08 de noviembre de 2014. Señoras y señores Senadores Señoras y señores Secretarios de Estado La Comisión Nacional de Derechos Humanos bajo la presidencia de Raúl Plascencia Villanueva representa todo lo que rechazamos como ciudadanos y como organizaciones sociales y civiles en los organismos ¨autónomos¨ que actualmente están colonizados por los partidos políticos y los gobiernos. Como se ha demostrado ampliamente, la CNDH bajo la gestión de Raúl Plascencia se ha convertido en un órgano que busca congraciarse con instituciones y personas que detentan el poder político; ha sido omisa, ausente y lenta en la atención de varios casos de violaciones graves a derechos humanos; no atiende las crecientes violaciones a los derechos humanos de los defensores de éstos; no goza de la credibilidad y confianza de las víctimas y en general de la población; no da seguimiento a sus recomendaciones y es una institución que no es transparente ni rinde cuentas. Los cerca de 1500 millones de pesos de nuestras contribuciones al presupuesto público que la Cámara de Diputados asigna anualmente a la CNDH han servido para múltiples propósitos, menos para la protección, promoción y defensa de los derechos humanos. Tenemos hoy como CNDH al organismo más caro e ineficiente del mundo ya que sus recursos son desviados para atender entre otras cuestiones a: Contratar a familiares y recomendados de políticos pertenecientes a diversas fuerzas políticas, como forma de congraciarse con estos y obtener su apoyo. Controlar a los organismos estatales de derechos humanos y a través de ellos, a las organizaciones civiles y sociales locales lo que obstaculiza la creación de un Sistema Nacional de Derechos Humanos efectivo, autónomo y confiable.