Transformación organizacional

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Capítulo 1. La universidad

La universidad, como gran institución de educación, nace en la Edad Media como una necesidad de la época y estuvo influenciada por la política y la religión desde sus inicios. Si bien su desarrollo ha sido formidable a lo largo de la historia, sus raíces primigenias siguen alimentando la universidad hasta el día de hoy. Al respecto Alfonso Borrero Cabal comenta: [...] en la historia de las instituciones superiores de educación aparecidas en la Edad Media, subyacen las razones seminales, de cuanto las universidades siguieron siendo y son, y de su deber ser en el futuro. La universidad no es un acontecer cumplido y ya pretérito. Es hechura histórica; y no obstante pérdidas y desgastes, acomodos y enriquecimientos en los trechos del camino, la universidad aun demuestra trazas de los rasgos primigenios. El concepto de universidad no es una idea absoluta de especulativa construcción, ni factor eterno e inmutable de la vida social. Es un devenir solo explicable con ayuda de la historia (2008: 31).

Hoy, el término “universidad” se entiende como institución que enseña en el nivel superior, es decir, posterior a la secundaria; así, un estudiante que finaliza su bachillerato puede ingresar a la institución de educación superior para adquirir los conocimientos o competencias en términos de una carrera profesional; allí mismo adquieren los conocimientos para especializarse, obtener una maestría, un doctorado o un posdoctorado. El término “universidad” también se ha entendido tradicionalmente como una comunidad que gira en torno al conocimiento y este depende estrechamente de ciertas formas de comunicación. Al respecto, el profesor Antanas Mockus afirma: […] la universidad es un mundo donde conocemos y comunicamos de una manera en principio bastante diferente de la manera en que se dan la comunicación y el conocimiento fuera de la

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universidad (aunque es innegable que una serie de prácticas extra-universitarias se encuentran cada vez más permeadas por las formas de conocimiento y comunicación propias de la Universidad). […] el secreto de la universidad es el entreveramiento entre acción comunicativa discursiva, tradición escrita y reorientación o reorganización racional de la acción humana. […] se trata de una modalidad de comunicación que privilegia la discusión argumentada, vinculándola orgánicamente tanto a la tradición escrita como a la posibilidad de organizar o reorganizar la acción desde un punto de vista racional. Aquí racional quiere decir, basado precisamente en la acción comunicativa discursiva, en la tradición escrita y en la elaboración de lo que se ha aprendido en los intentos previos de reorientar o reorganizar acciones semejantes (1999: 30).

La tradición tiene una estrecha relación con la universidad, pues a partir de ella se crea el debate y la construcción de conocimiento; la investigación, por ejemplo, rompe muchas veces con la tradición y en ese sentido se da la dinámica entre tradición y ruptura, que logra una dinamización del conocimiento y una liberación o emancipación de los estudiantes. Para Vargas Guillén: Acaso sea imposible pensar la universidad sin sus fuertes relaciones con la tradición, pero, al mismo tiempo, es en ella donde se crean las condiciones para la ruptura. La universidad es espacio para la simbiosis de tradición y ruptura. Y tal simbiosis se despliega en el ejercicio de la memoria; en la incorporación de lo experimentado y vivido por generaciones, para debate actual, en función de un horizonte de sentido (2010: 11).

El Congreso de Colombia legisló, según el artículo 19 del capítulo IV de la Ley 30 de 1992, acerca de lo que son las universidades; al respecto, dijo: Son universidades las reconocidas actualmente como tales y las instituciones que acrediten su desempeño con criterio de universalidad en las siguientes actividades: la investigación científica o tecnológica; la formación académica en profesiones o disciplinas y la producción, desarrollo y transmisión del conocimiento y de la cultura universal y nacional. Estas instituciones están igualmente facultadas para adelantar programas de formación en ocupaciones, profesiones o disciplinas,

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programas de especialización, maestrías, doctorados y postdoctorados, de conformidad con la presente Ley (Congreso de Colombia, 1992: 3).

La universidad está integrada por los estudiantes o alumnos que son llamados escolares debido a que la universidad en la Edad Media nació de las escuelas. La palabra “escolar” significa, en griego, tiempo de ocio, ya que para los griegos trabajar era el tiempo que se dedicaba a obtener los elementos para la subsistencia de la familia, en cambio el tiempo escolar era para dedicársele a la teoría y a la contemplación. Así, para Cayetano Betancur: […] está pues la universidad tan vinculada con la inteligencia y los menesteres de este orden, que suena a contradicción el que hoy hablemos de universidades industriales, obreras, artesanales, etc. Pues el que concurre a una universidad no puede hacerlo en otro papel que en el intelectual, así su labor cotidiana y su subsistencia se radiquen en humildes quehaceres extraños a la contemplación desinteresada (2009: 71).

A continuación, realizaremos un recorrido breve por la historia de la universidad desde su nacimiento, la influencia de la religión y la política y el desarrollo en Colombia.

