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Director: Eugenio Jesús de Ávila Juárez
Foto: Esteban Pedrosa
En Zamora, la nieve es distinta
Nevó en la ciudad del olvido. Zamora se cubrió con unas cuantas canas de Dios. En esta ciudad, la nieve es distinta: huele a pretérito, como si fuera nieve de segunda nevada, y nieva sobre almas sin cuerpo, en ríos sin agua, sobre enamorados sin pasión. Nevó en el Duero, convertido en el río Leteo, el río del Hades, el del olvido. ¡Ay si en Zamora la nieve fuera agua de progreso o nieve de Pentecostés que iluminase el cerebro de los políticos y pintase de blanco el sudario de nuestro futuro!
La política del botellón El mundo político, alterado por el botellón, y la hostelería, también. Lógico. Los jóvenes pasan de política y, como tienen cuatro perras, ignoran que lo barato es caro. Eso del botellón lo considero, opinión subjetiva, como una estrategia para encontrar esa madrugada pareja y, si es menester, folgar. La juventud busca placer carnal, porque le sobra potencia sexual. Siempre fue así, aquí y en Pernambuco. Naturaleza. Si la cópula no fuese placentera, el hombre evitaría el ajuntamiento con la mujer. La Semana Santa de Zamora, ignoro si se produce de otra manera en ciudades con pasiones semejantes, siempre fue la fiesta del año preparada para noviazgos y todo tipo de relaciones entre hombres y mujeres. Muchos adolescentes salen de noche, hasta la madrugada, por primera vez en su vida; la primavera agita la sangre y despierta el deseo. Los jóvenes se buscan y se suelen encontrar. En mi generación, tras las procesiones, nos esperaban las discotecas. Ahora, el botellón es la discoteca al aire libre. Se bebe no para olvidar, sino más bien para echarle valor y ligar a esa hermosa niña que te mira de soslayo. El cubata quita vergüenza, timidez y te da osadía y fuerza para lanzarte al abordaje de cualquier fémina. Si el joven no halla lo que desea, después de haber ingerido unos cuantos gin-tonic, convierte su frustración en agresividad. El mobiliario y patrimonio público y enseres privados pagan el fracaso sexual. Pero los políticos, que permitieron esta masificación en plazas y jardines urbanos, nunca previeron la gravedad de estos encuentros de adolescentes y veinteañeros. Ahora, no hay remedio, porque la cobardía evita aplicar medidas radicales para terminar con el botellón. Los gobernantes nunca podrán castrar el deseo sexual de la juventud. Y el botellón se ha convertido en la estrategia de los jóvenes para conocer, en términos bíblicos, a gente de distinto sexo. Este juego de la condición humana protagoniza la madrugada del Viernes Santo en Zamora, la ciudad en la que la Semana Santa dejó de ser católica. La juventud ha elegido el hedonismo cristiano, nunca más penitencia, sufrimiento y dolor. Por E.J. de Ávila.
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