Astrología, Tarot, poesía, cuento y otros cuentos... Año 5 - Nº 47 - SEPTIEMBRE 2014
Sp es U ni c a
Escriben y colaboran en este número: Mariano Liébana; Guillem de Rubenhor; Oscar Ramentev; Horacio Otheguy Riveira; Roberto Langella
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Sumario RED BORDERS
Editorial Roberto Langella. 5 La muerte es otra cosa Horacio Otheguy Riveira. 6 30 películas de horror de Universal Oscar Ramentev. 8 La noche americana Guillem de Rubenhor. 12 Otra vez Gricel (9º entrega) Roberto Langella. 15 Red Borders Spes Unica. Año 5 nº 47. Septiembre de 2014
Editada por el Consultorio Astrológico Spesunica Dirección: Roberto Langella Registro de Propiedad Intelectual: En trámite. Impreso por Peecho B. V., Amsterdam, Netherlands Ilustración de tapa: Man Ray Colaboran en este número: Horacio Otheguy Riveira; Mariano Liébana; Guillem de Rubenhor; Oscar Ramentev. Las afirmaciones y opiniones vertidas en los artículos y textos son de exclusiva responsabilidad de quienes los escriben. Se prohíbe la reproducción total o parcial por cualquier medio de esta publicación, sin previa autorización de la editorial. Contenidos registrados en www.safecreative.org Los números atrasados pueden ser obtenidos siguiendo este vínculo: http://issuu.com/robertolangella
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Consultorio astrológico Spesunica: carta de servicios. 18 La mujer en llamas (capítulo 10) Horacio Otheguy Riveira. 20 Se me cayeron las alas. 24 ¿Quimicontás? Mariano Liébana. 28 Determinismo y libre albedrío en la astrología Roberto Langella. 32 El lenguaje de los reflejos.34 Horóscopo. 37
Editorial Sobre el ejercicio ilegal del arte
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er artista es una de las pocas cosas gratuitas de este mundo. Como ser pensador, o filósofo. “Soy artista”, puede decir cualquiera, sin que se le caigan las medias—sin riesgo alguno—como de diferente manera puede resultar declararse médico, abogado o ingeniero, sin haber pasado jamás por Facultad alguna. En la esquina de Diagonal Sur y Avenida 9 de Julio, de Buenos Aires, hay una especie de columna armada con hierros retorcidos. A su pie reza un cartel: “Arte”. Al contemplarlo, uno se queda pensando si tendrán miedo que una noche cualquiera se lo lleven los recolectores de residuos. Más allá, en uno de los canteros de la misma 9 de Julio, más cerca de Avenida Independencia, hay un semáforo de chapa gigante (¿una escultura?), algo así como el monumento al semáforo, con lo cual uno puede preguntarse para cuándo el monumento a la batidora, a la video-casetera o al ladrillo hueco. Los verdaderos artistas nunca tuvieron tiempo para declararse serlo, siempre estuvieron demasiado ocupados, estudiando o trabajando. A la humanidad le falta recato, señores. No me simpatizan las policías, como para postular una que vaya contra aquellos que detentan el poder artístico sin preparación alguna, sin consciencia artística alguna, pero qué ganas.... Insisto, a la humanidad le falta recato. Con la filosofía es aún peor el asunto, porque no basta con obtener el título en la Facultad de Filosofía para ser filósofo, ni siquiera basta con saber pensar—eso es solo la base, el principio—sino que hay que saber estructurar el pensamiento. La naturaleza es pródiga pero no democrática. Nos ha hecho de diferentes géneros, de distintos colores, nos ha puesto a unos en medio de la foresta, a otros en pleno desierto. Nos ha hecho de un tipo más físico, o más intelectual, o más emocional. Nos enojamos si un futbolista juega mal, porque para jugar ese juego se preparó, es por lo que le pagan, y esperamos de él que nos brinde un buen espectáculo. Deberíamos regresar a las épocas en las que se echaba a alguien de un escenario a puro tomatazos, si su desempeño no estaba a la altura de las expectativas. Esos sí eran tiempos de dignidad. Roberto Langella, septiembre, 2014.
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Horacio Otheguy Riveira
La muerte es otra cosa VI. Nada más
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¿Sabe dónde puedo encontrarla? -¿Se da cuenta de la cantidad de veces que ha preguntado lo mismo? -No, no me doy cuenta, como dicen que aquí no se miden las cosas, ni el tiempo ni nada. -¡Uff! -Perdone si le canso, pero no me entero. Deben ser los años. -Muchas veces ha preguntado lo mismo, parece usted incansable. -¿Y nunca, en ningún caso, me han dado respuesta? -Nunca. -¿Y no me la van a dar? -De esta boca no saldrá ninguna pista, sin duda, y no creo que mis compañeros le ayuden. -Qué raro, porque la suya es una boca preciosa, supongo que de hombre, por la voz, pero podría ser de mujer por lo bonita, me recuerda un cuento: “Boca bonita…”
-“Boca bonita, y verdes mis ojos”, de J. D. Salinger. -¿Por casualidad no está él por aquí cerca? -Seguramente, pero es tan arisco como en vida: no le gusta la gente. -Ya, bueno, me da igual, a los escritores hay que leerlos, no conocerlos. Después de todo yo sólo quiero encontrarla a ella, si me pudiera dar una pista. -Usted no figura entre los que deben recibir ayuda. -¿Y como qué figuro si se puedo saber? -Como un don nadie, un ninguno, jajaja, todos os creéis que sois alguien importante. -Importante no, sólo humano, merecedor de alguna atención. -Tonterías sin sentido. No sé dónde aprenderéis esas bobadas. -¿Y entonces qué me recomienda? -Que calle y siga su camino. -¿Qué camino? Aquí no hay nada
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Los planetas no obligan... más que oscuridad y alguna sensación de atardecer en vano, sin gente ni paisaje. -Bueno, pues siga andando. ¿Qué pasa, tiene miedo? -Ahora que lo dice… Tal vez. No, miedo, no, desesperanza. -Eso está bien, es lo más parecido a esto de venir aquí, vamos, de morir. La mayoría de vosotros negáis la evidencia y queréis seguir jugando a las cosas de vivir. Pues no, estáis muertos. -Pero me dijeron que podía encontrar a mi hermosa esposa, a mi cónyuge y consorte, valga la redundancia. -¿A Merceditas de Legazpi y Monroe? -La misma. Me hace ilusión que la conozca. -Sabemos quién es su señora esposa, y vergüenza debería darle, tan joven y usted tan viejo, y sí, es sin duda preciosa, más aún como llegó aquí, ahogada en la piscina donde se bañaba completamente desnuda, no vea el caos que generó en toda la población de difuntos, y ella tan campante caminando entre todos, altiva como si la muerte nunca pudiera alcanzarla. -Ese era el pacto, por eso se mantenía tan lozana. -¿Qué pacto? -El que hice con doña Gertrudis de Avellaneda para mantenerla joven. No crea que murió a la
edad que aparenta, ya estaba muy vieja y nada pudimos hacer contra el accidente de que se parara su corazón. -¿Así que ha entrado aquí mintiendo, en una especie de estafa? -No sé yo de eso, no me líe, no me confunda, yo sólo quiero volver a verla y besar sus nalgas desnudas y todo lo demás. -Pero si usted es un centenario que no puede valerse por sí mismo, ¿qué tontería me está diciendo? -Déjeme estar con ella un rato, unos minutos. -Aquí no hay tiempo y además me está hartando, voy a dar orden de que me lo quiten de encima. -¿También hay agentes de seguridad? -Menos preguntas y desaparezca, camine y pregunte por ella más adelante. -Vale, está bien, ya veo que no hay manera, a usted ya ni le veo los labios y supongo que desaparecerá la voz en cuanto me descuide, menuda faena, pero si pudiera volver a verla, recuperar un poco de su aroma exquisito, del olor de su piel encendida, enamorada, febril, ardiente… tantos años juntos y ella maravillosamente joven, sólo yo envejeciendo, pero sin importarle, adorándome tal y como me prometió doña Gertrudis de Avellaneda, señora de hechizos tan caros que por todos los que encargué tuve que cederle una propiedad,
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pero siempre valiendo la pena, siempre con muy buen resultado… Oiga, aquí está, qué preciosa, desnudísima tal y como murió, bellísima, sí señor, esperándome con su mejor sonrisa, dejándome pasear sobre su piel como la primera vez, eterna como el sol, qué cosas, hola, corazón, preciosa mía, hmm, que sabrosura, anda, date la vuelta, cielo, déjame verte de frente, déjame posar mis labios en tus pechos como fruta del Caribe, como oasis del desierto… -Hola, gandul, tesoro. -Hola, preciosa mía. -Hola, gandul, tesoro. -Hola, preciosa mía. -Hola, gandul, tesoro. -Hola, preciosa mía.
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Oscar Ramentev
30 películas de horror de Universal A pesar de que algunos catálogos afirman que la cantidad real de películas son cien, Universal ha lanzado un paquete en DVD y Blueray, en que se consignan las siguientes treinta. 2. Frankenstein (1931), de James Whale
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uego del suceso de Drácula, el mismo año, Carl Laemmle se decidió por otro clásico del género de horror literario: Frankenstein, de Mary W. Shelley. Para la ocasión, y en plan de éxito, la productora decidió repetir el equipo integral de la primera película, pero Tod Browning, el director, desertó y pronto lo haría también Bela Lugosi, el protagonista, al enterarse que su personaje llevaría mucho maquillaje, con lo cual sus fans “no iban a reconocerlo”. Puestos a buscar sustitutos, la dirección recaería en James Whale, de incipiente carrera en Hollywood, arribado un año antes de Inglaterra, su lugar natal. También de origen británico, el hasta entonces desconocido Boris Karloff fue elegido para el rol del monstruo, que le consagraría, y cuya impronta iba a ser el mayor ícono que la productora le diera al “pop art” del siglo XX, a la misma altura que otros
personajes, tales como Superman o Mickey Mouse. El maquillador Jack Pierce, que ya había trabajado en la anterior producción de Universal, Drácula, fue el responsable final de la fisonomía definitiva del monstruo de Frankenstein, y el creador de las imágenes del resto de la galería de horror de la firma: el hombre-lobo, la momia, etc.