Breve reseña histórica de la universidad en Colombia Entender el nacimiento de las universidades nos remonta al estudio de la Edad Media -finales del siglo xii-; las universidades se acomodan a los aspectos políticos, sociales, económicos, científicos, que en sus ires y venires han ido trazando su camino; hoy todavía persisten algunos rasgos de dicha época. Durante la Edad Media la educación estaba imbuida de un eminente carácter religioso, que fue su vector principal. Además, existió un monopolio de la Iglesia sobre los cargos políticos y culturales, como es el caso de los rectores o cancilleres y los magísteres o profesores de escuelas y universidades. Los estudios que allí se emprendían versaban sobre asuntos generales, studium generale, de allí su universalidad, espíritu que inspira aún hoy en día a las universidades. Para Borrero: Y aun aceptado el papel apabullante de la fe cristiana en la mente medieval a diferencia del hombre moderno menos influido por

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consideraciones religiosas, el examen del pasado nos muestra cómo y por qué las ideas modernas son apenas en apariencia diferentes. El esfuerzo intelectual nos convencerá del origen de muchos invariantes, sólo de cuños un tanto diversos, conservados en la universidad de hoy (2008: 33).

Es importante mencionar el nacimiento de las universidades para darse cuenta de realidades que tal vez no imaginamos, como por ejemplo, saber que la universidad moderna se fundamenta en raíces medievales. Mucho de lo que se vive y piensa en las universidades contemporáneas tiene un fundamento muy antiguo, pues de allí venimos. A finales del siglo xii aún no se hablaba de universidades sino de congregación de maestros. A partir de ese siglo se inicia un proceso de asociaciones, aspecto que es natural y fundamental en el ser humano; dichas asociaciones se formaban de acuerdo con un conocimiento o interés común, a saber: el trabajo, el conocimiento, la fe, entre otros. Los maestros de estas asociaciones o congregaciones atraían estudiantes de diferentes partes del mundo buscando desarrollar un movimiento “universal”, generando con ello la evolución de las universidades del Medioevo. En Inglaterra se unían los grupos sociales para contratar a un maestro y así responder a sus necesidades sociales y de transmisión del conocimiento; de esta manera se fueron creando instituciones, escuelas privadas, que, dada la enorme influencia de la religión católica, eran dirigidas por los clérigos. Borrero menciona en los apartes del capítulo I de su texto La universidad. Estudios sobre sus orígenes, dinámicas y tendencias: “Pero la mayor novedad en el siglo xii consistió en la aparición de las escuelas livres o privées, abiertas por maestros independientes y sostenidas en lo esencial con los honorarios pagados por los alumnos, previo contrato, sin duda verbal, convenido entre las partes” (2008: 73). Las universidades empezaron a cobrar importancia; su vocación era esencialmente distribuir el conocimiento y afianzar los procesos investigativos, que a principios del siglo xix se declararon como uno de los procesos esenciales de las universidades y un soporte fundamental de la docencia y la academia en general para el desarrollo de la calidad del proceso formativo. Más adelante, aproximadamente en el siglo xx, aparecerá la educación no formal como complemento de la academia. El servicio y la extensión a la sociedad en general y a las comunidades locales, son la función de la universidad contemporánea, pero cada universidad las describe a

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su amaño y buen entender, y los legisladores las acogen con variables significados (Borrero Cabal, 2008). En Colombia, a partir del inicio de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, en 1783, con José Celestino Mutis1 y la Expedición Botánica, y con el mensaje del presidente de Colombia Rafael Urdaneta2 en 1830 al Parlamento, en el que alentaba la educación pública, empezó la búsqueda del saber, instalando inicialmente talleres para que se enseñara en forma gratuita un arte u oficio, de acuerdo con las necesidades y costumbres de la zona. A partir de allí se crean, entre los años 1841 y 1847, las escuelastalleres que buscaban la formación vocacional para adultos. Posteriormente nace el colegio militar con el objetivo de formar oficiales especializados en ingeniería, artillería, infantería, entre otras disciplinas. Estas escuelas fueron calando en zonas como Antioquia, dando lugar en 1867 a la creación de la Universidad Nacional, enfocada en un comienzo hacia áreas como las artes, la medicina y el derecho, pero que más adelante crecería en otras disciplinas como la ingeniería, las ciencias naturales y las artes y oficios, muy influenciada por el señor Pedro Justo Berrío,3 quien buscaba, por demás, formar artesanos que ayudaran al crecimiento de la región. La Ley 39 de 1903 organizó el sistema educativo en lo que hoy se conoce como educación primaria, secundaria y profesional; sin embargo, el propósito inicial era diferente de lo que hoy en día se tiene en estos niveles de educación, pues la primaria se enfocaba principalmente

José Celestino Mutis fue un científico español que viajó al Nuevo Reino de Granada, lo que hoy conocemos como Colombia. Fue un médico estudioso de la botánica y en 1783 participó como director de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, que duró treinta y tres años. Mutis falleció el 11 de septiembre de 1808 en Bogotá y dejó grandes contribuciones a la ciencia, a la salud y a procesos industriales como la minería de la plata.

