MATARÁS DRAGONES

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Ensayo de Psicología

MATARÁS DRAGONES José María Sánchez Gómez

FRUSTRACIÓN EXISTENCIAL Y RESILIENCIA: SEDUCIDOS POR LA VIDA Y LA MUERTE



I INTRODUCCIÓN La frustración existencial es un tipo de decepción profunda e intensa, sentida en el «dasein»* o existencia del «aquí y ahora» que, como experiencia susceptible de ser vivida por cualquier persona, ejerce una gran influencia en la construcción de la personalidad y el comportamiento adulto y social de los individuos. La frustración existencial, experimentada de manera consciente o inconsciente, se acompaña de emociones, sentimientos y estados afectivos como la disforia, la tristeza o la depresión; muchas veces de manera larvada, sutil y prolongada en el tiempo. Siendo a menudo consecuencia de múltiples experiencias y circunstancias personales que, además de ser dolientes y negativas, son evaluadas cognitivamente con pesimismo y fatalidad, de manera constante y profunda; arremetiendo persistentemente contra la esperanza de un futuro mejor. Este tipo de juicios personales sobre la propia existencia, y la vida en general, siempre acaban en el 3


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convencimiento, claro e intenso, de un vacío interior absoluto y sin sentido; sin la posibilidad de alcanzar un significado cognoscible acerca de la existencia, la propia y/o la universal. Un significado cuyo propósito, si es que alguna vez lo tuvo, a veces se percibe como contradictorio, inútil y, en definitiva, incomprensible para quien lo intenta. En el lado positivo y opuesto a la frustración existencial y los juicios sin sentido sobre la Existencia o la Realidad, la resiliencia es una función psicológica –a la vez innata y aprendida– que tiene como fin el preservarnos de la tristeza, el desánimo y las ideas negativas que acompañan constantemente a la frustración, especialmente cuando esta ya se ha «instalado» en nuestro «aparato psíquico» y se presagia su larga duración. Sin embargo, debemos tener muy presente que los sentimientos depresivos que se experimentan al mismo tiempo que las ideas pesimistas y siniestras en el «espacio» cognitivo del sujeto, pueden llegar a ser muy perjudiciales. Los niveles de angustia que se pueden alcanzar en los distintos grados de frustración existencial, una vez vencidas todas las resistencias psicológicas y emocionales que se oponen a ella, suelen derivar en depresiones genuinas que, en no pocas ocasiones, acaban en suicidio o en aberrantes comportamientos auto destructivos, violen4


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tos o de depravación personal; precedidos muy a menudo de diferentes y variables tipos de adicción. La resistencia ante la adversidad, y la resiliencia que la motiva, surgen normalmente de manera espontánea como un contrapeso que es estimulado a su vez por la voluntad innata de supervivencia y la búsqueda constante del sentido significante de la realidad, que el ser humano –de manera natural– confiere a todo lo que le rodea. Tratando así de contrarrestar, junto a otros mecanismos psicológicos de signo positivo, el abatimiento emocional, las ideas negativas y el vacío existencial. La resiliencia es, en definitiva, un mecanismo o función que contribuye de manera decisiva a la formación de una «barrera psicológica defensiva», esencial para no sucumbir a ese estado psicológico y espiritual, que puede llegar a ser tan oscuro y devastador. La resiliencia, en última instancia, procede de un acto profundo de «fe» inconsciente en la Vida, (con mayúsculas), que es de arraigo original e innato en la naturaleza psicológica humana. Así pues, este ensayo trata de explicar detalladamente qué es la frustración existencial y qué la resiliencia; cómo interrelacionan entre sí y cómo se experimentan interiormente. Ambos constructos son fenómenos funcionales internos de la psicología humana, que se articulan y desarrollan a partir de la cosmovisión particular que de la propia existencia tiene 5