La apuesta al horror
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n los primeros minutos, antes de los títulos, incluso, el mismo Laemmle hace una aparición, como desde atrás de un telón de escenario teatral, para hablar mirando a la cámara (al público), para advertirle que lo que se verá no es apto “para público impresionable”. Con lo ambigua y sugestiva que había resultado Drácula, aún, el público había abandonado la sala, despavorido, en su estreno. Esta vez la violencia y la repulsión iban a ser mucho más manifiestas que en la primera oportunidad, por lo que se halló oportu-
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no hacer esta advertencia. Con todo, Frankenstein de Whale es una obra mucho más madura, mucho más jugada y compleja que el Drácula de Browning.
Whale, Karloff y Pierce, los tres pilares para una gran obra
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a imagen del monstruo es aún hoy en día la más patética que puede hallarse entre los cientos de versiones que se han realizado en todas las épocas (la única predecesora de este film es la muda Frankenstein (1912), de Thomas Alva Edison), y aún la más dramática, sostenida en la enorme capacidad actoral de Boris Karloff. Resulta impresionante la rica expresividad que el actor logró imprimirle al personaje, desde debajo de tanto maquillaje. Pierce supo capitalizar la fisonomía del actor en virtud de resaltar la deformidad del monstruo (nunca nadie vistió mejor “el traje” que Karloff, aún cuando luego otros actores <Chaney Jr., Lugosi, etc.> lo lucirían); arma-
Los planetas no obligan... zón en los hombros para realzar los brazos escuálidos que asomaban por las mangas del saco; una cabeza como de “caja” sobre un rostro “chupado”; los inefables “zapatones”, que darán altura y peso, para un andar grotesco que en las escenas iniciales Karloff sabrá sacar partido. La primera aparición del monstruo es de espaldas. Whale sabía de antemano de la efectividad de su logro, y quiso mantener el suspenso hasta las últimas consecuencias (en la versión original se mantuvo el anonimato del intérprete, figurando un “?” en los
créditos). Lentamente el monstruo gira sobre sí, mostrándole el rostro a la cámara, entonces se suceden dos primerísimos planos, el segundo más corto que el otro. Si esta escena se hubiera filmado en la actualidad, la musicalización hubiera sido desaforada. Por entonces, inicios del sonoro, las bandas de sonido eran escuetas y para nada pertinentes, de cualquier manera Whale tuvo el buen tino de dejar esta escena muda. La primera aparición del monstruo es la de un muerto animado, nunca un rostro reflejó
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tan logradamente a la muerte, como éste de Karloff, con apenas unos pocos movimientos mecánicos, el acercamiento a la luz, el andar con el cuerpo impulsado por delante de los pies, los gruñidos y el reclamo con gestos de los brazos, cuando se le niega la luz. Aquí el monstruo es un adefesio recién nacido, con apenas un atisbo de consciencia de sí. El monstruo obedece órdenes pero entra en pánico cuando se le amedrenta con fuego, y de ese pánico primal se genera la ira. En un reportaje, Boris Karloff declaró no haber sentido estar haciendo una película de terror durante el rodaje, y agregó haber ellos—los realizadores y actores de todas aquellas películas de Universal—arruinado toda una atractiva gama de posibilidades, al fundar expresamente el denominado “género de horror”, que derivaría en grotesco.. Frankenstein es la historia de una evolución, como también lo es la propia historia de Universal, en un zigzaguear que irá desde la experimentación con maquillaje, escenografías y efectos especiales, hacia el más vulgar mercantilismo, de un modo como quizás no volviera a repetirse sino hasta la era de las pelí-
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culas por ordenadores.
James Whale y la marginalidad de lo monstruoso
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esulta ineficaz aquella escena inicial donde Fritz, el asistente jorobado de Frankenstein (encarnado por el actor Dwigth Frye) roba equivocadamente del laboratorio de la Universidad de Medicina el cerebro de un criminal, en lugar de el de un hombre normal. Esto redunda en especulaciones y posibilidades que luego no se verifican. Desde su primera aparición en escena, después, el monstruo es un remedo de persona, es una cosa, que lentamente va cobrando consciencia de sí, con clara predisposición, tendencia a lo bello y lo bueno (el calor del sol, la pureza de la niña). Precisamente, en su encuentro con la niña a orillas del lago (luego de sufrir el maltrato y las burlas del jorobado Fritz y el desprecio y la repugnancia del propio Frankenstein), la mata a ésta en un rapto de confusión. En su inocencia, la niña no se atemoriza a causa de su fealdad, por todo lo contrario, le propone un juego: Tirar al lago, de a una, las flores de un pequeño ramo.
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Cuando se le acaban las flores, el monstruo quiere seguir jugando, y entendiendo que el mismo se trata de echar cosas bellas al agua, ignorante del peligro toma a la niña en brazos y la arroja al agua, viendo luego cómo ella se hunde y ahoga. Su reacción es inmediata, se desespera, huye despavorido. Lo que sigue es la indignación de la turba, al enterarse de la muerte de la niña, que sale en búsqueda del presunto asesino, a hacer justicia por mano propia. Este perfil del marginal perseguido se acentúa y desarrolla mucho más eficazmente en el film que es continuación del que tratamos, La novia de Frankenstein (1935). Es que el propio Whale era un marginal en su tiempo. Homosexual, fue perseguido por el macartismo hasta integrarlo a las famosas “listas negras”, con lo cual no es muy extensa su filmografía. La película de 1998, Dioses y monstruos (Gods and monsters), de Bill Condon, cuenta su historia, donde Ian McKellen interpreta a James Whale.
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Boris Karloff y Jack Pierce
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Guillem de Rubenhor
La noche americana
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e llamaba François Truffaut y empezó siendo un niño que se escapaba de todas partes para ir al cine, donde el mundo le hablaba al oído con voces más verdaderas, susurros femeninos y piernas de seda: aventuras de quien sería el hombre que amaba a las mujeres y les rendía permanente homenaje, también dolorosos desplantes, también simpáticas situaciones de flaqueza masculina, también besos robados, también celos compulsivos, también sabiduría propia y ajena que le permitió dejar por un rato su propio universo y acercarse al de Ray Bradbury y descubrir que bajo la potencia del Fahrenheit 451 los libros arden mejor y entre sus llamas es capaz de surgir con fuerza el amor de la preciosa inglesa Julie Christie y el apuesto alemán Oskar Werner para fugarse de la quema y memorizar las mejores historias de la literatura.
Muy joven aún, Truffaut publicó la primera gran entrevista a Alfred Hitchcock (El cine según Hitchcock), hasta entonces despreciado por la crítica que no consideraba artísticos los géneros populares (léase terror, intriga, policiaco). Pero ahí estaba el estudioso del cine para ir a todo tren con la ansiedad que le caracterizó siempre, saltando de un tema a otro, de un amor a otro amor en lo personal, pero también en su búsqueda de razones y miradas, de armas con las que luchar en una existencia que quizás, en su interior, preveía corta. De hecho, lo sacó para siempre de los estudios de cine un derrame cerebral con sólo 52 años, y un montón de películas tan valiosas a sus espaldas que Steven Spielberg le invitó a participar como actor en su primer juego de ciencia-ficción Encuentros en la tercera fase.
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El amor compulsivo del jo
oven y la diva
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Todo el equipo en una fiesta del cine dentro del cine
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ara entonces François había dirigido obras ya consideradas magistrales. En algunas fue también protagonista (esa expresión anhelante y sorprendida resultaría inolvidable), en otras actor secundario o extra que pasaba por ahí. Un entusiasta exigente que tenía prisa por descubrir mundos y compartirlos con la mayor cantidad de gente posible.
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ntre sus títulos más destacados:
Los cuatrocientos golpes, Disparen sobre el pianista, Historia de Adele H, Jules et Jim, La piel suave, La piel dura, La novia vestía de negro, Domicilio conyu-
gal, El pequeño salvaje, La mujer de al lado… y La noche americana, la película que recibió un Oscar, lo que le permitió una mayor distribución internacional. Una película en la que él mismo interpreta al director inseguro, cambiante, feliz como un niño, angustiado como un adolescente, trabajador incansable como un adulto que sabe lo que quiere, y nuevamente un niño fascinado por los personajes y los actores que tiene que poner en marcha un realizador de cine.
