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No caprichosos, sino sabios Mandamientos

zos de una familia serían entonces fragilísimos; la relación entre esposos, sin ningún respeto; la atención debida a los hijos, destruida; el verdadero amor, inexistente; la soledad y la más profunda tristeza, la consecuencia, y aun la mera sensualidad, perdida, pues, lo confirman las estadísticas, sólo entre esposos fieles es rica y frecuente, en vez de algo esporádico, propio de encuentros furtivos y decadentes.

Tan no caprichoso es el Dios de nuestra fe, y los mandamientos que de Él recibimos, que el primer Papa, san Pedro, con toda la confianza nos ordenó a todos los cristianos el dar razón de nuestra esperanza.

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clusive en nosotros, los hombres. Al contemplar nuestras manos no sólo descubrimos un diseño asombroso, también vemos que han sido hechas para trabajar y acariciar; la mente, para conocer y contribuir en Su Obra; el corazón para amarlo y amar a nuestros hermanos.

Nada de esto es capricho, como tampoco lo son sus mandamientos, sus reglas. Éstas reflejan la esencia de Dios, quien es Amor; son un mapa que nos conduce a crecer y gozar del bien.

No sólo no debemos robar porque lo arrebatado no nos pertenece; tampoco lo debemos hacer porque permaneceríamos tullidos, ignorantes, ineptos en la oportunidad de aprender a producir y conseguir lo que nos corresponde por nosotros mismos. No debemos ni siquiera codiciar lo ajeno porque con ello sólo conseguiríamos que se nos pudra el corazón. Y nada de relaciones extramatrimoniales, como lo ordena el 6º Mandamiento: los la-

¿Pero qué razón puede dar un ateo si carece, viéndolo bien, de esperanza? La suya es el carpe diem , el disfruta este día porque, de morir —lo que puede ocurrir en cualquier momento—, ya no habrá ningún mañana. ¿Para qué obedecer, no hablemos las reglas de Dios —a Quien él niega tontamente, pues él puede saber de su existencia por vía de la razón—, para qué obedecer aun las reglas humanas si el respeto a ellas no le trae satisfacción inmediata y en cualquier minuto todo se acabaría, y no conseguiría, una vez muerto, nada de nada?

Al menos un musulmán espera conseguir un harén. Nosotros los cristianos esperamos haber crecido en el bien para desposarnos eternamente con el Amor.

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