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cada individuo. La cual se forma a partir de las creencias, actitudes y valores que asumimos como propios a lo largo de nuestro desarrollo personal. De las conclusiones que asumimos entonces en la defensa académica de nuestra tesis, se presenta ahora una versión ampliada y más cercana al conocimiento filosófico y sapiencial que el exclusivamente científico, que, aunque más riguroso en sus métodos es más limitado en su aproximación a la Verdad –en su acepción metafísica y absoluta– y a la realidad psicológica humana. En la primera parte se exponen dos hipótesis teóricas que explican la frustración existencial; por qué surge y cómo se desarrolla en el acontecer vital psicológico. Hipótesis no excluyentes y totalmente complementarias. En la segunda parte se explican algunas de las mejores definiciones acerca de la resiliencia, según distintas perspectivas y enfoques paradigmáticos de la literatura científica actual, siendo posible reducir todas ellas a una elemental definición que se detallará en este capítulo. Y en la tercera parte se expresan las ideas personales que se «quedaron en el tintero», sobre la esencia de la resiliencia como un don de fortaleza para el espíritu humano. Terminando este ensayo con algunas breves reflexiones acerca del sufrimiento, el sentido de la vida, la voluntad y la muerte desde una perspectiva paradigmática 6


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nueva y antigua a la vez en el ámbito de conocimiento de la Psicología. –X– Antes de entrar en materia propongo al lector «saborear» una reflexión particular escrita por Santiago Riesco McClure** y publicada en la Revista Médica Hondureña de 1999 (Vol 6 [1]), algunos meses antes de morir debido a una enfermedad terminal. En ella se puede «gustar» bajo distintos matices, intelectual y emocionalmente, algunos de los constructos principales objeto de esta obra. Dice así: «Cuando me despedía del país de las gentes laboriosas e inteligentes, de los seres amables y respetuosos, sentía que aquella vida universitaria de trabajo fascinante, ordenado y confortable, de seminarios, reuniones clínicas, conversaciones interesantes, magnas asambleas médicas, y otras menos populosas, pero más selectas y científicas. Sentía que esa vida de agradables veladas en casa de los amigos, de vacaciones en los bosques que bordean los grandes lagos, de viajes entre los países, de conciertos, teatros y museos. Sentía que toda aquella vida que mantenía alerta mi mente, a medida que el barco se alejaba, iba esfumándose en un pasado aparentemente lejano. 7


Así también aconteció cuando fui notificado de que mi mundo de la medicina, de las montañas, las playas, los mares, ciudades, hombres, mujeres y niños, del que tanto disfruté, había terminado para siempre. Sentí que yo ya no era yo, sino un recuerdo. No tenía otra alternativa que recluirme en mi “Santuario de los Zorzales”. Allí viviría rodeado del cariño y cuidado de aquellos seres que por diferentes circunstancias compartieron conmigo parte del camino. Allí viviría en la contemplación de los atardeceres, las noches de luna y del cambio de las estaciones; leyendo, escuchando música, repasando el archivo de los recuerdos, ordenando mis pensamientos y trabajando hasta el final. Allí esperaría apaciblemente el día en que el cuerpo quedara quieto e inmóvil, “como la piedra en el fondo”. Entonces, se abriría la jaula, y el espíritu volaría a confundirse en la belleza del universo. Si, después de vagar un tiempo sobre las playas de todos los mares, en los bosques, lagos, por todas las flores de la tierra, por las montañas, nubes y estrellas, mi espíritu hubiese de retornar a la forma humana, sabría algo más que cuando estuve la vez anterior. Sabría que tanto el hombre como la mujer deben de aplicarse al trabajo y al estudio durante toda la vida, porque son las fuentes de la auténtica satisfacción y bienestar. Sabría que es necesario disciplinar una voluntad firme, porque ella nos hace dueños de nuestros actos.


