Bienvenido, Ratoncito

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LAS AVENTURAS DEL RATÓN CHIQUITÍN

Bienvenido, ratoncito

NEREA GARCÍA Ilustraciones de ANA GUSANO


Había una vez un ratón tan minúsculo que todos lo llamaban Chiquitín. Y os voy a contar de qué modo se lo encontró en su casa el señor Martín, una fría y soleada mañana, recién estrenada la primavera. Estaba el anciano a punto de salir hacia la huerta, cuando vio lo que parecía ¿un botón? deslizándose lentamente por el suelo de la cocina.



¡Cómo podía ser tal cosa! Se agachó para recogerlo y ¡corría aún más! Finalmente pudo hacerse con él y se llevó una gran sorpresa: un ratoncito chiquito, chiquito era el responsable de aquel misterio. Lo cogió cuidadosamente, lo miró con ternura y le dijo: —Vaya, vaya, pero ¿a quién tenemos aquí? ¿Estás bien, amiguito? Yo soy Martín ¿y tú, pequeño? El ratoncito, temblando tras haber sido descubierto, tartamudeó: —Martín-tín-tín..., yo... soy Ch-chiquitín.


Pese a ser su primer encuentro y Chiquitín un poco miedoso, pronto se relajó y se sintió protegido. Antes vivía bajo la raíz de un chopo, junto a un río, pero llegó una máquina gigante que derribó su árbol y cobijo. Desde aquel triste día caminaba en busca de calor y comida. Muy cansado, se acurrucó en la amistosa mano de Martín, sonrió, cerró los ojos y se quedó dormido. No por mucho tiempo, ya que le despertó el olor de un apetitoso trozo de queso que habían dejado junto a su nueva cama. ¡Era un calcetín! dentro de una antigua caja de cerillas.


¡Todo parecía perfecto como nuevo hogar! Hasta que se fijó en un gato grande que dormía sobre un almohadón. ¡Horror! Chiquitín se quedó paralizado. Martín, que en ese instante regresaba cargado de acelgas recién cosechadas, comprendió lo que le rondaba por la cabeza al ratón, y dijo: —Tranquilo, pequeño, es Marramiau, el gato más bonachón que puede existir. ¡No haría daño ni a una hormiga!


El minino se despertó al oír su nombre, y se acercó a saludar a su nuevo compañero. ¡Estaba tan gordo que casi arrastraba la barriga por el suelo! Por lo que Chiquitín, quien todavía no estaba muy convencido de la falta de peligro, pensó aliviado que no sería muy difícil huir de él. Pronto se dio cuenta de que aquello no sería necesario: Marramiau le dio tal lametazo con su áspera lengua que le dejó calado desde los bigotes hasta los pies. Acto seguido, el gato volvió a su rincón contoneándose lentamente, para continuar con su interrumpida siesta.


La casita esdrúju-

Una obra infantil de sabor clásico con protagonistas que tanto grandes como pequeños reconocerán.

ISBN 978-84-18996-57-3

9 788418

996573


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