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MARZO 2021 • Pág 12 # 29 •
Nadia Mara
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Tras haberse desarrollado profesionalmente en el Atlanta Ballet de Estados Unidos por más de 16 años, regresó a Uruguay para consagrarse como la máxima figura del Ballet Nacional Sodre. Protagonista de grandes clásicos como Giselle, Don Quijote y Onegin, recuerda sus inicios en la danza y asegura que vino a este mundo para bailar.
Remitirnos a la infancia de aquellos privilegiados que han logrado cumplir sus sueños con creces, es una prueba alentadora de que en esta vida todo se puede. Por supuesto que es necesaria una gran cuota de talento, estudio y disciplina, pero sobre todo de actitud. Nadia Mara soñaba con ser bailarina desde muy pequeña, cuando la mayoría de los mortales aún no hemos descubierto nuestras pasiones. Sus primeros escenarios fueron en su casa de Malvín Norte, donde improvisaba con movimientos libres que imaginariamente la trasladaban a ese mundo idílico de la danza, con atuendos extraordinarios y zapatillas de punta. Pero como a los sueños hay que ayudarnos, decidió inscribirse en la EscuelaNacionaldeDanzajuntocon el apoyo de su familia. Allí se graduó con medalla de oro y pronto emigró a los Estados Unidos para convertirse en una de las primeras bailarinas del Atlanta Ballet, una de las compañías más reconocidas del mundo. A la distancia, observaba con orgullo el proceso de transformación de su anhelado Sodre de la mano de Julio Bocca, hacedor de profundos cambiosquerevitalizaronelballetnacional con proyección internacional. Y
entonces sucedió la magia: en 2019 fue invitada por el entonces director de la compañía, Igor Yebra, a protagonizar la obra Onegin y fue la sincera ovación del público uruguayo el puntapié para volver a apostar a su país como primera bailarina del BalletNacionalSodre.Susonrisadanza al compás de sus pies.
A veces, además de la convicción y el talento, ¿hace falta un golpe de suerte?
No sé si existe el golpe de suerte, al menos no creo que lo haya tenido. Creo que todo lo que he logrado ha sido en base a mucho trabajo y tomando acción frente a las oportunidades que se me daban. Quizás sí siento que mi familia me apoyó muchísimo y gracias a eso pude aprovechar al cien por ciento cada oportunidad que se me presentaba. Eso me hizollegaradondeestoyahora.Pero no creo mucho en la suerte, creo en el trabajo y en la disciplina; en tener una mentalidad fuerte para lograr que tus sueños y todos tus deseos se conviertan en realidad.
¿Es más difícil para una niña de barrio llegar a una industria que tradicionalmente ha sido “de culto”?
No creo que sea difícil llegar a ser una bailarina viniendo de un barrio. Sí quizás una persona con más posibilidadespuedelograrlascosasenotros tiempos, más rápidamente. Pero como todo en esta vida, todo lleva trabajo y al final de cuentas importa máslaintenciónqueunoleponealas cosas que de dónde proviene. Vine a este mundo para bailar y jamás me imaginé haciendo otra cosa. Conozcomuchasbailarinasprincipalesque han venido de barrios, sabemos del trabajo y de querer salir adelante. Yo vengo de Malvín Norte, pero mi familiaesmuycultaysiemprenosinculcó lamúsica,ladanza,lapintura.Entonces,esodedecirqueporqueunoesde barrio no puede llegar a ser un artista eserróneo. “El Sodre de ahora es una compañía de primer mundo y eso me enorgullece”.

¿Qué sacrificios tiene la carrera de bailarina?