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Rafael Urdaneta fue presidente de Colombia en 1830, luego de destituir al presidente Joaquín Mosquera. Fue presidente del Congreso en 1822 y asistió al Congreso Admirable en 1830 donde se buscó solucionar los problemas de Colombia y tratar de unir nuevamente a la Gran Colombia; aprobó la constitución de 1830 que sirvió de modelo para las constituciones posteriores.

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Pedro Justo Berrío fue gobernador de varios municipios de Antioquia y en 1964 presidente del Estado Soberano de Antioquia. Fue la representación del conservatismo del siglo xix , promovió la educación y llevó a Antioquia a ser uno de los departamentos con mayor crecimiento económico del país. Asimismo, creó el Banco de Antioquia y logró el reconocimiento del gobierno federal.

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a aspectos industriales, comerciales y agrícolas, la secundaria a elementos técnicos y preparación para la profesionalización, y finalmente, la educación profesional se orientaba a la enseñanza de las matemáticas e ingeniería civil. En 1906 se creó el Instituto Nacional de Artesanos, que buscó promover la educación básica primaria en horarios extremos –nocturno–; posteriormente, esta educación fue ascendiendo al nivel secundario como una nocturna. Más adelante se crea la Universidad La Gran Colombia y luego nacen otras instituciones como la Universidad Industrial de Santander en 1947, que apuntaba a la enseñanza tecnológica; en 1960 se crea la Universidad EAFIT, orientada en sus inicios hacia las ciencias económicas y sociales. Así mismo se crean la Universidad Francisco de Paula Santander, la Tecnológica del Chocó, entre otras (Borrero Cabal, 2008). Para entender el concepto de universidad en Colombia y en el mundo, es necesario recurrir a sus raíces. Para este propósito abordamos el concepto Universitas y su relación con la formación de la sociedad.

Universitas La palabra Universitas proviene del latín; compuesta por unus (unidad) y verto (volver), ambas raíces se integran para significar la unidad de diversos elementos, entre ellos las personas; por ello universitas se le puede denominar a un colectivo social no uniforme. Desde el Medioevo, las universidades han utilizado el carácter de asociación como medio para identificarse como instituciones sociales, para protegerse como academia frente a poderes políticos y religiosos. Por su naturaleza institucional, sociológica y corporativa, desde su nacimiento la universitas fue y sigue siendo piedra clave de la formación ciudadana y del moderno concepto del bien público (Borrero Cabal, 2008). Universitas aparece desde el siglo xii y se denominaba así inicialmente a todo grupo o colectivo que se unía alrededor del saber. Antes de la aparición del término se hablaba de stadium o collegium, también a partir de los siglos xii y xiii, debido a que dichas palabras tenían un significado de amor por las letras. Estos grupos que se interesaban por los distintos tipos de saber, entre ellos los saberes científicos, filosóficos y teológicos, tenían una particularidad y era que lo hacían porque realmente lo sentían; lo hacían con conciencia plena y se sentían orgullosos de pertene-

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cer a un colectivo denominado universitas, compuesto por maestros que enseñaban y estudiantes que aprendían. Hacia fines del siglo xv el lenguaje común universitario había equilibrado el uso de las palabras universitas y stadium para distinguir entre esos grupos o gremios acogidos a la ciencia como campo de su interés permanente. Pero consolidada la institución del saber, de modo espontáneo dominó el uso de la primera expresión. Stadium, en cambio, pareció transferir su significado al ejercicio académico concreto de la institución-universidad, y a denotar la septiforme4 distribución de las artes y los estudios pertinentes a la teología, al derecho y a la medicina (2008: 40).

Educación superior en Colombia y la Ley 30 de 1992 En Colombia, una vez los estudiantes finalizan la educación básica media o secundaria y obtienen el título de bachiller, podrán acceder a la educación superior para estudiar un programa académico que puede ser en los niveles de tecnología, licenciatura, profesional o universitario, conocidos como pregrados, y en los de especialización, maestría, doctorado y posdoctorado, conocidos como posgrados. La Ley 30 de diciembre 28 de 1992, que organiza el servicio público de la educación superior, menciona en su artículo primero del capítulo 1, en los fundamentos de la educación superior, lo siguiente: “La Educación Superior es un proceso permanente que posibilita el desarrollo de las potencialidades del ser humano de una manera integral, se realiza con posterioridad a la educación media o secundaria y tiene por objeto el pleno desarrollo de los alumnos y su formación académica o profesional” (Congreso de Colombia, 1992: 1). Esta ley separa los campos de la educación superior entre técnica, ciencia y tecnología, dando cabida a tres tipos de instituciones de educación superior: las instituciones técnicas, las instituciones universitarias y las universidades. Establece igualmente que son atribuciones de las instituciones educativas, la investigación científica y tecnológica. El Estado en Colombia es el ente encargado de vigilar las instituciones educativas y la calidad de sus programas. Sin embargo, con la Ley 30 de 1992 se buscó incluir en la categoría de instituciones universita Septiforme: que tiene siete formas (N. del A.).

