Perros de agua

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PERROS DE AGUA / SOL CORREA


CENTURIÓN - CORREA - CRUCCI - DE MARCO - DRAMIS - SEGURA

Inunible / Vicente Centurión ... [et al.]. 1a. ed. - Buenos Aires: seisobras, 2012. 216p. ; 20,5x14 cm. ISBN 978-987-28295-0-6 1. Dramaturgia. 2. Teatro Argentino. I. Centurión, Vicente CDD A862

1a edición julio de 2012 I.S.B.N. N° 978-987-28295-0-6 ©2012 seisobras ©2012 Vicente Centurión et al. Queda hecho el depósito que dispone la Ley 11.723 Editado e impreso en la Argentina.

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Inunible

INUNIBLE Vicente Centuri贸n Sol Correa Beltr谩n Crucci Carolina De Marco Alejandro Dramis Mariana Segura

seisobras Buenos Aires 2012

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Pudor est promissa precesque blanditiasque meas contemptaque verba referre. (Ov. Met. XIV, 19-20 – Glauco a Circe) ................................................................................. Ouve-me então com teu corpo inteiro. (Lispector, C., Água Viva)

Carmen, el poema que murió en la servilleta de ese copetín al paso, cuando la espera se convertía en una desilusión como las otras. Es casi un producto de la literatura que consume: un Quijote contemporáneo. Sin embargo tiene poderes, y eso la salva de la mediocridad. El hombre que quiere pero no quiere, querer y no querer es lo mismo. Todo es igual cuando no hay nada. En este caso, podría completarse con sentimientos, sensaciones y/o sentidos (valga la sinonimia) por los cuales está siendo atravesado usted. El hombre que parece no querer: mentir, acceder, amar, tomar un café con leche, ser carnívoro, tener sexo, a las personas más que a los animales, la paz, las convenciones pero sí las leyes, el occidentalismo, defender las causas sobre género, y obviamente, que la mujer tome la iniciativa. Lluvia de ideas, la lengua que serpentea al habla, la preside pero no logra modificarla. La lengua se adelanta, opina, genera todo el tiempo, no para, suele ser difícil de soportar (en esos casos, desoiga). Se compone de proposiciones de Carmen y ajenas, está descontrolada porque es mente. La música, Complemento circunstancial de instrumento. Viene a melancolizarlo todo. Interpretada por una voz femenina, en vivo, es letal. Hasta las lágrimas. Otro de los lenguajes que nadie busca descifrar. 37


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ALGÚN DÍA PREVIO (A ella le prestaron un proyector de diapositivas. En un minuto se le pasó por la cabeza que si mira fotos de su infancia con él, podría descolocarlo, abrirle algún espacio interior, o algo distinto al menos. Para Carmen, las fotos son misteriosas porque siempre narran algo nuevo por más que se las conozca de memoria. Cree que eso es lo que él necesita en este momento: algo nuevo). Carmen: Miranos los pantalones, son iguales. Nos vestían como si fuéramos mellizas. Es mi prima, nos llevamos tres años. Carmen: Esa debe ser del 85. “Un Alf de peluche y un velador muñeca”. El hombre que quiere pero no quiere: Parece inválida esa muñeca. Carmen: Es por la pollera acampanada. La ponían en el centro de la cama a esa muñeca. Hay como mucho gesto con las manos en esa foto, ¿no? No sé, como que todas tenemos las manos raras. El hombre que quiere pero no quiere: Ahí parece que te abandonaron en un campo minado. Carmen: Ese día no era el cumpleaños de nadie. Un festejo sin motivo. Eso volvía singular a mi mamá, festejar “nada”. Hacía tortas de payaso con nariz de chupetín de frutilla. Carmen: Quería ser actriz. ¿Se nota? El hombre que quiere pero no quiere loca. Loca, mal.

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: Más vale pareces


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UNO Lluvia de ideas: dame la mano, má, vení, ¿ves cómo se ríe? No puede estar muerto, de hecho no está muerto, ¿para qué me decís una cosa por otra? Basta Carmen, no seas así, me hace mal que juegues con esas cosas, bastante tengo ya con vivir sola y escucharlo como si todavía estuviera conmigo. Callate, por favor. Carmen: Por favor, que se calle ese tipo, la puta madre. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Qué decís? Carmen: ¿Escuchás? El hombre que quiere pero no quiere: Dormite dale.

DOS (Un sueño, siempre lo construye de esa manera. Ella cree que ésa es la versión que entiende sobre el amor. “Un sueño”, dice, “y en cualquier momento me despierto sin tu espalda”. Puede llevar al límite todo, al borde, al punto; y al segundo, sentir, pero sentir absoluto, que no valió la pena, que nada vale tanto la pena. Se recuerda a sí misma como si lo escribiera en su anotador: “Ya está, es así, total en cualquier momento me va a decir: ‘Carmen tenemos que hablar’”. Como si eso fuera un motor, el recordarlo. Parecido a pensar en la muerte, en cómo se viviría con una conciencia plena de ella. A pesar de todo no culpa a nadie, porque sólo le regalan sueños, sueños de verdad). Lluvia de ideas: Y ahora se va, nunca quiere decir nada, viene, se duerme en mi cama y llega tarde al laburo. Seguramente llega tarde para no hablar a la mañana, para salir corriendo. Me genera un odio terrible, eso no me gusta, en cualquier mo-

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mento le digo que no venga más. Ahí tenés la puerta, podés irte cuando quieras. ¡Cobarde! Debe ser miedo. Y mi evolución interior pasó de ser una bígama liberal burguesa a una geisha sometida en dos meses. Sí, sí, no sólo geisha, sino geisha sometida, una hipérbole. Nada. No puede decir nada, entonces lo reemplaza por gestos, hace caras, caras de dedos martillados. ¿Dónde está el chiste? ¿Ponerse en una postura complaciente es divertido?, debe ser miedo; es cuando menos quiere hablar. Ojo con la histeria masculina, escuchá: vos tenés que fijarte en lo que hacen los hombres, no en lo que dicen. Pero eso es un alivio de ciego. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Nueve y cinco son? Carmen: …. El hombre que quiere pero no quiere: Ya sabía, siempre me pasa lo mismo. A ver, correte. Carmen: ¿Qué buscás? El hombre que quiere pero no quiere: Mi calzoncillo. Carmen: Lo puse en la silla. ¿Te vas a ir sin tomar nada? Esperá que te hago un café con leche. El hombre que quiere pero no quiere: Chau, me voy, no llego. Dame un beso. En la boca. Carmen: No me gusta dar besos cuando recién me levanto. Te abro. (Ella le grita desde la puerta, mientras él, superponiéndose, le responde desde el auto) Carmen: El hombre que gritaba ¡vení, vení! A la noche. El hombre que quiere pero no quiere: No sé de qué me hablas. Carmen: El perro (señala), está muerto. Tengo ganas de vomitar. Lluvia de ideas: ¿O de llorar? El hombre que quiere pero no quiere: ¿Qué? Carmen: No importa, después te explico. 40


