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Aprender a poner límites. Orientaciones para padres y educadores Antonio Sánchez Asín Manual de orientación y tutoría, Los padres y educadores deben formarse para llevar a cabo la difícil tarea de poner límites. Hacer que tomen conciencia de los errores más frecuentes en sus actuaciones ante los hijos y alumnos es el primer paso para establecer una serie de reglas y orientaciones que les hagan sentir seguros a la hora de enseñar a controlar determinados comportamientos antisociales.
1. INTRODUCCIÓN En este capítulo se exponen una serie de reflexiones y orientaciones para padres y educadores, con el fin de aprender a poner límites que permitan a los niños controlarse o autorregularse, especialmente en la etapa correspondiente al primer ciclo de Educación Infantil (0-3 años).
En general, este es un tema que no se sabe muy bien cómo afrontar, por la dificultad que representa conjugar el dejar hacer al niño, es decir, tener mucha permisividad, con el saber ponerle normas y límites, en definitiva, adquirir el arte de saber congeniar satisfacciones con crear obligaciones. Los educadores y los padres, en general, no salen de su asombro y quedan sorprendidos cuando observan muchas de las reacciones imprevisibles que se originan en los niños y, ante las cuales, no saben ni interpretar su posible origen ni el camino a seguir para reconducirlas; en concreto, me estoy refiriendo a las consecuencias que conlleva no saber actuar a su debido tiempo para poner límites a los niños para que aprendan poco a poco a controlarse y respetar el difícil terreno de las normas. Desde las Ciencias de la Educación y, más en concreto, desde la Pedagogía infantil, la Psicopedagogía y la Psicología escolar, la función altamente orientadora y asesora de las mismas nos obliga a no descuidar una parcela donde se requiere cuidar con esmero la formación de los padres y educadores infantiles, para enseñarles a conocer a sus hijos y alumnos, comunicarse con ellos, entender sus respuestas y ejercer con seguridad sus decisiones, especialmente en el período de los primeros años. Saber entender la imposición de límites y aprender a utilizarlos representa romper una barrera por la dificultad que ello supone para muchos padres que nunca han tenido la oportunidad de ser formados para afrontar estas situaciones que les desbordan, les hacen sufrir y les angustian. Aprender a establecer límites implica tomar conciencia de los errores más frecuentes que se cometen con los hijos y los alumnos. La conciencia de cómo no se debe hacer dará paso a las actuaciones concretas para llegar a encauzar comportamientos antisociales y establecer criterios desde los cuales los niños aprendan a regular la propia conducta. No se trata de limitar en el sentido de suprimir, sino de saber encauzar y guiar desde una óptica positiva, muy lejos, por tanto, de optar por una educación represora que encorseta y limita el crecimiento; tampoco nos referimos ni defendemos una educación excesivamente permisiva, exenta de normas básicas para una convivencia basada en el respeto. 2. ¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL PONER LÍMITES? Actualmente, los padres tienen miedo a imponer prohibiciones y castigos o a demostrar excesiva fuerza. No desean (por suerte) dominar a sus hijos; la educación autoritaria les aterroriza, por las traumáticas huellas que dicha educación dejó en muchos de ellos. Por ello, son más tolerantes, más liberales y más amistosos que los padres de antaño. Pero a la vez les cuesta desarrollar un concepto de educación propio, más acorde con otros modelos MOTU (1/2007)
25/01/2013