Principales Compromisos Pastorales de Monseñor José Luis Escobar Alas, Arzobispo de
13 al 26 de marzo de 2023
El lunes 13, a las 7:00 p.m. participé en la Nunciatura Apostólica de nuestro país, invitado por Su Excelencia Reverendísima, Mons. Luigi Roberto Cona, en conmemoración del X Aniversario de la elección de Su Santidad El Papa Francisco, el Señor Nuncio Apostólico tuvo la fineza de invitarnos a una hermosa recepción, participamos todos los obispos de El Salvador y muchas personas.
San Salvador
Presentación, nos recibió el Párroco de esa Iglesia, el Padre Luis Enrique Valle. Me acompañó el Padre Guillermo Palacios. Fuimos recibidos por el Señor Párroco, el Padre Luis Valle y por una gran cantidad de fieles, desarrollamos una agenda muy intensa pero también llena de satisfacciones. Nos alegra conocer directamente el gran trabajo pastoral que se desarrolla y la alegría con que se trabaja. Les agradecemos por todo lo que hacen.
El martes 14, las 6:00 p.m. visité el Seminario Arquidiocesano Redemptoris Mater para presidir la santa Eucaristía, dentro de la cual concedí la Admissio (Admisión a las Órdenes sagradas) a dos seminaristas: Eliseo Boj Choc y Wladimir Boniek Mármol Cruz, les felicitamos de corazón y les animamos a seguir adelante.
El miércoles 15, en la casa sede de la Conferencia Episcopal, tuvimos la reunión extraordinaria de los Obispos de la CEDES, en la que como siempre, tratamos los asuntos pastorales más importantes de nuestra Provincia Eclesiástica de El Salvador
El jueves 16, recibí la visita de algunos sacerdotes y hermanos laicos que vinieron para tratar asuntos de interés pastoral o personal, es siempre muy grato atenderles.
El viernes 17, visité la Parroquia San Patricio, para presidir la Solemne Eucaristía patronal, concelebró conmigo el Párroco, el Padre Salvador Amaya y contamos con una numerosa presencia de fieles. Fue una celebración muy hermosa y llena de fe, reitero mi felicitación a esa querida parroquia.
El sábado 18, realizamos la Visita Pastoral a la Parroquia Nuestra Señora de La
El domingo 19, a las 11:00 a.m. presidí la Misa en el Seminario San José de la Montaña, con los miembros de la Asociación de ex alumnos del Seminario San José de la Montaña ADEXAJOM, concelebró conmigo el Padre Guillermo Palacios. Fue una celebración muy hermosa llena de fe y buenos recuerdos de parte de muchos que en su juventud estudiaron en San José de la Montaña y hoy acompañados de sus familias vinieron para convivir en la fiesta de San José y dar gracias a Dios. Felicito la fe y bondad de todos ellos.
los seminaristas de ambos seminarios y personas laicas invitadas. Fue una celebración muy hermosa con una gran participación litúrgica de parte de todos. En seguida tuvimos un almuerzo fraterno en honor a San José, patrono del seminario. El martes 21, a las 9:00 a.m. en el auditorio del Arzobispado tuvimos la Reunión mensual del Consejo de Vicarios Foráneos, coordinó la reunión el Vicario de pastoral, el Padre Octavio Cruz. Como siempre es ésta, una reunión, de gran beneficio pastoral para nuestra diócesis, pues en ella profundizamos los temas que más interesan a la pastoral de las Vicarías y de las parroquias de la diócesis. Agradezco la gran labor de todos y cada uno de nuestros vicarios foráneos. El miércoles 22, recibí la visita de un buen número de sacerdotes, que vinieron para tratar asuntos de interés pastoral o personal, es siempre muy grato recibirles, les agradezco el inmenso bien que hacen a nuestras comunidades parroquiales.
El lunes 20, a las 10:30 a.m., visité el Seminario San José de la Montaña y presidí la Solemne Eucaristía en honor a San José, dentro de ella conferí el ministerio de Lectorado a un grupo de 7 seminaristas: Edwin Arce, Edenilson Martínez, Edenilson Murcia, Amílcar Flores, Elías Escobar, Rafael Portillo y Cristóbal Joya. Dos de ellos pertenecen al Ordinariato militar y los otros cinco son de nuestra arquidiócesis. Concelebraron conmigo, el Padre Francisco Morán, Administrador del mencionado Ordinariato, los sacerdotes formadores de ambos seminarios, tanto del Seminario Mayor San José de la Montaña, como del seminario propedéutico, también un buen número de sacerdotes; y participaron
El sábado 25, viajé a Tegucigalpa Honduras, para participar de la Ordenación Episcopal y Toma de Posesión del nuevo Arzobispo de Tegucigalpa, el Excelentísimo Mons. José Vicente Nácher Tatay, CM, que tuvo lugar a las 9:00 a.m., en la Basílica de Nuestra Señora de Suyapa en Tegucigalpa. Fue ordenado Obispo Mons. José Vicente Nácher Tatay y en la misma celebración tomó posesión de la Arquidiócesis de Tegucigalpa. Fue una celebración eucarística muy solemne, presidió en un primer momento el Señor Cardenal, Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga y al tomar posesión continuó la presidencia de la celebración el nuevo Arzobispo, Mons. Vicente Nácher, habían obispos y sacerdotes de todo Centroamérica y de otros países y por supuesto de Honduras, del El Salvador participamos nuestro Cardenal Mons. Gregorio Rosa Chávez y este servidor. La celebración contó con la participación de muchas personas, incluyendo a los familiares del nuevo Arzobispo que vinieron desde Valencia, para acompañarlo. Fue una grandiosa celebración colmada de alegría y de fe.
SEXTO MANDAMIENTO (II)
No Cometerás Adulterio
San Salvador, 02 de abril de 2023
Pese a la grandeza del amor conyugal, y más aún, pese a la grandeza del pacto conyugal bien vivido en el cual la Nueva Alianza entre Jesús y la Iglesia puede reflejarse, existe una vocación a la cual va dirigida también esta Sexta Palabra: Me refiero a la vocación a la castidad (cf. CIC 2337). Contrario a lo que el mundo afirma contra la virtud de la castidad1, la Revelación cristiana conoce dos modos específicos de realizar integralmente la vocación del ser humano al amor: Matrimonio y Virginidad (cf. FC 11). Ni uno es más ni uno es menos. Ambos son una forma de concretizar la verdad más profunda del ser humano; es decir, su ser imagen de Dios (FC 11).