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n hombre de cine que ha de saber jugar con las
torpezas de los actores veteranos que tiemblan ante el paso del tiempo, la belleza de las jóvenes actrices, los devaneos de todos con todas y la esperanza que cada uno tiene de que La noche americana (ese artilugio por el que se recrea una noche para ser filmada a plena luz del día) pueda expandirse con encanto en su propia vida, entre las sábanas de sus propios sueños. Una película emocionante y divertida que es muchas cosas más, que funciona como una piñata que al romperse despliega un sinfín de golosinas para los amantes del cine: una reflexión apasionada que para hacerse posible tuvo
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que lograr un equilibrio matemático (como la propia banda sonora maravillosa de Georges Delerue): equilibrio prodigioso entre la comedia y el drama, entre el humor ligero y la inseguridad de sus personajes (también espectadores), acerca del cine, del oficio de hacer películas, del arte de contar historias, de la dificultad por hacerlas verosímiles, de buscar la comprensión y la emoción de la gente. Alejado siempre de todo afán discursivo y aleccionador, alejado siempre de la menor pedantería, François Truffaut —con su gran conocimiento del cine en las venas—, nos regala un presente de lo más agradable. Y nos homenajea a todos sin distinción, y una vez más, esgrimiendo una obsesión que ya estaba en su primera película y que aquí reaparece con una secuencia memorable y onírica que tal vez sea la que mejor resume la película: el director de la película dentro de la película duerme sueños agitados, cada jornada es un hándicap para sacar adelante el film dentro de los grandes límites que impone el productor. En su ajetreado dormir se reencuentra con el pasado en blanco negro, cuando de niño robaba por las noches los carteles de un cine donde se proyectaba Ciudadano Kane.
Truffaut
Truffaut da indicaciones a Bisset y Léaud
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Otra vez Gricel (novena entrega)
Esta novela está inspirada en la historia real de amor que vivieron José María Contursi (1911—1972) y Susana Gricel Viganó (1920—1994). Contursi fue uno de los poetas de la era de oro del tango, quien entre otras canciones, compuso Gricel, el tema central que le dedicara a su musa. Gricel pertenece al repertorio clásico del tango argentino. Esta historia no pretende ser más que un homenaje a esta historia de amor, por lo que no se deberían buscar precisiones históricas demasiado exactas. Del mismo modo, los nombres de los personajes reales fueron cambiados. También, deseo agradecerle a mi amigo Horacio Otheguy Riveira, por el tiempo dedicado a la corrección de este trabajo, y por sus observaciones siempre oportunas. R. L.
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sabel terminaba de acomodar unas botellas detrás del mostrador, cuando vio a un apuesto joven, de poco menos de treinta años de edad, entrar de la calle. Era alto y de espaldas anchas, de cabello engominado y peinado con raya al costado; de frente amplia y mirada seductora. Iba vestido con una chaqueta cuadriculada, azul y blanca, y unos pantalones claros, de corte italiano. Llevaba un pequeño bolso de mano
consigo. —Buen día, quisiera alquilar un cuarto—. Dijo el hombre. Isabel le sonrió, tomando el registro. —Necesito tomar sus datos—. El muchacho dejó sus documentos sobre el mostrador. Al abrir la libreta de enrolamiento, Isabel reconoció su nombre. —¿Es usted?, ¿el poeta?—. El muchacho sonrió, Isabel se volteó hacia Américo, su marido. —Viejo, ¿sabés quién es el señor?; el poeta, Federico Gonzálvez. Don Américo, que había estado conversando con un parroquiano, sentado a
una mesa, se levantó y se acercó al mostrador. —¿El tanquero? Ah, madonna santa, déqueme estrecharle la mano… Sepa, signore, que tutti lo’ artista dil mondo son benvenutto in casa di Américo Begancio; má in cuesto momento, in que parece quil mondo sono enloquecito, e aposta tutta lue’speranza in lo falso favore di la guera. —Cierto… Cierto… Muchas gracias—. Dijo Federico. Y en ese momento apareció Gricel. En cuanto lo vio sintió que el alma se le salía por los ojos. Se
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Los planetas no obligan... surtidor de nafta, con “Galli” echado a un lado. Le latían las sienes. ¿Qué hacía Federico allí, apareciendo como un fantasma? No era posible que no la recordara, y no había parecido sorprendido al verla, lo que demostraba que había llegado premeditadamente, pero, ¿para qué? ¿Por cuánto tiempo se quedaría? Las manos le temblaban y volvió a derramar nafta, al despacharla a un auto. Hacía cuatro años que no le pasaba. Al mediodía esperó hasta que su padre saliera a llamarla para almorzar. Don Américo descorchó una botella del mejor vino, e Isabel hizo sentar a Federico a su izquierda, frente a Gricel, ocupando ella y su marido las cabeceras de la mesa. —¿E a qué ha venito?—. Preguntó Don Américo. —¿En viaque
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quedó helada, inexpresiva, sin poder moverse. —Ella es mi hija, Gricel—. Dijo Isabel. Federico le fijó la vista, esbozando una sonrisa. —Encantado—. Dijo, extendiéndole la mano. La chica dudó un momento, luego se la estrechó, con ligereza, pero sintiendo los dedos del hombre sobre los suyos. Todos esperaban una respuesta. Gricel musitó finalmente un saludo, y después salió por donde había entrado. —E oyi ceramo temprano, e osté almorza con nosotros, sensa pretesto di ninguna clase. —Bueno, gracias—. Sonrió Federico. —Venga, que le muestro su cuarto—. Dijo Isabel. Gricel se sentó contra el
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de necocios? —No, todo lo contrario, vine a descansar—. Respondió Federico. —El médico me recomendó aire serrano. —¿Istá infermo? —Un poco cansado, nada más. Gricel le descubrió entonces una tristeza en la mirada; era una tristeza madurada por los años. —Osté lo que necesita e casarse e tenere hico; nada mecore que la vita hocareña. Io sé qui ustete, lue artista, sono un poco… ¿E comme se diche?... ¿Comme se diche cuando tene pacarito en la testa? —Sí, le entiendo, pero no es mi caso… —. Federico esquivó la mirada de Gricel. —… Yo soy casado, tengo dos hijos… —¿Tiene hijos grandes?—. Preguntó Isabel. —El varón tiene un año, y tengo una beba de tres meses… —¿E comme e qui no ha vinito con su famiglia? —No voy a estar mucho tiempo, no sé… Un par de semanas… —Le estamos preguntando demasiado, disculpe—. Dijo Isabel. —No, no es nada. —No si ponca nervioso; isto no e un riportachio. Don Américo tuvo que levantarse varias veces de la mesa, a pelear con los parroquianos, que viendo la hostería cerrada, pensaban que habría alguien enfermo, y querían enter-
Los planetas no obligan... arse; y para ir a atender a automovilistas en la estación de servicio. —Cada vez tenemos menos descanso—. Explicó Isabel. — Por esta ruta pasan cada vez más autos. —E, ma, primo vamo a tomare una copita de jeré, e dopo il signore nos va a cantare un tanco, in el piano di Gricel. —Pero yo no canto, escribo—. Sonrió Federico. —Pero hace canzione, algo sabrá cantare. O recíteno algo, si no… Isabel fue a calentar café, y Américo a buscar la botella de jerez, de atrás del mostrador. Gricel se quedó sentada, esperando, con la mirada pegada a un punto en el mantel que cubría la mesa. Ya no estaba nerviosa, ahora solo esperaba que se desarrollaran los acontecimientos. Federico se sentó al piano, que se hallaba en una esquina del comedor, y se puso a entonar unos versos, marcando apenas los acordes en el teclado.
¿Ves?, he tratado inútilmente de alejarme y de olvidar… Hoy que hay arrugas en mi frente siento más la soledad… Tal vez, al notarme avejentado, pensarás que vengo a verte porque estoy desesperado… ¡No!, ya los años me enseñaron a templar el corazón… No he venido a suplicarte ni un poquito de cariño ni a que expliques tu silencio,
tus mentiras o tu olvido… No es posible, vieja amiga, nuestras vidas acercar… Solo vine para verte, para verte, nada más. Ya falta poco para irme con mi cruz a otro rincón… Sé que al dejarte voy a hundirme en la desesperación. ¿Será la emoción de mi partida, que quisiera darte un beso aunque deje en él mi vida? ¡Sé que tus lágrimas me invitan A besarte y a llorar! No he venido a suplicarte ni un poquito de cariño ni a que expliques tu silencio, tus mentiras o tu olvido… No es posible, vieja amiga, nuestras vidas acercar… Ya me voy y aquí te dejo toda mi felicidad… 1
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intiéndose aludida en la canción, ni bien Federico terminó, Gricel se levantó de la mesa y salió de allí, aprovechando la distracción por la euforia con que aplaudía y felicitaba su padre. Gricel volvió entre los surtidores de nafta y las latas de aceite, y pasó allí la tarde, acompañada por el siempre fiel “Galli”. Federico pasaría en su cuarto las horas de la siesta, y luego Gricel lo vio salir, con las manos en los bolsillos, y fumando un cigarrillo. El hombre se detuvo a mitad de su trayecto, y la miró un momento. Gricel desvió la mirada, después lo vio dirigirse
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al pueblo. Entonces ella llamó a “Galli”, y juntos rumbearon para el otro lado, hacia el monte, a dar un paseo al pie del cerro Uritorco. Anduvieron un rato por entre los matorrales. Gricel se distrajo tirando piedras en un arroyito. Después buscó una rama gruesa que tirarle a “Galli”, para que fuera a buscar. Entonces vio llegar a Federico. El muchacho le sacó el palo de la boca al perro, y lo arrojó al doble de distancia de lo que lo arrojaba Gricel. El animal salió corriendo, ladrando alegremente. —¿A qué viniste?—. Le preguntó ella, cuando lo tuvo delante. —A verte. Gricel se echó a reír. —¿Como hace cuatro años atrás, en la casa de Dolly?; la broma ahora resulta de mal gusto, ya no soy una nena. —Ya lo veo, pero no es una broma. Gricel lo miró un momento. —No sé qué tenés en la cabeza, Federico—. Le dijo luego. —Aparecés así, después de cuatro años, y suponés que yo tengo que recibirte y escucharte. —No, yo no supongo nada. Puedo volverme a Buenos Aires ya mismo, si querés. Solamente quería verte. —¿Para qué? Federico se quedó pensando un momento, después se sonrió. —Hace muy poco tiempo hice un trueque, ¿sabés? Le cambié a la vida todo lo que sabía por una sola certeza, por esa única certeza que no podés
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Consultorio astrológico Spesunica Nuestros servicios: Carta astral; Revolución Solar; Sinastrías; seguimiento mensual del horóscopo; informe de vidas pasadas; Tarot; cursos.
