13
CUENTO
Amanecer en el Escambrón
Todo empezó con una botella de whisky en la mano. No era la mejor noche de nuestras vidas, pero tampoco era la peor, era simplemente una noche y éramos tú y yo. Solos. Solos y libres de toda perturbación. ¿El whisky? Era solo para rellenar ese corazón medio roto que ambos teníamos y para olvidar todo aquello que no formara parte de aquel instante. Nos terminamos la botella en un santiamén y nos tiramos para atrás en la grama a ver las estrellas. Se veía todo tan claro y por primera vez todo estaba claro dentro de aquel enredo de locura. Recuerdo que de un momento a otro me agarraste la mano y entrelazaste tus dedos con los míos. No sabes lo mucho que me suplicaba para mis adentros que lo hicieras. ¿Por dónde empezar a describir todo lo que sentí al sentir tu mano acariciar la mía? Contemplamos el cielo en silencio mientras la luna atestiguaba nuestro dulce delirio y luego de un rato comenzaste a filosofar sobre la vida. . . sobre nuestras vidas. ¿Cómo fue que me dijiste? Ah sí, es hora de derrumbar la celda que nos hemos creado por miedo a caer en lo prohibido. Desbaratemos las barras de plata y volemos.
A. ISABEL
Una vez dijiste eso, te pusiste de pie y estiraste tu mano para ayudarme a levantar. Tomé tu mano, me halaste hacia donde ti y tus brazos me arroparon en un gran abrazo. Te respiré y me respiraste, te quise y me quisiste, te amé y me amaste, nos fundimos, el mundo colapsó y volvió a renacer. Me miraste a los ojos y me dijiste bienvenida. ̶ Elisa, está amaneciendo. ̶ Lo sé, ya no hay nada que esconder.