Lo tenemos que entender: llevamos décadas de atraso, estamos reprobados como país y el tiempo no se recupera. Lo que dejamos de hacer era urgente ayer, por eso hay que abordarlo así, sin pretextos, despojándose de egos, eliminando la agenda de los intereses personales, practicando el acto noble de aceptar las debilidades, reemplazando obsesivos factores culturales por virtudes como la generosidad del buen compartir y transmitir.