Lacarreradebailarinatienemuchos sacrificios. Una empieza a formarse desde muy chica, entiende que hay una disciplina que seguir, que hay que cuidarse física y mentalmente. Y mientras tanto hay que hacerse tiempos para seguir con la vida, para estudiar, porque obviamente es una carrera que va paralela a los estudios, en lo posible. Recuerdo que iba a la escuela, luego al liceo, y al mismo tiempo estaba trabajando
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Entrenar cuerpo y alma
“Creo que para lograr cosas en la vida hay que estar sano física y mentalmente, tener claras las metas y ayudarse como sea para lograrlas. En mi caso personal, mi profesión exige un alto rendimiento físico, pero creo que la mente es tan importante como el cuerpo. Llevar una dieta saludable, descansar bien y cuidar mi salud mental es parte del complemento. Incluso, de vez en cuando tener una distracción ayuda a recomponerme para salir adelante. Siento que cuanto más sana estoy, mejores logros obtengo. Mi día comienza con una clase de calentamiento a las 9 de la mañana y ensayo casi de corrido hasta las 16.30 horas. Tengo media hora para almorzar y unos pequeños descansos de 5 o 10 minutos durante la jornada. Luego, practico yoga o pilates y trato de meditar al menos una vez al día. Llevo una dieta sana y balanceada con mucha proteína vegetal, consumo mucha agua, y de vez en cuando me doy un gusto porque soy muy dulcera”.
“El público uruguayo es muy cariñoso y a la vez muy exigente”.
seis horas en la Escuela Nacional de Danza. Tenía que rendir exámenes y debíacumplirconmisotrasactividades también. Pero nunca pensé en micarreracomounsacrificio,disfruto muchísimo lo que hago y creo que incorporé toda esta rutina a mi vida personal.Ladisciplinayaespartede cómo funciono, se naturalizó. Cuando no tengo una clase de ballet, la quiero y la necesito. Me frustra no tener cosas que hacer y me gusta estar ocupada, quizás porque también es parte de la formación que tengo ya que desde chica debí capitalizar mucho el tiempo. Obviamente que hay momentos en los que uno tiene quedejardeladocosasyponerprioridadesenestacarrera,porejemplo, acostarse temprano o comer sano, peroesomegusta.Nolosientocomo unsacrificio,nuncamemolestóenel mediodeunareunióndecir:“Metengo que ir a mi casa porque tengo que descansar”. En parte porque sé que al otro día me voy a sentir bien y con energía para encarar los ensayos.
¿Cómo se fue desarrollando su carrera en el exterior?
A los 18 años egresé de la Escuela Nacional de Danza y fui becada por el profesor Gyula Pandi para estudiar en la Escuela de las Artes de Carolina del Norte. Me fui a Estados Unidos, tuve clases particulares con él y en la escuela. Después se me dio una oportunidad de audicionar en el Charlot Ballet. Estuve allí por un tiempo, pero me di cuenta que no era el lugar indicado para mí. Yo quería otros retos, quería bailar otro tipo de danza, no solo el ballet clásico con una técnica única, sino aprender sobre neoclásico, moderno, contemporáneo. Quizás tener otras técnicas incorporadas a mi danza, crecer en ese sentido. Se me dio la oportunidad de audicionar en Atlanta Ballet, por suerte entré y estuve bailando por 16 años. Había entrado en la posición de aprendiz y en tan solo un año, con 19 años, tuve la oportunidad de bailar como primera bailarina. Crecí mucho en todo ese tiempo. Recuerdo con mucha nostalgiaelprimerrolquehicecomo bailarina principal, que fue el ballet Giselle, uno de los más clásicos. Esa experiencia me dio la certeza de que estaba en el lugar correcto, tenía un comienzo claro y la esperanza de seguir creciendo. Quizás, el principal motivo por el que partí de Uruguay en ese entonces.
¿Qué la llevó a tomar la decisión de volver aquí?