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Los planetas no obligan...
La mujer en llamas
Horacio Otheguy Riveira
Capítulo 10
Final de la primera parte
Tal vez por eso estamos tan muertos, y al mismo tiempo tan vivos: porque cada anochecer nos aniquila, y nos redime el alba. Laura Restrepo, “La novia oscura”.
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arcial Legaré está entusiasmado con la recién descubierta, su antigua secretaria convertida en hembrita fantástica, y le pide que se vista como en su apartamento, con camisas que transparentan sus pechos, y a su vez son vestidos por encima de la rodilla, y él la desnuda de a poco hasta no dejar nada de la institutriz severa y asexuada. Rosa obedece, el doctor “hace que” atiende su consulta con traje y corbata, sin uniforme, se cuelga el estetoscopio, juega a los médicos, y ella es todo rubor, como una primeriza a punto de caer en las garras de un lobo feroz que la seduce con malas artes. El doctor necesita pasarla a revisión, indagar en sus secretos, descubrir tras la eficaz y obediente señorita un pozo de sabiduría donde caer para no levantarse jamás, y olvidar por completo a la extraña esposa a la que hizo operar para transformarla en una amante perfecta que nunca llegó a ser.
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Este de ahora es un amor arrebatado en el que los dos se sienten poderosamente unidos. -Nunca te agradeceré bastante que me hayas raptado, que me hayas transformado en alguien increíblemente feliz. No me recuerdo así en toda mi vida. Siempre en el papel de médico para todo servicio. Contigo empecé a ser yo mismo. Perdona si te aburro con mis discursos, es que ni yo me comprendo del todo. -No tienes que comprender nada, Marcial: sólo vive a mi lado. Recogidos en la vieja residencia familiar de Rosa, pasean por sierras y pantanos a muchos kilómetros de Madrid, felizmente, modestamente sostenidos por los ahorros de ella en un mundo de poco gasto y mucha pasión. No piensan en lo que dejaron atrás. Son adolescentes de última hora con parada y fonda en una felicidad sin preguntas ni respuestas. El mágico té para erecciones potentes y ardientes deseos, aquel mágico té chino de las montañas de Guangzhou comprado en Londres, ya hace semanas que no hace falta ocultárselo al buen doctor: lo pide él y ambos disfrutan como niños con travesuras circulares que jamás se rompen, sólo
Los planetas no obligan... mejoran con el tiempo. Hasta se sueñan cuando duermen con la certeza de descubrir en la piel del otro una razón de vivir que desconocían: la eficaz y triste secretaria y el todopoderoso cirujano por encima del bien y del mal, recorriendo futuro en sus besos cortos, en la pertinaz humedad de su emocionante compañía. Pero de pronto, en una tarde de tormenta al final del verano, encienden la chimenea ateridos de un frío inesperado que fastidia sus reconfortantes paseos y limita las caricias: los dedos congelados, el olor de la piel sin atracción, la mirada fría, perdida. Se quedan hechizados por el fuego de la chimenea. Una llamarada que no es romántica, sino que los arrastra a la realidad. -Creo que tengo que ir a ver cómo está mi mujer y consultar mis finanzas, no puedo dejarme mantener por ti toda la vida. Empiezo a desesperar. Necesito saber. -Tampoco podríamos mantenernos mucho más tiempo, se me acabará pronto el dinero y ahora estamos los dos sin trabajo, parecemos estúpidos chiquillos que huyeron de casa. -El dinero no será problema, tengo mucho guardado en el chalet, no te preocupes por eso, pero
abandoné a mi mujer durante mucho tiempo, no tengo idea cómo se habrá mantenido, no sabe nada de mis ahorros en negro, lo desconoce todo, sólo toca el piano, no debe estar bien de la cabeza, seguramente por mi culpa, tengo que ir, quiero que me acompañes, no me atrevo a enfrentarme solo a esa situación. -Los directivos del hospital hace tiempo que te buscan, también a mí. Hace más de una semana que dejaron de llamar, lo mismo nos dan por perdidos. Desaparecí sin indemnización porque no me echaron y sin subsidio de desempleo porque hice abandono del trabajo. ¿A que es divertida la estupidez que hemos cometido? -Muy divertida, Rosita, me basta con quitar los primeros botones de la camisa que te cubre para sentirme poeta, bailarín, espadachín de mil aventuras que acerca la boca a tu piel encendida y se reconforta recorriéndote entera. Se ríen un poco a cuenta del alborozo literario del doctor, y se abrazan muy fuerte y se besan y lloran como niños ante el descubrimiento de su delirante soledad. De pronto se quedan sin fuerzas. Se quedan dormidos y despiertan con una pesada resaca de emociones sin
alcohol, hasta que consiguen poner en marcha el viejo coche de Rosa y enfilar hacia Madrid, la capital de un reino del que ignoran todo: la gran crisis imperante, la miseria que no se ve por las calles principales pero que abunda en las zonas marginadas, la corrupción en la monarquía, los políticos y los empresarios, el paro generalizado en la mayoría de profesiones y oficios… un país en ruinas que sigue aparentando una riqueza que no tiene. Cuando entran en la ciudad se ven obligados a dejar el coche en una calle perdida: todo son manifestaciones, protes-
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tas, todos los colectivos en un grito: abogados, maestros, funcionarios, policías, jueces, jubilados, enfermeras, bomberos… y los antidisturbios dando golpes sin misericordia. Y ellos que se mezclan como forasteros que no entienden el idioma, con sus labios húmedos de placeres que creían infinitos, y una soledad en común que está dispuesta a abrirse camino como sea. Van a la estación de Atocha rumbo a Cercedilla, en busca de Ebe para pedirle perdón, dejarla protegida con algún dinero, y romper definitivamente, abandonándola a su suerte, hermosa
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y fría, congelada, como un maniquí sin alma. La llora en ausencia. Nada sabe de ella. En realidad ha pasado un mes desde que cada uno se lanzó a una fuga inesperada. Coge una mano de Rosita y cierra los ojos: se imagina los pechos de su nuevo amor salpicados del agua de un río mágico que recorre un mundo nuevo.
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uñeca escucha los latidos del corazón de Enrique, desnudo entre sus piernas, y le parece que es otro, y no escucha las llamadas de Sebastián al que ahora siente degenerado, lejano, perverso. No le escucha ni le busca. Está a solas con el cuerpo enjuto del abogado del que no esperaba nada hasta que se le ocurrió lamer su sudor y sentirle muy profundamente en el fondo de su garganta, semen ardiente de un chaval todo pasión, y así dejarse invadir por una sensación extraña en la que nada tiene que ver el poderoso influjo de la luna ni el lenguaje de los muertos, que es lo único que recuerda de los abrazos de Sebastián y el mensaje de su propia vida a la deriva, a merced de los espíritus, a merced del vaivén de los muertos que tan bien la estuvieron protegiendo hasta
hace muy poco. Enrique ya no es lo que era: ahora es un adicto al juego que en sus brazos es capaz de olvidarlo todo para abandonarse a un plan cargado de dinero y de esperanza: le entretiene con su cuerpo, con su charla, con sus interpretaciones de actriz consumada y con el dinero ganado en el juego le hace sentirse poderoso, más fuerte que el destino posible e imposible y le ordena dulcemente que se ocupe de las propiedades heredadas por Legaré, le hace comprar pasajes en dirección a los países donde están esos edificios con poderes, y luego le besa la espalda, le acaricia los muslos y enseguida ya es suyo otra vez, y ella que se entrega sin hacerlo y gozando al mismo tiempo: todo es cálculo, compacto paisaje de intereses de una gran actriz, ya sin voces de espíritus, ya sin deseos ajenos ni muertos que la acompañen, con una sorprendente desaparición de la voces de Sebastián y su troupe de muertos.
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ucho dinero y esperanza es lo que le ofrece Eloísa Benamejí Iturralde a su taxista enamorado, y lo hace en un tris de convertirse en cualquier otra mujer, a escoger entre los pasaportes encontrados
en la caja fuerte de su marido. Mucho dinero es lo que Ebe le ofrece a Alfredo, que le besa los pies y las rodillas y se extasía en el puente que va de los muslos a las rodillas, dejando avanzar sus dedos por la humedad creciente de la mujer que tiene a su disposición en un desmayo pertinaz, en una locura de amor que sólo entiende a través de la ópera: él mismo personaje de una, joven virgen que no quiere desnudarse ante su preciada joya, sino salir de casa para cumplir con su obligación alternando con el taxi: trabajar de camarero en un bar y regresar de madrugada, y ella que le dice para qué, cielo, tanto esfuerzo, mira lo que tengo para los dos, y abre sus maletas y le muestra el dinero, y le ruega que la abrace y la desnude, y en el mismo momento de la entrega la asalta el terror de que la mate para quedarse con el botín, porque quién es este muchacho, ¿por qué confío tanto en él si apenas lo conozco? Y entonces intenta irse pero en el instante de abrir la puerta cargada de maletas, en cuanto respira el aire de la calle le estallan en la cara las imágenes brumosas de un hombre con una cicatriz que le atraviesa la
cara y una pierna. Vuelve a cerrar la puerta y él que le ruega paciencia, que le besa las manos como a una emperatriz que deja encerrada después de besarle la frente y los ojos, y ella tan feliz porque nada le pide a cambio y allí se queda, al margen del mundo, del griterío de la vida y de la muerte que se suceden fuera. Y se queda allí, en ese apartamento estrecho lleno de carteles de La Traviata escuchando sus arias, descansando, flotando en un paisaje encantador.
