Internet, la comercialización online y la web 2.0 abrieron hace cinco años un escenario de nuevas oportunidades para la industria turística. Todo el mundo sería igual ante la red -desde multinacionales a pymes- porque la transparencia sería ley y el cliente se autoproclamaría rey del mercado. Al menos, esa era la teoría. En realidad se abrió una guerra que ha creado nuevos frentes. Y el cliente es ahora mucho más infiel y muchísimo más disputado.