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Diario Financiero - VIERNES 2 DE DICIEMBRE DE 2016
humanitas
Entrevista al padre Juan José Pérez Soba
El anuncio de la Buena Nueva a las familias
Entrevista realizada por JAIME ANTÚNEZ* y JAVIERA CORVALÁN**
Tras doce horas de viaje y setenta y dos horas de estadía en Chile, el padre Juan José Pérez Soba se encuentra sentado en una banca en la mitad del patio de derecho de la Universidad Católica. Desde ahí mantiene con nosotros una amena conversación que duraría casi una hora. La razón por la que se encuentra en Chile este doctor en Teología del Instituto Juan Pablo II para estudios del Matrimonio y la Familia de la Universidad Lateranense de Roma, es el VII Congreso “Familia para Todos”. Este último es organizado cada año por agrupaciones como el Centro UC de la Familia y el Instituto Berit de la Universidad Santo Tomás. Habiéndonos contado con entusiasmo algunas anécdotas de su infancia y juventud en Madrid, sobre sus años de seminario, sobre sus estudios de Teología en las universidades de Salamanca y de Comillas, y sobre sus años como vicedecano de la Facultad de Teología “San Dámaso”, comienza a responder con claridad y sencillez cada una de nuestras preguntas acerca de los actuales desafíos que enfrenta la Iglesia en lo que respecta a la pastoral matrimonial y familiar. - Dice el Cantar de los Cantares: “Ponme como un sello sobre tu corazón”. En una época como la nuestra, caracterizada por el legalismo y la judicialización, ¿cómo leer este llamado? -Este llamado tiene hoy plena actualidad. Vivimos una época en que parece haber divergencia entre ciertas exigencias exteriores -que han sido recogidas por las leyes civiles, en este caso de matrimonio- y las exigencias que brotan del corazón humano; siendo que, en realidad, las primeras deberían ser una respuesta a las segundas. La Iglesia insiste en que las estructuras exteriores al hombre -sean leyes, políticas públicas, etc-, si bien tienen un papel muy importante en el orden social, son insuficientes, por muy bien hechas que estén en sí mismas, para alcanzar el bien común. Esto porque también es necesaria una rectitud interior en las personas que conforman la sociedad. Tal rectitud interior, si bien puede promoverse o facilitarse con medidas exteriores, no puede ser alcanzada por ellas, sino sólo por la Gracia de Dios, única capaz de sanar el corazón herido del hombre.
En esto último debemos poner mucho acento al proclamar la Buena Noticia: la reforma más necesaria es la reforma del corazón. Y son los corazones transformados por la Gracia de Dios -y no las leyes civiles, aunque claro que son importantes- los que a la larga sacarán adelante matrimonios santos. Al anunciar la buena noticia del matrimonio, entonces, nunca debemos olvidar que éste no es un tecnicismo legal ni una cadena que esclaviza y que se impone “desde afuera”, sino una llamada a la libertad y a la plenitud, que toca el mismo corazón del hombre. - En lo que respecta a la ley, según algunos, nuestra época está imbuida no sólo del ya mencionado legalismo, sino también de resabios de cierto iusnaturalismo estrecho y reductivo. Contra este último es que el Papa Francisco parece prevenirnos en la exhortación apostólica Amoris Laetitia, en la misma línea de la Comisión Teológica Internacional… -La prevención que hace el Papa en este punto se refiere principalmente a ese iusnaturalismo que utiliza un método racional-deductivo, que comenzó a primar a fines del siglo XVII, y que parte del supuesto de que Dios no une a los hombres, sino que los divide. - ¿Se refiere, entonces, al iusracionalismo? -Exactamente. Lo problemático del iusracionalismo es, entre otras cosas, que mira la ley natural como si fuese una ley física más; y, junto con esto, que la ve como un límite a la libertad humana, como una violencia… en vez de verla como algo que perfecciona y vuelve plena esa libertad. Para el cristianismo, en cambio, la ley natural no es algo que se nos impone violentamente,
ya que no es contraria a nuestra naturaleza; todo lo contrario: actúa, podríamos decir, por atracción, pues está inscrita en el corazón de cada persona humana. Podemos conocer por la razón esa ley natural y, por lo tanto, podemos conocer por la razón la diferencia entre el bien y el mal; ¡que no son lo mismo y que no dan lo mismo! Una vida plena exige tener conciencia de esto. El Papa nos llama a dar a conocer con renovada alegría la Buena Noticia: no transmitirla como un mero conjunto de normas, ya que esto sería reducirla, estrecharla. Algo habló sobre esto también Juan Pablo II en Veritatis Splendor. -¿Podría ahora explicarnos lo que dice el Papa Francisco en Amoris Laetitia (n. 295), haciendo implícita referencia al magisterio de Juan Pablo II, sobre la “ley de gradualidad” y la “gradualidad de la ley”, que no son lo mismo? -Cuando hablamos de la “ley de la gradualidad” nos referimos a una ley del conocimiento humano: conocemos progresivamente las cosas, no de golpe. Entre esas cosas está la ley natural, la cual se va conociendo poco a poco. Existe un proceso; y en ese proceso es bueno ir acompañado. Cuando afirmamos ese proceso para conocer la ley natural, afirmamos también, justamente, la ley natural: no se renuncia a su conocimiento, sino que se aspira a que tal conocimiento se realice de modo paulatino. - Esto lo vemos en Jesús… -Justamente. Vemos en el Evangelio, por ejemplo, que Jesús va revelando el Reino de Dios poco a poco, por medio de parábolas, por ejemplo. No da definiciones de golpe, sino
Familia para todos El VII Congreso “Familia para Todos”, en el que tuvo lugar la conferencia magistral del sacerdote Juan José Perez Soba, se llevó a cabo con una gran asistencia el pasado sábado 5 de noviembre en la Casa Central de Pontificia Universidad Católica de Chile. Se trató de una convocatoria abierta, hecha a padres, apoderados, educadores, y agentes pastorales en general. El tratamiento de la familia desde las políticas públicas, el matrimonio y el acompañamiento pastoral fueron los ejes temáticos. El encuentro contó con la presencia del Arzobispo de Santiago y gran canciller de la PUC, Cardenal Ricardo Ezzatti, y del Rector Ignacio Sánchez, además de una decena de profesores expertos en materias de familia. Gran variedad de instituciones concurrieron en la organización del Congreso: Instituto Berit de la Familia de la Universidad Santo Tomás, Centro UC de la Familia, Centro de Estudio de Investigación sobre la Familia de la Universidad Finis Terrae, Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad de Los Andes, Programa de Ciencias para la Familia de la Pontificia Católica de Valparaíso, Delegación para la Pastoral Familiar del Arzobispado de Santiago, Fundación Familias Mundi, Comisión Nacional de Pastoral Familiar de la Conferencia Episcopal de Chile, y Red por la Vida y la Familia. A todas las anteriores agradeció Monseñor Ricardo Ezzatti por su constante promoción de la familia en Chile, y les animó a continuar con perseverancia en esta misión.
*Director Revista Humanitas // **Asistente de Redacción Revista Humanitas