Si bien es cierto que, la castidad es un don de Dios, un fruto de la obra espiritual; una gracia concedida por el Paráclito para imitar la pureza de Cristo (cf. CIC 2345), no se puede menospreciar el matrimonio. Sin aprecio por la alianza nupcial no puede existir la virginidad consagrada, y cuando la sexualidad humana no es considerada como valor donado por el Creador, pierde significado la renuncia por el Reino de los cielos (cf. FC 16). San Juan Crisóstomo advertía sobre este peligro: el que condena el matrimonio también menoscaba la gloria de la virginidad, mientras que el que lo alaba, realza la admiración a esta debida y la hace más resplandeciente… los que condenan el matrimonio perjudican los elogios que merece la virginidad, pero el que aleja del matrimonio la calumnia, no ensalza más a este que a la virginidad2 .
No satisfecho con esto, Crisóstomo advertía a las vírgenes consagradas evitar el desprecio por el matrimonio porque al hacerlo ultrajaban la sabiduría de Dios y calumniaban toda la Creación3. Ambas vocaciones son camino de santidad y si alguna diferencia existe entre ambas es la que señala San Pablo: El soltero se preocupa de los asuntos del Señor y procura agradarlo; mientras que el casado se preocupa de agradar a su esposa y está dividido (cf. 1Co 7, 32-33); la soltera y virgen – de igual manera – se preocupa de los asuntos del Señor por estar consagrada en cuerpo y espíritu; mientras que la casada busca agradar a su esposo (cf. 1Co 7, 34). Consideraciones, a la luz de las cuales, es fácil comprender que en la virginidad la persona:
• Espera sin distracción alguna, incluso corporalmente las bodas escatológicas.
• Anticipa en su cuerpo el mundo nuevo de la resurrección futura.
• Mantiene viva en la Iglesia la conciencia del misterio del matrimonio.
• Defiende al matrimonio de toda reducción y empobrecimiento.
• Testimonia que el Reino de Dios y su justicia son la perla preciosa que la persona debe preferir a cualquier otro valor, aunque sea grande por lo que se debe buscar como el único valor definitivo4
Sin embargo, la persona que opta por la vocación de la castidad no puede vivir de manera disoluta. Está; por el contrario, obligada a dar testimonio de su fidelidad a la alianza hecha con Dios. Los esposos cristianos; por su parte, tienen el derecho de esperar de las personas vírgenes el buen ejemplo y el testimonio de la fidelidad a su vocación hasta la muerte… (FC 16). Testimonio que edifica a las parejas matrimoniales y las fortalece para vivir la “castidad conyugal”5; más no son los únicos fortalecidos. También los novios viendo el testimonio de las personas vírgenes son animados a reservar para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal (CIC 2350), viviendo mientras tanto, la castidad en la continencia. En este sentido, con el Papa Francisco podemos concluir: Uno, que toda vocación en este sentido es nupcial6 es conyugal porque es fruto del vínculo de amor con Cristo7. Dos, por su mismo carácter conyugal, toda vocación es fructífera de maternidad y paternidad, como el Papa lo recuerda al clero: Deben amar al pueblo de Dios con toda la paternidad, ternura y fuerza de un esposo y de un padre8. Y finalmente, el cuerpo no es instrumento de placer sino lugar donde se verifica el llamado del Señor al amor auténtico9; espacio donde no hay lugar para la lujuria ni para adulterios ni para la superficialidad10. Casados, célibes y vírgenes pueden hacer vida en sus cuerpos la Sexta Palabra: No cometerás adulterio.
Desafortunadamente, el mundo – y cuantos fallan en la fidelidad exigida según su vocación – están expuestos a cometer faltas ya sea contra la castidad; o bien, contra el sacramento del matrimonio. Tema a profundizar en la próxima catequesis.
1 Es solo un constructo social; es un medio para controlar la sexualidad; o bien, que la virginidad es una falacia, un agobio generador de sentimientos de culpa, sobre todo, en la mujer
2 Juan Crisóstomo, La Virginidad. Editorial Ciudad Nueva. Madrid, España. (2013), p. 46
3 Ibídem, p. 42
4 Cf. Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, n. 16
5 Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. NO alabamos a una con exclusión de las Otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica (cf. CIC 2349).
6 Papa Francisco, Audiencia General. Miércoles 31 de octubre de 2018
7 Ibidem.
8 Ibidem.
9 Audiencia General. Miércoles 31 de octubre de 2018
10 Cf. Ibidem.
José Luis Escobar Alas Arzobispo de San SalvadorVía Crucis organizado por la vicaría Divino Salvador del Mundo con textos de Mons. Romero
El viernes 24 de marzo se realizó un Vía Crucis vicarial en honor a San Óscar Romero en la vicaría del Divino Salvador del Mundo. La procesión se desarrolló desde las ruinas de la Iglesia de San Esteban hasta la Iglesia El Calvario.
Celebración del 43° Aniversario del Martirio de San Oscar Arnulfo Romero
Catedral Metropolitana de San Salvador
El viernes 24 de marzo se llevó a cabo una Solemne Eucaristía en honor al 43° aniversario del martirio de nuestro obispo y mártir San Oscar Romero en la Catedral Metropolitana de San Salvador. La misa fue presidida por el cardenal Gregorio Rosa Chávez y concelebrada por sacerdotes de nuestro país. La eucaristía fue una ocasión solemne, con multitud de fieles reunidos para rendir homenaje al legado de San Oscar Romero. La
misa fue una oportunidad para reflexionar sobre el mensaje de paz, amor y justicia del obispo.
El Cardenal Gregorio Rosa Chávez, en su homilía, resaltó la trascendencia del martirio de San Oscar Romero, diciendo que no solo fue una tragedia para El Salvador sino para el mundo entero. Instó a los fieles a seguir el ejemplo del obispo defendiendo a los pobres y marginados.