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TRES (Carmen desayuna dos veces. Dos cafés con leche. Uno privado -en su dormitorio, mientras se viste- y uno público -el del vagón del tren, con los pasajeros que se cruza a menudo. Encuentra un asiento, saca de su bolso Bestiario, su señalador le indica que debe empezar “Casa Tomada”. Una gota humedece la página 28, es una aureola de café justo en la palabra “tiempo”. No, en realidad también toca la “a” y la “r” de “matar”: “matar el tiempo”. Una guitarra y un músico con un ojo ciego… Lluvia de ideas: ¿Homero? ...hacen la banda de sonido de su torpeza. Es que por limpiar el libro ahora se derrama sobre su rodilla otra gota y Cortázar va a parar debajo de la butaca de adelante). La música: Así, como una rosa deshecha por el viento; así, como una hoja reseca por el sol; así, como se arroja de costado un papel viejo; así, mi alma tu imagen arrojó. Así, como se marcha la noche con el día; así, como se aleja un velero hacia alta mar; así, como se escapa el agua entre los dedos; así, te dejé ir sin meditar. Mas hoy que estoy tan solo y tan cansado de llorar, quiero saber si tú querrías regresar junto a mi lado para amarnos otra vez tal vez estés pensando que no quiera ya de ti ese calor que alguna vez yo te pedí y que después abandoné. 41


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(Y sí, el café con leche en una mano; el lápiz, en la otra; el libro, en las rodillas; el movimiento del tren; “Los clásicos de la música romántica”, como anuncia Homero. Carmen escucha los enlatados acordes con un oído virgen, desautomatizando cada palabra, como si esa letra tan escuchada volviera a nacer de nuevo en una mente extranjera). Lluvia de ideas : Esa maldita manía de ver poética donde no la hay. (lee del libro) “se puede vivir sin pensar” y no es una pregunta. (Todo lo que pasa por delante de ella se detiene. Se queda sin tiempo, con su bolero en los ojos, mirando un punto desdibujado entre los grises de los vagones. Como si fuera la novia de Sandro en algún videoclip de fines de los sesenta. Sabe que es una imagen cursi. Lo sabe pero la compra sin culpa. Puede entender todas las teorías acerca de las representaciones sociales del amor, pero no le importa ahora, su cuerpo las contradice. Está así, tan en sí misma, tan Carmen). Carmen: No te puedo creer que me pasé. A ver, permiso, permiso señora, permiso que me pasé de estación. (Evidentemente ella se detiene; ni el tiempo, ni el mundo).

CUATRO Lluvia de ideas: Me está diciendo una aberración seguro, pero lo único que hago es mirarlo a los ojos. Me sostiene la mirada, hasta pareciera con violencia. ¿Será que estará comprometido fielmente con lo que narra? ¿O está pensando igual que yo: ésta me sostiene la mirada, no afloja, es terrible?, y sí, es como un juego sexual: yo te miro, vos me mirás, y si te miro y 42


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vos me mirás, es porque me gustás. Alejate, es un psicópata. Y eso que yo le ponía fichas a éste. Son los ojos más lindos que vi en mi vida. Esa barba dorada… es Apolo, listo ya está, es Apolo. Tengo que decir algo inteligente, oportuno u ocurrente sobre todo, eh… Carmen: un mal sueño, esos que modifican todo lo que le resta al día. Ahí está lo trágico: en el saber que estás soñando pero en el sentir que es real. Si te despertás, ya pasó; pero es la violencia de no poder despertarte. El hombre que parece no querer: No entendí. Carmen: Que… El hombre que parece no querer : Dejá, no importa, pero desde ahora ¡basta de soñar con animales muertos! Carmen: Me pasa sólo con mi perro. El hombre que parece no querer : Pobrecito. Yo siempre digo: si a mis gatos le pasa algo, yo me muero. Carmen: Y sí, yo decía lo mismo, y acá me ves ¿Cuántos tenés? El hombre que parece no querer: Siete. Carmen: Mentira. El hombre que parece no querer : No es broma. Eso que es un dos ambientes, si pudiera… Carmen: Si hablamos de gatos, siete es un buen número. Lluvia de ideas: Eso pretende ser un chiste, eh. El hombre que parece no querer (podría reír pero la mira y piensa cómo contarle lo que quiere contarle. En algún momento lo quiere incorporar en la conversación. Ahora no estaría mal): ¿Te conté alguna vez sobre la fantasía que tengo de Parque Chacabuco? Carmen: Y no, te conozco hace ¿tres? lunes. Todavía no hablamos de fantasías. Lluvia de ideas: Basta con la ocurrencia. Seguro no le causan los chistes de otros. Se debe reír sólo de los suyos.

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El hombre que parece no querer : Cuando vivía en Flores imaginaba que cuando volvía de noche iba a encontrar un tipo pateando un gato en el Parque. A la noche se llena de gatos ahí. Y deseaba ver esa escena para hacerlo verga. Cagarlo a palos. Patearle la rodilla y sacársela de lugar, que el hueso pase para el otro lado. Carmen: El hueso de la rodilla, específico. El hombre que parece no querer : Así me lo imaginaba. Te juro, ¿viste que yo hago Sipalki do? Bueno, con alguna kata, matarlo. Me da mucho odio. Pero mucho. Mal. Carmen (que dejó de escucharlo cuando mencionó lo de los gatos en masa): Como en el Botánico. Perdón pero me da mucho asco ver tantos gatos juntos, lo mismo con las palomas. Lluvia de ideas : Pedir perdón ya no funciona como formalidad, al revés, es contraproducente; el perdón denota explícitamente inseguridad. No se empieza un discurso con “no” ni con “perdón”: lección primera del Manual de Recursos Humanos. Nunca entendí el concepto de “recurso humano” o me parece demasiado atroz. Carmen: Yo le digo fobia a las texturas, a las texturas múltiples. El hombre que parece no querer : Estás jodida con el postestructuralismo entonces. Lluvia de ideas: Cualquier cosa. Tirar un concepto específico así de la nada, no da. Es claro que es para mostrar erudición. Halliday diría: no comunica nada eso, che. ¿Todo el tiempo tenés que hacer un chiste alusivo? Ya está, somos los dos de Letras, leímos a Deleuze y no entendimos nada, y a Adorno y a Horkheimer, ¿o son uno solo Adorno-Horkheimer? Carmen (ríe tímida por no fastidiar): ¿Fobia al rizoma, decís?

