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UN PSICÓLOGO EN LA ESCUELA
Reflexión
Lic. Luis Ramiro Regalado Chávez Psicólogo de USAER Tizapán 2 de la zona 7 federal de Educación Especial
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Aunque a estas alturas dentro de tantas fechas importantes que se celebran en este mes, pueda pasar inadvertida se encuentra un festejo notable, el día del psicólogo. No es una fecha que genere una festividad colectiva, pero si puede ser aprovechada para invitarnos a la reflexión sobre ésta labor, porque ¿quién no se ha topado con contenido, material y profesionistas de la psicología en algún momento de su vida? El léxico con los tecnicismos, los diagnósticos clínicos y sus pruebas, el análisis de la conducta son ya conceptos que se encuentran integrados a la cultura popular. Y es el psicólogo, un profesionista, que se forma en su criterio y conocimiento para poder ofrecer un servicio centrado en las personas.
No es una introducción típica, pero típica tampoco es la labor y los desafíos que se enfrentan. Me gustaría hacer un ejercicio de mentalización, en el que cada lector se pregunte qué es lo que conoce realmente sobre la labor de un psicólogo, qué conoce de su formación, qué piensa sobre la persona que ejerce dicho título, incluso cuando no lo está practicando. Quizás la reflexión sea más estructurada si enfocamos al psicólogo como eslabón dentro de la enorme constelación que es el sistema educativo. Aunque es curioso cómo, dependiendo del ámbito de trabajo, se desdibuja y se delinea la función del psicólogo; sin más rodeos, diré por ejemplo que cuando estuve practicando en un hospital del IMSS, era referido como “doctor”, tanto para los pacientes como para el personal; en las escuelas se nos refiere como “maestros”, y llega el punto en el que descubres que no tiene caso hacer correcciones porque sólo parece ser una muestra de la “petulancia” innecesaria que poseen los nuevos profesionistas; es decir que no importa que clarifiques si es azul rey, petróleo, celeste, cobalto, al final azul y para qué sirve complicar
se aclaraciones poco prácticas, ¿cierto? Error, lectores, porque no especificar la función hace que por lo tanto no se determine ni los alcances o limitaciones del ejercicio profesional.
En ése sentido, incluso la práctica se dificulta porque, aunque se reconoce la importancia del papel del psicólogo, parece ser más una función política, un deber, como invitar a alguien que no te termina de agradar a tu fiesta sólo porque es familia y quieres evitar el conflicto. Así a veces pareciera ser, que los psicólogos somos los invitados ¿me explico? El licenciado en psicología tiene una formación como ciencia de la salud (aun cuando muchas universidades se empeñan en delimitarla dentro del área de humanidades junto con la formación en Derecho, por mencionar uno), aunque la disciplina no se termina de desvincular de su padre la filosofía. Ése carácter ecléctico demanda entonces la especialización del psicólogo porque ni podemos con todo, ni sabemos todo. Especializarse ayuda a conocer nuestros límites y así ofrecer un servicio claro; y también en un sentido existencial el conocer el límite invita a buscar y encontrar maneras de superarlo, como lo es poseer colegas que amplíen el repertorio de atención y no permitan derivar o lo más importante, no dejar de formarse profesionalmente.
Luego está el ambiente laboral, centrándonos en el área educativa, en la que nos encontramos con ciertas dificultades pues, aunque nos reconocen como maestros, no lo somos en un sentido formativo. Tenemos nociones de pedagogía, es cierto, y pasamos semestres aprendiendo de la psicología evolutiva y del desarrollo del niño; pero en últimas instancias el psicólogo no es un normalista, somos licenciados. Eso quiere decir que tenemos licencia para ejercer un conocimiento que se nos ha inculcado con un criterio profesional. Al ingresar al servicio docente, no recibimos, «no recibí» capacitación laboral sobre los “formatos”, documentos que estamos conociendo en ése momento y que se espera de nosotros manejemos como profesionistas. Claro que aquí entra el desarrollo personal de cada uno y también poseemos especializaciones educativas (existe la formación específica Psicología Educativa como licenciatura), pero nos estamos perdiendo el detalle de que, no fuimos capacitados durante más de cuatro años para ejercer una función específica como maestro si no de psicólogo. Sería una falacia generalizar ésta situación pues siempre han existido y existirán compañeros altamente competentes, pero creo que es importante señalar ése punto. No por nada los colegas con los que conviví durante la elección de plaza comentaron y se enfrentaron a una realidad parecida que me permito bosquejar en lo anteriormente escrito.