Sabría que uno debe hablar poco, muy poco, porque nuestras palabras son bien o mal interpretadas, según la intención de quien las escucha. Pues la locuacidad inhibe el pensamiento y la observación, además de restarle eficiencia al trabajo. Sabría que debemos llevar una vida sencilla, humilde y obediente, lejos de la riqueza, del lujo, del poder y la fama, porque ellos engendran envidia, celos, rencores y sentimientos de venganza. Sabría que cuando hay que tomar una determinación, no debemos vacilar en elegir la que no halague nuestra vanidad. Sabría que hay que cultivar la paciencia y el orden, porque ellos emanan de la fuerza creadora, la armonía y la belleza. En cambio, la violencia y el desorden engendran odio, destrucción y muerte. Sabría que es necesario dominar el miedo imponiéndonos tareas difíciles, porque de lo contrario, viviremos inseguros y angustiados. Sabría que debemos retirarnos periódicamente a la contemplación y el silencio, porque ellos nos devuelven la paz del espíritu. Sabría que el hombre no debe vivir solo, pero también sabría que la convivencia íntima con la mujer requiere de la comunión espiritual, a la vez que, de la plena armonía sexual, porque la una sin la otra es insuficiente. El matrimonio no une, es la unión la que hace el matrimonio. Sabría que la suprema virtud es la de amar, ayudar, cuidar y educar a la criatura humana, porque participa perpleja en el drama de la vida y la muerte sin saber por qué, ni para qué. Sabría que no habría inadvertido la sublime belleza del escenario del drama de la creación». 9


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Santiago Riesco McClure

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* Dasein es una palabra alemana que, proveniente de la concepción hermenéutica de la Realidad que tenía el filósofo alemán M. Heidegger, viene a significar algo así como «la conciencia de la existencia de uno mismo». ** Santiago Riesco fue un eminente maestro de la Otorrinolaringología suramericana en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XX. Chileno de nacimiento, su padre era de ascendencia vasca y su madre de origen escocés. Tenía en su genoma la creatividad española, así como la disciplina inglesa. Profesó su brillante magisterio en Santiago de Chile, pero extendió sus observaciones y sabiduría por todo el continente americano, incluyendo cátedras que por invitación especial brindó en los Estados Unidos de Norteamérica. Ha sido uno de los más sobresalientes oto-neurólogos del mundo. Paradójicamente, contrajo una cruel enfermedad neurológica, la Esclerosis Lateral Amiotrófica, afección que mata lentamente sin que el paciente llegue a perder su lucidez mental. Conocedor de su fin biológico, tuvo largos momentos de meditación en el jardín de su casa, al cual le llamaba poéticamente el «Santuario de los Zorzales», pues abundaban en él estos pájaros de dulce trinar. Consideró que se estaba muriendo irremediablemente y con una serena resignación escribe a las generaciones por venir una carta, sencilla, pero sublimemente enternecedora, de profundo contenido filosófico y que divinamente invita a la reflexión.

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II FRUSTRACIÓN EXISTENCIAL Del sentido de la Vida, de su propósito general y particular en cada uno de los individuos que participamos de la misma, se ha escrito mucho a lo largo de siglos de civilización humana. Gracias a esos escritos y la Historia, tenemos constancia del gran interés e inquietud que este pensamiento universal siempre suscitó en filósofos e intelectuales de todas las épocas. Y el desasosiego que ello sigue generando en muchas personas hoy en día; o cómo las distintas culturas han plasmado sus reflexiones en sus respectivos legados, escritos y religiones. Aunque una definición de cultura de consenso es sumamente difícil de concitar, es acuerdo generalizado incluir en este término tan complejo al conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre (Tylor, 1871). 11


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Y siendo el corpus de conocimientos humanos adquirido a lo largo de la Historia tan amplio y diverso, así como el de las creencias suscitadas en el «hambre» (innata) del sentido religioso humano, una de las ciencias humanas que más nexos de unión y puentes epistemológicos ha intentado establecer entre estos ámbitos, para el esclarecimiento de las verdades existenciales, es la Psicología.

(Fuente: Wikimedia commons) ¿Qué es la Vida? ¿Qué sentido tiene? ¿Existe porque sí? ¿Todo es una casualidad después de un gran Big Bang? ¿Podemos seguir ignorando la razón o razones últimas que tiene la existencia para cada uno de nosotros? ¿Es válido o correcto hacerse este tipo de preguntas? ¿Son realmente necesarias estas preguntas? ¿Qué relación es12


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pecífica tiene con la Psicología? Y lo más importante, ¿es posible esclarecerlas? Nosotros, siendo honestos ante el lector, partimos de una de las dos únicas opciones posibles que las personas adoptan a lo largo de su vida ante la cuestión clave que la realidad personal y cotidiana plantea constantemente al individuo: «¿Es posible conocer el significado de la existencia en general y de la propia vida en particular?»: Sí. La opción negativa, como es obvio, incluye de manera tácita distintos razonamientos que se explican desde diversos presupuestos filosóficos o antropológicos, de la inviabilidad –siquiera–de la propia cuestión. En cambio, nuestra posición personal, experiencial y teorética, se manifiesta claramente en la afirmación clara y rotunda a favor de la posibilidad de alcanzarla. Pues ya solo plantear el propio concepto de «frustración existencial» como posibilidad que se puede experimentar personalmente, implica la confirmación de su contrario: la posibilidad de alcanzar un sentido comprensivo y plenificante de la existencia, que se afirma como polo opuesto de la frustración existencial.

