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En el discernimiento dejarse acompañar

En su última catequesis sobre el discernimiento, el Papa Francisco nos invita a dejarnos acompañar, es decir, confrontar nuestra vida con otra persona que tenga experiencia en este ámbito, estando abiertos —tanto el acompañado como el acompañante.

El Papa Francisco concluyó el ciclo de catequesis dedicado al tema del discernimiento, completando el discurso “sobre las ayudas que pueden y deben sostenerlo”, entre las que destaca el “ acompañamiento espiritual importante en primer lugar para el conocimiento de uno mismo, que hemos visto que es una condición indispensable para el discernimiento”.

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El Papa señala que es esencial ante todo “darse a conocer”, incluso en la propia fragilidad:

“Es importante, en primer lugar, darnos a conocer, sin tener miedo a compartir los aspectos más frágiles, en los que nos descubrimos más sensibles, débiles o temerosos de ser juzgados. La fragilidad es, en realidad, nuestra verdadera riqueza, que debemos aprender a respetar y acoger, porque, ofrecida a Dios, nos hace capaces de ternura, de misericordia, de amor. Nos hace humanos”.

Las Conversaciones Clarificadoras Y Liberadoras De Jes S

Evidenciando que el acompañamiento espiritual “ayuda a desenmascarar incluso graves malentendidos en nuestra consideración de nosotros mismos y en nuestra relación con el Señor”,

Francisco recuerda cuantas veces el Evangelio relata conversaciones de Jesús, que se convierten en una experiencia de salvación, de perdón, como es el caso de la samaritana, la de Zaqueo, la de la mujer pecadora, la de Nicodemo, la de los discípulos de Emaús.

“Contar al frente de otra persona lo que hemos vivido o lo que buscamos ayuda, en primer lugar, a aportar claridad en nuestro interior, sacando a la luz los muchos pensamientos que nos habitan y que a menudo nos perturban con sus insistentes estribillos: “Lo he hecho todo mal, no valgo nada, nadie me comprende, nunca tendré éxito, estoy destinado al fracaso”, etcétera. Descubrimos con sorpresa formas distintas de ver las cosas, signos de bondad que siempre han estado presentes en nosotros”.

El Santo Padre subraya a continuación que “quien acompaña no sustituye al Señor, no hace el trabajo en lugar del acompañado” sino que “camina a su lado”, animándolo a leer lo que se mueve en su corazón.

MARÍA, MAESTRA DE DISCERNIMIENTO

“La Virgen María es maestra de discernimiento: habla poco, escucha mucho y guarda su corazón”, afirma el Obispo de Roma. “Y las pocas veces que habla, deja huella”. Siempre señala a Jesús: En el Evangelio de Juan – evidencia el Papa - hay una frase muy breve pronunciada por María que es una consigna para los cristianos de todos los tiempos: “Hagan lo que Él les diga”.

“Hacer lo que Jesús nos dice. María sabe que el Señor habla al corazón de cada uno, y nos pide que traduzcamos esta palabra en acciones y opciones. Ella supo hacerlo mejor que nadie, y de hecho está presente en los momentos fundamentales de la vida de Jesús, especialmente en la hora suprema de su muerte en la cruz”.

EL ARTE DEL DISCERNIMIENTO, DON DE DIOS

“Queridos hermanos y hermanas, el discernimiento es un arte, - precisa Francisco - un arte que se puede aprender y que tiene sus propias reglas. Si se aprende bien, permite vivir la experiencia espiritual de manera cada vez más bella y ordenada. Ante todo, el discernimiento es un don de Dios, que hay que pedir siempre, sin presumir nunca de experto y autosuficiente”.

El Papa concluye con una exhortación que nos recuerda constantemente el Evangelio: “No temas”.

“¡No temas!”, nos repite el Señor también a nosotros: si confiamos en su palabra, jugaremos bien el juego de la vida, y podremos ayudar a los demás. Como dice el Salmo, su Palabra es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino. ¡Quien cree nunca está solo!

Por Arturo Zárate Ruiz

En muchos medios de comunicación se da un anti-catolicismo oculto; y también no pocas veces uno muy obvio. Por ejemplo, en la serie policiaca Bones, una prominente científica atea (que por científica “debemos” creerle) le dice lo siguiente a un católico de cafetería (aunque se santigüe de vez en cuando, quebranta el 6º mandamiento como cualquier otro personaje de cualesquier series):

«Dios es parecido al Sepulturero [un asesino serial]. Él establece las reglas. No se pueden cuestionar o negociar, así que podemos pensar que no le interesa cómo hacerlo mientras hagas lo que Él dice. Si hace algunos sacrificios, serás libre. Si no, te vas al Infierno».

Este Dios tal vez sea el de los musulmanes, un Dios a quien hay que obedecer sin intentar entenderlo, pues es absolutamente trascendente, y pura Majestad. De tal modo que si, en nombre suyo, el imam te ordena tener muchas esposas y hacer tu antojo con ellas; hacer la guerra, es más, el terrorismo contra los “infieles”; o, una vez muriendo tras cumplir al pie de la letra la sharía, fincar tu esperanza en un “cielo” que consiste no en ver el rostro de Dios (¿cómo, si es del todo trascendente?) sino en tener un harén con muchos eunucos y mujeres a tu disposición, ni se te ocurra pedir que te expliquen qué quiere decir eso. Nuestra respuesta debe ser obediencia inmediata, nada de preguntarte, como aun lo hizo la Virgen, ¿qué querrá decir eso?, pues lo que se te ordene está fuera de cualquier entendimiento tuyo por la misma trascendencia de Dios.

Aunque también trascendente, el Dios de los cristianos no es caprichoso: Él es la Sabiduría misma. Es más, su sabiduría se refleja y se manifiesta en su Creación, in-

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