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Salir del laberinto no será una tarea fácil
Construir algo desde cero es más fácil que tratar de corregir las deficiencias existentes y lograr las mejoras necesarias. Este principio se puede aplicar en prácticamente todas las actividades que se llevan a cabo, sobre todo, cuando con el paso del tiempo, aquello que se desea cambiar se ha ido convirtiendo en algo tan tortuoso como puede llegar a ser un laberinto.
En esa encrucijada se encuentra Guatemala en este momento, cuando han transcurrido poco más de dos décadas de un siglo que, se suponía, traería consigo mejoras en el orden político, económico y social, cosa que no sólo no ha sucedido, sino que ha traído un efecto absolutamente contrario a lo esperado.
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Ese deterioro no se ha dado de la noche a la mañana. Ha sido algo que ha venido sucediendo paulatinamente y de manera más acelerada en los últimos dos años de la administración de Jimmy Morales y en el tiempo que lleva en la presidencia Alejandro Giammattei, ambos mandatarios empeñados en convertir el país en un auténtico laberinto, del que sea difícil salir.
Antes de ellos ya se veía que se estaba causando un desgaste al sistema político y a la propia democracia, pero siempre había en el ambiente un sentimiento de que las cosas podían cambiar y que las mejoras podían ir llegando, aunque fuera de manera lenta, mientras funcionara la institucionalidad.
Hasta el año 2018 parecía que, aunque no con la fuerza y eficiencia necesarias, las instituciones funcionaban y al menos había contrapesos que marcaban un relativo funcionamiento de la democracia. Sin embargo, para entonces era evidente el agotamiento de un sistema que se creó bajo la Constitución de 1985 y su reforma de 1993 –ratificada en consulta popular en 1994–, pero que nunca ha sufrido las correcciones que se hacen necesarias en su andamiaje legislativo.
Si aceptamos como premisa que el sistema político es el encargado de crear las correcciones necesarias para asegurar el buen funcionamiento de la democracia, podemos llegar a la conclusión de que han sido los propios políticos quienes han evitado tomar las medidas correctivas y, en los dos últimos períodos, quiénes han acelerado la destrucción institucional para borrar cualquier posibilidad de evitar un colapso total, que puede llegar en cualquier momento.
Jos Alejandro Ar Valo Alburez
Valiente postura del Foro Guatemala
Pero Muy Dif Cil Que
LES HAGAN CASO.
En carta a los Efesios, el evangelio de San Pablo dice: “Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz… Y no tomen parte en las obras estériles de los que son tinieblas. Al contrario, repruébenlas, abiertamente; porque, si bien las cosas que ellos hacen en secreto da rubor aun mencionarlas, al ser reprobadas abiertamente, todo queda en claro, porque todo lo que es iluminado por la luz se convierte en luz”. Nada más aplicable a los tiempos de tinieblas y deterioro político que vivimos.
Organizaciones de la sociedad guatemalteca que forman parte del Foro Guatemala (FG), asqueadas por lo que está pasando en el país en este proceso electoral, en un acto valiente y desesperado, se dirigieron a los partidos políticos para que no se presten a legalizar el crimen organizado dentro de sus filas, ante la propuesta e inscripción de candidatos a elección popular de personajes que por hechos públicos y notorios han sido señalados, sujetos a procesos penales e incluso confesos y condenados, por haber cometido actos delictivos, que buscan el derecho de antejuicio e impunidad.
Sin exculpar al Tribunal Supremo
Electoral (TSE) por sus actuaciones, el FG ataca la raíz del problema, al recordarnos que los verdaderos responsables de la calidad ética y moral de los candidatos a los puestos de elección popular son los partidos políticos, quienes jamás debieran solicitar la inscripción de personas que incumplan con lo establecido en el Artículo 113 de la Constitución Política, respecto de su capacidad, idoneidad y honradez. A los secretarios generales, como responsables y representantes legales de los partidos políticos, el FG les exige la revocatoria y cancelación de la inscripción de candidatos que incumplan con los requisitos constitucionales y que los retiren inmediatamente de la contienda electoral. Además, que hagan público su código de ética (si es que lo tienen) y los criterios específicos que utilizaron para validar el cumplimiento del Artículo 113 constitucional.
Estando algunos de los 30 partidos políticos, como pareciera, bajo el control del crimen organizado nacional y transnacional, este valiente gesto de exigencia ciudadana suscrita por: Conferencia Episcopal, Alianza Evangélica, Comunidad Judía de Guatemala, Universidad Rafael Landívar, Madres Angustiadas, Guatemala Visible, Fundación Libertad y Desarrollo, CACIF, ASOREMA, ASIES, FUNDESA, Organismo Naleb, Primero Guatemala, Jóvenes por Guatemala, es un grito de desesperación en medio de la pestilente podredumbre política. Pero será muy difícil que les hagan caso.
Al FG sólo le quedará pedir que no se vote por aquellos partidos políticos que muestren un solo candidato reprochable, aunque el TSE se los haya tolerado.
HUGO MAUL R.
tales gastos y estar plenamente justificados, este sería el momento para readecuar el gasto público de acuerdo a las prioridades más importantes del país.