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arcial está desolado ante el espectáculo de la casa de Cercedilla donde esperaba encontrar a Ebe enloquecida tocando el piano: no solo no está, sino que el piano y casi todo el mobiliario está destrozado, arrasado por criminales imbéciles que podrían haberse llevado piezas de gran valor pero sólo vaciaron la caja fuerte. El doctor escucha los mensajes del teléfono: le llaman reiteradamente de la Clínica acusándole de haber realizado negocios sucios en nombre del prestigio médico de la institución, amenazándole con dejarle en la ruina, y él que ríe porque es evidente que está en quiebra, su abogado
Los planetas no obligan... que no responde, la caja fuerte vacía, sin nada, ni una moneda, y su esposa ausente, desaparecida, y Rosa llorando en un rincón, comiéndose una galleta de chocolate rancio, ya desprovista de encanto y deseo, él mismo convertido en un saco de residuos, sin rastro del eximio cirujano que fue durante mucho tiempo.
a una anciana con la cara deformada por el fuego, Madre Legaré, que ha perdido el dominio sobre su hijo y sobre esa “maldita” a la que ya no sabe si prendió fuego aposta o fue un invento: pura explosión de pesadumbres y deseos insatisfechos, de sexos anhelantes y pasiones revueltas, de muertos y vivos en una batalla continua que se apaga n la iglesia donde para servir a su adorado el padre Sebastián hijo, su ilusión siempre imparte misa no hay pospuesta, ahora puras mujeres debilitadas por llagas abiertas, heridas la energía que los muerque sangran en medio de tos les arrebatan, como angustias sin nombre ni solía suceder. Ahora la luz apellido. mortecina desaparece, la La iglesia reboza una luz oscuridad parece otro sol deslumbrante, una alegría en el que, a tientas, los insoportable. feligreses sonríen como en Sebastián y Madre Legaré una opereta y el dolor que pierden fuerza, no puallí sentían se evapora. eden soportar la alegría Ya nada es lo que era, de la gente, y menos aún detrás de Sebastián vemos las esperanzas de los más
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queridos: se suceden las imágenes de Muñeca, Enrique, Eloísa, y todos los que directa o indirectamente han estado en contacto con ellos y ninguno les necesita. Todos les abandonan. Como si una sucesión de pasiones les hubieran abierto las puertas de una fuga que nunca habían imaginado, un deseo de libertad absoluto. A los pies del templo pasa una de las manifestaciones más violentas de Madrid, hay sangre por las calles, Sebastián y Madre Legaré son ahora dos ancianos desprovistos de poder, durmiendo en la calle, miserables, atropellados por los antidisturbios y el terror de la gente que corre hacia cualquier parte. Y el anochecer les deja adormilados con un cartón de
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vino barato, los labios morados, el cuerpo tiritando, los paisajes sangrientos de su imaginación pasados por un alcohol sin fuerza, lastimoso. Se agarran las manos. Deambulan por la ciudad abandonada a su suerte antes del amanecer. No saben si viven o están muertos. Eloísa baila un vals en el apartamento de su chófer operístico que sirve bebidas en un bar nocturno con la sonrisa de quien sabe que le espera su chica preferida. Marcial Legaré olvida que es un médico de prestigio y no sabe qué hacer en su casa sin esposa, arrasada por ladrones desconocidos. Rosita le adora y besa sus pies, y un atronador griterío de espíritus hambrientos recorre la ciudad entera, este Madrid donde un día surgió de entre las llamas una mujer que todavía no sabe quién es, pero prepara un aperitivo de patatas soufflé con pimientos morrones, y una cena con ensalada de mariscos y luego ravioles de queso en salsa bechamel, y se mira al espejo y sonríe como si cada instante fuera una invención absolutamente milagrosa.
Continuará
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Se me cayeron las alas
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A la memoria de Eduardo Daniel Melgar
#561 08-dic-2010 16:30 Simón Domínguez Barahona Pepepepepeeero... qué insigne visita llega a estos lóbregos aposentos, nada mas y nada menos que la gran Veronique, la ninfa de los mares y la sílfide de los sueños; ¿qué trae a tan sublime presencia a estos decadentes territorios? ¡Por Eru!, ni siquiera han limpiado la mesa mis compañeros... La cama de don Sueñero sigue distendida pues se pasa en los sueños, además todos sus catalejos y telescopios están en todas partes, ¡¡¡y haaayyy!!!, el tarot, la bola y el café de pasar siguen en la mesilla de adivinación del capi, que por la emoción de ser portero de suite se ha olvidado de guardar. Además, las maletas de don furioso siguen en el suelo por su reciente llegada de su largo viaje y hasta su caballo con gps sigue sin ser alimentado... La cocina sigue con los trastos sucios de la excelentísiRevista Spes Unica nº 47 - Septiembre 2014
ma comida que nos preparo el misterioso compañero, lo único que está en su lugar son las cajas de mullos y piedritas de las manualidades de la dama Psiquis…. ¿Pero donde está? Creo que escucho el televisor, ¡¡¡oh no!!! Es hora de Smallville y ella no se despega ni un segundo del televisor en esos momentos ni porque se venga encima el mundo…¡Qué terrible calamidad!, ¿y ahora que hago? La virreina podría enojarse por tremenda constipación del espacio de trabajo... ¡Y por Tutatis! ¡no puede ser! ¡¡¡he dejado a mis animas sueltas la anterior noche!!! Si se atreven a jugarle alguna travesura a la excelentísima dama se las verán conmigo... Mejor la saludaré con una reverencia e intentaré arreglar el desorden de la casa antes que se de cuenta…
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#562 08-dic-2010 16:33 Roberto Langella Yo tengo que estar en la entrada, sonriéndole a todo el que pasa; no puedo estar en todo, me tienen cansada; digo, cansado. #563 08-dic-2010 16:36 Orlando Ampuero Sí, Simón, hacé muchos ademanes y hablá en voz alta, y pateá las cosas con los talones bajo la cama. Recordá que las manos son más rápidas que la vista. Y ya que sos especialista, ¿por qué no haces un sortilegio de orden? (No como Mickey, que después no podía parar las escobas). #564 08-dic-2010 16:37 Eduardo Daniel Melgar Linda historieta de la casa donde vivieran cuatro locos, cada quien dedicado a lo suyo y es tan real que me parece vivirla. Más, creo que voy a adoptarla. #565 08-dic-2010 16:38 Orlando Ampuero Yo, endemientras, me voy a cepillar el caballo (en el buen sentido, o sea, para abajo). #566 08-dic-2010 16:40 Orlando Ampuero Don Melgar, eso ya existe ¿No leyó la historieta del capi con nombre artístico de dibujante? #567 08-dic-2010 16:40 Eduardo Daniel Melgar Capital Beto, amigo, aproveche la portada para poner la gorra.
#569 08-dic-2010 17:07 Roberto Langella Podría poner un puesto de limones, o de fuegos artificiales.
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#568 08-dic-2010 16:42 Simón Domínguez Barahona En eso estoy, don furioso, ¡pero ale! que para que no terminemos como el yanki ratón debo realizar un ritual con todas las precauciones, y usted, capi, no se preocupe, siga saludando a la concurrencia que yo me encargo de sus barajas y herramientas... Y a la larga este foro podría transformarse en un espacio de roleo, que a la final es muy divertido, jeje...
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#570 08-dic-2010 19:10 Alma Delia Chávez Rojas Ufff y recontra ufff, ustedes sí que escriben y me he quedado atrás. ¿¿¿Cómo fui a perderme de la visita de Veronique??? ¡¡¡es imperdonable!!!, a ver, chicos, por qué no me enviaron una paloma mensajera que atrajera mi atención para recibirla como se merece. Y luego ya vi el tiradero que tienen por la casa, qué impresión le vamos a dar a tan excelentísima visita. Aclarando, no estaba viendo Smallville, estaba viendo Glee, y no es por la tele, es online, ya que en los mexicos aún no se transmite, mmm... me sigo lamentando no haber recibido a Veronique.. :( Ciertamente, mi lugar parece acomodado, pero cómo es posible que el furioso llegó y dejó las maletas por el camino y ya está pensando en alaciar al caballo... favor de acomodarlas en lugar que no estorbe, por favor. Ciertamente, al cap se le ve la cara un tanto cansada de tanto sonreír. y que como que ya me voy acostumbrando que al mago se le escapen continuamente sus ánimas. #571 08-dic-2010 19:34 Roberto Langella La verdá ya se me están contracturando los maxilares, me va a quedar la cara como al guasón de batman.