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rias a las instituciones técnicas y las escuelas tecnológicas, aspecto que fue debatido y regulado por algunos decretos y leyes que se promovieron a lo largo del tiempo, debido a la pobre estructuración del concepto de tecnología y ciencia, aplicado a las instituciones mencionadas. Estos intentos legislativos persistían en mantener el concepto de tecnología reducido a sus más ínfimas dimensiones y alturas, para esquivarle sus quilates universitarios (Borrero Cabal, 2008). Entender el concepto de educación superior, implica definir su función primordial –la educación y la formación–, los propósitos que esta tiene y la intención en su proceso de enseñanza, aspectos que a continuación se abordarán.

Educación y formación Uno de los elementos importantes en la interacción entre las personas es que con esta se logra poner en común elementos que ayudan al desarrollo del aprendizaje; la discusión, en un espacio donde haya varias personas que aporten desde su mirada particular, enriquece el conocimiento de todos e invita a la reflexión. Podría decirse que la educación es un proceso mediante el cual se desarrolla, en una interacción entre varias personas, la puesta en común de conceptos y saberes relevantes para el colectivo que interactúa, generando un conocimiento que puede impactar a la sociedad. Esto se puede lograr cuando el colectivo aplica el conocimiento adquirido, como un arte, una disciplina, una actividad, entre otros, en beneficio de su familia, su empresa, su institución, su región o su país. La educación es igualmente, el acto colectivo mediante el cual la sociedad induce en sus miembros y generaciones los valores característicos de la vida civilizada, porque los individuos y las generaciones constituyen la sociedad. Ante este imperativo, la educación no es un fin en sí misma, pues sus proyecciones son eminentemente sociales (2008: 17).

La tarea en este sentido ha sido encontrar formas de educar; de ahí el concepto de didáctica, palabra que viene del griego didasko: enseñar o instruir, y el concepto de pedagogía, del griego paidós: niño; y gogos que significa educación, representando con el término la educación de los niños. Más adelante y en este mismo sentido aparece el término “andragogía”, que viene del griego andros que significa adulto, para referirse

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a la educación de los adultos, elemento muy generalizado o aplicado a las empresas en sus procesos de formación o planes de capacitación y aspecto que, en nuestras asignaturas a nivel universitario en educación formal y no formal, los docentes podrían aplicar, pues es claro que los adultos aprenden de una manera diferente a los niños y al adulto mayor. Por tanto, quien asuma el reto de la enseñanza en los programas donde participan este tipo de asistentes, deberá tener las competencias adecuadas para entender las modalidades de aprendizaje y las metodologías necesarias para llegar a ellos. Se encuentra entonces un elemento común a estos términos y es la forma como cada uno de ellos invita a la socialización para interactuar desde el conocimiento con el otro y así construir un nuevo conocimiento. Estas comunidades de aprendizaje buscaron unos espacios que posteriormente se conocieron como escuela, colegio y universidad. El ser humano, a diferencia de los animales, puede alcanzar niveles de educación cada vez más altos, y esta educación se transmite de generación en generación. La educación hace que el presente y el futuro tengan sentido de acuerdo con los propósitos de la formación, pues ocurre desde los inicios hasta el final de la existencia humana. Un niño desde que nace comienza su proceso educativo. Hemos sido influenciados a través de la vida por los aconteceres, por las interrelaciones, por los momentos y palabras que van formando el carácter de un individuo; hemos sido influenciados por valores, experiencias, limitaciones, libertades, preconcepciones de la vida, ideales, ejemplos y conocimientos de las personas que nos han rodeado y que han influido en nosotros con sus vivencias, prejuicios, gustos o necesidades: los padres, familiares, amigos, compañeros de estudio, de trabajo y profesores. Cuando tan variadas circunstancias y tan múltiples impresiones ejercen influencia en la educación general del hombre, no es posible abrazarla, en su conjunto, al ocuparse de los conocimientos que una generación debe transmitir a la inmediata que sucede. En sentido menos vasto es forzoso considerar la educación, cuando se observa en sus relaciones con la escuela, y esta dejará siempre un vacío en la educación general del hombre, por mucho que se perfeccionen sus procederes y por muy grandes que sean los beneficios que de ella se reporten. La familia, primero debe preparar y vigorizar la enseñanza de la escuela: la sociedad, después, debe desarrollarla y completarla (Varela, 1874: 9).