Parroquia San Óscar Arnulfo Romero, Obispo y Mártir - San Salvador
El pasado martes 24 de marzo, en la parroquia San Óscar Arnulfo Romero celebró una Solemne Eucaristía en conmemoración al martirio del Santo salvadoreño. La misa contó con la presencia de Monseñor Luigi Roberto Cona, Nuncio Apostólico en El Salvador, quien pronunció una emotiva homilía en honor a San Óscar Romero y su legado. “… Hay una gloria, que recibimos en el sacramento de la Eucaristía y que cada día, cuando la recibimos la llevamos con nosotros en nuestra vida, es ahí que nosotros tenemos que glorificar a Dios, es ahí que la sangre derramada de San Óscar
nunca sin ningún fruto; porque yo también quiero ser mártir, no porque voy en búsqueda del martirio, quiero ser mártir, porque quiero dar el testimonio de mi fe en mi vida, no es solamente es deber de los sacerdotes Evangelizar, no es solamente una misión que pertenecen a los encargados, a los delegados, no queridos hermanos, esa misión de glorificar a Dios, pertenece a cada uno de los bautizados, cada uno de nosotros, que estamos aquí adentro, tiene el deber de glorificar a Dios”. (Fragmento de Homilía de Mons. Luigi Roberto Cona, Nuncio Apostólico en El Salvador)
Parroquia Inmaculada Concepción de María - Cuscatancingo
Parroquia San Oscar Arnulfo Romero, Obispo y MártirCiudad Barrios, San Miguel
Parroquia Arcangel San Miguel, Sensuntepeque - San Vicente
San Óscar “se dejó guiar por las inspiraciones del Espíritu Santo, porque la santidad siempre fue su meta”
Celebración de la vicaría San Juan Bautista en Honor a San Romero • Homilía de Monseñor Rafael Urrutia, Postulador Diocesano • Celebración del 43° Aniversario del Martirio de San Óscar Arnulfo Romero • Cerro de Las Pavas, Cojutepeque • 12 de marzo de 2023 •
venir al lobo”, y de nuevo volvió su rostro a Dios para que Él guiara sus pasos por el sendero hacia donde quería conducirlo. Fueron aquellos momentos de pasión y de oración intensa los que agudizaron su olfato de “Buen Pastor”, para percibir que la persecución a la Iglesia estaba llamando a su puerta y que él debía estar presto para defender a su rebaño.
Monseñor Romero comenzó, entonces, una peregrinación en la fe jalonada por momentos de difícil prueba. Aprendió a obedecer, como Cristo, en el sufrimiento, pues desde su juventud había educado su alma para hacer de sí mismo una entrega libre y amorosa a Dios. Así aprendió a vivir como quien muere cada día de amor, hasta morir de verdad ayudando a vivir a los demás.
Queridos Hermanos y Hermanas:
Que alegría poder celebrar este día, con todos Ustedes, el 43 Aniversario del Martirio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, y qué privilegio poder hacerlo aquí en el Cerro de las Pavas, a los pies de la Virgen de Fátima, la Madre por quien Monseñor tenía una profunda y entrañable devoción, pues contemplaba en ella la realización de su fe, y quiso, como ella, hacer de esa misma fe la fuerza motora que movió su cooperación en el plan salvador de Dios asumiéndolo con obediencia, esperanza y caridad encendida.
Un día la Palabra de Dios se hizo carne en el seno virginal de la Santísima Virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo, para ser nuestro Salvador. Y un día, por voluntad el Padre y del Hijo, ese mismo Espíritu, irrumpió con su fuerza en la historia de El Salvador para fecundar con sangre de mártires el corazón y la vida de Monseñor Romero.
Así, la muerte martirial del Padre Rutilio Grande S.J., Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus el 12 de marzo de 1977, en medio del dolor fraterno, le abrió los ojos y el corazón a “una nueva llamada del Señor, a ejercer el oficio del Buen Pastor que no abandona a las ovejas cuando ve
Nunca le fue fácil ni cómodo ser Arzobispo de San Salvador. Desde su nombramiento le resultó tremendamente difícil y heroico. Fue la Palabra de Dios la que inspiró la imitación de Cristo en su vida y le convirtió en “signo de contradicción”, el hombre crucificado que supo saborear en el gozo del Espíritu la fecundidad de la cruz. La cruz de la búsqueda de nuevos caminos a partir del martirio del Padre Rutilio Grande y de la búsqueda de nuevas iniciativas pastorales. La cruz de no ser comprendido por los que le rodeaban. La cruz de la impotencia ante el sufrimiento y la explotación de los pobres, de los obreros
y de los campesinos. La cruz de no saber comprender plenamente a los demás. La cruz de tener que estar siempre disponible para escuchar a los demás, para aprender, para empezar todos los días de nuevo. Para Monseñor Romero fue tremendamente difícil y heroico ser Arzobispo. Una Iglesia sacudida por los vientos nuevos del Concilio Vaticano II, la Evangelii Nuntiandi, Medellín y Puebla, y por un mundo tan cambiante, lleno de injusticias y de violencia. Tuvo que enfrentar exigencias internas y externas. Pero sabía que era la hora de Dios para Él, providencialmente rica y fecunda, intensamente penetrada de cruz y esperanza. Su fidelidad y pobreza no se hicieron esperar, como el Pobre de Nazareth se puso en manos de Dios y supo decirle “Toma, Señor, recibe mi vida. Haz de ella lo que Tú quieras. Sólo quiero hacer tu voluntad. “Si el grano de trigo no muere, queda infecundo” (Jn 12, 24). Como Cristo muriendo en la Cruz fructificó la salvación para toda la humanidad, así Monseñor Romero muriendo como “Testigo de la fe al pie del Altar”, nos ha hecho levantar la mirada a los montes buscando el auxilio de Dios cada día, para que nuestros pies no tropiecen más por los caminos de la injusticia y de la maldad.
Yo no estaba a su lado aquel atardecer cuando una bala muy certera le proporcionó la inestimable fortuna de morir como “testigo de la fe al pie del altar”; pero aun en medio del intenso dolor que sumió mi corazón en la soledad, tenía la certeza de que Monseñor Romero a lo largo de su vida vivió habitualmente en santidad, porque esa era su meta, y que el don del martirio que Dios le había regalado aquella tarde era la plenitud de una vida santa. Y fue entonces cuando encontré consuelo frente a su cuerpo inerte, cuando acepté que su evento martirial era voluntad de Dios. Entonces me gocé pensando que Dios lo eligió para su misión martirial porque encontró en Monseñor Romero, a un hombre según su corazón. Y fueron estos pensamientos los que iluminaron mi noche oscura y me dije: “Dios encontró a Óscar, lleno de gracia”.