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(El hombre que parece no querer ríe descogotadamente, boquiabiertamente. Claro: a carcajadas). Lluvia de ideas: Entonces sí se ríe de los chistes de otros. Lluvia de ideas: Si se callara, me quedaría un rato más. Es para mirar y asentirlo en todo: sí, sí, claro, obvio, totalmente. Claro que entiendo, ¿vos crees que no soy inteligente, no? Por supuesto, ahá, mirá yo pensaba lo mismo el otro día, definitivamente, está clarísimo. ¿Qué se piensa, que no podés contradecirlo?, sí que podés, que quede claro: podés pero no querés. Carmen (se come las uñas y lo observa. Observa todas las veces que se toca la barba como alargándola, mientras habla. Sin darse cuenta, su mano repite el gesto con la misma parsimonia): Pero no eran todos gays los griegos.

El hombre que parece no querer: La cosa es así: es como una especie de instinto primitivo anti-roussoniano. Algo del ser efervescente, ¿me entendés?, algo de lo brutal copado, o sea, ¿entendés cómo funciona lo “brutal copado”? Como una recuperación de esa esencia animal dormida, algo de la índole de lo greco-romano, así medio orgiástico, así de furia, de revolcón (si Carmen habla, es evidente que ni se da cuenta), de polvo soplado, en el sentido de tormenta, tormenta loca y descontrolada, así como de (así como del gesto que hace en el mismo momento que lo dice, esa es la tormenta descontrolada, clarísimo)

Carmen: Sí, por supuesto, perdón. (…) (…) (…) (…) (…) 45


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Lluvia de ideas: ¿Así funciona? Ése es el precio por la creencia de un amor despiadado. Creer: Método deductivo, nada de andar induciendo, que eso ahoga. Bien lógico, bien científico. La creencia surge de la verdad, y la verdad se constata. ¡Ah!, ¿sí? El hombre que parece no querer: Te veo el lunes, ¿no? Carmen: De una.

CINCO El hombre que quiere pero no quiere : ¿Estás leyendo Rayuela? ¿Cuántas veces lo empezaste ya? Carmen: Mil. Y en todas me acuerdo de vos. El hombre que quiere pero no quiere: Y pensar que sólo leí tres páginas y me dormí. Carmen: Esta vez lo termino. Me meto acá y me olvido de todo. Lo que me molesta es el francés. Y sacarlo en el colectivo, es enorme, me siento un cliché de la literatura. El hombre que quiere pero no quiere: Que vos mires lo que la gente lee en el colectivo no significa que todos estén pendientes de lo que lees vos. Carmen: Me pone incómoda igual, la gente debe decir “esta tarada quién se cree que es, un libro así no se lee en el bondi, es para agarrarlo tranquilo, en el baño, antes de dormir”. (Una página se da vuelta con la aspereza del silencio). El hombre que quiere pero no quiere : ¿Qué pasó hoy a la mañana? Carmen: ¿No viste el perro que estaba muerto en la puerta? El hombre que quiere pero no quiere: No había ningún perro cuando me fui. 46


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Carmen: Sí, yo te lo señalé. El tipo que gritaba a la noche en la vereda seguramente entró en estado de shock y lo llamaba, lo llamaba, no quería ver que estaba muerto. El hombre que quiere pero no quiere : Ah sí, tenés razón, algo escuché pero estaba muy dormido. (Ahora él le cierra el libro). El hombre que quiere pero no quiere : ¿Y entonces? ¿Otra vez los sueños? Carmen: Sí, se me filtra. Esa maldita percepción, se me filtra en los sueños. Me da ganas de llorar. Me levanto con muchas ganas de llorar, desde el pecho siento un hueco. El hombre que quiere pero no quiere: Me imaginé. Cuando agarrás Rayuela, ya sé que vuelven. ¿Qué hacés? Carmen: Me saco los pelos blancos que se me pegan en el sweater. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Todavía tenés? Carmen: Pareciera que cada vez más, increíble. Murió ya hace ocho meses y sus pelos están firmes en cualquier lugar a donde puedan aferrarse. Me da asco, es como si tuvieran olor a muerto, como partículas de su cadáver que todavía andan dando vueltas. O los restos de un todo imposible, como unas ruinas. ¿Vos viste cómo está la frazada? Peor, llena. Lluvia de ideas: Como en la azucarera, que sigue pegada en la tapa una ramita bien chiquita de aquella vez que tomamos mate en el río. Está tan sola, perdida, las ruinas. Remontar un barrilete después de un gran amor. Y me creía que tenía superpoderes, con la misión de Reconquistarte, como se reconquista un río, por más ancho que fuera. El hombre que quiere pero no quiere : Tendrías que hacer terapia.

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Carmen: ¿Y desde cuándo te preocupas por mí, vos? El hombre que quiere pero no quiere:No es normal eso que te pasa. No sabés como te ponés, yo nunca quise decirte nada, pero es como si te hipnotizaran. Ayer hablabas en alemán. En algún momento dijiste la palabra “Führer”. No sé, me pareció.

