El arcoíris de Luke

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El

O Í C R R IS A de Luke

Mercedes Enríquez Incluye

GUÍA DE EMOCIONES

con QR

Con dibujos REALES de un niño



Tranquilo, T-Rex, tranquilo Aquella mañana el cielo amaneció cubierto de pequeñas nubes de colores. T-Rex se asomó por la ventana y las miró extrañado. —Azul, rojo, naranja —T-Rex comenzó a contar en voz alta—, amarillo, celeste, verde, eee… Se detuvo. —Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y… —volvió a contar con las dos garras de cada mano. No podía ser. Estaba seguro de que las nubes siempre habían sido de más colores. Siete, sí, siete colores. Y él solo había contado seis. Faltaba un color, estaba seguro. Pero ¿cuál? Excitado, salió corriendo de su habitación. Bajó las escaleras con toda la prisa que sus torpes zancadas le permitían, pero al llegar a la cocina no encontró a nadie. ¿Dónde estaban Mami y Papi? Espera. Mami siempre entraba en su habitación y le acariciaba la frente con ternura hasta que T-Rex volvía de su mundo de ensueño. Y Papi lo esperaba en la cocina con el desayuno preparado y un «¡Roar-días!» juguetón.



¿Qué estaba pasando aquella mañana? T-Rex sacudió la cabezota, parpadeó hasta contar cinco y… ¡nada! Seguía estando solo en la cocina. Comenzó a asustarse. —Primero, falta un color en las nubes. Segundo, no encuentro a Mami y Papi. Tercero, tercero, tercero ¿qué? —se decía T-Rex, muy nervioso. Su cola, siempre en movimiento, se paralizó. Sus afilados dientes empezaron a castañear. Y sus pensamientos desfilaron por su mente como una espiral confusa multicolor. —Vale, vale, valeee —les dijo a sus pensamientos. Y recordó lo que su Mami le decía cuando se ponía demasiado nervioso. Cruzó sus dos garritas en el pecho hasta que notó los latidos acelerados de su corazón, y comenzó a respirar profundamente. Y también recordó lo que su Papi le decía cuando no era capaz de pensar con claridad. Comenzó a imaginar su color favorito, aquel que le gustaba tanto que siempre quería pintar con él el mundo. Y su cola se relajó. Y sus dientes descansaron en su mandíbula. Y su cabezota comenzó a desentrañar la amalgama de colores que


circulaban libremente hasta que pudo distinguir con claridad los siete colores del arcoíris. —¡Lo tengo! —gritó con alegría y se apresuró a subir las escaleras para volver a mirar por la ventana de su habitación. Sí, allí estaba, el séptimo color que faltaba, límpido, radiante, claro. Una gran nube en forma de sonrisa desprendía un maravilloso color violeta. —T-Rex —le llamó dulcemente una voz detrás de él. Era su Mami—: Vine a despertarte y ya no estabas. Hoy te has dado mucha prisa en bajar a desayunar. —¡Roar-días! —gritó desde el salón Papi, que acababa de regresar de comprar el pan recién hecho para el desayuno. T-Rex sonrió. Abrazó a su Mami y bajó corriendo a desayunar con su Papi. De camino a la cocina observó su propio reflejo en el espejo de la entrada. Un espléndido y jovencito T-Rex violeta. Y comprendió que el miedo y el valor es la proyección de uno mismo.


Mi lindo gatito «¡Miau!», maulló desconsolado el lindo gatito mientras recogía su larga cola mullida en una espiral que le calmaba el dolor.

«¡Miau!», volvió a maullar el lindo gatito mientras lamía su larga cola mullida de arriba abajo con lengüetazos ásperos que le suavizaban el dolor.

«¡Miau!», repitió el lindo gatito su triste lamento, y decidió hacerse un ovillo que acogiera su larga cola mullida como una dulce cama de autocariño. «Ya está. De aquí no me muevo», pensó enfurruñado y, agachando la cabeza, cerró sus ojazos verdes y bajó sus bigotes, sin ganas de permanecer alerta ni un momento más. Todo empezó por la mañana. Parecía un día como otro cualquiera. El amanecer llegó al trocito de planeta Tierra en el que vivía, y pudo ver desde su camita cómo el cielo oscuro pasaba de naranja a amarillo y de amarillo a azul. Su estómago también delató la llegada del amanecer con un tímido ruidillo: «Rrrrr…». Estiró sus patas delanteras, estiró sus patas traseras, estiró su lomo y estiró su larga cola mullida, en aquello que la mamá de su familia solía llamar la «postura del gato» en yoga, y


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