Era una vez, hace muchos años, (en la Edad
Media,
para
ser
precisos),
un
pueblecito típico de la Castilla de los castillos y las murallas. Nunca había guerras
por
allí
cerca,
y
todo
era
tranquilidad. Además, estaba situado cerca de las montañas y era muy difícil cruzarlas. Tenía a su alcance rebaños, ciudadelas, (donde había mercado), y fuertes y refugios para que se protegieran sus habitantes, -en caso de que fueran atacados- . Pero temían una cosa: había en una colina cercana, llamada por ellos “La Colina Negra”, un hechicero oscuro. No salía de ahí, y para nutrirse, obligaba a los lugareños a llevarle comida y bebida todos los días. Cada día le tocaba a uno.