SEIS Lluvia de ideas: Ningún profesor de Literatura puede decir “Führer” sin ser un nazi. Voy a tener que seguir fingiendo que no pasa nada. El hombre que parece no querer: Tragedia es otra cosa. Cuando era más chico fantaseaba una tragedia, que hoy se me está materializando. Pensaba en que no iba a poder ser oficial naval por más que me apasionen los aviones y los barcos militares. La sociedad no te deja, ¿entendés?, iba a tener que renunciar a lo que más amaba por la censura de este país de mierda. Y estoy seguro de que yo sería un soldado excelente, el más fiel, respetaría a mi superior como nadie. La misma relación que tengo ahora con mi Sensei. Está en mí la concentración en la disciplina y la rigurosidad. Ayer pensaba que me conecté tanto con Sipalki porque estoy estudiando las técnicas militares de los japoneses. Eso es el arte marcial: tácticas primitivas de guerra, eso lo genial. Ese mundo me remonta al heroísmo, al salvataje, los comandos de la policía, los helicópteros, las jerarquías, las telitas esas que te pegan en las solapas, está buenísimo. Quizá me anote a practicar tiro también, ¿entendés mi tragedia? En la realidad, ese mundo es una mierda, seguramente mi Führer sería un gordo inútil que usa las armas para el genocidio. Carmen: Es la contradicción trágica: clásicos y románticos. Es sublime. 48


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El hombre que parece no querer (con cierto desconcierto y apelando a un lenguaje formular para no errar): Usted lo ha dicho, señorita. Por eso me anoté para ir a dar clases de Literatura en el Liceo Naval. Carmen: ¿En serio? ¿Te parece? Me das miedo todo el tiempo vos, che. El hombre que parece no querer: Me parece bien, nunca confíes en un ninja. Carmen: Además estás loco, dicen que cuando ingresás a la escuela de oficiales te hacen criar un perro desde chiquito, darle de comer, cuidarlo, todo, hasta que tenga tres años. Y después te lo hacen matar con tus propias manos. Para ejercitarte en la frivolidad de la muerte. El hombre que parece no querer : Por favor, sabés que me pone loco, animales no. Carmen: Dicen, yo no sé. El hombre que parece no querer : Sólo voy a ir a dar clases. Quiero ver cómo funciona ese mundo desde adentro, al menos acercarme a mis fantasías. Carmen: ¿Para ver de cerca lo que no funciona? El hombre que parece no querer : “Lo que nos hace seguir vivos son las ilusiones, no la verdad”. Cito de Rayuela. Carmen: Qué casualidad. Escuchame. Esta vez, pagás vos, ¡hombre de armas-hombre de letras!; yo no tengo un mango.

SIETE Lluvia de ideas: Una mano con dedos abiertos se sumerge desde la frente y se adentra en la cabellera rubia un tanto calva, formando un jopo que se desvanece. Y empezamos de nuevo: una mano con dedos abiertos se sumerge desde la frente y se 49


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adentra en la cabellera rubia un tanto calva, formando un jopo que se desvanece. Suma una acción: ahora se mira en el vidrio de la ventanilla. Otra vez: mismo proceso y misma mirada al vidrio. Ya van cinco veces seguidas, ¿creerá que nadie lo ve? Seguro no le importa, o sí, le importa mucho y lo hace para que lo miren. En diez minutos más ese pelo va a estar muy engrasado, qué asco. Una mano con dedos abiertos se sumerge desde la frente y se adentra… Carmen: De repente me llené de obsesiones, no sé, todo me da asco. Estoy asqueada. El olor, es lo peor que le puede pasar a un ser animado, digo, animado en el sentido: más humano/ menos humano. El hombre que parece no querer : ¿Estás hablando de Lingüística? Mirá que lo mío es la Literatura alemana, de Lingüística cero. Carmen: No, no, bueno sí, pero quiero decir: animales y personas. Todos sufrimos del mal olor. (…) El olor a comida, me voy de los bares donde hay olor a frito, se me impregna en la ropa y después me cuesta insertarme en la sociedad, me paranoiqueo, no quiero saludar a nadie por miedo a que piensen que estuve friendo milanesas. Ojo, está todo bien con freír milanesas, es el olor nomás. Lluvia de ideas: Y ahora te extendés en un tema que sólo te interesa a vos. ¿Puede ser que a nadie le interese lo que decís? No creo, debe ser un pensamiento negativo automático. Pero seguís, insistís, insistís, porque “la letra con sangre entra”. A ver, silencio, está buenísimo lo que estoy diciendo, ¿no? es que sos vos el que no se da cuenta todavía. Carmen: Olor a flores, ¿viste el puesto de la esquina del edificio?, cuando cruzo a la mañana, estoy en el velorio de mi abuelo. Juré no ir a ninguno más. No me regales flores, por favor. El hombre que parece no querer: Nunca se me hubiera ocurrido. Carmen: Prefiero plantas verdes, con hojas anchas, algún helecho, a lo mejor unos cactus, esos que están de moda. 50


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El hombre que parece no querer : Tampoco se me hubiera ocurrido. Carmen: Me compré un perfume caro, de los importados, para salir a la noche; y una imitación que tiene un frasco chiquito, así me entra en la cartera y me pongo cada dos minutos. Me pongo en la cabeza, el pelo que huele bien es un pelo limpio, muy limpio, es casi un pelo recogido con gel, pulcro, como el de las mujeres de los 40. Hoy un chico en el colectivo, por favor, no paraba de tocarse el pelo, qué asco. Lluvia de ideas: Las obsesiones sólo le interesan a quien las tiene. Eso fue un bostezo reprimido. Carmen: Bueno, en realidad yo quería preguntarte algo. Serio. El hombre que parece no querer: Cierto, te escucho. Carmen: Ustedes en el dojo, ¿practican alguna filosofía, no sé, religión, algo como “espiritual”? El hombre que parece no querer : Se supone que budismo. ¿Por? Carmen: A ver, cómo te explico, necesito conectarme con alguien que esté al tanto del tema “vidas pasadas”. ¿Me entendés? El hombre que parece no querer: Mirá, nosotros somos ninjas (saca un papel y lee) vegetarianos, defendemos el bien común por medio del reestablecimiento del orden, tratamos de llegar a cinturón negro para poner nuestros propios dojos, de vez en cuando cantamos unos mantras antes de algún combate previamente dispuestos los inciensos de flor de loto con bosta de vaca y manteca clarificada en una especie de “fogón”, claro, (se lo da a Carmen) fijate los horarios, por ahí podes sumarte a alguna clase; pero filosofía… dejame pensar. Bueno, nuestro Sensei… ¿De qué te reís? Carmen: ¿Yo?, de nada. ¿Vos también con eso? No me río de nada, Nunca me río de nada. 51


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OCHO Lluvia de ideas: Todo el tiempo te reís. No me doy cuenta, pero seguro que queda mal. No queda mal, parecés una cínica. O no te tomás a vos misma en serio, o es lo absurdo de lo cotidiano. Las dos, lo que sí, cínica nunca. (Bajo la oscuridad del túnel, en el andén de la estación Aristóbulo del Valle, se ríe. Se ríe sola. Un perro le ladra al tren que acaba de pasar por el andén de enfrente. Igual no distrae su pestañeo. Es que se contagia del parpadeo del tubo de luz que le da de lleno en los ojos, esa lámpara nunca anduvo bien. Bocina. El tren “servicio rápido” cambia la dirección de su flequillo.) Carmen: QUISIERA TELETRANSPORTARME (aprieta los ojos, los puños, los dientes). (El chirrido de las vías se suma a un grito colectivo y a las voces de pésame hacia el perro que fue arrollado). Lluvia de ideas: ¿Pero por qué no comes carne? Un trauma de infancia: iba en bici, ¿viste que en ese paso a nivel hay una curva? Se pone peligroso ahí en Ejército de los Andes. Bajó la barrera y un perro cruzó justo en ese momento. ¡La puta madre! Ocho años, yo. Tanta sangre. No puedo ver carne cruda. (Se acerca, se ríe, quisiera teletransportarse).

