Revista INDUSTRIA LECHERA, septiembre 2016.

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EDITORIAL

LECHER¸A, UN NUEVO PUNTO DE PARTIDA La cadena productiva láctea requiere, como pocas actividades, un manejo ajustado de un sinnúmero de variables interrelacionadas. Siempre se ha dicho que el tambo es agricultura más ganadería. Su complejidad creciente y la búsqueda de la escala y competitividad necesarias para lograr la sustentabilidad en sentido amplio, obligan a sus protagonistas a atender cuestiones cada vez más específicas. Con ese telón de fondo, de índole estructural, en los últimos años varios de los factores de mayor incidencia sobre el desempeño de la cadena se fueron desalineando. En orden cronológico, comenzamos por un rosario de políticas desacertadas que como no podía ser de otra manera derivaron no sólo en un estancamiento secular que nos cuesta romper, sino que además le impidieron al sector hacer un „colchón‰ para enfrentar los tiempos de vacas flacas que inevitablemente llegarían tras la burbuja de precios generada principalmente por el protagonismo excluyente de China. El derrumbe del mercado internacional, iniciado allá por 2014 como consecuencia de un creciente desajuste entre una oferta desbocada que respondía al ciclo previo de precios elevadísimos y una demanda en franca retirada, se ha presentado como uno de los más persistentes de los últimos tiempos. En el plano doméstico, la crisis internacional impactó de lleno ante la ausencia de redes de contención y diseños institucionales que ayudaran al menos a morigerar los efectos negativos sobre la producción y la industria. Fue el período del sálvese quien pueda, tan argentino, que aún hoy estamos transitando. El cambio de signo político producido a partir de diciembre de 2015 abrió un compás de espera optimista, tanto a nivel general como sectorial. En este último, las primeras medidas adoptadas dejaron una sensación agridulce: la ansiada eliminación de los derechos de exportación (entre otros, a los lácteos y a los granos) y la unificación del mercado de cambios, generaron que los costos de producción primaria se elevaran un 20% entre diciembre y enero. El desacople entre precios y costos que venía creciendo, se transformó en traumático para los productores. En ese escenario de por sí complicado, el factor climático asestó el golpe de gracia sobre la cadena, con inundaciones que no registraban antecedentes cercanos y diezmaban las principales cuencas lecheras del país. Resulta muy difícil aventurar hoy lo que hubiera sucedido con los componentes de la oferta y la demanda, y consecuentemente con los pre-

cios relativos dentro de la cadena en ausencia de este desastre climático. Lo concreto es que, como veremos en el informe de coyuntura de esta edición, el cimbronazo de abril reacomodó rápidamente las piezas del balance lácteo y ante el desplome de las cantidades los precios se ajustaron con fuertes recuperaciones, especialmente a nivel del tambero. A nivel político, aquella circunstancia movilizó al Gobierno Nacional y a los de las provincias lecheras que ofrecieron una batería de medidas de apoyo económico y financiero que aún hoy se sostienen, aunque están en franca disminución. En este punto del camino, en el que ya se han dado algunas correcciones pero aún persisten los desequilibrios, asoman tímidamente algunas señales auspiciosas. Por un lado, las condiciones climáticas se están „acomodando‰ lentamente y llevan a pensar que de ahora en adelante por lo menos no serán un factor desfavorable para la producción. En el frente internacional, las últimas licitaciones de Fonterra –la principal referencia del mercado- han arrojado una suba acumulada en el último mes del orden del 25% en las cotizaciones de la leche en polvo entera, nuestro principal producto de exportación. Si bien los valores que se proyectan para el segundo semestre de este año no compiten ni por asomo con los del mercado doméstico, ponen un „piso‰ de precios para la primavera que es superior al que se preveía pocos día atrás. Con una ruta más despejada, nos queda ahora abordar sin demoras y de manera seria el enorme desafío de mejorar nuestra competitividad en toda la cadena. El aumento sostenido de la inversión en aras de una mayor productividad serán claves en la reducción de los costos, en la generación de empleo genuino y en un sano equilibrio entre oferta y demanda que terminarán definitivamente con el falso dilema mercado interno-exportación. En el eslabón primario resulta imperioso hacer un replanteo estructural de los sistemas actuales de producción, especialmente en el área Pampeana, que le permita al tambo competir por el uso del suelo con otras actividades con posibilidades de éxito. En la industria son necesarias cuantiosas inversiones en modernización de las plantas destinadas a aumentar la productividad. También se requieren profundas mejoras en las áreas de logística de recolección de leche y de distribución de productos terminados. En síntesis, ante este cambio de escenario nuestra lechería enfrenta un nuevo punto de partida.

Ing. Agr. Miguel A. Paulón Presidente Centro de la Industria Lechera INDUSTRIA LECHERA - AGOSTO 2016| 1


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