IBAGUÉ, AGOSTO 14 DE 2011
FA CE
TAS CULTURA AL DÍA
Vaivén histórico
Ibagué: 1948
Hernando Bonilla Mesa Colección Abierta
Obras que se acercaron al público
Hernán Camilo Yepes Vásquez Roberto Cadavid Misas ‘Argos’
Van 22 años sin el ‘Guardián del Idioma’ Redacción Cultural
FACETAS
Ibagué: 1948
Por Hernando Bonilla Mesa
Dice el padre Gaspar Astete que el hombre adquiere el “uso de razón” aproximadamente a los siete años. Más o menos tenía esa venturosa edad cuando advino el año de 1948, y comencé no sólo a ser poseído por el espíritu de la sindéresis del que habla este ilustre jesuita, sino que, también, empezaba a ser consciente de mi inmediato entorno en los recorridos que hacía desde la casa hasta el Liceo Especial, institución docente de Soledad Rengifo Guzmán, la insigne educadora ibaguereña. Por estas calendas yo vivía en la calle 11 entre carreras cuarta y quinta, sector nostálgica y gratamente evocado por Armando Polanco Urueña y Aída Saavedra de García en famosas y felices crónicas. También habitaron allí distinguidas familias como los Polancos, los Cuervos, los Díaz Martínez, los Arciniegas, los Tovares, los Saavedras, los Buenaventuras y los Torres Buenaventura. Este año, haciendo caso omiso del fatídico 9 de abril, fue muy importante por los hechos que entonces ocurrieron en esta urbe. Por ejemplo, se realizaron dos célebres trasteos y una fundación: el histórico colegio de San Simón se trasladó de su sede secular -esquina nororiental de la calle 11 con carrera Tercera- al sector entonces denominado San Antonio; y el cuartel del Ejército, situado adyacentemente a la “Plazuela de Santa Librada”, es decir en el costado Norte de la carrera Tercera entre calles 14 y 15, frente a la ya demolida Plaza de Mercado, se trasteó a “La Esmeralda”, ubicada a la salida para Armenia. La fundación no es otra que la de la institución que en este mes celebra su sexagésimo aniversario: el Club Campestre De Ibagué.
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¿Cómo era el Ibagué de entonces? Alcanzo a evocar muchas cosas. La ciudad se acababa en la calle 25 con carrera Quinta, donde ésta se bifurcaba: a la izquierda, una vía que conducía al Norte del Departamento; y a la derecha, otra ruta que se dirigía a la capital de la República o a Neiva. Los principales barrios de esta Villa de San Bonifacio eran La Pola, Belén, La Estación, Pueblo Nuevo, El Carmen, San Pedro Alejandrino, La Hoyada (hoy Barrio Libertador), El Amé (la zona de tolerancia) y muy pocos más. En 1948 fueron gobernadores del Tolima Gonzalo París Lozano, insigne polígrafo, autor de Guerrilleros del Tolima, antológico relato local de La Guerra de los Mil Días; y, después del mentado 9 de abril, el coronel Hernando Herrera Galindo, espíritu conciliador, progresista y tolerante, a quien la ingratitud del terruño relegó al olvido. Durante el mismo año, Alfonso Vélez Botero, Benjamín Trujillo Lara y Félix A. Martínez Ruiz regentaron los destinos de este municipio. En esta época, cuando no estaban tan difundidas las sectas protestantes, la feligresía católica estaba dirigida por el caracterizado mitrado Pedro María Rodríguez Andrade, quien contaba con el eficiente concurso de Luis Felipe y Buenaventura Jáuregui, los hermanos Lombo, Jeremías Vargas, Pedro José Ramírez Sendoya, el doctor Carlos Restrepo Jaramillo, Pedro María Idrobo Basto y otros miembros no menos destacados del clero ibaguereño. El Parque Murillo Toro de esos años, escenario de mis juegos infantiles, con sus balaustradas, sus bancas de granito, su