NUEVE Carmen: Camino, camino, me tropiezo y mi boca se llena de tierra blanca. Me agarro de una roca para seguir caminando. Alrededor hay un precipicio. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Qué más?

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Carmen: Veo un mar, un mar muy azul, el agua choca en las rocas, se queja. Hace lo que yo no puedo, ando con la boca vacía de sonido. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Qué sentís? Carmen: Sed, me tiraría al abismo para poder refrescarme. Calor. Estoy muy nerviosa, los latidos del corazón hacen temblar mis párpados. El hombre que quiere pero no quiere : ¿Podés describirme por qué estás nerviosa? Carmen: No sé, tengo que cumplir con un encargo. Es una misión importantísima. No tiene que ver conmigo, alguien me lo ordenó. Lo tengo que hacer, es un dictamen universal. Es mi parte en el reparto del mundo. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Pero a dónde querés llegar exactamente? Ubicación geográfica. Carmen: Tengo que entrar en esa gruta. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Una gruta en el mar? Carmen: Sí, es una gruta oscura, húmeda, me da mucho frío. Me estoy congelando. Los dedos se me hunden en las paredes. Me miro las manos y las líneas se recortan entre el barro seco. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Y por qué tenés que entrar ahí? Carmen: Tengo que matar a un monstruo. Nadie lo hizo hasta ahora, esa es mi misión. El hombre que quiere pero no quiere: ¿Podrías describir al monstruo? Carmen: Está ahí, es ella, está maldita. Es un monstruo en femenino. Sus perros me van a devorar. El hombre que quiere pero no quiere : Entonces tiene perros. Ahondá en eso, por favor. Carmen: Tiene seis perros en la ingle. Dos salen de su vagina, eso es lo que más impresiona en ella.

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El hombre que quiere pero no quiere: ¿Y la cara? Carmen: No sé, quiero salir de acá, tengo miedo. Son muchos, matan, devoran, se lo llevan todo. (Grita, grita en la gruta, y le vuelve la voz) El hombre que quiere pero no quiere: Cuando cuente hasta tres, Carmen va a abrir los ojos y se va a despertar lentamente. Uno, dos, tres. …. …. Carmen: ¡Ey, mirame! ¿Y? El hombre que quiere pero no quiere : Sí, ya está. Tenías razón. Grabé todo. Carmen: ¿Pero hablé? ¿Qué dije? El hombre que quiere pero no quiere : No sé, no entendí nada. A mí me da miedo esto. Escuchá el audio cuando yo me vaya, no hablemos más, ¿sí? Carmen: ¿Pero hiciste todas las preguntas? El hombre que quiere pero no quiere: SÍ, no me jodas más. Basta. Carmen: ¿No me vas a ayudar con esto, no? El hombre que quiere pero no quiere: Me tengo que ir. Carmen: ¿Otra vez? El hombre que quiere pero no quiere: Vos me obligás. Carmen: No vengas más y te ahorrás un paso. El hombre que quiere pero no quiere: Nunca más me pidas esto. (Carmen cierra los ojos y su espalda se endereza con la fuerza del portazo). (…) (Play: “Camino, camino, me tropiezo…”) 54


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DIEZ (Las aulas no suelen tener una salida amplia, apropiada para salir corriendo en caso de emergencia. Esa ventanita está demasiado alta, silla de por medio tampoco se llegaría. El retrato de Amón en acuarela “realizado por el alumno José M...” -no se lee bien- hasta distraería la huida; es demasiado cómico. Carmen es un vértice en esa cámara frigorífica. Intenta dispersar esos pensamientos claustrofóbicos quitándose una a una las hebillitas que sostienen su rodete y las coloca en fila india sobre el escritorio. Uno a uno los sonidos se esperan entre su mano, su cabello y la superficie, que ahora le parece ser un elefante. De eso se ríe, siempre de lo que parece ser algo). Carmen: Ojalá hoy no venga nadie. (Se mira en un espejito chino que saca de su bolso, tiene un holograma: cuando lo abrís, con el movimiento, una mujer cierra unas pestañas negrísimas). Carmen: ¿Cómo era que hacía ese pibe del colectivo? (lo imita, hace caras ridículas e inéditas). Cara de jueves. Y la cara de jueves es muy parecida a la del lunes. No reconozco mi cara, siempre me miro y me veo, pero ésta es otra. Capaz que es el peinado, en realidad parece más redonda. No, tampoco, si encima estoy bajando de peso. Me preocupa que mi cara no sea la de siempre. Una cada dos días. Ni siquiera una para cada día, lo que faltaba: cambian y, para colmo, se repiten. Lluvia de ideas: Hay un punto en que decidimos que nuestra cara ya no sea la misma. A veces pienso que el cuerpo camina solo y yo lo acompaño. Pero no entiendo cómo lo acompaño porque en definitiva si el cuerpo se mueve es porque soy yo. LEVANTATE. Sí, como cuando no me puedo levantar de la