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Propósitos de la formación Uno de los propósitos fundamentales de la formación es una búsqueda permanente de métodos y medios para que las personas que se encuentran en el proceso formativo vayan más allá de lo que se habla, de lo que se dice, de los conceptos que en el devenir histórico se han consagrado como únicos e irrefutables. Para Margareth Wheatley (1997) ser inventores y descubridores responsables, implica un coraje para dejar partir el viejo mundo, para rechazar casi todo lo que hemos bendecido, para abandonar nuestras interpretaciones acerca de lo que sirve o no. La formación busca liberar, emancipar al estudiante de prejuicios y esquemas que lo afecten; busca liberar la mente de aspectos que quizá lo limiten, encadenen o lo encierren en el entorno en el que se desenvuelve, de elementos que tal vez no tienen sustento, de falsos conceptos. Es una batalla constante para que el estudiante busque sus respuestas, no se quede en aquel escenario donde había que quemar los libros, había que callar y había que tener cuidado con lo que se buscaba, se investigaba o se encontraba, pues traer a la luz pública saberes o teorías vetados era suficiente para ser acusado, por la ignorancia del pueblo, de opositor, brujo o blasfemo. La emancipación o liberación también puede entenderse como una actitud indogmática frente a los saberes, las teorías, conocimientos que se van adquiriendo a lo largo de la vida. Ser indogmático se caracteriza por una posición pluralista, abierta, donde los conocimientos son contrastados con la realidad, buscando su aplicación sensata y responsable. La respuesta al planteamiento de la pregunta de la presente investigación podría estar enmarcada en la afirmación de que la educación es un motor generador de cambios y de modificación de conductas, la esperanza de transformar parcialmente el rumbo de las cosas, con la renovación del entendimiento. Una educación para la libertad de pensamiento y el despliegue de potencialidades del ser humano, que sea cada vez más consciente de su interdependencia con los otros y responsable de su propio devenir. Aplicando este proceso educativo se podría revertir la tendencia negativa, provocando la reorientación del pensamiento político y social de la ciudadanía para conformar una nueva sociedad bien informada, y plenamente consciente de sus derechos. Es la educación, desde el aula misma apoyada en la familia como

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célula base de la sociedad, donde podemos crear esta cultura de la transparencia, donde podemos revertir las graves tendencias a la inercia del manipuleo (Quintanilla Osorio, 2003: 37).

Cuando un docente entra en un aula de clase inicia un proceso de interacción con el alumno; es un acto de amor al saber; en él, profesor y estudiante comparten las emociones que ese saber les producen. Desde la confianza y el respeto por el otro, buscan dar respuestas a interrogantes que cada uno se hace, en un espacio pluralista y de debate en torno al saber y a las teorías estudiadas; todo ello desde una actitud de docta ignorancia que se caracteriza por una aceptación de no saber, y de estar dispuesto a formarse, poniendo en escena la frase contundente de la lógica socrática: Solo sé que nada sé. Sócrates sabe mostrarles [a sus discípulos] lo que no funciona en sus respuestas; sabe pasar de una vana certidumbre a la inquietud; y sabe conducir a quien se le acerca, poco a poco, al descubrimiento de algunos principios en los que no había pensado. En otras palabras, es de ellos mismos, de esos auditores de paso, jóvenes y a menudo imprudentes, de los que espera una aquiescencia y luego un progreso; practica, como dice él, la mayéutica, es decir, ayuda a quienes hablan a alumbrar mejores pensamientos (Romilly, 1997: 222).

En este sentido, estamos de acuerdo con las críticas que hace Hoyos (2013) a una educación progresista y positivista en términos tayloristas, que requiere una reflexión ética de tal forma que el ser humano no quede reducido al mecanicismo y a la estandarización en su educación. Por el contrario se considera que la educación –en particular en la especialización en Gerencia del Desarrollo Humano de la Universidad EAFIT– podrá tener un nuevo sentido de lo humano, al formar ciudadanos que reconozcan a los otros en la construcción de un mundo científico y sensible a la vez. Para Hoyos: Estamos buscando un sentido renovado de humanismo que conserve lo mejor de toda la tradición humanista, su sentido de educación como formación, y que a la vez integre en los procesos educativos los retos de la ilustración y de la modernidad, sin caer en los reduccionismos del cientifismo ni del moralismo. […] No es tanto el retorno a una ontología fundamental, sino más bien a la experiencia cotidiana, lo que nos permitirá construir un sentido

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de humanismo, alerta a los reduccionismos, que anime y forme ciudadanos en relación con otros y abiertos a todas las regiones de un mundo: una formación del ser humano que en actitud precientífica, sienta, admire y constituya intencionalmente, al mencionarlos y comprenderlos, los temas de los diversos saberes (2013: 68).

En el mismo sentido, Derrida (1997) considera que la Universidad puede reproducir competencias profesionales que consigan ser extrauniversitarias, como valores, actitudes, hábitos, independientes de los intereses del mercado y encaminados a la construcción de una mejor sociedad. Por ello la intervención de los estudiantes de la especialización tiene un sentido social, que dista de intereses netamente capitalistas o del mercado y que, por el contrario, favorece el crecimiento y sostenibilidad de las pymes. Sobre estos aspectos Derrida menciona: Me limito, por lo tanto, a la doble cuestión de la profesión: 1) ¿tiene la universidad como misión esencial producir competencias profesionales, que pueden ser a veces extra universitarias?; 2) ¿debe la universidad asegurar en sí misma, y en qué condiciones, la reproducción de la competencia profesional formando profesores para la pedagogía y la investigación, en el respeto de un código determinado? Se puede contestar que sí a la segunda pregunta sin haberlo hecho a la primera y desear mantener las formas y los valores profesionales intra-universitarios con independencia de los intereses del mercado (Derrida, 1997).

