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Reseñas
Si uno escucha la voz de Luis Miranda puede que lo reconozca. Al menos, si ha visto programas dominicales como Cuarto Poder. Porque él, aparte de haber escrito para distintos medios escritos, elabora particulares reportajes, desde hace varios años, para ese programa.
En este libro, publicado en el año 2008 (y que tendrá una pronta reedición de manos de la editorial Colmillo Blanco), Miranda reunió sus crónicas, escritas con su particular estilo, con juegos de palabras ingeniosos y desde una particular visión. Una mirada que tiene a lo marginal como núcleo. Miranda brinda un acercamiento a personajes tan disímiles como el expresidiario (convertido en un destacado artista) LU.CU.MA; el barrista de Universitario conocido como ‘Misterio’; un grafitero que retrata a los muertos en balaceras en el Callao; un excachascanista; los travestis que salen en la procesión de la Virgen de la Floral; los perros que compiten en desfiles de belleza (en “Festival de canes”) o un naturista que predica la urinoterapia (en “Mi rubia está buenísima”). Breves, con sabor a jerga y calle, en las crónicas se aprecia (por esa destacada manera que tiene de utilizar los cinco sentidos en sus descripciones para hacernos partícipes de lo que cuenta) la labor reportil. Cuando narra, inyecta energía. Va directo a la vena. Prueba de ello es este fragmento, sacado de su escrito sobre la movida de la música tecno en Comas: “la danza suele cifrar el deseo de fuga de una realidad demasiado mezquina si vives en un cerro y tu padre no tiene el dinero suficiente para mandarte a estudiar. Entonces se te puede ir el tiempo mirándote en el espejo para saber quién mierda eres, un bailarín excelso o un pobre diablo sin futuro”. Para qué más. //
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En la producción de Ricardo Sumalavia hay un afán por lo extraño (desde sus microrrelatos hasta su bitácora No somos nosotros). En esta novela, se mantienen sus intereses. Historia de un brazo empieza con el protagonista recibiendo una llamada de su hijo informándole de la muerte de su padre, un hombre que tiene la particularidad de haber nacido con un tercer brazo en el pecho (en un flashback, narra el origen de aquella malformación: “En el vientre de mi madre me fui comiendo a mi hermano. Tuve varios meses para hacerlo. Lo devoré casi por completo, pero no me dieron tiempo para comerme su brazo”). A pesar que la trama gira en torno a cómo el personaje tiene que asimilar el duelo, Sumalavia adopta un tono risueño, incluyendo a personajes estrafalarios. Historia de un brazo es también una indagación sobre los recuerdos y los secretos familiares. En una escena, el protagonista recibe un correo electrónico que lo llevara a desarrollar una pesquisa que tiene mucho de novela de detectives. Durante el camino, irá topándose con aspectos ocultos de la vida de su progenitor. Hay muchos libros donde el tema del padre se desarrolla, pero este se diferencia porque lo hace sin solemnidad, con mucho humor y una trama que, en su mezcla de géneros, resulta un goce. //

La literatura peruana se caracteriza, sobre todo, por su visión realista. Las obras de nuestros máximos exponentes (Vargas Llosa, Bryce Echenique) así lo demuestran. Cuando antes alguno incursionaba en géneros que se alejaban de estos parámetros, la consideración (si la tenía, porque casi siempre era nula) se expresaba con una palmadita en la espalda. Una manera de decir: “Sigue intentando”. Sin embargo, esto ha cambiado. En los últimos años han surgido escritores que arriesgan y a veces son inclasificables. ¿A qué género se inscriben los relatos de Todo es demasiado? Eso es lo de menos. Lo que importa es que Cristhian Briceño ha marcado lo escrito con el sello de lo inusual. En sus cuentos los ambientes pueden ser casi apocalípticas (como en “Timolina”) y tener tramas, en su mayoría, irreales (es el caso de “De Ray para Dorothy” o “Historia de dos paganos”), pero los temas son los mismos que afectan a cualquiera. El que va sobre el impacto que tiene la muerte en un hombre (“Los hangares vacíos”) es uno de los más logrados porque, detrás de esa aparente insensibilidad, se esconde una insólita tristeza. //