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cama, el cuerpo viaja en colectivo, a mi cara le sacaron los ojos, los cerró. Y yo, vaya a saber por dónde ando. Carmen: Ojalá no venga nadie. ¿Ya es la hora? Quizás alguno vio estas caras, seguro se me nota la melancolía. Eso aleja, no está en los planes de nadie, como la soledad. Lluvia de ideas: “La fotografía de lo que añoro no es siempre lo que elijo”, ¿cuándo pensé esto? Las agendas son los entierros prematuros de las ideas, otra que gerundivo ¿o gerundio? Carmen: Nunca entendí la diferencia Lluvia de ideas: De “ago”, las cosas que se deben hacer, matiz de obligación. Bueno. Qué aburrida. Ah, ya sé, en el río escribí esto, cuando veía a esa pareja con las bicis estacionadas con las patitas. Ella tomaba sol, él leía a Galeano. Yo los miraba mientras sonaba Silvio en mis auriculares. Les saqué una foto con el zoom, para que no se dieran cuenta, pero salió borrosa. Esa era la fotografía que añoraba. Como si fuera el límite entre el deseo y la cuenta pendiente, o el deseo de la cuenta pendiente y la satisfacción. O la satisfacción limitada porque el deseo es una cuenta pendiente. Bueno no sé, eso. Y me llevaba una ramita pegada en la azucarera de vuelta a casa. (Vacía su bolso, ese vellocino fuera de tiempo, de los boletos viejos de tren: Aristóbulo del Valle-Don Torcuato, Don TorcuatoAristóbulo del Valle; de colectivo: líneas 440, 59, 68). (Encuentra un caramelo viejo, pegoteado con algunas pelusas. Lo come con decisión). Lluvia de ideas : Los hiatos y los nódulos son enfermedades profesionales, ¿por qué no consultás tu ART? ¿Che, vos te quedas sin voz siempre para esta época? Sin aire, un poco más seguido. Carmen: Lo que faltaba, que yo venga con problemas de ART ahora que estamos bárbaro. Levanten la mano los docentes 56


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con el Síndrome del Burnout que se reparten licencias para todos. ART, sí, tenés razón. ¿Y cuándo querés que vaya? Lluvia de ideas: El tarot diría “carro alado”: para adelante, siempre para adelante. No hay que quedarse en la inacción, sino el carro te pisa. (Y en el bolsillito interior encuentra una pomadita –también china– multifunción. Con el dedo meñique circula su sien con ese menjunje). Lluvia de ideas: Con este ungüento serás intocable al fuego del dragón. “Sacúdete el vestidito, m´ija, pa´que se nos salga el mal agüero”. (Quiebra el esmalte de una uña, la del dedo anular, con el pulgar de la misma mano) Lluvia de ideas: Mudarse fue una buena decisión cuando ya no podía ver su risa. Claro que los perros ríen, como lloran, ríen. ¿En serio pintaste toda la casa antes de irte? Si no ibas a volver más. Eso es de culposa. ¡Con la saña que rasqueteaba las paredes! Volaba, el verde agua. Carmen: Como el rojo de esta uña. (Matar el tiempo, como si fuera orgánico. Primera opción: abrir el Libro de temas) Lluvia de ideas: 28 de junio Contenidos: “El Vampiro” de Polidori, “Dejar a los muertos en paz”. Actividades: exposición oral, utilización del pizarrón. 57


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1 de julio Contenidos: “Los amores de un muerto”, “Berenice”. Actividades: Exposición oral, utilización del pizarrón, cuadros sinópticos. ¿Innovación pedagógica? Contenidos: “El gato negro”. Actividades: lectura expresiva (en voz alta). Encima aclara. Observaciones: se escuchará el audio de Pet Sematary de Ramones mientras se leen los textos literarios en clase. Temario supervisado el día 4 de julio. Carmen: Por eso siempre vestido de negro.

ONCE (Los tacos con pies fríos siguen al timbre por el pasillo). Carmen: No vino nadie nomás. (Continúan hacia otra sala sin salida: la sala de profesores). Carmen: Es tuya ¿no? Te la olvidaste en el Libro de temas. El hombre que parece no querer: Uy, gracias. Siempre pierdo las biromes, es una cosa… Carmen: ¿Ya no va a venir nadie esta semana? Estuve sin alumnos. El hombre que parece no querer: No te creas, ¿no fue nadie a tu clase? Por lo que comentan acá hasta el viernes están firmes. Qué raro, a vos sola te pasó eso. Carmen: ¿A mí sola? Bueno, mejor. 58


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El hombre que parece no querer: Che, contame: ¿pudiste ver al Sensei? ¿Te dio una mano con eso que andabas averiguando? Carmen: Sí, sí. Gracias por el dato. (…) (…) El hombre que parece no querer: Es un capo, ¿viste? La tiene muy clara. Sobre todo en lo espiritual. El otro día me agarré una rabia con mi gata, estaba en celo y me meó todos los parciales, nunca había hecho eso. Le consulté a él. (Carmen abre los ojos, los que se cierran cuando se levanta). Lluvia de ideas: Sos una maquinaria contestataria. Los ojos son tu parte más anarquista, diría Kohan. El hombre que parece no querer : Sí. Es que para mí, fue obra de un destino forro. Nunca pero nunca. En una, le quise tapar la boca con el repasador, claro viejo, las últimas noches ya estaba durmiendo con tapones en los oídos, unos industriales que me prestó mi viejo. Y el Sensei con la palabra justa: “Hay que castrarla”. Parece una boludez, pero es cierto: si un animal vive en un departamento ya no vive de manera natural, no estoy haciendo nada que no esté hecho. “La castración no modifica lo artificial de su condición.” Un genio. El viernes la llevo. Lluvia de ideas: Tengo que saturar mi silencio. Evidentemente este no es uno de los silencios oportunos. Carmen: ¿Vi que estabas dando Gótico? El hombre que parece no querer: ¿Gótico? Carmen: ¿Gótico se llama? El hombre que parece no querer: No. “Dark Romanticism” (…) (…) Lluvia de ideas: Saturar, tampoco tanto. Con llenar alcanza. El hombre que parece no querer: ¿Y de qué te reís vos? Eso 59


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envidio de vos, siempre riéndote, nos vamos todos al carajo y ella se ríe. Siempre una sonrisa. Parece que nos estuvieras tomando el pelo. Carmen: No, no. Pero hay algo que no entiendo: ¿se pueden concentrar en la lectura con Pet Sematary de fondo? Porque yo pensaba: cementerio de mascotas, gótico, el gato negro, es un poco redundante; pero si lo mirás desde el lado de la estimulación temprana, bueno “temprana” no sería en este caso, vista-oído, oído-vista, computación, Internet, multimedia, es casi todo lo mismo. Pero claro, ahora entiendo, la gata. Es circular: mucho negro, mucho animal muerto, mucho felino, mucho gótico. El hombre que parece no querer: Dark Romanticism. Carmen: ¿Ya tocó el timbre? Yo no entiendo por qué estas aulas son tan cerradas, no corre una gota de aire. El hombre que parece no querer : Si no fuera porque soy heavy metal “de alma”, sería gótico. Igual están muy relacionados, comparten algo de la épica medieval, los círculos de guerreros, lo sectario, lo sacro. La violencia de la acción, nada de hippies teorizadores, hay que romper todo. Con la música se llega más rápido. Por eso un tema de fondo, voy haciendo el trabajo de hormiga, despacito se les infiltra el mensaje. Hay algo de psicología cognitiva en esto, no es improvisación pura tampoco. No distrae, no aburre, es una bomba a largo plazo. Lluvia de ideas: Ahora estoy conociendo al silencio oportuno. Carmen: ¿Los baños tienen espejo acá? El hombre que parece no querer: No sé los de mujeres. Carmen: Necesito uno, pero grande.

