Mi profesión de periodista y escritora hizo que entrevistara a Ana Leiva. En pocos minutos, empecé a vislumbrar que no se trataba de un mero reportaje, sino que estaba frente a una confesión que debía ser conocida.
Al enterarse de que su apellido paterno tenía orígen judío, un secreto guardado por más de 500 años, Ana emprendió la fascinante búsqueda de su verdadera identidad. Tuve la suerte de poder acompañarla en su travesía. A medida que las investigaciones históricas fueron avanzando, nos dimos cuenta de que no se trataba de una única historia, sino que estábamos desentrañando el silencio de los silenciados por la Inquisición de anteayer, de ayer y aún vigente.