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LA SANTA TIERRA
Cuando mis niños dormían, ellos, Carmen Canchumani Poma, mi guitarra y la noche eran mi compañía.
Carmen, que me hablaba de tú pero me decía señora, me contaba leyendas de Palián Uñas (Huancayo), su pueblo, y me pedía que le cantara canciones de mi repertorio.
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Una vez, en 1966, mientras yo acompañaba mi voz con mi cómplice guitarra Huertas, me dijo: “Señora, cántame un waynito”, y me hizo una delicia la noche con los pasos de un wayno que todavía no se veía en televisión ni teatros: el waylarsh.
Impactada por ese hallazgo, fui al Coliseo Cerrado del Puente del Ejército, ansiando ver una vez más el ancestral baile, pero mi decepción fue enorme pues me encontré con un waylarsh falso, artificial, grotesco, en el que los bailarines daban empellones y patadas a las mujeres, como la versión sobreactuada que se da ahora.
Lo único que me impresionó de ese evento fue la orquesta típica del centro, cuyo singular sonido me envolvió, y llevada por él entre mulizas, chonguinadas, tunantadas, santiagos, waylarshs y waynos, fui al encuentro de cantos y bailes en fiestas deslumbrantes que me cautivaron: en mayo las Cruces, en julio el Santiago, en agosto Sicaya y San Gerónimo de Tunán –tierra de los “chalaysantos”–, y entre rayos, truenos, relámpagos y lluvias, el 20 de enero en la plaza de Jauja Yauyos (hoy Juan Bolívar Crespo), como también carnavales en Huayucachi, Marco y Jauja, unos años en febrero, otros en marzo.
Desde 1966 hasta la actualidad, tantas veces he ido, tantas veces he vuelto al Valle del Mantaro, que he perdido la cuenta.
La santa tierra
Muliza con fuga de wayno creada por mí en el 2000. La grabé en el CD Tradición para Telefónica.
Con mi música y mis versos, este es mi canto a mi adorado Valle del Mantaro.
De lejos vengo para abrigarme para alegrarme tierra querida.
Eres mi pullo50 , eres mi cielo la luz del cielo ¡ay, la luz del cielo!
Eres mi pullo, eres mi cielo la luz del cielo ¡ay, la luz del cielo! ¡sí, la luz del cielo!
Ante el Valle del Mantaro me inclino y me persigno ante el Valle del Mantaro Santa tierra ¡ay, la santa tierra!
¡Sí la santa tierra! Bis
Fuga de wayno
Engalanado mi valle paciente me espera verde en enero oro en agosto verde en enero dorado en setiembre.
Luce y reluce su baile zapateo alegre repicadito, veinte de enero repicadito, ocho de setiembre.
En esta santa tierra en la que está el cielo, después de largas y agotadoras averiguaciones, mi amigo el importante músico y quenista huancavelicano Teófilo Hinostroza me dio la dirección de la casa del inspirado autor y compositor Zenobio Dagha Sapaico.
Salí de Huancayo rumbo a Chupuro, tierra de este virtuoso del violín, a quien busqué casa por casa pues estas no tenían número. Caminé y caminé, pregunté y pregunté, hasta que por fin di con el sitio pero no había nadie.
50 Pullo: Manta de lana de oveja para abrigarse.
Volví varias veces más, hasta que luego de mucho ya no tocar sino golpear la puerta, desde la rama de un guindo respondió el gran músico.
Al principio lo sentí desconfiado, pero poco a poco se fue dando, hasta que me enseñó su wayno “Dígame en secreto” –que no se llama “Vaso de cristal” y la letra no es como la cantan ahora–, su muliza “Destino” y su waylarsh de carnaval “Casarme quiero”, que tras el necesario proceso de conocimiento y maduración, en 1966 llevé al disco, a la televisión, al teatro y a todo lugar donde me presentara, con baile y todo. Fue un suceso.
Sin abandonar su estirpe wanka, Zenobio Dagha51 –delicado letrista, creador de dulces melodías, de notas sugerentes, tiernas y a la vez recias– se expresaba en el violín con calidad, virtuosismo y sabor, sin dejar de lado las clásicas apoyaturas de la música wanka.
(…) las puertas limeñas se abrieron de par en par gracias a la voz y donaire de Alicia Maguiña cantando el waylarsh de Zenobio Dagha “Casarme quiero”. Todo un tiempo de fuerza y dignidad de música y palabra queda en el recuerdo para el mejor entendimiento de lo nuestro. (Antonio Muñoz Monge. “El Dominical” de El Comercio, 28 de diciembre de 2008, dos meses después de la muerte de Zenobio).
Fue un suceso pero yo no estaba realmente satisfecha. Detecto lo peruano y percibo su belleza que quise retratar musicalmente. Sentí que el soporte para mi canto y danza debía ser el de la orquesta típica del centro.
Me adelanté a la época constituyéndome en el primer costeño que lo hacía y que cantaba en quechua, dialecto wanka y aimara.
Nota: Enamorada de las originales y bellas expresiones musicales de mi amado Valle del Mantaro, y entregada con convicción, perseverancia y mucho respeto a su difusión, logré contagiar a los artistas andinos, quienes se habían puesto barreras y solo interpretaban estrictamente la “música de su pueblo”. Fue entonces que a partir de mí, basados en la selección que realicé para mi repertorio, empezaron a incluir en el suyo las páginas del centro, y en buena hora lo siguen haciendo. (Alicia Maguiña).
51 El creativo músico y compositor Zenobio Dagha Sapaico nació el 4 de abril en Chupu Ulu, hoy distrito de Chupuro, al sur de Huancayo. Su madre era descendiente de la población nativa y ancestral allauca, primeros pobladores de ese distrito. Alentado por su padre, que fue su primer y verdadero maestro y quien le regaló su primer violín, empezó a tocarlo a los ocho años. Estudió teoría musical, instrumentación, poesía y composición. Sus bellas e importantes canciones son la prueba de su talento.
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Wayno “Dígame en secreto”. Texto y firma del compositor. Grabado como es por mí en 1974 para Odeón-IEMPSA (LP 02.01.698), con la orquesta típica del centro Juventud Huancaína del propio Dagha.