Documento Comisión Ciencia y Tecnología

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Documento Comisión Ciencia y Tecnología La ciencia y la tecnología son dos de los aspectos más importantes para dimensionar el crecimiento y desarrollo de un país. Ambas, íntimamente ligadas, contribuyen no sólo a la generación de mano de obra calificada, sino también a la industrialización y, mediante la creación federal de centros de estudios, al progreso de poblaciones enteras. Fue recién en 2003, con la asunción de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación, cuando volvió a invertirse con decisión en ciencia y tecnología en Argentina. En el año 2007, Cristina Fernández de Kirchner dispuso la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, dando un paso más allá y jerarquizando el área a nivel ministerial, reforzando de este modo el carácter de política de Estado y la importancia para nuestro futuro. El Ministerio se erige como el primer centro de gestión, producción y divulgación pública del conocimiento en América Latina. Esta concepción ha sido mencionada por nuestra Presidenta en muchas ocasiones, de las cuales destacamos la que realizó en ocasión de la entrega de los Premios Houssay a la investigación científica en agosto de 2010: “El gran desafío que nos hemos planteado desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva no es el desarrollo de la ciencia y la tecnología como algo aislado de la sociedad, sino que apostamos a que la sociedad asuma a sus científicos y científicas como una parte vital para su desarrollo y crecimiento”. El interés por la ciencia y la tecnología no es novedoso para el peronismo. En 1950 Juan Domingo Perón creó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y en 1951 con el lanzamiento del Segundo Plan Quinquenal, los avances en la matriz productiva permitieron consolidar el proceso de sustitución de importaciones, quedando de manifiesto la importancia estratégica de la ciencia. Pero quizás el principal aporte de los primeros gobiernos peronistas fue sin duda la creación, también en 1951, del Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas (CONITYC), verdadero antecedente para la creación en 1958 del CONICET. Cuando hablamos de la relación de la ciencia y el peronismo encontramos una diferencia muy grande entre lo que ocurrió en el centenario y lo que vivimos en el bicentenario. Mientras en el primero la ciencia era considerada como un atributo propio de la cultura, y lo que se perseguía era brillar en el extranjero exaltando la figura del científico, la ciencia que el peronismo instala en el país es la del desarrollo tecnológico, la del trabajo en equipo, la de la universidad como herramienta de inclusión social. Es el peronismo el que hace de la planificación un instrumento organizador del futuro: los actuales planes estratégicos encuentran sus raíces en los planes quinquenales. Este nuevo impulso a la ciencia y tecnología en nuestro país está dando sus primeros frutos, sabiendo que muchos de los resultados los veremos en un tiempo, ya que sus desarrollos necesitan de maduración. El año pasado se inauguró la primera etapa del Polo Científico Tecnológico, una estrategia de desarrollo que involucra un crecimiento federal con obras lanzadas y por realizarse en muchas de las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Muchas de estas acciones se plasman en el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología (COFECYT) que se implementa desde 2004.


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