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OFICIO VITAL
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VITAL
POR Marlene Diveinz FOTO cortesía
Las antiguas sentencias bíblicas y los modernos consejos de la psicología dan vida a la novela de la autora. Como el arcano 22 del tarot, el loco, desafía la dualidad del tiempo y del espacio para publicar una antología personal con sus mejores piezas narrativas. Continúa su camino, no es la mujer de Lot ni se ha convertido en sal. Es “Yo misma”, su título más reciente bajo el sello Seix Barral.
“La escritura y la felicidad me fueron enseñadas como una misma cosa. No tengo cómo pagar semejante herencia. Como una misma cosa aprendí las palabras y la fiesta, la conversación y la leyenda, el juego y la sintaxis, la voluntad y la fantasía. Como una misma cosa miro mi historia y la del mundo en que crecí y al que vuelvo sin tregua lo mismo que quien vuelve por agua”, escribe como preámbulo en esta nueva pieza que convoca a la emoción de observar el camino recorrido. La escritora no necesita ponerse de pie ni levantar la voz para decir “aquí estoy”. Escribe desde el mullido sillón del oficio tenaz y la voz intimista ya definida en “Arráncame la vida”, su primera novela criticada por contrariar los cánones y tradiciones de la generación del boom latinoamericano. Mastretta resistió como el faro e insistió como la marea, en escribir historias de mujeres con un tratamiento lineal del tiempo, sin juegos de palabras y con cotidianidades que poco se aprecia. Ahí están sus obras, desde “Mujeres de ojos grandes” hasta “Mal de amores”, premio Rómulo Gallegos concedido por primera vez a una mujer. Ahora, después del recuento y del reencuentro, Ángeles continúa su camino entre vajillas de talavera, buñuelos y boleros, maravillada por paisajes, detalles en el parque y otros asuntos del sencillo oficio de vivir. ÁNGELES MASTRETTA DETIENE EL CAMINO PARA MIRAR HACIA ATRÁS. DESOBEDECE DOS TIEMPOS QUE CONFLUYEN AÚN EN ESTE SIGLO.