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#572 08-dic-2010 19:34 Antonio del Olmo Después de haber vivido con emoción sincera el nombramiento del nunca suficientemente reverenciado Felipe Muñoz Sócrates como “autor de la semana”, experimento ahora la alegría de comprobar que su casi inmediato sucesor es el carismático Roberto Langella Zenón de Elea. Suite comienza a mostrar exquisitos parecidos con el jardín de Epicuro. Enhorabuena, Capitán. Conseguiste incluso que Veronique viniese a ver qué se fuma por estos lares. Y con respecto a la belleza condensada en tu nueva fotografía... Reconozco que eres un hombre bello pero, hablando con total franqueza (como hacen a menudo las mujeres que debaten acerca de mi anatomía), no eres mi tipo. #573 08-dic-2010 20:11 Roberto Langella Amigo del Olmo, agradezco sus palabras y permítame acordar con usted que es un honor para mí apoyar mis virtuales piecesillos sobre la misma tarima que hace quince días nomás hiciera lo propio el honorable Felipe (es que la ventanita por la que asomamos la diseñó maese Manuel Seijas, que es un poco alto). Solo no creo la bella Veronique se haya sentido atraída por mis cantos a la luna en la madrugada, tanto como por la aparición de un apuesto Don Juan, a quien se le conoce extramuros como a “el aciago trotamundos”. Mi belleza intrínseca es picassiana, confieso. Revista Spes Unica nº 47 - Septiembre 2014
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#574 08-dic-2010 21:07 Alma Delia Chávez Rojas Orale con las definiciones: Felipe Muñoz Sócrates, eso estuvo buenísimo, al igual que la belleza picassiana del cap. Debería, cap, darle printscreeen a la pantalla para que quede esa portada sin igual en la posteridad, la puede usar de tarjeta de presentación o para adornar su blog, o mejor aún, imprímala y mándela poner en un marco para que la tenga en su mesita... ahí dónde avienta las runas o le juega al I Ching. Ya leí eso de poner un puesto de limones en la entrada, si quiere se lo adorno, digo, el puesto... le puedo hacer decoraciones navideñas que ni vea, con unos papas noeles de papel higiénico colgando (con las instrucciones que me acabo de aventar en el otro foro), ¿¿¿qué le parece??? #575 08-dic-2010 21:19 Orlando Ampuero No, Almita, el capi preferiría ekekos para ese rubro Viene de página 17
por qué yo, ni yo misma puedo saberlo… Volvamos a casa, está por oscurecer.
Vieja Amiga, de José María Contursi y Pedro Laurenz. 1
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conocer, cuando te encontrás a mitad de camino de todas partes. Estoy al borde de la pendiente, Gricel. Hay una planicie detrás de mí, y un abismo por delante. O al revés, depende de para qué lado mires. Y no sé si quedarme en la llanura o desbarrancarme; ni siquiera sé si depende de mí. —¿Y creés que yo puedo sacarte de la duda? —Sí, ahora creo que sí. Llegué a esta situación, porque mi vida es un fracaso, todo, salvo tres cosas… Cuando me vi por primera vez en esta situación me pregunté para qué vivir… Y encontré tres razones, tres razones verdaderas entre este cúmulo de mentiras que fue mi vida. La primera razón soy yo mismo; la segunda son mis poemas. Y la tercera razón sos vos. Gricel lo miró con repentina amargura. —¿Yo?, ¿y por qué yo? Gricel se sintió perturbada. —Evidentemente no podés saber
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Mariano Liébana
¿Quimicontás? Epílogo
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Por fin la parte más linda del libro! Cuando ya no tengo que hablar de Química y puedo dedicarme a lo mío: la disquisición profunda. Uno y el Universo, el alfa y el omega, el álef y la equis. Aunque, pensándolo bien, casi no hablé de Química. De movida, nomás, me di cuenta de que el anchuroso torrente de la ciencia me arrojaba a algunas leyes elementales de la Física. Y que era imposible explicar nada sin alguna base de Física. Porque las leyes de la física en general SE VEN, y por eso llegaron antes, en la carrera de la Ciencia y de la lógica científica. Así es como nos enredamos en el mar de los Sargases. Y en la Temperatura ¿te acordás? Y en la energía. Estuvo bueno eso del bailongo. Movidito. O sea que ahora, que estoy epilogando esta magna obra, me puedo explayar libremente, sin ataduras,
como un gas creativo e inmanente, pero no aséptico. Libre por fin de los tecnicismos del libro. Libre del hilo conductor que necesariamente tenía que llevar y que me ponía tan nervioso. Libre del lenguaje académico, que tuve que impostar, excepto cuando me mandé con eso de agrandado como coprolito en kerosén, que aún hoy (eso fue ayer) me llena de angustia existencial y de vergüenza. Pero, en fin, en líneas generales estoy contento. Aunque no llegué ni al 10% de las cosas que quería decir. No importa. Quedarán para otros volúmenes. En vez de un libro serán varios. Y es que este libro lo escribí en tres días, siguiendo el viejo apotegma Justicialista de “Lo malo, si breve, por lo menos breve”. Pero desenredarle las mechas y pasarlo a máquina me llevó una semana. Después puse algunas cosas –como haría Dios si bosquejara un mamífero nuevo, que primero le pondría pelitos y
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después se los sacaría, para reemplazarlos por una piel más gruesa - agregué matizador, pero sobre todo saqué excrecencias que iban para ningún lado, como“El jardín de los senderos que se bifurcan”. Y, al final, me quedó más reducido aún, aunque bastante mejor conectado. Y te confieso que en algún momentito me sentí un émulo de Cortázar en “El libro de Manuel”, en eso de ser espectador de dos películas perpendiculares y viendo la función, la RELACIÓN, entre ambas películas. Qué curiosidades tiene la vida. Yo pensaba escribir algo más vinculado a mi profesión. Pero una corta suplencia de docente de Química me convenció de que iba a ser más útil con este tema. Porque la carencia es grande. De tal manera, el proyectado “Genética para estudiantes indolentes” tendrá que esperar. Igual que el “Medio Interno para Médicos y Paramédicos”. Sueños que algún día verán la luz. Si Dios, el Verdadero, me concede la gracia de llegar al DIEZ, no al
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poética). Todo lo demás me sería dado por añadidura. De manera tal que, escribir, fue una aventura en tres dimensiones: no sólo no sabía si me iba a mandar una burrada en el siguiente renglón, ni cómo expresarme - entre los límites infranqueables de la estolidez, la erudición y la chapucería - sino que tampoco sabía para dónde me llevaría
la corriente. Y aquí estamos, en el final del recorrido. Sé que he cometido multitud de pequeños errores. Y, aunque alguno grande tal vez también se me haya filtrado, lo haré corregir por un muchacho que sabe (mi cuñado), (y mi sobrino), para darle cierta garantía de calidad técnica al produto. En cuanto a los menores, los
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siete, ese número odioso de los falsos dioses. Mi fe inquebrantable en la Iglesia Maradoniana Universal y en su único Diego, quien de Diez bajó a jugar de seis, y que lo hizo sólo para reemplazar a la insegura Trinidad por una Línea de Cuatro que cubra toda ocasión de pecado (y que tenga múltiplos y submúltiplos enteros), me dice que -una vez escritos los diez tomos del ¿Quimicontás?- podré encarar otros temas: Energías alternativas. Eventual fin del mundo. Anécdotas de la cena de los miércoles con la barra. Reglamento PATENTADO del “Fútbol Criollo”, futuro deporte del Mercosur. Y el de “Water Vóley”, para el Country Zurita. En fin, que ha nacido un literato, si consigo editorial. Lo que es, ya encontré mi estilo. Antes escribía como un sólido. Muy intachable, pero un auténtico plomo. Varias veces hice algo y lo quemé, a lo Sábato. En un valorable ejercicio de Combustión, que será tema del próximo volumen de la saga química (“SUBSTANCIAS Y MEZCLAS”). En cambio, en este libro me subí a una endeble balsa, como Lito Nebbia. Y me abandoné a la corriente, río abajo, con mi jangada de capítulos transpuestos, con mi Fortran. Dirigido sólo por la gravedad (de mis dichos). Tenía una sola consigna: no decir demasiadas burradas. Y una sola frase como guía: puto el que lee. (Con todo respeto, es sólo una licencia
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dejaré así nomás. Para que se note el estilo casi näif con el que lo he escrito. Sin ir más lejos, en una rápida lectura me doy cuenta de que tengo varios errores de hortografía. Inclusive sospecho que Torrichelli no se escribe así, sino que me lo confundo con un primo. Pero, bueno, es mi estilo y no lo cambio. Una cosa que me ayudó mucho es pensar que estoy tratando de explicarle a un amigo. Uno que es muy lúcido y preguntón pero que no te lee ni “El Tony” y que no tiene mucho sentido común, ni en política, ni en sucesos físicos, ni criterio alguno de ningún tipo (Aunque Boga como nadie…) Y vos que me estás leyendo sabés DE QUIÉN estoy hablando. Sí, de VOS, compañero de mil noches de charlas profundas acerca de la influencia del agua en la navegación. Para vos dedico este libro y espero que, a partir de ahora, te hagas de la causa Científica y Técnica. Que fluya por tu cerebro la información, cual molécula líquida, o aún gaseosa, en tus sinapsis solidificadas. Que la Temperatura haga hervir la sangre de tus venas y que vuelvas a tratar de desfacer entuertos, como hacías en tu juventud. Tal vez te olvides, con el devenir del tiempo, algunas de las pautas curriculares de este libro, como lo de la energía y esas macanas. Pues todos los conocimientos nos abandonan alguna vez en la vida, cual golondrinas que dejan el nido (para poder volar). Pero nunca olvides, como estoy seguro de que nunca olvidarás, ciertos conocimientos que te acompañarán para siempre. El sobre-
nombre de Celsius, por ejemplo. Sí, “Cacho”. O el sueño húmedo de Lord Kelvin tratando de bailarse un rumboso Minué a las tres de la mañana y después hacer el after hours. Pienso que estos conceptos básicos te acompañarán de por vida. Bienvenido a la ciencia dura.
