El desarrollo creciente del conocimiento durante el último siglo, ha hecho de la lectura una herramienta valiosa para la adquisición de nuevos saberes asumiendo desde la perspectiva universitaria, modernas actitudes funcionales y prácticas. La apremiada producción del conocimiento en múltiples idiomas y medios electrónicos, plantean a los estudiantes universitarios y docentes una perspectiva innovadora en el acceso y enseñanza de nuevas literaturas.
Es por ello que los diferentes órganos rectores estatales como el Consejo de Educación Superior (CES) y el Senescyt, exigen a las universidades “…propuestas educativas para formar lectores con un amplio dominio cultural y lingüístico, con capacidad para interpretar discursos diversos que les permitan acceder a la información y a diversas formas de comprensión del mundo” (Vallejo, 2014, pág. 174). Así, es indispensable la vigía a los estudiantes desde su ingreso a las universidades y determinar las competencias lingüísticas y cognitivas.