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Persiste el riesgo de crisis financiera
Muchos aducen que el mundo está a las puertas de una nueva crisis financiera global; los más sensacionalistas dicen que se trata de un completo meltdown del sistema financiero. Mientras se determina si es una crisis moderada o un colapso total y cómo dicho fenómeno podría repercutir sobre Guatemala, lo más adecuado es manejar la política económica durante con un grado importante de precaución. Aunque el precio del petróleo haya bajado por debajo de los US$80 por barril y los indicadores muestren que la actividad económica está marchando según su ritmo habitual, nadie tiene en estos momentos toda la información necesaria para comprender las ramificaciones que esta crisis financiera en ambos lados del Atlántico podría tener sobre el país. En todo caso, mientras se aclara el panorama, lo más importante es que reine la prudencia en el manejo de la política fiscal y monetaria. Por más que existan presiones para aumentar el gasto público, la prudencia indicaría que este no es el mejor momento para endeudar al país con gastos que no tienen una plena justificación. En todo caso, de ser inevitables
Por más que la mayoría de indicadores económicos estén evolucionando positivamente, la verdad es que nadie tiene la información y el conocimiento necesarios para vaticinar correctamente las ramificaciones que esta incipiente crisis puede llegar a tener. Dada esa incertidumbre y la potencial gravedad de la crisis que se avecina, todo parece indicar que este no es el momento para tomar decisiones riesgosas en materia de política fiscal y monetaria. Aunque para algunos podría parecer que este es el momento para tomar decisiones arriesgadas, el hecho es que no puede manejarse la política económica de un país como quien apuesta en un casino. Sobre todo, cuando los apostadores no son quienes sufren las pérdidas causadas por sus decisiones. Dado el contexto imperante sería mejor equivocarse por sobrepesimismo que por sobreoptimismo. Para qué jugar con fuego cuando en momentos que la situación financiera mundial es un polvorín a punto de estallar. Sobre todo, dado que los banqueros de los países más ricos pretenden apagar el fuego utilizando lo que tienen a la mano: seguir emitiendo dinero sin respaldo. Es decir, echando gasolina al fuego que ellos mismos provocaron por emitir dinero sin límite alguno. Si finalmente la crisis no resulta siendo ni tan profunda ni tan duradera, habrá nuevas oportunidades para decidir si aumentar el gasto y la deuda pública es lo más conveniente en ese momento. Si resulta que la crisis se convierte en un colapso completo del sistema financiero global, mejor haberse preparado de antemano que ser tomado por sorpresa.
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Lionel Toriello
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“…TODOS LOS HOMBRES HAN SIDO DOTADOS POR SU CREADOR CON CIERTOS DERECHOS INALIENABLES, ENTRE LOS QUE ESTÁN LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD. ES PARA ASEGURAR ESTOS DERECHOS QUE SE ESTABLECEN GOBIERNOS ENTRE LOS HOMBRES, CUYOS JUSTOS PODERES
SE DERIVAN DEL CONSENTIMIENTO DE LOS GOBERNADOS. CUANDO CUALQUIER FORMA DE GOBIERNO
SE TORNA DESTRUCTIVA DE ESTOS PROPÓSITOS, ES DERECHO DEL PUEBLO ALTERARLA O ABOLIRLA…”
– DE LA PLUMA DE THOMAS JEFFERSON (1743-1826), PARTE DE LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DE LOS EEUU (1776).
Guatemala se aproxima a un ejercicio eleccionario más. Como ha sido desde hace décadas, el sistema político intenta presentar una conveniente “fachada democrática”, a pesar de que es cada vez más evidente que el periódico recambio en las esferas del poder sigue teniendo por propósito el que nada realmente cambie y además, también se ha hecho obvio que las “reglas de juego” han sido estructuradas, tramposamente, para que las corrientes de opinión de veras existentes en la sociedad, no estén proporcionalmente representadas en las estructuras de gobierno resultantes. Es decir, para que se imponga la voluntad de “la mayoría de la minoría” otra vez . Como es sabido, el entorno regulatorio (i) inhibe el desarrollo de auténticos partidos políticos (que debieran ser, pero no son, organizaciones multitudinarias abiertas , aglutinadas en torno a una plataforma ideológica y programática conocida y con procedimientos democráticos internos para escoger a sus candidatos y propuestas); (ii) “veta” a los candidatos que considera inconvenientes, mientras nos obliga a escoger a “representantes” a partir de listas de desconocidos; y (iii) limita ridículamente la discusión pública, que tiene que circunscribirse a una apretada “campaña electoral” de tres meses ; en la que el régimen –como ha sido su inveterada costumbre– intentará abrumar a la opinión pública con una copiosa diarrea publicitaria, que ahogue los mensajes de la auténtica oposición. La fórmula que el régimen utiliza es la de articularse en torno a una mafia política –con “vehículo electoral” autorizado– que –a cambio de una especie de “patente de corso” para hacerse descaradamente de fondos del erario público– “haga el trabajo sucio” de cumplir con los engorrosos requisitos “legales” y que posteriormente “dé la cara” para mantener la conducción de la cosa pública dentro del cauce tácitamente convenido.