Para lograr algunos de los propósitos anteriormente señalados, el Congreso de Colombia legisló, en la Ley 30 de 1992, en su artículo 4 del capítulo primero, a propósito de la intención que debía tener la educación superior, buscando quizá enviar a los docentes un mensaje acerca de trabajar por la liberación o emancipación del alumno, pero con una libertad de expresión dialéctica entre docente y estudiante. La Educación Superior, sin perjuicio de los fines específicos de cada campo del saber, despertará en los educandos un espíritu reflexivo, orientado al logro de la autonomía personal, en un marco de libertad de pensamiento y de pluralismo ideológico que tenga en cuenta la universalidad de los saberes y la particularidad de las formas culturales existentes en el país. Por ello, la Educación Superior se desarrollará en un marco de libertades de enseñanza, de aprendizaje, de investigación y de cátedra (Congreso de Colombia, 1992: 1).

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El propósito de la formación establece espacios para la creatividad, la innovación y el ocio, para promover una actitud creativa en los estudiantes; de otra forma, la intención o el propósito de la formación emancipadora tendería a fracasar. Ahora bien, la investigación y la formación en las universidades obliga a una dedicación permanente al desarrollo de la inteligencia; entre el esfuerzo por descubrir y crear, su misión es esa búsqueda de la verdad que reúne la forma, el ocio, la creación, el estudio, entre otros. Ahí está la tarea de volver la educación interesante y pertinente, buscando que aquellos que van a las aulas dediquen su ocio a la búsqueda del saber. El fin de la formación tendría que ser la liberación que asume el estudiante en la búsqueda de la verdad, sin que los valores establecidos lo limiten, pero que tenga buen juicio a la hora de buscar. Cayetano Betancur menciona al respecto: A partir del crecimiento de la población y la necesidad de formar personas, las universidades han tenido que dedicarse a transmitir conocimientos de una manera masificada, es decir a partir de un programa establecido con unos contenidos ya analizados y desarrollados, no cabe detenerse a meditar si será posible someter a esta enorme multitud de gente ansiosa de saber, al previo requisito de que demuestren una capacidad propia para la investigación (2009: 79).

Finalmente, la función que ha cumplido la educación en la sociedad a lo largo del tiempo ha sido influenciada por los aspectos ideológicos, políticos y sociales que han imperado en su momento; esto ha hecho que dicha educación y sus metodologías se hayan transformado a través del tiempo, afectando a la sociedad, pues es para ella que se transforma. Esto lleva a pensar que la educación ha sido uno de los instrumentos de dominación y alienación de la sociedad, y esta evoluciona en la medida que las sociedades se transforman o se reemplazan por otras (Ponce, 1971). La presente investigación también pretende indagar por esa intención del docente al impartir sus clases que busca motivar la reflexión en el alumno; se trata de la influencia que el profesor ejerce sobre el alumno, y que no siempre tiene que ver con el contenido neto de la clase. Inmerso en ese contenido va otro contenido que resulta emancipador o alienante. De esta influencia darán cuenta las entrevistas a los docentes que participan en la especialización en Gerencia del Desarrollo Huma-

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no y que mencionaremos más adelante. A continuación analizamos el “currículo oculto” en donde se considera que está esa intencionalidad de formar ciudadanos abiertos, considerados con “el otro” en aras de la construcción de un mundo científico y sensible a la vez.

Currículo oculto La educación superior busca elevar los niveles de conocimiento de aquellas personas que ya han alcanzado un nivel básico secundario, especializándose en disciplinas como las ingenierías, las humanidades, las ciencias administrativas y artísticas entre otras, incluso llevándolo a nivel de posgrado. De acuerdo con la Ley 30 de 1992 en su primer capítulo: “La Educación Superior es un proceso permanente que posibilita el desarrollo de las potencialidades del ser humano de una manera integral, se realiza con posterioridad a la educación media o secundaria y tiene por objeto el pleno desarrollo de los alumnos y su formación académica o profesional” (Congreso de Colombia, 1992: 1). Las instituciones educativas, desde la claridad de la normatividad vigente colombiana, buscan cumplir con este lineamiento, distinguiéndose cada una por un sello particular de acuerdo con el proyecto educativo institucional (PEI), que cada una crea para regir sus procesos de formación y de construcción de programas académicos. La presente investigación quiso trabajar el caso de la especialización en Gerencia del Desarrollo Humano, programa que es impartido en la Universidad EAFIT y que muestra un elemento diferenciador en relación con otros programas similares de instituciones diferentes, esa impronta EAFIT que es declarada en el PEI y su efecto en los estudiantes y las empresas donde estos llegan a aplicar su conocimiento. La Universidad EAFIT declara en su PEI, desarrollado en el año 2008, lo siguiente: La formación de personas, entendida en el doble sentido de transmisión de los saberes científicos que la humanidad ha construido y de generación de nuevos conocimientos mediante el desarrollo de actividades de investigación, es el fin último del ofrecimiento de programas de pregrado y de postgrado. En esta perspectiva, la educación no se concibe como un servicio para un cliente, sino que es un proceso continuo de transformación del participante, sea estudiante, docente o investigador (Universidad EAFIT, 2008: 8).