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CONCEPTO DE FRUSTRACIÓN Todas las personas tenemos la clara percepción de que cuando nos privan de un deseo, un objeto, un propósito o la misma voluntad de alcanzar lo que esperamos y queremos conseguir, podemos sentir o experimentar el sentimiento que conocemos como frustración. Y que sabemos reconocer de manera inmediata porque es una de las sensaciones y afectos de orden negativo que el ser humano normalmente trata de no tener o percibir. Tanto, así como la tristeza, la ansiedad o la culpa. Todos ellos sentimientos y emociones categorizadas como desagradables, negativas, evitables y no deseables. Podemos describir aún más este sentimiento, que puede llegar a convertirse en crónico, como sinónimo de decepción, fracaso, malogro, aborto o naufragio de lo esperado o deseado. Ahora bien, lo deseado, lo que se quiere y puede ser objeto de la frustración, se enmarca en una realidad cotidiana que, como afirman Berger y Luckmann «se organiza alrededor del aquí de mi cuerpo y el ahora de mi presen15


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te…»; «realidad de la vida cotidiana [que] no se agota por estas presencias inmediatas, sino que abarca fenómenos que no están presentes aquí y ahora». (Berger, P. y Luckmann, T., 1979, pág. 36). Así pues, la frustración solo puede surgir a partir de algo que se espera de la realidad cotidiana, presente o futura, pero que finalmente no llega, no se logra alcanzar, conseguir o realizar. La frustración es pues una vivencia de fracaso, de no consecución de lo que se esperaba, de perjuicio e injusticia (real o imaginada), que, desde el enfoque psicoanalítico, se produce a partir de la experiencia o vivencia de que un obstáculo exterior o interior impide la satisfacción de los impulsos instintivos internos del individuo o de los deseos elaborados. Desde un modelo explicativo del comportamiento y la conducta humana que tiene su raíz en el aprendizaje, la frustración puede ser entendida como una variable o factor que interviene en la motivación, sistema más complejo de la estructura cognitiva que controla y dirige la conducta, que se adquiere con la experiencia y es más cognitiva que impulsiva. Esta frustración –así entendida– se puede evaluar, como habitual tendencia reactiva, por la ausencia de refuerzos positivos que se esperan durante los procesos de aprendizaje. La cual puede generar, además, 16


y en función de los elementos ambientales con los que se relaciona, un incremento de la impulsividad –o energía emocional– de signo negativo, violento y agresivo. En ocasiones dirigido hacia lo exterior y en ocasiones dirigida al sí mismo, a veces de manera evitativa, pasiva o mediante otro tipo de reactancia emocional, de diverso signo y naturaleza. Como vemos, la definición de frustración puede ser aún más amplia, dependiendo del esquema epistemológico del que partamos para explicarla.

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Ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosas las personas que se plantean las cuestiones fundamentales de la Existencia: ¿Tiene sentido la Vida? ¿Para qué vivimos? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal y de la muerte, que, a pesar de tantos progresos, subsisten todavía? Ante estas y otras cuestiones similares, este ensayo explica qué es la Frustración existencial y cómo se opone la Resiliencia (resistencia) que le enfrentamos cuando nos vemos abocados a ella. Sugiriendo la necesidad de un nuevo paradigma en Psicología, capaz de explicar la conducta humana desde el conocimiento y la aceptación de los fenómenos del espíritu (y el alma) que subyacen en cualquier comportamiento individual y social. Frustración existencial y Resiliencia. Se-

789502 788418 9

ISBN 978-84-18789-50-2

ducidos por la Vida y la Muerte.

mirahadas.com


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