DOCE (Los tacos con pies fríos y sin medias se ven como de un número más. Hasta se estampan más chillones en el piso. La trasladan hacia el espejo grande, el del segundo piso. 60


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Se suspende. Se mira un tiempo larguísimo, un tiempo raro. No es el mismo tiempo, la atmósfera es otra: aire y agua, juntos. Como si se cruzaran elementos prohibidos de las combinaciones químicas. Cierra los ojos y cuando los vuelve a abrir, sobre sus pupilas corren ficheros enormes de información, de datos inacabados, trailers de vidas ajenas o propias. Sin sonido, mudas por completo pero con mucho color, mucho negro, mucho animal muerto. Muchas risas, mudas también, mucho grito mudo. La mímica de la emoción). Carmen: MIERDA. (Y su cara ya no es su cara. Sobre todo su boca) Carmen: glayke, filia, filioq. Glayke. Lluvia de ideas: Un hilo para volver, ¿qué dijiste en la hipnosis? Vamos, vamos, ya, ahora. ESCILA.

TRECE (Todavía hay algo en el ambiente que le impide a Carmen no marearse. No sabe si es su miopía, o simplemente que siente hambre. Pero no quiere acercarse otra vez a la sala de profesores. Se sienta en la escalera fría, y cree que mirando a la gente que pasa podrá distraer su foco de atención de aquel extrañamiento en su cuerpo). Lluvia de ideas : Esa boca me mira de arriba a abajo, es un boca que te relojea. La boca altanera, finita, la boca mala. A veces siento que soy capaz de besar todas las bocas del edificio, las de los pisos diecisiete o trece que no los quiere nadie. Lo mismo con estas bocas que caminan. Pero hoy no, hoy todas me dan asco. Qué asco la boca con bigote amarillo, boca 61


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de tabaco. Horrible los labios que contienen con esfuerzo desmedido los dientes que gritan por salirse. Otro asco la boca que respira, pero respira siempre, todo el tiempo, nunca se sella, circula una correntada por ella. Como si todo el tiempo estuviera diciendo: ¿eh?, la famosa “boca abierta”. Terrible la boca en la cual el labial se ha salido de la raya, siguió, siguió y se estrelló en el diente delantero. ¿Y esa boca que es tocada por la mano del dueño?, la boca que se come las uñas y de paso esa mano roza los labios, qué asco. Mano y boca no tienen nada que ver. Como en esas bocas donde índice y pulgar se ocupan cada uno de aplastar una comisura como si plancharan un papel, el olor que debe quedar en esos dedos, espantoso. Ah, está la boca que juega a tocarse la nariz con los labios, no sé que resulta divertido de semejante inmundicia. Lo peor, la boca nerviosa, se mueve, se muerde, para un lado, para el otro, terrible, no descansa. Se lastima la pielcita interna del pómulo. Sin querer se muerde la lengua, y encima se queja, no se hace cargo de su trastorno. Bocas feas vienen en patota, como si me fueran a morder todas juntas. Vienen a buscar su presa, mis labios, a mutilarlos. ¡Fuera bocas! Patada voladora a la primera que se atreva a tocarme. Pero yo le digo a él: la tuya, no, la tuya nunca me da asco, tu boca muda me encanta, MUDA. Mentira, igual. (Él se acerca, cuando no se aleja. Se acerca y se aleja. Si ella se acerca, él se aleja. Pero como ahora ella se alejó, él se acercó. No crean, es una lógica muy compleja). El hombre que parece no querer: Tenemos que elegir un delegado para cada área. Un líder natural, siempre hay alguno, es la ley inmutable. Fijate el de Historia, viene al pelo. Carmen: ¿Para? El hombre que parece no querer : “Orden, valor y gloria”, sólo bajamos la retaguardia si obtenemos lo que queremos. Carmen: Puede ser, yo para eso no sirvo. Soy más bien perfil bajo.

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El hombre que parece no querer : Sí, totalmente, se te nota en la carita. Lluvia de ideas: “Carita”. El hombre que parece no querer: Ojo, igual yo tampoco, así como me ves. Yo funciono de otra manera. Que sé yo, siempre digo: soy un apasionado del odio y represento la mejor metáfora militar. Carmen: … El hombre que parece no querer : Claro, ¿viste los grupos comando? Yo pertenecería a esos. Tenemos autonomía pero no ejecutamos sin orden previa. Las decisiones la tomarían los Generales. Yo te hago lo que me pidas, pero de la manera que yo quiera, en eso decidimos: en el modo. ¿Te das cuenta? Carmen: ¿Qué? El hombre que parece no querer: Cómo funciona. Carmen: Más o menos. El hombre que parece no querer : Pará, pará, lo tengo: el profesor de TICS. Claro piba, ¿cómo no se me ocurrió antes? Al conocer de nuevas tecnologías, puede aportar activos estratégicos para contrabandear información confidencial. Carmen: Ahí me perdí. El hombre que parece no querer: Podemos usar perros, si no nos dejan entrar. Como hacen los cadetes. Carmen: ¿Y vos trabajarías con perros, siendo tan “naturista”? El hombre que parece no querer: Soy vegetariano nomás. Además hay perros a los que les encanta todo esto. No les hace mal, si en eso estás pensando. Yo vi algunos fanatizados con las drogas, adictísimos. Carmen: ¿Te vas conmigo en el tren? Lluvia de ideas : Insistir es la prueba más baja del ego roído. Digo, insistir en lo que no va. Si no va, no va. Sí, tenés toda la razón.