Ahondando un poco en la situación, vuelve a surgir el recuerdo y la mención de aquellas personas que toman actitudes, acciones y conclusiones que le corresponden al psicólogo, por ejemplo, ¿a cuantas personas se han encontrado antes utilizando términos como “proyección”, “negación”, “trauma” y el infaltable “psicoanalizar”? sin olvidar también las menciones peyorativas como “loquero” (créanme, existen personas que aún lo dicen) o “psicoloco”. No por leer un artículo en Muy interesante o páginas sensacionalistas de Facebook vas a conocer el panorama completo, vaya, incluso aquellos que repiten lo que leen en cadenas de Whatsapp están cometiendo el mismo error. El psicólogo no va a aconsejar, no va a leer la mente, no va a anticiparse a todas las reacciones, no es ajeno a su propia naturaleza como humano. Así que no por ponerte a decir “verdades” a otras personas en plan “performance” como actor de El Mentalista, Lie to me, Criminal Minds o incluso protagonista de “House” vas a generar un resultado positivo ni estas atendiendo al tiempo y proceso de las personas. «No lo hagan, es embarazoso.» Si lo que vas a decir no ofrece la oportunidad a quien te escucha de volverse una mejor persona, no lo digas; recordemos que el peor consejo es el que se dice sin ser requerido. Confrontar no es terapéutico si no se conoce como cerrar y concluir. Consolar siempre, no es sano pues no permite afrontar e instigar a que las personas se “abran” sin atender a los recursos y capacidad que pueda tener en ese momento es siniestro. De Freud aprendí que toda interpretación fuera de un análisis, es una agresión. Ignoro si esta es una situación general, pero si es algo en lo que en hemos coincidido entre colegas de círculos cercanos e intermedios; incluso hay académicos que han desarrollado lo anterior de una manera más disciplinada y estructurada.
Trabajo en educación especial, donde el nombramiento del psicólogo dice Maestro Psicólogo Orientador Para Educación Especial y aunque se resalta la cualidad de orientador, la labor realizada se acerca más a
la docencia. Con esto me refiero a una situación general a la que nos enfrentamos en Educación Especial, el volvernos una respuesta inmediata ante las contingencias de todo tipo que surgen en la escuela, aun cuando no necesariamente sean la función que nos ocupa. Pasa a los docentes de apoyo, a los de lenguaje y audición, a los trabajadores sociales, y también a los psicólogos. Un ejemplo: si el niño llega llorando, llamen al psicólogo para que lo calme. Si hay niños que se cortan, llamen al psicólogo. Si está decaído llamen al psicólogo. Si no vienen, si no quieren trabajar. El punto es que existen lineamientos de intervención específicos pero que al ser desconocidos no se saben seguir, y por mencionar un caso, si el docente o directivo del plantel sugiere que se brinde atención terapéutica al alumno dentro del plantel y el psicólogo menciona que no debe de realizar ésa intervención, no siempre entienden que a) las funciones en educación se enfocan a situaciones pedagógicas y b) esos casos se deben canalizar a instancias especializadas en la atención terapéutica. Aunque siendo realistas tampoco podemos ignorar al elefante, la labor de los compañeros docentes dentro del aula es de por sí bastante complicada, ellos son guerreros que se enfrentan a las adversidades, llamadas barreras, que cada uno de sus alumnos presenta (recordemos aquellos grupos con más de treinta niños), no se pueden duplicar, pero aun así deben dar respuesta. Esto es complejo y desgastante, es normal que se preocupen y hasta que se sientan sobrepasados ante la masificación de contenidos, por mencionar un ejemplo.
Ahora se puede notar que surgen términos que toman fuerza y se usan para toda situación; podemos mencionar la frecuencia de la etiqueta de “hiperactividad” o el aumento de “autismo”, vaya, no hay que mencionar “bullying”, o lo último, “inclusión” términos que no se terminan de conocer, diagnósticos que pueden asustar y la idea es poder brindar un apoyo, solución o sugerencia que resuelva la situación. Aún encuentro madres preocupadas que piden que se atienda a su hijo porque se está portando mal, pues escucharon que debían llevar a su hijo con el psicólogo y uno es el primero y/o único psicólogo que conocen en ése momento. Es entendible. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos.
Desde los inicios de la formación universitaria, tuve presente una frase que compartió un maestro psicólogo, el psicólogo debe ser un instrumento de cambio. En cualquier lugar en el que desempeñe, es su máxima aspiración. «Es mi máxima aspiración» Vamos, tú que lees esto seguro también posees esa aspiración en algún lugar de tu ser, y eso ennoblece la lucha que haces cada día… Pero retomando el hilo que seguíamos, es tan compleja la labor como gratificante, aunque ésta no sea inmediata. No siempre nos tocará ver los resultados de lo que trabajamos, pues a veces pulimos las piezas sólo para que puedan embonar mejor, aunque a nosotros no nos toque embonarlas. Van a pasar meses, años, y en ocasiones el cambio se manifestará cuando ya no somos recordados por el niño. Y allí está la vocación, pues eso no nos detiene, sino que nos alienta. Siempre me maravillo al pensar en lo que los alumnos pueden volverse y lo que ya no van a ser, gracias a que una persona, muchas personas, entraron y salieron de su narración personal.
Así que, para concluir el psicólogo es un profesionista más, con retos, pero también con aspiraciones y metas que desea lograr, que necesita creer en que todo individuo puede cambiar siempre y cuando esté dispuesto a hacerlo. Tomemos este 20 de mayo día del psicólogo como espacio para incentivar a reflexionar y compartir experiencias y tú, dime, ¿cómo es ser un psicólogo en escuelas?