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Desde entonces, esta Iglesia Particular, unida a la Iglesia Primitiva, lo lleva muy dentro de su corazón. El hecho patente de su martirio nos bastó para tributarle culto como a un mártir de Cristo, y lo convirtió en su poderoso intercesor ante Dios. Recuerdo que uno de los cantos que más le agradaba oír cantar a los fieles era aquel que dice: “Cuando el pobre crea en el pobre, ya podremos cantar libertad. Cuando el pobre crea en el pobre, viviremos en fraternidad”. Y es que, tanto Monseñor Romero como el Papa Francisco están convencidos que “nadie se puede salvar solo, que es precisa la fraternidad para trazar juntos caminos de paz” (DJMP). “Juntos como Iglesia peregrina en el tiempo, caminando con los que el Señor a puesto a nuestro lado como compañeros de viaje, caminando juntos por la misma senda como discípulos del único Maestro, aunque a veces nos desalentemos. Pero caminando juntos con la certeza de que lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.” (MC2023).
del egoísmo natural en la comunidad del hombre nuevo que es Cristo”. (Joseph Ratzinger. La Fraternidad de los cristianos, cap. 3).
Cómo quisiera escuchar hoy a Monseñor Romero predicándonos a los pies de la Virgen de Fátima, que “la fraternidad” a la que estamos llamados en el contexto de que “Nadie se salva solo”, no es de carácter filantrópico o político, sino de una vivencia totalmente “pastoral”, inspirada en la fe y en el evangelio y en la figura del Buen Pastor. Una fraternidad que se nutre de la pasión por la evangelización, es decir, por el celo apostólico”. La Iglesia es misionera y debe vivir una fraternidad que experimenta en sí misma la presencia del Espíritu Santo que la plasma en salida ― la Iglesia en salida, que sale―, para que no se repliegue en sí misma, sino que sea extrovertida, testimonio contagioso de Jesús, orientada a irradiar su luz hasta los últimos confines de la tierra, porque posee en su origen un espíritu misionero, el cual la impulsa a arriesgarse en la búsqueda de los que sufren, al mejor estilo de Jesús, el Buen Pastor, y de San Óscar Arnulfo Romero.
Todo esto es una llamada a la conversión, a volvernos a Dios y desde Dios al hermano, sobre todo al pobre, al que sufre; y “Sentir con la Iglesia”, humana y divina, santa y pecadora.
que Él nos envía a llevar adelante nuestra misión como testimonio profético que abarca a toda la familia humana, junto con nuestras denominaciones cristianas y otras tradiciones de fe. Claro, para todo esto es preciso escuchar a Jesús y los Apóstoles y a todos los hermanos y hermanas, porque el principio sinodal de ser pueblo de Dios’ es escuchar lo que dicta el Paráclito. Veamos como Monseñor Romero tuvo la gracia de escuchar con docilidad y conversar espiritualmente con Dios, con Jesucristo y le ha ofrecido una vida intensa, rica en matices. Una vida que floreció hasta convertirlo en el “testigo de la fe al pie del altar” porque sus raíces estaban bien cimentadas y metidas en Dios, en El encontró la fuerza de su vitalidad, por Él, con Él y en Él fue viviendo, también su vida Arzobispal entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios y poseído por Dios logró hacer lo que siempre quiso hacer: grandes cosas, pero por los caminos que el Señor le tenía señalados, caminos que fue descubriendo en su intensa e íntima unión con Cristo, modelo y fuente de toda santidad. Asimismo, a pesar de las dificultades de relación, quiso mantener un diálogo espiritual con sus hermanos Obispos, la Iglesia Jerárquica de El Salvador, esfuerzo que nunca dejo de hacerlo.
Es hermoso, al releer nuestra historia de la Iglesia Salvadoreña, contemplar a Monseñor Romero caminando en sinodalidad con el Pueblo de Dios de esta Iglesia Particular. Contemplarlo ensanchando su tienda con la ayuda del Espíritu Santo, queriendo hacer una conversación espiritual con sus hermanos Obispos a fin de que juntos comprendieran que en medio de aquella pandemia de violencias e injusticias, de atropellos y vejámenes, la fraternidad cristiana los debería de superar a cada uno de ellos y englobarlos en el servicio del pueblo salvadoreño, puesto que: “La fe es la que nos ha hecho un único hombre nuevo en Cristo, la que hace crecer continuamente la exigencia de disolver la peculiaridad de nuestro yo individual, la autoafirmación
Hermanos, juntos vamos en la barca del Señor y está siendo conducida por el mismo Pedro, que hoy se llama Francisco, quien guiado por las inspiraciones del Espíritu Santo nos está motivando a una verdadera “conversión pastoral”, que clama desde lo más profundo del corazón: “Caritas Christi, urgenos”. Una nueva experiencia pastoral que impulsa el «caminar juntos», ayudándonos a comprender que la Iglesia no es solo de Obispos y Sacerdotes; Religiosos y Religiosas, sino una Iglesia en la que mujeres y hombres de nuestro tiempo y de los más variados estamentos, junto con nuestros pastores y el mismo Sucesor de Pedro, estamos dispuestos a ‘escuchar’ al Espíritu Santo, a fin de que nos vayamos convirtiendo en una Iglesia Sinodal que camina y vive en Comunión, participación y misión.
Ciertamente nos ha costado comprender que la sinodalidad representa el camino a través del cual la Iglesia puede renovarse por la acción del Espíritu Santo, escuchando juntos en el camino lo que Dios tiene que decir a su pueblo acerca de la comunión y la participación en la vida de la Iglesia, sino que también escuchar
Grandes y cargados de fraternidad y filiación fueron sus sentimientos y pensamientos de Monseñor, para con la Iglesia Universal y el Papa, todos ellos nacidos en lo más hondo de su corazón, de modo muy particular para el Papa Pablo VI. Cuanto disfrutaba Monseñor pasar unos días en Roma junto a Pedro, eso le daba la oportunidad de “Sentir con la Iglesia y vivir la comunión con el Romano Pontífice” muy de cerca, y nos decía: “porque allá donde ya saben cómo amo y soy solidario de la Sede, del Sucesor de
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Pedro, no podrían dudar de mi fidelidad al Papa. Y he ratificado una vez más que moriré, primero Dios, fiel al Sucesor de Pedro, al Vicario de Cristo”.
los ricos para dárselas a los pobres. Así, a los pobres les aliviaba sus problemas y a los ricos su conciencia. Su opción fue preferencialmente por los pobres.
en una hostia viva y lo unió a su Hijo en la cruz.
Y así, sucesivamente supo dialogar con el tiempo presente y leer los acontecimiento de éste a la luz de la fe, para responder a ella como Buen Pastor escuchando el sentir del Pueblo de Dios. Pero quizás la conversación espiritual más genuina y edificante para todos fue la que tuvo con los pobres frente a sus temores, a sus angustias y en las persecuciones a ellos infringidas; y desde su fe y de su vivencia del Evangelio siempre se dejó conducir por las inspiraciones del Espíritu Santo y la justicia de Dios, para con caridad pastoral darles la oportuna respuesta de ser la voz de los sin voz y, al final, como Jesús, el Buen Pastor, dar su vida por ellos.
