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Alfred Hitchcock y Tippi Hedren

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George Best

George Best

Alfred Hitchcock, genio perverso

Tippi Hedren, protagonista de Los pájaros, al rechazar los coqueteos del cineasta, firmó su sentencia. Tendría que soportar ataques de aves reales durante varias jornadas. El director, así, reveló un lado oscuro, capaz de trasladar el terror que transmitía en sus cintas a la vida real.

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Alfred Hitchcock — aquel que dijo que “un buen drama es como la vida, pero sin las partes aburridas”—, el cineasta que hizo del suspenso su alimento, fue una personalidad compleja. Un hecho que influenciaría su manera de trasladar el miedo fue cuando de niño lo llevaron a prisión. “Cuando tenía solo seis años, hice algo que mi padre consideró que merecía un castigo. Me envió a la comisaría de policía con una nota. El agente de servicio la leyó y me encerró en una celda durante cinco minutos después de decirme: Esto es lo que les pasa a los niños malos”, le comentó a Francois Truffaut en una conversación incluida en El cine según Hitchcock. La anécdota sería trasladada con variaciones en distintas tramas de su filmografía. En Falso culpable se le acusa a un hombre de haber cometido un delito que nunca cometió. En Con la muerte en los talones y en Los 39 escalones, los protagonistas se ven inmersos en situaciones que provocan huidas desesperadas cuando son confundidos con otras personas. Situaciones de absurdo kafkiano. “Probablemente durante mi estancia con los jesuitas el miedo se fortaleció en mí. Miedo moral a ser asociado a todo lo que está mal”, diría sobre sus sentimientos de culpa. ¿Se habrá arrepentido en algún momento del daño causado en pos de lograr cintas que son obras maestras? Porque él dijo en algún momento que “los actores son como ganado”. Y vaya que lo puso en práctica. Cuando le tocó dirigir a la actriz Tippi Hedren —una rubia que tenía entonces 31 años y que había visto en un comercial de una bebida dietética— en Los pájaros, luego de los rechazos de ella ante sus constantes acosos, quiso eliminar las aves mecánicas por animales de verdad. Fue así que la actriz quedó a merced de los caprichos de Hitchcock. Durante cinco días, el director la encerró en una habitación donde una decena de aves la atacaron. Hedren terminaba magullada, cubierta de excremento y sangre producto de los repetidos picoteos de cuervos, gaviotas y palomas. respuesta del galeno. La relación que había en esa época entre los directores y los actores era una jerarquía que no se podía sobrepasar, sobre todo si eras una actriz en ciernes. Tippi Hedren había firmado un contrato de exclusividad con Hitchcock y tendría que protagonizar otra película —Marnie, la ladrona— bajo la batuta de él. En el set, Hitchcock se ponía celoso cuando se acercaba a otros hombres involucrados en la producción. Llegó a prohibirle, incluso, cualquier acercamiento corporal con otra persona que no fuera él y se ponía de malhumor cuando conversaba de manera animada con sus coprotagonistas varones Rod Taylor y Sean Connery. “Cuanto más me enfrentaba a él, más agresivo se volvía”, contó Hedren. Ella tuvo que esquivar sus reacciones violentas con frecuencia. Según el libro El lado oscuro del genio de Daniel Spoto, la obsesión de Hitchcock llegó a tal punto que en Marnie, la ladrona incluyó una escena que no estaba dentro del guion —motivo por el cual el guionista Evan Hunter, que no quiso añadirla, fue despedido—: la protagonista, en la noche de bodas, era violada. Una manera de venganza. De trasladar sus fantasías incumplidas a la realidad cinematográfica. Cuando Hedren, harta de los maltratos psicológicos, lo llamó “cerdo gordo” selló su destino. Lo hizo en frente de todo el equipo de producción después de que el cineasta le negara viajar a Nueva York para conceder una entrevista. Después de esto, Alfred Hitchcock la marcaría de por vida: no conseguiría más papeles destacables. “He convertido en una misión demostrar que él arruinó mi carrera, aunque nunca le di el poder de arruinar mi vida”, diría ella. En la actualidad, es probable que Hitchcock hubiera sido condenado frente a la opinión pública por su erróneo comportamiento. Pero nos hubiéramos quedado sin extraordinarias películas. ¿Hay que sentir culpa por pensar eso? //

Me too. En sus memorias Hedren relata el acoso sufrido por parte del cineasta. Sometida a sus caprichos, un pájaro por poco le quita un ojo. “He convertido en una misión demostrar que él arruinó mi carrera, aunque nunca le di el poder de arruinar mi vida”, diría ella.

Hitchcock, como si sintiera un placer perverso después de verla siendo atacada, ordenaba que se repitieran de grabar las escenas una y otra y otra vez. “Uno de los pájaros que estaba atado a mí, saltó de mi hombro a mi cara y me arañó el párpado inferior”, contaría la actriz en su libro autobiográfico. Casi pierde un ojo. El infierno continuaría. Luego de una intensa grabación, un doctor le daría descanso médico, lo que no fue del gusto de Hitchcock. “¿Estás tratando de matarla?”, fue la

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