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Los currículos, ya desde la Edad Media, se han transformado por la influencia de las corrientes de pensamiento en las diferentes épocas, siendo más claro este fenómeno a partir del siglo xv. Alfonso Borrero define el currículo así: La palabra latina currículum significa una carrera corta o desplazamiento cumplido en un corto lapso. En el léxico educativo y universitario, el término designa la cuota más o menos grande del saber y de los ejercicios pedagógicos –educativos y didácticos– instructivos, administrados en más o menos breves y sucesivas expansiones de tiempo, hasta coronar el decurso total (2008: 466).

La definición de un currículo para un programa académico podría depender de varios elementos que aportan a su estructura; entre ellos se pueden mencionar: la experiencia que tienen sus creadores en la temática específica, el estado del arte de programas académicos del mismo corte a nivel nacional e internacional y el sello característico que la institución educativa que ofrece dicho programa desea aplicar al mismo. De este último aspecto Antanas Mockus decía: “Existe un conjunto de saberes tácitos, de competencias implícitas, implícitamente transmitidas que se ponen en juego en todo proceso de enseñanza y que solo excepcionalmente son objeto de consideración explícita” (1995: 1). Cada profesor que imparte un módulo académico conforme con los lineamientos del currículo, tiene la obligación de entregar al estudiante la temática acordada con la universidad, que garantiza un saber específico, y que, unido a los saberes impartidos por otros profesores, lleva a dicho estudiante a adquirir unas competencias determinadas que lo catalogan como técnico, tecnólogo, licenciado, profesional, especialista, magíster o Ph.D. Igualmente, el modelo pedagógico que cada uno de ellos aplica regularmente hace parte de su quehacer y construcción propios a través del tiempo; es así como se pueden encontrar profesores que emplean modelos pedagógicos basados en el constructivismo, en el conductismo, en el modelo cognitivo, en el método analítico, entre otros. Sin embargo, cada uno de ellos, en el momento de interactuar con sus estudiantes, imprime su sello personal, quizá basado en la ideología o tendencia de la propia institución; sello que lleva implícita la intención del docente al momento de impartir su clase, es decir, aquello que el docente desea dejar al estudiante aparte del conocimiento explícito que son sus clases; en

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otras palabras, aquello implícito que en varios textos se ha denominado como el currículo oculto. Mockus menciona al respecto: “En efecto, hay reglas de juego que tanto los estudiantes como los profesores dominan, las cuales regulan la interacción y la comunicación entre unos y otros y que se adquieren sin que sea necesario un saber explícito para enseñarlas” (1995: 1). La Universidad EAFIT declara en su pei: Los pregrados y postgrados de la Universidad EAFIT están dirigidos a la formación de personas comprometidas con el desarrollo integral de su comunidad y competentes internacionalmente en sus áreas de conocimiento; y se llevan a cabo en un ambiente de tolerancia y respeto por las opiniones de los demás, dentro del cual predomina el debate académico (Universidad EAFIT, 2008: 8).

En este orden de ideas, la interacción comunicativa que se teje en una relación de enseñanza-aprendizaje, o docente y alumno, tendría en cuenta la intención del mensaje (acto perlocutivo) que un docente (acto locutivo) desarrolla para el estudiante (acto ilocutivo),5 en el proceso formativo o de intercambio de conocimientos de acuerdo con el programa acordado. En ese contexto y para que surta efecto el mensaje implícito, el docente busca encontrar en el estudiante el reconocimiento de la legitimidad del otro, como un legítimo otro. Mockus menciona: En la acción comunicativa distintos sujetos cooperan, no compiten. O a veces compiten, pero pasan de la competencia a un momento cooperativo, en el cual lo que buscan es llegar a un entendimiento, a un acuerdo consensual. La acción comunicativa más sencilla es la conversación desinteresada –en el sentido de no subordinada al logro de propósitos unilaterales– (1995: 7). “En el transcurrir diario de la comunicación se pueden recibir diversos mensajes que a veces son lo que se quiere recibir; otras veces lo que en realidad queremos expresar o enviar. Pero con frecuencia, por no decir que siempre, en toda conversación sale esa ‘intención oculta’ que obliga a pensar acerca del sentido que traía dicha comunicación (denominado el acto perlocutivo en la comunicación), identificándolo de una forma más coloquial para la persona que recibe el mensaje (identificada como el ilocutor en la comunicación), como ese sentimiento que acecha en su interior acerca de la veracidad del mensaje con relación a lo que se quería decir, o para quien emite el mensaje (identificado como el locutor en la comunicación), como la intención que lleva oculta dicho mensaje, tal vez mezclada en un juego de palabras, es decir, un doble sentido en la comunicación o en el mensaje, o un acto de hipocresía en donde la palabra hipócrita no tiene ningún calificativo de algo bueno, malo o perverso, sino de algo que se expresa y que no se siente en realidad al decirlo o tiene un sentimiento contrario a lo expresado” (Betancur y Valencia, 2004).