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El hombre que parece no querer: Dale. Esperá que salude al director, nena. (Carmen no aguanta más los tacos, y todo el resto). Carmen: No sabés, hoy el tren pisó un perro. Un espectáculo…

CATORCE (Carmen llega, cansada, arrastrando los pies, paseando al ras del suelo una punta de su bufanda. Al entrar, su cama le parece más pequeña. Hoy, cuando salió temprano, inspeccionó toda su casa —odia olvidarse alguna luz prendida— y su habitación fue la última fotografía del lugar. Efectivamente, ahora la cama no es la misma). Carmen: ¿Me querés? El hombre que quiere pero no quiere:No me preguntes una pelotudez. Carmen: Te digo en serio. El hombre que quiere pero no quiere:¿Y a vos qué te parece? Carmen: No sé, por eso te pregunto. El hombre que quiere pero no quiere: Que lo diga o no, no cambia en nada. Carmen: Sí que cambia. El hombre que quiere pero no quiere: No puedo decirlo. Soy más claro en lo que hago que en lo que digo. Carmen: Si lo decís es como un pacto: lo asumís para mí y, sobre todo, para vos. El hombre que quiere pero no quiere: Ay, no me jodas. Carmen: ¿Me vas a dejar?

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El hombre que quiere pero no quiere: No sé, probablemente, tontita. Hoy estás en “psicótica”, eh. Carmen: Me hubieras avisado que ibas a venir. (Silencio) Carmen: No me llames más ¿si? Andate. (Otra vez no hay nadie, como el final de todos estos días de julio. Y ahora sus ojos se plastifican, seguramente por la mezcla entre el llanto y el rímel, como si no los pudiera cerrar nunca más). Lluvia de ideas : “Carita”, “piba”, “nena”, “tontita”, ¿qué es todo este campo semántico de lo aniñado? Carmen: Nunca pienso que me va a doler tanto, y siempre me duele igual. Más vale prevenir que curar. Lluvia de ideas: Mi hermano decía: “cada refrán tiene su contrarrefrán. Escuchá: al que madruga, dios lo ayuda; pero no por mucho madrugar se amanece más temprano.” Tenía un montón, su hipótesis era imbatible. Y luego la desilusión, “tarado, es sólo un mecanismo: buscas refranes que compartan una palabra; ésa es la relación, no la contraposición. No te rías, ¿nunca vas a hablar en serio vos?” Carmen: Cómo me olvidé de la familia. Siempre fui la más chiquita.

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QUINCE (Abre la canilla, y deja correr el agua más caliente para llenar la bañera. Se desnuda. Se mira los pies. Enciende su “centro musical” y lleva a 42 el volumen con “Siboney”, desde hoy que la tararea. Se sienta en la alfombra. Le gustaría encenderse un cigarrillo mentolado). Carmen: “No te pierdas por entre el rudo manigual” (Es de noche pero una luz entra por la claraboya, se sienta en el agua, las rodillas chocan las paredes de acrílico, esconde su cabeza para llorar entre sus piernas y dos mechones de pelo, que caen sumergidos, se ensanchan en el agua. Se olvida de llorar porque se concentra en mirarlos, tan independientes como muertos). Lluvia de ideas: A los doce años empecé a leer La Odisea. Mi papá me insistía en que era el único libro que no podía dejar de leer una persona en su niñez. Después, con mamá, empezaban a discutir si Aquiles aparecía en La Ilíada o en La Odisea. Hasta que se empujaban para consultar la Enciclopedia Universal (infinitas cuotas de dos pesos cada una al librero que pasaba casa por casa y te dejaba la colección una semana). Y no terminaban ahí, la discusión seguía por quién había dicho qué cosa y quién otra. Siempre lo mismo, terminaban los dos en silencio, mirando la tele de brazos cruzados, ni una palabra. Y yo encerrada con mi perro ocupado en lamer las lágrimas de mi mejilla. Nunca terminé ni La Ilíada ni La Odisea. ¿En serio? No, es un chiste. Bueno, sí, en serio. ¿Qué tiene? Pero Rayuela, sí, toda. ¿Toda o todo? Es que cuando llegaba al episodio de Escila no quería leer más. Y cada vez que la retomaba me olvidaba por qué la había dejado.

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Carmen: Son los perros, el problema son los perros. Lluvia de ideas: Los perros de Escila me hacían acordar a la cría que él ahogó en la bañera. La perra, ¿nadie se acuerda de eso? Es terrible que nadie. Y los pelos de los seis flotaban mitad agua, mitad aire, mitad vida, mitad muerte. Igualito. Estos mechones no pueden ser tan igual. (El agua sigue corriendo, corre lagos y fuentes. Enredaderas salen del grifo. Enredaderas como hierbas mágicas que se propagan y contaminan el líquido con el veneno de sus raíces. Es la segunda vez que le pasa: el baño, el agua, los perros. Mira sus manos, los nudillos están más rosados, las yemas viejitas. Mira su ingle, se marea y se siente como en un desmayo, lívida. Ya no duda de su condición de médium, como lo hubiera advertido el Sensei). Carmen: Glauªkoj, tu amor me liquida, Glauco. (Con una voz extraña, fuera de su rango de percepción normal, se vuelve un canal mítico). Carmen: obscurum verborum / carmen magico demurmurat ore / Scylla venit / Por favor, Glauco, no desdeñes a Circe/ Sua foedari latrantibus inguina monstris adspicit / Veintisiete veces masculla el conjuro su boca de bruja/ Sacate los vestidos que no son tuyos. Amor omnia vicit/ NO. El amor deshace: TODO. 67


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DIECISÉIS (Ahora sí, se detiene el caos que está ahí, afuera: el mundo, el mito; pero no se anula la percepción psíquica de Carmen, el trasvasamiento. Puede llegar a sentirse la misma, pero es algo de lo que no está segura). Carmen, Profesora de Latín. Está a punto de renunciar a su trabajo pero teme salirse de sus cabales e insultar al director. Un sumario más no va a ayudar en absoluto. “Más vale sola que mal acompañada” dice siempre. Hace poco estuvo consultando al médico por unos dolores extraños de cabeza. Un hombre, Sin datos. Así se lo ve, sin historia. Puro presente. Eso irrita mucho a Carmen. Que no tenga memoria. Otro hombre, Espía a Carmen cuando da clases, le encanta escuchar cómo ella pronuncia el ablativo de la quinta declinación. La más difícil. Ella todavía no sabe que él existe. Lluvia de ideas, El rompecabezas infinito. El laberinto. Punto Final (.)

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