fuente, sus palmas de corozo y el tutelar mango frente a la vieja Gobernación, era sólo un fragmento de lo que actualmente es. La Plaza de Bolívar estaba presidida por una estatua de El Libertador (el único Bolívar zurdo que conozco), de autor desconocido, donada por la colonia libanesa, reemplazada posteriormente por una réplica de la de Tenerani. La escultura original se encuentra actualmente en el parque del Barrio Libertador la antigua “Hoyada”), y alguna administración tuvo el mal gusto de pintarla de varios colores. Ya existía el entonces frondoso y proceloso Parque López de Galarza, construido en el sitio donde otrora se celebraban las ferias, como también donde llegaban los circos, las ciudades de hierro, las plazas de toros portátiles y los gitanos. En su fuen-
te, diseñada de acuerdo con los cánones del Art Nouveau, que, afortunadamente, se conserva, solía haber tortugas. No sobra acotar que este lugar, a pesar de su escabroso vecindario, fue uno de los preferidos parajes de los ibaguereños para tomar fotos. La carrera Tercera empezaba en los tanques de La Pola y terminaba en la calle 21, en el antiguo cementerio, donde hoy se encuentra el Cuartel de la Policía. En su trayecto había sectores residenciales, cafés, hoteles y establecimientos comerciales. Los cafés llegaron a cimentar una gran tradición, hoy casi extinta; entre muchos recuerdo al Niza, Pijao, Madrid, en la zona céntrica; y de la calle 15 hacia abajo, el Colombia, Nilo, Volga, Amazonas (del “Pato” Guzmán), el Salón Apolo (del “Rolo” Riaño, donde se oían los
Antigua edificación del Gobierno municipal (Cortesía, Banco de la República).
últimos éxitos musicales) y El Prado. Sobre el Parque López de Galarza se encontraban Las Rosas de la Tarde y El Metropolitano, lugares no muy santos. Muchos de los almacenes, casi todos ubicados sobre la misma carrera, eran de propiedad de personas de origen semita: los Levy, los Mandel, los Bondarowski y los Guttmann, judíos; los Chediak, los Chalitas, los Estefan, los Raful, los Assis, los Salamas y otros, de procedencia agarena. Entre las droguerías situadas sobre la misma vía rememoro la Colonial (Paco Jiménez Trujillo), Internacional (Nicolás Rivera M.), la Alemana (Ramón Camacho) y la Colombiana (Emilio Barrero). Igualmente son dignas de evocar la Papelería Tolima de don Pedro A. Niño, la Librería Universal, de Félix A. Martínez Ruiz; la Papelería Colombia, de don Juan Castro, y la Papelería San Simón de José Reale. Entre las calles 10A y 11, frente al célebre mango, estaba la vieja casona de dos pisos, adquirida por el general Casabianca a la familia Caicedo Cuéllar a finales del siglo XIX, donde por muchos años funcionó la Gobernación del Tolima, cuya última remodelación fue realizada por Helí Moreno Otero. Siempre he creído que la demolición de esta vieja edificación fue un inútil acto de barbarie, porque se pudo conservar la parte antigua, construyendo la nueva torre hacia la carrera Segunda, como se ha procedido en otras ciudades con criterio conservacionista. El historiado Cabildo ibaguereño, construido durante la Colonia, donde se reunió el Congreso de las Provincias Unidas en 1812, ya no existía: fue demolido para construir el Edifi-
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La Estación Ospina, inaugurada en 1926.
