Amigo Carlos: A esta relación epistolar tan gratificante y fecunda que mantenemos, hoy te traigo una invitada de excepción. Fuerte y ruidosa, pero relajante. Húmeda y refrescante en verano. Una derrochadora de energía potencial. Un regalo para la vista. Un prodigio de sencillez, pero pleno de eficacia. Me refiero a la cascada. Al salto elegante que a veces se produce en los cursos de los ríos y que indefectiblemente causa nuestra admiración. Una cosa tan sencilla, y no deja a nadie indiferente. En estos tiempos, parece mentira tanta eficacia. En alguna ocasión ya hemos tratado desde estas páginas las posibilidades plásticas que ofrece el ciclo del agua, desde el nacimiento en las montañas, el deshielo y el viaje hasta el mar. Todo el recorrido es rico en recursos visuales, los torrentes, los ríos, los lagos, los puentes- de los que hace poco hicimos un estudio- las olas del mar o las nubes, así que hoy me he decidido por las vistosas cascadas y espero que sean de tu agrado. Cascada, es una voz prestada que viene del italiano y que viene a significar caída. Cuando las cascadas son muy altas y con mucho caudal, reciben el nombre de cataratas. Catarata, viene del griego y parece tener el significado de “aquello que se precipita desde arriba” y se aplicó tanto a las cascadas como a las puertas de rastrillo de las murallas. Como estas puertas eran de celosía, también se les aplicó a ellas esta denominación y finalmente, cuando el cristalino va ganando opacidad y se empieza a ver mal, como a través de una celosía, los médicos llamaron a esa pérdida de nitidez, cataratas. Las cataratas más altas son el Salto del Ángel, en Venezuela, de 979 mts. de altura y el salto de Tugela, en África del Sur que tiene 947. La más ancha parece ser la catarata del río Zambeze, entre Zambia y Zimbabue que recibe el nombre de Cataratas Victoria y tiene 108 mts. de altura pero 1,7 Kms. de anchura. Posiblemente las más conocidas sean las cataratas del Niágara, entre Estados Unidos y