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BIBLIOGRAFÍA León-Dufour: “Diccionario de Teología Bíblica”. 1980. Fontanarrosa, Roberto: “El mundo ha vivido equivocado”. 1983. Chemical Abstracts: Subject: “Is the Chemestry an embolant science?” , by John Plomizum et al. 2010. Larralde, José: “La bota ´e potro no es pa todos”. 2011. Ricci, Fernando: “Sobre la Ciencia y la Intendencia” . Traducción del original en Etrusco-Ecuo-Italiano. 2011. Linares, Alberto: “Experiencia en Boliches bailables y Teoría Especial de los Líquidos”. 1967. Nebbia, Lito: “La balsa”. 1969. Castro, Minita: “Cómo enseñar matemáticas para que nunca te olvides”. 1967. Groppa, Martín: “El agua y el riego en las plazas de Buenos Aires, con y sin Macri como suplemento”. 2011. Grigera, Raúl: “El agua. Teoría de clusters de diferenciación”. 1978. Risso, Juan Francisco: “Aguafuertes tresarroyenses”. Publicaciones del diario La Voz del Pueblo. 1983-2011. Boyle, Robert: “El Químico escéptico”. Publicado en la revista “Últimas novedades científicas”. Agosto, 1661. Dios (Padre): “Mía, mía. Esa mano fue mía”. 1986. Una Pariente (y no digo cuál): “Los chascarrillos de gases que más me hacen reír”. 2011. Dean, Manuel: “Cómo seguir siendo un Químico innovador después de los noventa años”. 2011. Liébana, Irene: “Pasar este libro: Una experiencia límite”. 2011. Rossi, Bernardo; Torregiani, Mariela: “Elagua, el acople spin-órbita y la Resonancia Magnética Nuclear”. 2011. Zorrilla, Luis: “El agua, la soda y la marca patentada: Soda y agua Tres Arroyos”. 2006. Pagniez, Gastón: “Estudio en Staphilococcus meticilino resistentes y amistad desde el cielo”. 2005. Agoglia, Kiko: “Homenaje al cumpa inolvidable”. 1976. Iriarte, María Beatriz: “Muchas gracias
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por acompañarme con tu sólida amistad y tu cariño, Bea”. 2011. Y después aún, si Maradona lo quiere.
PARA COMUNICARSE CON EL AUTOR ESCRIBIR A marianoliebanabiog@hotmail.com.
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Determinismo y libre
Roberto Langella
albedrío en la astrología
A priori, el espíritu de la materia parece ser eminentemente predeterminista, sin embargo, aquí veremos que contempla las dos posibilidades.
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a razón fundamental de quienes no creen o desestiman a la astrología es porque inexorablemente esta disciplina es o parece ser determinista. Aquellos que creen o prefieren creer en el libre albedrío pueden sentir que la postura de la astrología es un tanto hostil a sus intereses.
Las limitaciones del hombre
Un lugar de encuentro
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hora bien, dejando de lado un instante a la astrología, se puede decir no obstante que básicamente el sino de la humanidad está predestinado, basándonos en nuestras limitaciones. El ser humano no puede volar, no puede vivir bajo el agua por tiempo prolongado; no puede subsistir sin comer, dormir, defecar, sin agua, y no puede vivir por
más de un tiempo definido. A todas estas limitaciones y tantas otras, podríamos llamar “predeterminismo del destino del ser humano”, todas aquellas cosas que no puede y jamás podrá hacer. Ahora bien, existe un número limitado, también, de limitaciones para el hombre; no es verosímil pensar, ni lógico, que en un tiempo prudencial el hombre pudiera dejar de necesitar comer o dormir, por ejemplo, o que el respirar oxígeno le matara. El hombre tiene limitaciones, que se deben a leyes físicas. Hay un número definido para sus limitaciones, hay un número definido de leyes físicas a las que está sometido. Dentro de esas limitaciones, luego, se puede decir que el ser humano está posibilitado de libre albedrío.
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La astrología y las limitaciones del hombre
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esto ahora se le puede agregar la astrología. La astrología es un sistema de ver las cosas, acerca de lo mismo; no agrega leyes físicas, no agrega limitaciones al hombre. Se podrá decir, si se contempla la posible influencia de los planetas sobre la psiquis humana, entonces sí agregamos nuevas leyes físicas a las que estamos sometidos. Si Venus, o el planeta que fuere, influye sobre nuestras emociones, entonces, ¿esto significa que no somos dueños de nuestras emociones?, y así, con todas las demás cosas humanas. Además, se sabe que la astrología se arroga la facultad de prevenir (por no decir "predecir") los hechos y situaciones que una persona está predispuesta a vivir y experimentar a lo largo de su vida. Se podrá pensar, “sí, pero los astrólogos están siempre, de manera fáctica, pretendiendo saber cuándo es que nos casaremos, cuándo nos haremos ricos, o cuándo caerá un piano sobre nuestras cabezas”. Es verdad, es lo que hacen los astrólogos, lo que no significa
Los planetas no obligan... que no se esté hablando de tendencias, muchas de las cuales, en diversas ocasiones, pueden ser experiencias del todo eludibles.
El tema de la muerte
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ay un pronóstico cierto que cualquier astrólogo puede hacer sobre cualquier persona, sin posibilidad de error, y ese es sobre el tema de la muerte. Cierto es que todos moriremos algún día; para el astrólogo, de ser necesario, solo le restaría “prevenir” la fecha y las circunstancias del suceso. Esto es porque el ser humano tiene la “tendencia” a morir, de manera común en la especie. Las tendencias están, hasta cierto punto, predeterminadas por las vibraciones. El ser humano es una entidad energética que vibra tridimensionalmente, vibra en espesor, en espacio y en tiempo. En tiempo, está correlacionado vibratoriamente con su pasado y con su futuro. El ser humano construye su futuro, en todos los casos, aún, inconscientemente. Olvidando la teoría acerca de que los astros influyen, pensando en la teoría inversa, aquella que dice que en realidad, es el ser humano quien proyecta sus características diferenciadas sobre cada astro, de manera sistematizada y ordenada, en una especie de modelo común a todos los hombres, es el ser mismo quien se descompo-
ne, o mejor dicho, descompone de manera hipotética a su estructura psicológica, como en un prisma, ordenadamente, para ver cómo está hecho. Del mismo modo, se puede ver cómo está construido el futuro.
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astrología, y, por cierto, que hay gente que vive muy mal creyendo en ella. Existe la carpintería, pero también existen las sillas de plástico. Cada quien se sienta donde más le gusta, o donde puede.
Futuro, tendencias y vibraciones
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l futuro está constituido de tendencias, de posibilidades, de probabilidades, de potencialidades, de oportunidades, que se corresponden a lo que somos en esencia. “Yo soy yo y mi circunstancia”, dijo Ortega y Gasset, refiriéndose a lo mismo. Lo cierto es que “yo” y “circunstancia” pueden ser analizados separadamente a través de un trabajo de astrología. El ser se sostiene sobre una base de realidad predeterminada. Eso se puede ver sin necesidad de astrología, incluso, prescindiendo de ella. Dentro de esas “reglas de juego” existe un cierto libre albedrío, para hacer y deshacer. Una carta natal, un horóscopo personal, suele ser como un mapa de corrientes marinas, cálidas y frías, y a veces conviene navegar sobre unas y a veces sobre otras. El horóscopo personal es un mapa que indica cuándo es más conveniente cambiar de corriente. No hay mucho más que pueda decirse al respecto. Por lo demás, existe gente que vive muy bien sin creer en la
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El lenguaje de los reflejos (Tomado de “Astrología y Ciencias Adivinatorias”. Biblioteca Básica Multimedia. F. G. Editores. Madrid, 1998).
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esde una perspectiva universal, se considera la Cristalomancia como un arte adivinatorio que predice el futuro utilizando cristales, espejos y otras superficies que puedan reflejar. Esta es una mancia muy antigua y bien conocida y dentro de ella hay que destacar tres métodos adivinatorios: La Bola de Cristal, los Espejos Mágicos y cristales y los cuencos con agua o cualquier otro líquido.