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En concordancia con esto, la Universidad declara precisamente, en su pei, la necesidad de imprimir un diferenciador en las clases, en los programas, en la institución; algo que defina al estudiante de la Universidad EAFIT, una actitud que a la hora de actuar refleje lo que la institución es ante las personas, ante las empresas. Unos apartes de este proyecto mencionan lo siguiente: Desde esta perspectiva, resulta obligatoria la definición de un programa curricular de formación general, de carácter institucional, que permita el desarrollo de competencias, capacidades y valores comunes en los estudiantes que ingresan a la universidad. Por sí solo, dicho programa no es suficiente para promover el desarrollo de una cultura, de una mentalidad y de unas actitudes distintivas de los egresados de la Universidad EAFIT frente a los graduados en otras instituciones. Por ello, se complementa con un conjunto de prácticas pedagógicas, académicas y administrativas, acordes con los orígenes fundadores, con la tradición de la universidad y con la búsqueda de la excelencia académica, prescrita en la Visión aprobada por el Consejo Superior en 1996 (Universidad EAFIT, 2008).

El conjunto integrado por las asignaturas tendientes a la formación de competencias, capacidades y valores comunes en todos los estudiantes que ingresan a la universidad, de una parte; y, de la otra, por el desarrollo de unas buenas prácticas pedagógicas, académicas y administrativas, de acuerdo con la vocación de excelencia académica de la Institución, constituye la denominada impronta. Dicha impronta se refleja en la especialización en Gerencia del Desarrollo Humano que se imparte en la Universidad EAFIT desde varios elementos. Uno de ellos es la constitución de un programa académico que contiene aspectos epistemológicos de las ciencias sociales y humanas que propenden al cuidado y conciencia de la importancia del ser humano en las organizaciones y aspectos instrumentales que faciliten las actividades de la gestión humana. Esta dialéctica entre una perspectiva humana de la organización y una técnica de la gestión humana, busca que el estudiante adquiera elementos prácticos pero analizando y cuestionando su influencia o impacto en el devenir de la dinámica organizacional. Estos aspectos serán ampliados más adelante en el capítulo de los hallazgos de la presente investigación. Una impronta universitaria puede concebirse como la interiorización de una visión del mundo a partir de unos valores declarados y de la

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práctica propia de una institución educativa por parte de la comunidad académica respectiva. La Universidad EAFIT, en desarrollo de su visión y misión, propiciará la formación integral de sus alumnos mediante la consolidación de una cultura institucional abierta y democrática, reflejada en el ofrecimiento de programas y actividades atinentes a fomentar el respeto del pluralismo ideológico y de la tolerancia por el otro, de la democracia como sistema político, y a favorecer el despliegue del emprendimiento empresarial en beneficio del país y de la sociedad en general. Estos tres elementos –pluralismo ideológico y tolerancia por el otro, respeto de la democracia como sistema político, y estímulo al emprendimiento empresarial en beneficio del país y de la sociedad en general– constituyen los ejes básicos de la impronta eafitense. Se busca, por una parte, propiciar una formación integral de los alumnos en el sentido de permitir su desarrollo académico, profesional, intelectual, con criterios y valores para relacionarse con los demás e incidir, de manera positiva, en la sociedad. Y por otra, transmitir y preservar un legado cultural y de compromiso social proveniente de los orígenes de la Institución (Universidad EAFIT, 2008: 6). El currículo visible, que normalmente se presenta en los planes académicos, es el camino a seguir por parte de los estudiantes, con una secuencia lógica basada en el estudio de determinada disciplina. El currículo oculto comporta el propósito de fomentar valores de la Ética como la honestidad, la responsabilidad, el respeto, la lealtad, el indogmatismo, el pluralismo ideológico, entre otros, y su aplicación real en el quehacer cotidiano, además del conocimiento que acumula la persona, pero van en la vía del currículo explícito. Las expresiones currículo oculto, currículo latente, currículo escondido, currículo y pedagogía subyacente o hidden curriculum son expresiones contrapuestas a currículo visible (Borrero Cabal, 2008). Se invita al docente a que, aparte de la asignatura que imparte, que tiene elementos filosóficos de construcción curricular y administrativos, dadas las políticas de la institución, y en la que debe abordar unos elementos básicos a partir de una metodología, seguimiento y evaluación, busque profundizar más allá de lo meramente instrumental, hasta trascender las fibras personales, los valores del estudiante, tratando de contribuir a la formación del carácter y promoviendo su adaptación social.

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La conjunción de lo oculto y lo visible dentro del currículo –que siempre permanecen unidos–, busca seguir el lineamiento de la Universidad EAFIT cuando declara en su misión la búsqueda de la formación integral del estudiante. La novedad de esta expresión obedece al propósito de advertirle al educador que bajo el concatenado repertorio de asignaturas repartidas y enlistadas en los programas didácticos para los sucesivos períodos escolares y universitarios, de ordinario sometidos a constatar los rendimientos y logros académicos, la educación debe hundirse en un más allá de honda trascendencia personal, pletórica de vigencia en las aulas y en la totalidad de la vida universitaria (Borrero Cabal, 2008: 123).

Recordemos que el objetivo central de la presente investigación es caracterizar la intervención de los estudiantes de la especialización en Gerencia del Desarrollo Humano de la Universidad EAFIT, en las empresas asesoradas entre 2010-2012. En este sentido, es importante contextualizar al lector acerca de la filosofía de la institución en la que se encuentra inscrita la especialización objeto de estudio.

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