Fue en este contexto donde debió vivir su ministerio episcopal, en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios y, por encima de todo, optó por ser fiel a Dios y a su pueblo; y así vivió la fraternidad con los desposeídos. Muchos fueron sus gestos de fraternidad para con los pobres, los campesinos y los obreros; de igual manera con su clero ante la persecución. Supo concretar la fraternidad bajo las inspiraciones del Espíritu Santo: su estilo de vida era sencillo y pobre, casi espartano. Se tomaba en serio la pobreza sacerdotal. Compartía con los pobres su comida y también los dejaba pasar la noche en su casa parroquial. Pedía limosnas a
Defendió el derecho a la vida, buscó ayudar a comprender que la violencia es inhumana y no cristiana; denunció la violencia institucionalizada y la violencia de la insurgencia. Ayudó con su palabra a comprender que la paz de los cementerios no es la paz verdadera y que la verdadera paz es fruto de la verdad, del amor y de la justicia. Defendió el derecho a asociarse libremente y apoyó los reclamos justos de las organizaciones populares, puesto que el bien común significa proteger a los pobres. Proclamó que una ley sin Cristo, sin Dios, sin amor no es una ley que dignifica al hombre, porque la gloria de Dios es que el hombre viva. Impulsó Cáritas, creó los refugios, el Socorro Jurídico, compartió los premios económicos que recibió con los enfermos del hospitalito. Fue un padre y pastor muy cercano a sus sacerdotes. Siempre lucho por vivir la fraternidad con sus hermanos Obispo, puso en ello toda su esfuerzo con diligencia.
Monseñor Romero sigue siendo hoy, lo que siempre ha sido: un Obispo con olor a oveja; el amor de Cristo a los pobres hecho hermano y Buen Pastor. Lo seguirán amando los pobres y los que lo quieran conocer desde la fe y el evangelio. Y aquellos que no lo ven como Buen Pastor, lo seguirán teniendo como ellos quieran, hasta que su corazón se vuelva a Jesús. Monseñor Romero con su vida sigue siendo una llamada a la conversión y a la solidaridad fraterna para todos los cristianos. Para nosotros los sacerdotes es una llamada a ser Pastores al estilo de Jesús, pastores con experiencia de Dios y por lo tanto fraternos, con el Evangelio en las manos y dentro del corazón y en los labios, pero con la fidelidad de Jesús hacia los pobres, que son nuestros hermanos predilectos. Para laicos es también una llamada a la conversión hasta llegar a la plenitud de la solidaridad fraterna con los pobres y necesitados y a defender su fe aún con la propia vida. Muchas gracias.
Dios fue su único confidente, en Él encontró siempre serenidad para su alma y la paz que su corazón necesitaba para seguir predicando según su corazón y se dejó guiar por las inspiraciones del Espíritu Santo, porque la santidad siempre fue su meta. Y fue en ese sendero donde un día Dios lo sorprendió con el don del martirio y, en su infinito amor, transformó su vida
Domingo de Ramos
En este domingo nuestra Iglesia Católica celebra con gran alegría y esperanza la entrada triunfal de Jesús en la ciudad de Jerusalén. Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén, sabiendo los riesgos que le podía traer, sobre todo el riesgo de una muerte violenta.
Es muy difícil conocer el sentido exacto que pudo dar Jesús a la entrada en Jerusalén. Cuando se escribieron estos relatos, ya habían pasado cuarenta o cincuenta años, y sus seguidores habían cambiado la comprensión de lo que fue Jesús. En los textos se han mezclado datos históricos, esperanzas mesiánicas y tradiciones del Antiguo Testamento sobre la llegada del Mesías. Eso hace difícil pensar en una entrada "triunfal". Porque si era política, no la hubiera permitido el poder romano, si era religiosa, lo hubiera impedido el poder religioso. Los dos poderes podían actuar contra una manifestación masiva, principalmente durante la Pascua, que era tiempo de máxima alerta policial. No cabe duda de que sucedió históricamente, pero no como entrada espectacular, sino como un signo y un acto profético. Seguramente lo acompañó parte del pequeño grupo de seguidores que venía a la fiesta, a los que se unieron otros que venían de Judea y Galilea. La mayoría del pueblo judío estaba del lado de los jefes religiosos y políticos, ellos son los que piden la muerte de Jesús. Tampoco hay que minimizar el número de los seguidores de Jesús. Los evangelios nos cuentan que los dirigentes y líderes no se atrevían a detenerle en público, debido al gran número de los seguidores. El hecho de que lo detuvieran de noche, en despoblado y con la ayuda de un traidor, demuestra que los dirigentes tenían miedo.
Con la entrada en Jerusalén se reaviva la esperanza del pueblo, entraba la liberación tan deseada y la paz que necesitaba la gente. Jesús montó sobre un humilde asno y desafió al imperio y al sacerdocio, a Pilato y a Anás y Caifás, con sus cortes y legiones, con
todas sus inhumanas órdenes “sagradas”. Reavivaron la esperanza, agitaron ramos, corearon hosannas: ¡Seremos liberados! ¡Que viva el Liberador!
Jesús quiere entrar hoy en nuestros proyectos, ilusiones y esperanzas, ¿Qué encuentra hoy en nuestras vidas? ¿Cómo lo recibimos en este día de su entrada humilde y transformadora?
1. NADA LO DETIENE EN SU CAMINO
El asesinato de Juan El Bautista no fue algo casual. Según la memoria histórica del pueblo judío, el destino que le espera al profeta de Dios era la incomprensión, la persecución, la acusación, el rechazo y, en muchos casos, la muerte violenta. Probablemente, Jesús imaginaba que su final podía ser violento y doloroso.
Sin embargo, Jesús no fue un suicida ni buscaba el martirio o la persecución. No quería el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a luchar contra el sufrimiento en la enfermedad, las injusticias, la marginación y la desesperanza. Vivió
entregado a “buscar el reino de Dios y su justicia”. Aceptó la persecución y el martirio por fidelidad al Reino. No buscó la muerte, tampoco se echó para atrás. No huyó ante las amenazas, tampoco suavizó su mensaje.
