Ramón Iván Suárez Caamal Ilustrado por Karla Trinidad Moo Valle
¿Será posible leer este libro tan despacio, paso a paso, sin sonreír, mirando cada página y cada poema con la calma y serenidad de los sabios anacoretas? Tal vez usted pueda, aunque lo dudo. Yo no. Yo no pude hacerlo. Desde el primer poema sentí la premura de encabalgar verso a verso como en una divertida carrera acompañado de jinetes experimentados. Y esto es lo que propongo: intente leer Jugar sin sentir las ganas de cantar o reír verso a verso. Trate de no aumentar la velocidad del humor a pesar de los signos de puntuación que le piden o exigen hacer serias pausas en la lectura porque las ideas, y sobre todo la sonrisa en los labios, se desbordan con particular alegría. Porque no son sólo versos para niños solos, para esos niños que corren y gritan y los que callan frente al aparato de juegos electrónicos. También son versos para los otros niños que callan porque la carga de trabajo y estrés los abruma con responsabilidades y compromisos. Son versos del niño que el poeta Ramón Iván Suárez Caamal conserva y aviva para el niño que permanece en cualquier lector como un guardián orgulloso capaz de poder decir:
En fin, con estas manos de tijeras seré tu jardinero, Primavera.
Para pequeños y grandes, niños y abuelos, para todos aquellos que gustan de experiencias renovadoras del entusiasmo por vivir con intensidad cada instante, Jugar es vivir la alegría.
Francisco Lope Ávila