La propuesta de volver al país y bailar para el Ballet Nacional Sodre comenzó cuando Julio Bocca tomó la dirección. Él se comunicó con todos los bailarines uruguayos que estaban bailando en el exterior, nos ofreció volver, venir a audicionar y ser parte de la compañía internacional que estaba formando. Obviamente, estuve a punto de venirme, pero en ese momento estaba en pleno auge de crecimiento y bailando muchísimo en Atlanta Ballet. Sentía que estaba en el camino que tenía que estar. Entonces dejé pasar esa oportunidad, simplemente por un tema de timing de la vida misma. El ballet nacional creció de una manera increíble de la mano de Julio Bocca. Lo respeto y admiro mucho, no solo por su carrera artística, sino por lo que creó en Uruguay y lo que llegó a hacer con el Ballet Nacional Sodre, que es algo que nunca pensé queibaapasar.Hoy,estamosenuna de las mejores compañías del continente y eso me pone muy orgullosa. Esta gestión que se hizo incentivó a todos los bailarines que estábamos en el exterior a darle una oportunidadanuestropaís.Despuésdeaquel contacto, la idea de volver siempre quedó en mi cabeza, revoloteando en el aire. Veía las cosas que estaban pasando en Uruguay y me daban ganas de venir porque me llenaba de orgullo. Así que finalmente tomé la decisión de volver, esta vez con la dirección de Igor Yebra. Vine invitada en 2019 a bailar Onegin, que es una obra increíble que siempre soñé ha-
cer. La hice en Uruguay por primera vez en el Auditorio Nacional del Sodre, donde también bailé por primera vez, y acompañada por mi familia y amigos que hacía mucho tiempo no me veían bailar. Ese fue el momento clave en el que terminé decidiendo que en realidad mi futuro podría ser en Uruguay. Después de esa última función de Onegin, tuve una reunión con Igor y me ofreció la posibilidad de volver a bailar como bailarina invitada o de integrarme al ballet nacional como primera bailarina.Ymelajugué,comomelajugué cuando me salió la beca y me fui sola a Estados Unidos. Hace más de ocho meses que estoy en Uruguay, y más allá de la pandemia y todo lo que estápasando,creoquetoméladecisión correcta.
¿Qué cambió de aquel Sodre que recordaba de jovencita?
Cuando egresé de la Escuela Nacional de Danza, el Sodre estaba funcionando, pero no había muchas funcionesycuandolashabíalamentablemente los teatros no estaban llenos. La gente no apoyaba tanto el ballet como ahora. Creo que para crecer uno debe ser audaz y tomar decisiones sin miedo. Entrar al Sodresiemprefueunorgulloparacualquier bailarín uruguayo, pero a mis 18añosnisiquieraaudicionéporque en seguida salió la oportunidad de irme al exterior. Volver después de todo este tiempo significa encontrarme con un Sodre completamente diferente, con una compañía muy internacional y producciones de primer nivel. Se están haciendo cosas increíbles. El Sodre de ahora es una compañíadeprimermundoyesome enorgullece mucho como uruguaya. Sé que toda esa transformación llevó y lleva mucho trabajo, y espero que se siga apoyando la cultura y el arte. El uruguayo se está acercando mucho más al ballet, en gran parte gracias a la gestión de Julio Bocca, y eso lo agradecemos todos.

¿Qué significó volver a escuchar el aplauso del público uruguayo?
Elpúblicouruguayoesmuycariñoso y a la vez muy exigente. Siento que aprecia mucho el arte, le gusta y la valora. No hay nada más lindo que saber que todo el trabajo que hacés esvaloradoydisfrutadoporelqueridopúblico,quealfinaldecuentases para quien bailamos.
¿Quedan sueños por cumplir a nivel profesional?
Tengo muchos sueños y muchas metas por cumplir aún. Me gustaría hacer unos ballets que no pude hacertodavía,trabajarconcoreógrafos internacionales,seguircreciendoen mi carrera como coreógrafa y poder desarrollarme más en ese aspecto. En los últimos años en Atlanta estuve trabajando como coreógrafa y me gustaría seguir haciéndolo en Uruguay. Me fascina crear y descubrir nuevos movimientos. Siento que es una manera de expresarme. También me gusta mucho dar clases, poder volcar todos mis conocimientos a las nuevas generaciones y ayudarlas en lo que pueda. Así que sí, sigo teniendo muchos sueños por cumplir.
Si tuviera que musicalizar su vida con una canción, ¿con cuál sería?
Qué difícil esta pregunta, nunca pensé en eso… Hay una canción de Queen que me gusta mucho que se llama “Show Must Go On”, “El show debe continuar”. Quizás sea esa la canción que deba elegir. Pase lo que pase tenemos que salir adelante y esa consigna la aplico en todo en mi vida. El show debe continuar.