Jesús pudo evitar la muerte violenta, habría bastado con callarse y no insistir en lo que molestaba en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al Reino de su Padre. Murió fiel al Dios en el que confió siempre. Le enseñó a la gente que Dios es amor para todos, incluso para los pecadores e indeseables. Terminaron rechazándolo, murió como un “excluido” pero confirmando lo que fue su vida entera: confianza en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón y que quiere salvar a sus hijos e hijas de todo lo que esclaviza y oprime.
En el amor de Jesús crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, grita contra todas las injusticias y perdona a los verdugos de todos los tiempos. En él
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hemos puesto nuestra confianza y nuestra esperanza de liberación de todos los pecados de este mundo. Nada lo detiene y nada lo detendrá porque es el Dios Amor y Justicia.
A Jesús le mataron porque estorbaba a aquellos que habían hecho de Dios y de la religión judía un instrumento de dominio y opresión para los más débiles y pobres del pueblo. La muerte de Jesús no se puede separar de su profetismo, es decir, de su denuncia de la injusticia, sobre todo la que se ejercía en nombre de la Ley y del templo. Su opción por los pobres y excluidos fue siempre su mensaje. Esta actitud, defendida en nombre de Dios, resultó insoportable para los que sólo buscaban sus intereses y sus privilegios.
En la cruz demostró que para él, el amor es más importante que la vida. Allí nos enseñó el camino hacia la Vida definitiva. Ese camino nos lleva a la plenitud humana, que no está en asegurar nuestro "ego", ni aquí ni en el más allá, sino en alcanzar la plenitud del amor que nos une y nos identifica con Dios. Amando como Dios ama desarrollamos nuestro verdadero ser.
Lo primero que descubrimos en Jesús crucificado, torturado hasta la muerte por las autoridades religiosas y el poder político, es la fuerza destructora del mal, la crueldad del odio y el fanatismo de la mentira. Pero en esa víctima inocente, los discípulos de Jesús vemos a Dios identificado con todas las víctimas de todos los tiempos y lugares. Despojado de todo poder dominante, de belleza estética, sin éxito político y sin aureola religiosa, Dios se nos revela, en lo más puro e insondable de su misterio, como amor y perdón. No es ni será un Dios frío, apático e indiferente. Es un Dios que padece con nosotros, sufre en nuestros sufrimientos y muere en nuestra muerte. Así es de Humano el Dios Divino que vive en nosotros.
El Dios crucificado no es poderoso ni controlador, no somete a nadie. Es un Dios humilde y paciente, que respeta siempre la libertad de toda persona, aunque abusemos una y otra vez de su amor. Prefiere ser víctima antes que ser verdugo. No es el Dios justiciero, resentido o vengativo como creen algunos.
Nuestro Dios crucificado está en la cruz del Calvario y está las cruces donde sufren, lloran y mueren los inocentes: los encarcelados injustamente, los despojados de su pensión digna, los engañados por promesas de políticos corruptos y opresores, los niños hambrientos y las mujeres maltratadas, los torturados por los verdugos del poder, los explotados por nuestro bienestar, los olvidados por nuestra religión y si miramos en nuestra sociedad, cuantos hermanos y hermanas nuestros están crucificados.
3. NOS ENSEÑA A CARGAR CON LA CRUZ
Seguir a Jesús no es algo teórico. Significa seguir sus pasos, comprometernos como él a «humanizar la vida», y vivir haciendo realidad su proyecto de un mundo donde reine Dios, su amor y su justicia. Estamos llamados a poner la verdad donde hay mentira, a promover justicia donde hay abusos y crueldad con los más débiles y pobres, a tener compasión donde hay indiferencia y pasividad ante los que sufren.
evangelio, hacer comunidades con Espíritu profético, martirial y transformante de la realidad histórica.
Seguimos pensando que el dolor y la muerte son incompatibles con la presencia de Dios. Un Dios que no dé seguridades a nuestro yo, no nos gusta. Un Dios que no nos garantice la permanencia del yo individual y egoísta no alegra nuestros gustos. Entender la muerte de Jesús es el primer paso para entender nuestro propio dolor y nuestra propia muerte. Si descubrimos que Jesús llegó al grado máximo de humanidad cuando fue capaz de amar por encima de la muerte, descubriremos dónde está para nosotros también la verdadera Vida y la buscaremos con más empeño.
Necesitamos convencernos que no puede haber vida si no se acepta la muerte. También la muerte física, pero sobre todo la muerte de nuestro "ego" individualista y excluyente.
No debemos olvidar que del dolor vino la esperanza y desde la muerte viene la Resurrección, porque para Dios la vida no se termina, solo se transforma. Recordemos el mensaje de Jesús: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere produce muchos frutos…”
Jesús espera que nos comprometamos a cargar con la cruz de la verdad y la justicia, la reconciliación y la PAZ, haciendo presente en nuestras comunidades el Reino de Dios y su llamado a la conversión. Menos diversión y más conversión.
2. EL ESCÁNDALO Y LA LOCURA DE LA CRUZ
Desde los primeros cristianos la fe en un DIOS CRUCIFICADO sólo podía ser vista como un escándalo y una locura. ¿A quién se le ocurre decir algo tan absurdo y horrendo de Dios? Jamás una religión se ha atrevido a confesar algo semejante.
En los evangelios se conserva aquella llamada realista de Jesús a sus discípulos: “si alguno quiere venir detrás de mí… cargue sobre sus espaldas la cruz y sígame”. Jesús no es un demagogo, no los engaña. Si lo quieren seguir de verdad, tendrán que compartir su destino y terminarán como él. Esa fue y será la prueba de que el seguimiento es fiel. Para seguir a Jesús, es importante «hacer»: hacer un mundo más justo y más humano; hacer una Iglesia más fiel a Jesús y más coherente con el
Espiritualidad del Triduo Pascual
«La Iglesia celebra cada año los grandes misterios de la redención de los hombres desde la Misa vespertina del jueves “en la Cena del Señor”, hasta las Vísperas del Domingo de Resurrección. Este período de tiempo se denomina justamente el “Triduo del crucificado, sepultado y resucitado”; se llama también “Triduo Pascual”, porque con su celebración se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir, el tránsito del Señor de este mundo al Padre. En esta celebración del misterio, por medio de los signos litúrgicos y sacramentales, la Iglesia se une en íntima comunión con Cristo, su Esposo.» (Circ. 38)
¿Por qué es importante el Triduo pascual? la respuesta ya lo podemos intuir de lo que hemos citado de la carta circular para las fiestas pascuales de 1988; sin embargo, también las normas universales del año litúrgico y el calendario nos ofrecen una respuesta: «La obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, Cristo la realizó principalmente por el Misterio Pascual, mediante el cual con su muerte destruyo nuestra muerte y con su Resurrección restauró nuestra vida. Por esta razón el santo Triduo pascual de la Pasión y Resurrección del Señor es el centro del año litúrgico. Así como el domingo constituye el núcleo de la semana, también la solemnidad de Pascua constituye el núcleo del año litúrgico» (NUALC 18).
