Esta fiesta tiene en la saudade una impronta, la ausencia de poetas entrañables, de pájaros que alzaron su vuelo. Mas no por ello dejamos de celebrar la palabra como fuente de vida, el verbo que restituye y construye, funda con su
simiente el libro que aloja estos poemas. La remembranza de aquel orador de largo aliento nos impulsa a seguir escribiendo, soñando con el día en que los hombres pinten, escriban, esculpan entre otras cosas, como decía el viejo
Marx. Hugo Rafael estará sentado allí en una butaca cualquiera, sigiloso, con su mirada certera, aplaudiendo este convite donde el pueblo todo se hace grande.