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LA BOLA DE CRISTAL
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entro de la Cristalomancia, el método adivinatorio por excelencia es la Bola de Cristal, popularizado y conocido por todos los estudiosos de las Ciencias Adivinatorias. Este método se denomina también arte berílico, porque el material del que está compuesta la esfera de cristal suele ser de berilo, aunque también se
utilizan esferas de cristal de cuarzo. La adivinación mediante esta técnica requiere unos prolegómenos y una preparación que no todo el mundo consigue ver e interpretar las representaciones y figuras claves. Para comenzar una sesión, es indispensable que la esfera de cristal esté, tanto interior como exteriormente, limpia y brillante; no debe tener defecto alguno, ni rugosidades ni raspaduras, ni burbujas de aire, pues todo ello podría distraer la atención del adivino. La esfera de cristal es un objeto de uso exclusivo y personal, por lo que nadie -excepto el propio adivino- deberá tocarla. Se recomienda lavarla con una mezcla de agua y vinagre. Para hacerla brillar, se secará y pulirá con un paño de terciopelo que servirá, al mismo tiempo, para envolverla y guardarla, después de
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Los planetas no obligan... haber sido utilizada. Así mismo, la esfera de cristal deberá depositarse en lugares alejados del calor o del frío y se cuidará, especialmente, de que no le llegue ni a rozar la luz solar, pues resulta perjudicial. Sin embargo, puede exponerse a la luz de la Luna, puesto que sus reflejos son beneficiosos, y contribuyen a que las propiedades de la Bola se manifiesten con mayor nitidez. Para leer los mensajes de la “Bola de Cristal”, el adivino tiene que colocarla en una mesa, o sobre cualquier otro soporte; el ambiente debe contribuir al recogimiento, a la reflexión y a la concentración del adivino; por esto mismo, no está de más colocar cortinas en las ventanas para tamizar la luz y vestir la mesa con un mantel de color oscuro o negro. El fondo negro hace más visibles las imágenes que vayan apareciendo en la esfera de cristal. El adivino, que deberá elegir para sus sesiones una habitación orientada al norte, irá confeccionando sus predicciones a partir de las formas que vaya viendo aparecer en la esfera de cristal. Es muy frecuente que las personas poco familiarizadas con esta técnica no vean nada en las primeras sesiones, aunque no por ello deberán
desanimarse, puesto que con el tiempo alcanzarán la receptividad suficiente para leer su propio destino. Los símbolos, representaciones, imágenes y escenas más comunes que pueden aparecer son las siguientes: Cuando las escenas o secuencias aparecen en el interior de la esfera, el adivino interpreta que ya pasaron, o cesarán por completo muy pronto, aquellos acontecimientos que preocuparon tanto al consultante. Cuando las escenas aparecen en la superficie de la esfera, y están situadas en la parte izquierda del adivino, representan realidades y hechos que van a suceder muy pronto en la vida del consultante. Por su parte, si las escenas aparecen en el lado derecho del adivino, entonces hacen alusión al mundo de las ideas, de la fantasía y de la imaginación. En último caso, si las escenas aparecen en la parte delantera de la superficie de la esfera, son un claro indicio de que el consultante está preocupado por su presente y atemorizado ante el futuro.
SÍMBOLOS EN LA BOLA DE CRISTAL
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i las imágenes que se reflejan en la esfera son parecidas a nubes blancas, auguran buena suerte. Por el contrario, cuando son oscuras,
el adivino las interpreta como señales nefastas, mensajeras de la mala fortuna. Cuando en la Bola de Cristal el adivino ve nubes que ascienden, descienden o se mueven interpreta tales hechos de diversas formas: Si las nubes ascienden, el adivino explica que son anunciadoras de buenas nuevas para el consultante quien, en lo sucesivo, verá reconocidas sus cualidades de líder, sobre todo en el plano social y público. Si las nubes descienden, entonces indican lo contrario, y el adivino augurará un porvenir para el consultante lleno de incomprensiones y deslealtades.
Corazón: conflictos afectivos.
Corona: augurará tiempos gloriosos para el consultante. Lanza o Espada: presagiará momentos de violencia.
LECTURA A TRAVÉS DE ESPEJOS
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tro de los métodos de lectura de la Cristalomancia se realiza a través de las imágenes que se reflejan en espejos, cristales y cuencos con agua. Esta técnica resulta sumamente difícil de llevar a cabo ya que necesita mucho tiempo de práctica en el arte de la Cristalomancia. Desvelar el sentido último
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de las imágenes latentes en estos elementos e interpretar toda la riqueza adivinatoria que encierran, es una tarea que exige persistencia y disciplina. Hubo épocas en las que casi todos los adivinos se guiaban por unas pautas marcadas de antemano por la tradición y, casi en todos los casos, lograban la necesaria tranquilidad de ánimo antes de iniciar una sesión de “Cristalomancia”; pero, con el transcurrir del tiempo, muy pronto se fueron desarrollando otras fórmulas individuales y originales. Los espejos, en determinadas latitudes del globo, son tenidos por objetos cargados de superstición y, en tal sentido. Cuando el adivino acierta a desvelar el sentido de las escenas que aparecen en los espejos y cristales, lo cual no es tan sencillo como a primera vista pudiera parecer, puede decirse que ha superado el primer obstáculo en el camino hacia la captación de toda la riqueza adivinatoria encerrada en los reflejos de los espejos y cristales. El siguiente paso a seguir, el de la interpretación y lectura de esas escenas que acaba de captar el adivino, ya no lo puede dar cualquiera, pues exige una preparación.
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SÍMBOLOS EN LOS ESPEJOS Y CRISTALES
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xisten numerosos símbolos que, en algún momento de la historia de la Cristalomancia, han sido captados por los adivinos y cuyo significado se ha relacionado con determinados acontecimientos.
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Ancla: Aconseja al consultante paciencia, pues sus problemas presentes no tardarán en solucionarse. Balanza: Hace alusión a motivaciones éticas basadas en criterios de equidad y justicia. Estrella: Anuncian que el triunfo y el éxito coronarán todos sus proyectos. Pájaro: Siempre que asemejen figuras de pájaros se interpretan en el sentido de que el consultante recibirá buenas noticias. Flor: Evento positivo para el consultante, a quien se le augura un futuro lleno de iniciativas y proyectos: lo creativo será el fuerte del consultante.
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Roberto Langella
Horóscopo de septiembre
a b c d
Aries Ocupaciones y negocios. Una gran concentración les permitirá un gran rendimiento; meticulosidad y detalle. El trabajo les resulta agradable. Amor. Mucho diálogo con la pareja. Salud. Sepan procurarse descanso. Mejores días. 10 al 12. Tauro Ocupaciones y negocios. Excelente mes para ocupaciones comerciales o intelectuales; excelente mes para escritores de este signo, en que podrían concretar contratos de publicación. Amor. Eviten las discusiones con la pareja, compartan deportes y juegos recreativos. Muy buen mes en lo sexual. Salud. Posible tensión nerviosa, estrés y/o lesiones en manos y brazos. Mejores días. 13 y 14. Géminis Ocupaciones y negocios. Hasta mitad de mes, excelente para el trabajo físico y mental. Cuiden no sufrir accidentes laborales. Amor. Muy románticos, los/las solteros/as vivirán muchas aventuras. Los que no, se aconseja disfrutar con los hijos. Salud. Estrés y cansancio mental, hacia fin de mes pueden sentirse algo debilitados. Mejores días. 15 y 16.
Cáncer Ocupaciones y negocios. Mucha energía involucrada desde mitad de mes, trabajo físico y mental. Amor. Quienes no haga ya un tiempo se hayan seprado, ésta es una época de considerables replanteos acerca de la pareja. Luego de este período vivirán el amor de un modo completamente renovado. Salud. A cuidarse a partir de la segunda quincena, pues estarán propensos a sufrir accidentes. Posibles dolores de cabeza. Mejores días. 17 al 19.
e f g h
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Leo Ocupaciones y negocios. Muy expansivos, con Júpiter acompañándolos en su signo, ideal para emprender iniciativas propias. Amor. Vienen de un período de mucho romanticismo, mayormente contemplativo; ahora les llega el momento de interactuar y compartir. Salud. Erupciones cutáneas, no se expongan mucho al sol. Buen momento para comenzar una terapia psicológica o prácticas de yoga. Mejores días. 20 y 21. Virgo Ocupaciones y negocios. Mes de cumpleaños para la mayoría de los de este signo, comienzan con mucha energía. Amor. Deben esforzarse por interactuar y compartir más con la pareja. Salud. Estables, sin sobresaltos ni mayores preocupaciones. Mejores días. 19 al 21. Libra Ocupaciones y negocios. Mes de cumpleaños para los del primer decanato. Excelente mes para las actividades y emprendimientos propios, comerciales e intelectuales. Amor. Mucho diálogo con la pareja. Salud. No tienen problemas reales, tendencia a estados de hipocondría. Mejores días. 25 y 26. Escorpio Ocupaciones y negocios. Gozan de una gran originalidad e inventiva. Ahora los éxitos pueden llegar de manera sorpresiva. Cuidado con la extravagancia. Amor. Se hallan con mucha energía y propensos a las disputas, se les aconseja practicar deportes. Salud. Tensión nerviosa. Mejores días. 1, 27 y 28. Sagitario Ocupaciones y negocios. Desde mitad de mes se hallarán muy enérgicos y emprendedores, momento ideal para llevar a la práctica iniciativas propias. Amor. Se hallan con mucha energía y propensos a las disputas, se les aconseja practicar deportes. Salud. Cuidado con los excesos, están propensos a la intoxicación de la sangre. Mejores días. 2, 3, 29 y 30.
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j k l
Capricornio Ocupaciones y negocios. Es una época de grandes transformaciones, donde todo puede suceder. Muchos de ustedes están sufriendo un prolongado período de crisis, debido a la permanencia de Plutón en su signo. Amor. Se idealiza a la pareja, separaciones. Salud. Posible tensión nerviosa, cuídense de accidentes en brazos y en manos. Mejores días. 4 y 5. Acuario Ocupaciones y negocios. Las ganancias parecen provenir mayormente de sociedades, o estar dependiendo mucho de otros. Amor. Mucha diversión en la pareja. Salud. Sin complicaciones Mejores días. 6 y 7.
Piscis Ocupaciones y negocios. Igualmente, las gancias parecen provenir de sociedades, del matrimonio, depender de otros. Amor. Hasta fin de mes, toda la atención puesta en la pareja. Salud. Cuidado con los excesos en los placeres, respeten la dieta y descansen. Mejores días. 8 y 9.
Revista Spes Unica es una publicación del Consultorio astrológico Spesunica. www.spesunicastrologia.com.ar Pueden enviarnos colaboraciones y comentarios a robertolangella@ spesunicastrologia.com.ar Para obtener los números atrasados: http://issuu.com/robertolangella Otros links de su interés: Roberto Langella Faquin Blog Roberto Langella Faquin Poesía Sitio de Facebook