el mercado negro. “Los anarquistas tenían razón contra él [el Buró Político] cuando escribían en sus banderas negras que “no hay peor veneno que el poder” –el poder absoluto por supuesto-”. Al reaparecer el peligro, con la agresión polaca, la pena de muerte fue restablecida y las Chekas recibieron poderes acrecentados. “Traducía (…) el libro que Trotsky acababa de escribir en su tren de los frentes, Terrorismo y comunismo, y que sostenía la necesidad de una larga dictadura (…) varias decenas de años sin duda. Ese pensamiento inflexible me asustaba un poco por su esquematismo y su voluntarismo.” Lenin por su parte, tenía mucho interés en conseguir la adhesión de “los mejores de los anarquistas”, quienes en palabras de Serge tenían un sano horror de las “verdades oficiales” y de las pompas del poder. Eran, según Serge, admirables buenos muchachos pero de posiciones románticas, de doctrinas eminentemente afectivas, ignorantes de economía política y de poca inteligencia teórica. Volin, obrero intelectual, uno de los fundadores del Soviet de Petersburgo en 1905 y animador del movimiento anarquista ruso en el ejercito de los campesinos insurgentes de Ucrania formado por Majno había combatido a los Blancos, resistido a los Rojos e intentado fundar una confederación de campesinos libres. “Atacado de tifus, el ejercito rojo lo había hecho prisionero durante una retirada de los negros, y temimos que fuese fusilado inmediatamente. Logramos evitarle ese fin (…) Lenin y Kaméniev habían prometido salvar la vida a Volin, encarcelado en la Cheka (…) nos encaminamos hacia unos desastres que presentimos apenas (quiero decir los más clarividentes de nosotros; la mayoría del partido vive ya ciegamente sobre un pensamiento oficial muy esquemático) (…) Estaba constantemente desgarrado por el contraste ante la teoría admitida y la realidad, por la intolerancia creciente, por el servilismo creciente de muchos funcionarios, por su carrera hacia el privilegio (…) El socialismo no debe ser defendido únicamente contra sus enemigos (…) debe defenderse también en su propio seno, contra sus propios fermentos de reacción (…) debe ser incesantemente puesta en guardia contra sus propios abusos, sus propios excesos, sus propios crímenes (…) Necesita pues vitalmente la crítica (…) Y bajo ese aspecto, estábamos ya, en 1920, lejos de la perfección.”

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EL PELIGRO ESTÁ EN NOSOTROS (1920-1921) “El régimen de aquel tiempo ha sido llamado más tarde el “comunismo de guerra”. Se le llamaba entonces el “comunismo” a secas, y aquel que, como yo, se permitía considerarlo como provisional provocaba miradas de reprobación”. El invierno, el frío y el hambre, la falta de calzado, la ausencia de calefacción y alumbrado se volvían un suplicio para la revolución. Niños y ancianos morían por millares. El tifus, transmitido por los piojos cobraba más y más víctimas. Para evitar el frío, las familias se reunían en una sola habitación durmiendo unos sobre otros alrededor de una pequeña estufa que se alimentaba con libros y mobiliario. Bibliotecas enteras desaparecían. La comuna hacía mucho por alimentar a los niños pero “ese mucho seguía siendo irrisorio”. La milicia confiscaba sin piedad el saco de harina al ama de casa y rodeaba los mercados. La palabra “comisariocracia” empezaba a circular. Para mantener el abastecimiento cooperativo se enviaban destacamentos de incautación al campo, que eran más de una vez recibidos a golpes de horquilla o exterminados9. “El ´comunismo de guerra´ podía definirse así: 1º. Incautaciones en los campos; 2º. Racionamiento implacable de la población de las ciudades, dividida por categorías; 3º. ´Socialización´ completa de la producción y del trabajo; 4º. Reparto burocrático extremadamente complicado de las últimas existencias de artículos manufacturados 10; 5º. Monopolio del poder con tendencia al partido único y a la asfixia de toda disidencia; 6º. Estado de sitio y Cheka”. Serge estaba excepcionalmente situado para seguir “los progresos del mal”; pertenecía a los medios dirigentes de Petrogrado y estaba en relaciones de confianza con diversos elementos de oposición, anarquistas, socialistas revolucionarios de izquierda y comunistas de la “oposición obrera”. Los anarquistas “vencidos y perseguidos, esos disidentes apasionados de la revolución no dejaban de tener razón en muchas circunstancias, y razón del todo cuando reclamaban para ellos mismos y para el pueblo ruso la libertad de opinión y el retorno a la libertad soviética”. Los soviets habían pasado a ser aparatos secundarios del partido y no representaban sino al comité local del partido, sin control ni iniciativa. “Yo seguía de cerca sobre todo el drama del anarquismo que iba a alcanzar, con la sublevación de Cronstadt, una importancia histórica (…) yo había seguido de cerca las negociaciones (…) sobre la colaboración con los libertarios. Lenin se mostraba favorable a ella; había recibido antes amistosamente a Néstor Majno; Trotsky habría de relatar más tarde, demasiado tarde (en 1938, creo…) que Lenin y él mismo pensaron reconocer a los campesinos anarquistas de 9

“Campesinos feroces abrían el vientre al comisario, lo llenaban de trigo y lo dejaban al borde de la carretera para que la gente comprendiera bien. Tal fue el fin de un camarada mío, obrero impresor, en los alrededores de Dno (…)”. 10 “La política de dirección burocrática centralizada utiliza todo un equipo técnico para acrecentar la eficacia de la mano de obra disponible” Trotsky, L. en Informe sobre la nueva política económica soviética y las perspectivas de la revolución.