Queda claro, Cristo ha muerto por nosotros y con su muerte nos ha salvado, nos ha obtenido la vida nueva en el Espíritu (cf. Rm 8, 1-13); nos ha hecho hijos de Dios (cf. Rm 8, 14-18). La Iglesia, siempre en la liturgia pide a Dios «que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2, 4). Pero de modo especial
Pasión Muerte Resurrección
en el triduo pascual, vemos como ejemplo las dos oraciones que se proponen hacer después de la tercera lectura en la vigilia pascual:
• «También ahora, Señor, vemos brillar tus antiguas maravillas y, lo mismo que en otro tiempo manifestaste tu poder al liberar a un solo pueblo de la persecución del Faraón, hoy aseguras la salvación de todas las naciones, haciéndolas renacer por las aguas del bautismo; te pedimos que los hombres del mundo entero lleguen a ser hijos de Abrahán y miembros del nuevo Israel…»
• «Oh, Dios, que has iluminado los prodigios de los tiempos antiguos con la luz del nuevo Testamento, el mar Rojo fue imagen de la fuente bautismal, y el pueblo, liberado de la esclavitud, imagen de la familia cristiana; concede a todas las gentes, elevadas por su fe a la dignidad de
pueblo elegido, regenerarse por la participación de tu Espíritu…»
En ambas oraciones se pide a Dios que el mundo entero o las gentes sean hechos parte de la Iglesia, el nuevo Israel y el pueblo elegido. Recordando que, para ser parte del pueblo de los hijos de Dios, hay que pasar por el bautismo; «El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu ("vitae spiritualis ianua") y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión» (CEC 1213). Es evidente que el bautismo, es de gran importancia en estas celebraciones, no desde el punto de vista ritual, sino experiencia, como acción sacramental por la cual el hombre pasa a gozar la vida de los santos (la vida en Cristo).
Domingo de Pascua de la Resurrección Del Señor
Vigilia Pascual En La Noche Santa
Escrito por: Pbro. Alberto Josué Cruz García
«Según una antiquísima tradición, ésta es la noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como “la madre de todas las santas vigilias”. Durante la Vigilia la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación Cristiana». (Circ. 77).
Precisa el misal en las rúbricas: «los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-37), deben asemejarse a los criados que, con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que cuando les encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa». Las velas del lucernario, que es la primera parte de la vigilia Pascual, son símbolo del interior de cada persona que es luz de este mundo, y espera con ansias «la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo». Como sabemos, el lucernario inicia con la bendición del fuego y la signación del Cirio Pascual:
Mientras hace estos signos, dice:
1. Cristo ayer y hoy
Graba el trazo vertical de la cruz.
2. principio y fin
Graba el trazo horizontal.
3. alfa
Graba la letra alfa sobre el trazo vertical.
4. y omega
Graba la letra omega debajo del trazo vertical.
5. Suyo es el tiempo
Graba el primer número del año en curso en el ángulo izquierdo superior de la cruz.
6. y la eternidad
Graba el segundo número del año en curso en el ángulo derecho
superior de la cruz.
7. A él la gloria y el poder Graba el tercer número del año en curso en el ángulo izquierdo inferior de la cruz.
8. por los siglos de los siglos. Amén. Graba el cuarto número del año en curso en el ángulo derecho inferior de la cruz.
Acabada la incisión de la cruz y de los otros signos, el sacerdote puede incrustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice:
1. Por sus llagas
2. santas y gloriosas,
3. nos proteja
4. y nos guarde
5. Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Cuando el sacerdote enciende el cirio dice: «La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu». Porque se le pide a la Luz del mundo que sea él quien nos devuelva la vista por medio de su luz poderosa.
Un momento muy especial es el canto del pregón pascual; traemos a colación solo algunos fragmentos de este hermoso himno: «… Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero. Alégrese también nuestra madre la Iglesia revestida de luz tan brillante… Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló con misericordia el recibo del antiguo pecado. Porque estas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles… Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado… los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad
del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos… Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla. Porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa…»
La liturgia de la palabra es todo un recorrido por la historia de la salvación, para que fieles actualicemos ese misterio glorioso de cómo Dios ha salido al encuentro del hombre y se le ha ido revelando de manera progresiva para salvarlo, y llegado el culmen de los tiempos, se revela en Cristo que con su muerte nos obtiene la vida. Esta liturgia se estructura de siete lecturas del antiguo testamento con su salmo y una oración presidencial.
Merece la pena leer la colecta de la vigilia pascual, pues engloba todo lo que necesitamos saber sobre la espiritualidad de esta celebración:
«Oh, Dios, que has iluminado esta noche
santísima con la gloria de la resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el espíritu de la adopción filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio...»
Se pide a Dios avivar el espíritu de filiación, recordando que no somos hijos por derecho, sino por adopción, somos hijos en el Hijo, ya que es él el «primogénito de toda criatura» (Col 1, 15).
La tercera parte es la liturgia bautismal en ella los ya bautizados renovamos nuestro compromiso como seguidores del Maestro de Nazareth, más aún renovamos nuestra condición de hijos de Dios, y en esta liturgia solemne, los catecúmenos reciben los sacramentos de la iniciación cristiana, bautismo, confirmación y Eucaristía, en el orden propiamente teológico, pues participan de la eucaristía como cenit de su vida cristiana. Recordemos que la Eucaristía es el centro de la vida sacramental (cf. LG 11).
«La liturgia bautismal es la tercera parte de la Vigilia. La Pascua de Cristo y nuestra se celebra ahora en el Sacramento. Esto se manifiesta más plenamente en aquellas iglesias que poseen la pila bautismal y más aún cuando tiene lugar la iniciación cristiana de adultos, o al menos el bautismo de niños. Aun en el caso en que no haya bautizos, en las iglesias parroquiales se hace la bendición del agua bautismal. Si esa bendición no se hace en la pila bautismal, sino en el presbiterio, el agua bautismal debe ser trasladada después al baptisterio, donde será conservada durante todo el tiempo pascual. Donde no haya bautizos ni se deba bendecir el agua bautismal, hágase
la bendición del agua para la aspersión de la asamblea, a fin de recordar el bautismo» (Circ. 88)
«La celebración de la Eucaristía es la cuarta parte de la Vigilia, y su punto culminante, porque es el Sacramento pascual por excelencia, memorial del sacrificio de la cruz, presencia de Cristo resucitado, consumación de la iniciación cristiana y pregustación de la Pascua eterna» (Circ. 90).
«Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, al propio Cristo, nuestra Pascua» (PO 5).
El culmen de la celebración es la liturgia de la Eucaristía, centro del Misterio pascual de Cristo. La mayor participación en la pascua del Señor es comulgando el cuerpo del Señor. Es el señor quien se da como alimento a su esposa la Iglesia y le da vida.
Iglesia en el Mundo
El régimen del Presidente Daniel Ortega difundió por primera vez fotos y un vídeo del obispo de Matagalpa encarcelado. Las imágenes se hicieron durante un encuentro entre el prelado y sus familiares en el recinto penitenciario donde cumple una condena de más de 26 años.
Por primera vez desde su condena por traición a la patria el pasado 10 de febrero, se tuvieron noticias de monseñor Rolando Álvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa, encarcelado desde hace 45 días. El periódico digital “El 19”, medio afín al gobierno de Nicaragua, publicó fotos y un vídeo de la reunión del prelado de 56 años
Fuente: VaticanNews
junto a sus familiares. En las imágenes se le observa ostensiblemente más delgado y vistiendo el traje azul de los reclusos, mientras come junto a dos de sus hermanos. Las fotos fueron acompañadas de un texto breve que explica que las imágenes corresponden a “la visita y reunión familiar que sostuvo monseñor Rolando Álvarez con sus hermanos, Vilma y Manuel Antonio Álvarez Lagos, esta tarde en el Sistema Penitenciario Nacional Jorge Navarro de Tipitapa”, conocido como cárcel “Modelo”. Este recinto ha sido denunciado en reiteradas
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ocasiones por organismos internacionales como un sitio donde se violan los derechos humanos.
Recientemente, el Grupo de Expertos de Derechos Humano sobre Nicaragua, acusó al gobierno de cometer violaciones de derechos humanos que constituyen crímenes de lesa humanidad contra civiles. Las imágenes se difundieron después de que varios sectores de la oposición nicaragüense y organizaciones de derechos humanos exigieran de forma independiente pruebas de que estaba vivo.
Bajo arresto desde agosto de 2022 Hasta ayer se desconocía el paradero del obispo que había estado bajo arresto domiciliario desde el 19 agosto de 2022 y a cuya familia se le había impedido tener contacto con él. El 9 de febrero pasado, cuando el gobierno del Presidente Daniel Ortega envió al exilio a 222 personas, monseñor Álvarez se negó a dejar el país, por lo que se le sometió a un juicio abreviado. La sentencia que se dictó, además de traición a la patria, consideró los cargos de conspiración para desestabilizar al país,
propagación de noticias falsas, obstrucción de funciones agravadas y desacato a las autoridades. Fue condenado a 26 años y cuatro meses de cárcel.
Por solicitud del gobierno local, el pasado 17 de marzo se cerró en Managua, capital del país, la Nunciatura Apostólica, y el último funcionario de la sede diplomática del Vaticano, monseñor Marcel Diouf, abandonó la nación centroamericana rumbo a Costa Rica.
Con inmensa alegría, viven consagración Episcopal y toma de posesión
Invitados especiales de diferentes partes del mundo acompañaron a Monseñor José Vicente Nácher Tatay en su toma de posesión como Arzobispo de Tegucigalpa.
Con motivo de la Consagración Episcopal y toma de posesión de Monseñor José Vicente Nácher Tatay C.M., como el VI Arzobispo Metropolitano de Tegucigalpa obispos y cardenales de todo el mundo se hicieron presentes para acompañarle, así como también, la Conferencia Episcopal de Honduras (CEH) y el clero diocesano de Honduras.
pastoreo, invitados especiales acudieron para unirse a esta fiesta que vive la Iglesia hondureña en la Solemnidad de la Anunciación del Señor.
Entre los obispos y cardenales que visitan nuestro país destacan Su Eminencia Gregorio Rosa Chávez, Cardenal Salvadoreño. Monseñor José Domingo Ulloa, Arzobispo de Panamá, Monseñor José Luis Escobar Alas, Arzobispo de San Salvador, Monseñor José Rafael Quirós, Arzobispo de San José, Costa Rica, Monseñor Gianfranco Todisco, entre otros. Además, familiares de Monseñor Nácher Tatay llegaron desde España a nuestro país para acompañar al nuevo Arzobispo como también miembros de la Parroquia San Vicente de Paul de San Pedro Sula y de la Medalla Milagrosa de esta capital, así como de las comunidades donde Monseñor Nácher ha desarrollado su misión.
Arzobispo de San Salvador, expresa alegría por este gran acontecimiento
Invitados
Llenos de alegría y entusiasmo acompañando al nuevo arzobispo de Tegucigalpa y también, en agradecimiento a S.E Óscar Andrés Cardenal Rodríguez, quien termina su servicio pastoral en la Arquidiócesis después de 30 años de
“Estamos muy contentos al darnos cuenta desde que tuvimos la noticia que su Santidad el Papa Francisco había nombrado al Padre José Vicente Nácher como Arzobispo de Tegucigalpa, nos alegra estar aquí en su consagración como obispo, su ordenación episcopal y en su nombramiento y toma de posesión como VI Arzobispo de Tegucigalpa. Nosotros venimos para expresarle nuestro cariño, afecto, fraternidad, cercanía, gozo por este gran acontecimiento, le auguramos gran éxito, bendición y que, su trabajo este siempre iluminado por el Espíritu Santo, que sea una luz para todo Honduras y más allá de la frontera de Honduras. Estamos seguros que hará un gran papel de la mano del Señor y aprovecho para agradecer a Su Eminencia Óscar Andrés Cardenal Rodríguez Maradiaga, el legado que deja, todo lo que ha hecho, el cardenal Rodríguez por 45 años ha sido obispo en esta diócesis primero 15 años como obispo auxiliar y luego 30 años como arzobispo en el tiempo y en la calidad y gracia de Dios. Sus obras son muy grandes, el Señor le premiará por su apostolado y ahora la Arquidiócesis está en manos de Monseñor Vicente, estamos seguros que hará una gran obra. Nosotros como obispos hermanos estaremos apoyándole por gran cariño y afecto que están siempre a favor de monseñor Vicente como del Cardenal y de Honduras que es un país hermano y le deseamos lo mejor”.