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Mickey Mouse
El ratón sin alma

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Visiones underground del roedor creado por Walt Disney.
En un momento de Born Into This, el documental sobre Charles Bukowski, aquel escritor que se dedicó a describir el lado más sórdido de América, su última esposa, Linda Lee, describe el desprecio que su marido sentía hacia Mickey Mouse, el que para muchos es el roedor más adorado del mundo. “No podía concebir que tanto poder estuviera en las manos de una criatura de tres dedos [en realidad tiene cuatro, pero de todas formas no deja de ser escalofriante]. De una maldita criatura que no tiene alma. Que no expresa nada real”. Para William Packard, el editor fundador de una de las revistas de poesía más prestigiosas, uno de los argumentos para publicar a aquel vate borracho que alguna vez había sido un vagabundo en The New York Quartely fue su apoyo a lo que él llamó la “desdisneyficación” del mundo. Porque a Walt Disney, quien aparentaba volver todo lindo y bello, ni siquiera Freud lo pudo prever. Era 1963 cuando, a Bukowski, un corresponsal del Chicago Literary Times le lanzó la siguiente pregunta: —¿Qué influencia cree que ha tenido Mickey Mouse en la imaginación estadounidense? Y la respuesta fue como un derechazo a la mandíbula: —Fuerte. Fuerte de verdad. Diría que Mickey ha tenido más influencia que Shakespeare, Milton, Dante, Rabelais, Shostakovich, Lenin y Van Gogh. Lo que hace que nos preguntemos qué pasa con el público americano. Disneyland sigue siendo la atracción Realismo sucio. En esta página Neal Fox alucina imaginarios encuentros entre Bukowski y Mickey Mouse.
central del sur de California, pero la tumba sigue siendo nuestra realidad. Aquella visión pesimista cortesía del maestro del realismo sucio inspiraría a Neal Fox, un artista británico que plasma pesadillas lisérgicas con tinta. En Sangre de los Pervertidos, por ejemplo, los personajes animados de las infantiles historias de Disney, yacen abatidos, sangrando. En Barflies, Bukowski abraza a Minnie en un bar, mientras Mickey está inconsciente. Una escena que parece sacada de Sin City. También Keith Haring, un artista que se dedicó a intervenir las estaciones de tren con sus dibujos y murió de sida, se vio atraído por Mickey. Lo dibujó desde niño, cuando soñaba con trabajar en el estudio Disney, en sus libretas escolares. A su amigo Andy Warhol, otro artista fascinado por lo pop, lo transformó en un híbrido de ratón: el resultado de esa mezcla es Andy Mouse. A través de ese homenaje se permitía juntar a dos iconos, personajes tan reconocibles como la botella de CocaCola o Marilyn Monroe. O como el billete de dólar, símbolo máximo del capitalismo. Por cierto, Warhol dijo alguna vez que su personaje favorito era Minnie “porque ella me permite estar más cerca de Mickey”. Otro que se atreve a jugar con el lado malsano del personaje es Banksy. En uno de sus más famosos trabajos Mickey Mouse y Ronald McDonald —los más ilustres agentes del neocolonialismo— toman de la mano a una niña que ha sufrido por el napalm. El grupo anarcopunk Subhumans pone la banda sonora. En su primer disco, The Day the Country Died, una canción de menos de tres minutos es suficiente: “Mickey Mouse Is Dead”, con su tono paranoico, es una brutal muestra. En la violenta letra se cuenta que dos niños han matado a Mickey Mouse y se menciona que su padre está en la cárcel y su madre no tiene dinero. Esa es la dura realidad, una realidad que Disneyland, como simulación de mundo perfecto, inmaculado, donde no existe el crimen, no puede (aunque quiera) esconder. Porque puede que Mickey Mouse haya sido el incitador de muchas fantasías, pero también de ingentes pesadillas. Recuérdalo cada vez que veas su, en apariencia, inocente figura. //


Warhol en versión Haring (izq.). Arriba: ilustración de la canción punk. Abajo: Napalm, de Banksy.