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Ucrania, cuyo jefe de guerra era Majno 11, un territorio autónomo. Hubiera sido equitativo, hábil, y tal vez esa amplitud de puntos de vista hubiera ahorrado a la revolución la tragedia hacia la que nos encaminábamos (…) Su prestigio popular en toda Rusia [el de Majno] era enorme y ha seguido siéndolo. En octubre de 1920 el barón Wrangel dominaba todavía Crimea y un tratado de alianza fue firmado entre ese ejército negro de Majno y el ejército rojo, comandado por Bela Kun, Frunze, Gúsev. El tratado preveía la amnistía de los anarquistas en Rusia, la legalización del movimiento, la celebración de un congreso anarquista en Kaharkov. La caballería negra rompió las líneas de los Blancos y penetró en Crimea; esta victoria, paralela a la que Frunze y Blucher ganaban en Perekof, decidió la suerte de la Crimea Blanca (…) En Petrogrado y Moscú, los anarquistas preparaban su Congreso. Pero apenas lograron la victoria común, fueron bruscamente detenidos en masa por la Cheka (noviembre de 1920). Los vencedores negros de Crimea, detenidos por traición (…) eran fusilados. Majno (…) se defendió como un energúmeno, se abrió un camino, prosiguió la resistencia hasta agosto de 1921 (…) habría de terminar su vida como obrero de fábrica en Paris (…) Esta actitud inconcebible del poder bolchevique (…) tuvo un efecto desmoralizante; yo veo en ello una de las causas profundas de la sublevación de Cronstadt (…)”. Los campesinos exasperados por las incautaciones llegaban a la conclusión de que no era posible ningún entendimiento con los “comisarios”. Muchos obreros comunistas “no estaban lejos de pensar lo mismo”. Mientras Trotsky planteaba la fusión de los sindicatos y el Estado, Lenin mantenía el principio de autonomía sindical y el derecho de huelga pero “con subordinación entera de los sindicatos al partido (…) me espanté de ver a la “mayoría” de Lenin y de Zinoviev trucar los votos”. En febrero de 1921 moría Kropotkin, “Yo conocía el texto de sus cartas a Lenin sobre la estatización de la librería y la intolerancia. Si algún día son publicadas, se verá con qué lucidez Kropotkin denunciaba los peligros del pensamiento dirigido”. Para sus exequias se dio un día de libertad a los anarquistas encarcelados por luchar. En las mismas, se escuchaban las denuncias al gobierno bolchevique por despotismo y por los detenimientos y fusilamientos de anarquistas. Solo dieciocho días después, Serge recibe el anuncio de que Cronstadt está en poder de los Blancos12. Se llamaba a las armas al proletariado contra el complot y la traición. “Pero incluso antes de llegar al Comité del sector, encontré a unos camaradas, que venían con sus máusers, y que me 11

“Entre los campesinos ucranianos, el espíritu de rebelión, la capacidad de organización (…) habían dado nacimiento a un movimiento extraordinariamente vivaz y poderoso, el de los “Ejércitos Campesinos Insurgentes” (…) Inspirados por Vsevolod Volin y Aaron Baron, la Confederación Anarquista del Rebato (Nabat) dio una ideología a ese movimiento: la de la tercera revolución libertaria, y una bandera, la bandera negra (…) Majno, bebedor, espadachín, inculto, idealista, se reveló como un estratega nato absolutamente único. Dispuso a veces de varias decenas de millares de combatientes”. 12 Lenin describe como la característica principal de los acontecimientos de Cronstadt las vacilaciones del elemento pequeñoburgués y destaca la operación de guardias blancos en dichos acontecimientos. Ver Lenin, V.I. Sobre el impuesto en especie.