cio Nacional (donde actualmen te despacha la DIAN), termi nado en los inicios de la década de 1930. Mención especial merece la Plaza de Mercado de Santa Li brada, ya mencionada y ubicada, lugar concurrido por todos los estamentos sociales de la ciu dad. En ese entonces, cuando algunos electrodomésticos, es pecialmente la nevera, no se ha bían popularizado, era casi obli gatorio hacer el mercado diario, especialmente el relacionado con los artículos perecederos, como las carnes. Esta gigantesca construcción, con sus múltiples pabellones, inaugurada el 21 de julio de 1910 con motivo del Centenario de la Independencia, fue abatida en los comienzos del decenio de 1960, aduciendo mo tivos higiénicos y sanitarios. Los hoteles, que en la albo rada del siglo XX se encontra ban en las cercanías de la Plaza de Bolívar (Hotel Brasil, Hotel Colombia, Hotel Central) co menzaron a desplazarse tercera abajo, dando origen a estableci mientos como los hoteles Euro pa, Royal (después rebautizado como San Jorge), Patria, de los Mahechas, y el Lusitania, de la familia Romero, para nombrar sólo algunos. La Estación Ospina, inaugu rada en 1926, fue durante mu chos años un punto neurálgico de la ciudad, en donde todos los ibaguereños se encontraban y departían, ya sea para salir de la ciudad o para llegar a ella. Su destrucción, que fue perpetrada con la complicidad de algunos
paisanos con visión urbanística de topo, constituyó un crimen de leso patrimonio históricoarquitectónico. En su lugar, para el colmo de la torpeza, fue cons truido uno de los pocos termi nales de transporte del mundo localizados en el Centro de una ciudad. Delito similar al anterior lo ejecutaron quienes, so capa de contribuir al ornato de la Villa de San Bonifacio, demolieron la an tigua sede del Banco de Bogotá -también diseñada y construida por Heli Moreno Otero-, joya del más acendrado estilo repu blicano, como el viejo Teatro Torres. En su lugar se erigió una desapacible torre que no hizo aporte alguno al embellecimien to arquitectónico de la localidad. En el grato y nostálgico re manso de estas reminiscencias, cabe hacer una evocación de los sitios donde se desarrollaban actividades lúdicas, que llaman ahora, y que, de alguna manera, fueron los inmediatos precurso res de este Club Campestre. Baste nombrar al Club Baltasar (de don Manuel Mendoza), con su quiosco de baile, su helada piscina, su plaza de toros (Gua dalupe), los primeros juegos electrónicos y los deslizaderos; el Club Miramar, escenario de eventos políticos y de sano es parcimiento, cuyo propietario era el doctor Francisco Lamus Ordóñez, quien contaba con la eficiente colaboración de Ni colás Rivera Moncaleano; y La Playa. Los dos primeros fueron, en sus primeros años, sitios de verdadero ambiente familiar y
altura social, pero después se de generaron, convirtiéndose en si tios de diversión de muy dudosa reputación. Como el mito y la leyen da no pueden excluirse de este tipo de crónicas, siempre escu ché hablar del revuelo que “el diablo” causó cuando hizo acto de presencia en el Club Baltasar, según algunos, o en La Playa, según otros, cuando la concu rrencia bailaba una pieza muy popular entonces (El ron de vinola), prohibida entonces por el Obispo “Nos Pedro María”, a quien la ingeniosa maledicen cia local asociaba burlonamente a un conspicuo personaje de la mitología muisca. Los lugareños aficionados al fútbol, podían desplegar sus habilidades deportivas en las canchas de El Hipódromo, San Jorge, Belén y la de San Si món, entonces recién puesta al servicio. En la faceta periodística se destacaban el semanario con servador “El Derecho” y “Tri buna Gaitanista”, diario liberal, de don Héctor Echeverri Cár denas, víctima de nuestra sem piterna violencia. Recuerdo también la emi sora “Ecos del Combeima”, fundada en 1935 por el em prendedor binomio Francisco Lamus Obando y Nicolás Rive ra Moncaleano, como también a “Ondas de Ibagué”, de don Luís Martínez Ruiz. En 1948, Ibagué ya estaba integrada a la red de los trans portes aéreos, mediante SAE TA, empresa concretada gracias