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dijeron que era una abominable mentira, que los marinos se habían amotinado, que era una revuelta de la flota y dirigida por el soviet (…) la mentira oficial nos paralizaba. Que nuestro partido nos mintiese de esa manera, era algo que no había sucedido nunca (…) con mis amigos del grupo comunista de lengua francesa (…) decidimos no tomar las armas y no combatir contra huelguistas hambrientos ni contra los marinos a los que les habían colmado la paciencia. (…) Unos volantes distribuidos en los suburbios dieron a conocer las reivindicaciones del Soviet de Cronstadt. Era el programa de una renovación de la revolución. Resumiré: reelección de los soviets con voto secreto; libertad de palabra y de prensa para todos los partidos y agrupaciones revolucionarias; libertad sindical; liberación de los presos políticos revolucionarios; abolición de la propaganda oficial; cesación de las incautaciones en los campos; libertad del artesanado; supresión inmediata de los destacamentos de intercepción que impedían a la población abastecerse libremente. El Soviet, la guarnición de Cronstadt y la tripulación de la 1ª y de la 2ª escuadras se sublevaban para hacer triunfar ese programa. La verdad se filtraba poco a poco, hora a hora, a través de la cortina de humo de la prensa, literalmente desencadenada en la mentira. Y era nuestra prensa, le prensa de nuestra revolución (…) Ahora mentía sistemáticamente (…) mientras Cronstadt sublevado no había vertido una gota de sangre (…) se creaba una leyenda de ejecuciones fallidas (…) los jefes bolcheviques no quisieron utilizar sino el estilo violento. Y supimos después que toda la delegación enviada por Cronstadt al soviet y a la población de Petrogrado, para informarlos del desacuerdo, estaba en las cárceles de la Cheka”. Incluso la mayoría de los mediadores rusos en el conflicto fue detenida. El ultimátum firmado por Lenin y Trotsky rezaba “Ríndanse o serán ametrallados como conejos”. Los rebeldes eran fusilados al grito de “Viva la revolución mundial” y algunos incluso gritaban “Viva la Internacional Comunista” según palabras de Serge. Centenares de prisioneros eran entregados a la Cheka para ser luego fusilados. En paralelo a los fusilamientos, irónicamente, Lenin abolía el régimen de incautaciones es decir daba fin al “comunismo de guerra” criticado por Cronstadt y proclamaba la nueva política económica (NEP). “Esos vencidos pertenecían en cuerpo y alma a la revolución, habían expresado el sufrimiento y la voluntad del pueblo ruso, la NEP les daba la razón”. Los miembros del partido que denunciaron estos hechos fueron deportados, encarcelados o fusilados. “La palabra totalitarismo no existía todavía. La cosa se nos imponía duramente sin que tuviésemos conciencia de ella. Yo pertenecía a la irrisoria minoría que se daba cuenta (…) Las grandes ideas de 1917 que habían permitido al partido bolchevique arrastrar a la masa campesina, al ejército, a la clase obrera y a la inteliguentsia marxista, estaban evidentemente muertas.”

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Estas son las crónicas no de un contrarrevolucionario ni de un miembro de otro partido de izquierda sino de un camarada del partido bolchevique, quien incluso concluye “con angustia inexpresable” que finalmente hubo de pronunciarse por el partido bolchevique por ser la única fuerza organizada que subsistía para enfrentar a la contrarrevolución. Incluso pese a dar la razón a Cronstadt y sostener que Cronstadt iniciaba entonces una nueva revolución liberadora. Estas crónicas no implican que haya de trazarse una igualdad o una solución de continuidad entre la Rusia leninista y el estalinismo que estaba pronto a iniciarse, pero sí deberían llamar a la reflexión al militante honesto acerca de ciertas aberraciones presentes en el primer período de la revolución rusa que habrían de sistematizarse y multiplicarse a niveles escandalosos e imposibles de imaginar durante el totalitarismo estalinista. A modo de cierre, una última reflexión del camarada Serge con la que se podrá convenir o no: “El marxismo ha variado algunas veces, según las épocas. Surge de la ciencia, de la filosofía burguesa y de las aspiraciones revolucionarias del proletariado (…) el marxismo de principios del siglo XX aspira a tomarlo todo, a transformarlo todo (…) Aspirando a una transformación total, era, en el sentido etimológico, totalitario. Ofrecía los dos rostros de la sociedad en ascenso: democrática y autoritaria (…) El pensamiento bolchevique procede de la posesión de la verdad (…) el partido detenta sencillamente la verdad; todo pensamiento diferente del suyo es error pernicioso o retrógrado. Tal es la fuente intelectual de su intolerancia. La convicción absoluta de su alta misión le asegura una energía moral asombrosa – y al mismo tiempo una mentalidad clerical pronta a hacerse inquisitorial. El “jacobinismo proletario” de Lenin (…) me parece indudable que selecciona los temperamentos autoritarios (…) Escribe también [Lenin] en 1918 que la dictadura del proletariado no es en modo alguno incompatible con el poder personal, legitimizando así de antemano una especie de bonapartismo. Hace encarcelar a su viejo amigo y camarada Bogdánov porque ese gran intelectual le presenta objeciones embarazosas. Hace poner a los mencheviques fuera de la ley porque esos socialistas “pequeño-burgueses” están lamentablemente en el error. Recibe afectuosamente al guerrillero anarquista Majno e intenta demostrarle que el marxismo tiene razón; pero deja poner o manda poner al anarquismo fuera de la ley (…) El totalitarismo está en nosotros.”

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