al indiscutible liderazgo empre sarial de Santiago Vila Escobar, circunstancia que conllevó la construcción del aeropuerto de Perales. En fin, era el Ibagué de la luz Laserna, la telefónica de Aurelio Rey Rey, el salón de belleza Vic toria (de don Adonías Gómez), el Teatro Colombia, el Pasa je Ramírez, la Panadería de las Santos, la piscina del Panóptico, el “balneario” Las Brisas, los paseos a San Jorge y a Ambalá, donde Rosa Elena de Pérez; la tienda de “Rude”, las azarosas incursiones a “La Cueva del Fraile”, de Escolombias (ubica da en el antiguo Hotel Colom bia), el Bar Serenata y de los grandes triunfos de las “Masas Corales del Tolima”, dirigidas por el maestro Squarcetta. En lo concerniente a la gas tronomía sería un imperdonable acto de omisión no recordar las exquisiteces del Casino Chama co, las pastas de Pechenino y la repostería de los Levy, como también los viudos de capaz y los legendarios huesos de ma rrano de “Las Ambalemunas”. No puedo pretermitir en estas añoranzas a Sapaparada, el “loco” Calle y Pájaro Verde, Churima y Cacao, dignos pre cursores de la Guacharaca y Ba dana; y la farragosa bohemia de “Jota I. de Rabí”, “Climacacho” y “Banano”. Igualmente, me parece ver al malogrado poeta Martín Pomala persiguiendo a los desertores escolares, y a Pe drito Arce repartiendo tarjetas de invitaciones y participaciones de eventos sociales. Así mismo, en 1948, un gru po de ciudadanos de diferentes grupos políticos, profesiones y oficios, secundados por algu nas empresas como el Banco de Bogotá, decidió fundar un club al aire libre, con decidida voca ción deportiva y donde también tuviera lugar la sociabilidad con altas miras. La tarea no era fácil, habida cuenta de los procelosos mo mentos que vivía el país, debi do a la violenta confrontación política que entonces prevalecía en Colombia. Pero el espíritu de cordura, sensatez, de des
FACETAS prevenido intercambio social, de convivencia y tolerancia de personas como Rafael Caice do Espinosa, Manuel Guiller mo Torres Muñoz, Francisco y José Vicente González To rres, Gildardo Armel, Capitoli no Sánchez Z., Nicolás Rivera Moncaleano, Guillermo y Jai me Laserna Pinzón, Eduardo Sendoya C., Cupertino Criales, Hugo Gaviria, Carlos Mazuera Sanabria, Adolfo y Alberto Már quez, Manuel Ignacio González, Manuel Álvarez Angulo, Néstor Llano, Julio Fajardo Rubio, Feli pe Vargas Mariño, Jaime Varela, la empresa Vila Londoño Ltda., y otros pocos, se impuso, y fue así como se concretó esta idea, aparentemente imposible en esos momentos. De lo que sí estoy seguro es que estos fun dadores jamás pensaron que, con el transcurrir de los años, el club, a causa de su expansión te rritorial, se convertiría en una de las más grandes reservas ecoló gicas de Ibagué. Es más, no creo que en esas calendas existiera el neologismo ecología. Para terminar, no sobra re gistrar en este texto las personas que con su ánimo dinámico y progresista, al presidir los des tinos del club, hicieron posible que esta institución ocupe un lugar destacado en el concierto de esta clase de corporaciones. En este sentido es imperativo recordar los nombres de: Ma nuel Guillermo Torres Muñoz y Rafael Caicedo Espinosa, ya mencionados; Lorenzo Urueña Escovar, Arcesio González M., Alberto Suárez Casas, Alber to Vila Londoño, Eduardo de León Caicedo, Jaime Rengifo Pardo, Santiago Meñaca Cas tillo, Roberto Mejía Caicedo, Jorge Guzmán Molina, Jorge Melendro Castilla, Jorge Eduar do Caicedo Serrano, Hernando Caicedo Borrero; y en tiempos más recientes, Francisco Peña loza Castro, Félix Tomás Aran go, Rodrigo Conde, Jairo López Herrán y otros que se escapan de mi ya declinante memoria. Tomado de la Revista Corporación Club Campestre de Ibagué, 60 años de historia: 1948-2008. Ibagué, 2008.
FACETAS
Guillermo Wiedemann Composición 1960 Óleo sobre tela
El propósito se remonta a 1974, cuando la historia dora Aída Martínez conso lidó la actividad de colec cionismo de obras para las oficinas.
Lucy Tejada La ceiba dorada 1958 Óleo sobre tela
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Observar 30 años de historia de la pintura colgados en un solo recinto es darse cuenta de la gran diversidad de puntos de vista que el arte concibe sobre la realidad y sus elementos. Tal propósito lo cumplen las 20 obras que llegaron recientemente al Museo de Arte del Tolima como parte de la exposición itinerante Colección Abierta Bancafé, que empezó siendo privada y ahora llega con la misión de educar a todo un público sobre el valor del arte como patrimonio nacional. Por ello es gratificante reconocer el esfuerzo que han mostrado, décadas anteriores, entidades bancarias de cara a propiciar espacios para la contemplación libre y la preservación de una identidad cultural que aún nos acompaña. Estamos hablando, entonces, de creaciones de entre 1960 y 1990; sus autores, destacados del pincel como Carlos Rojas, Eduardo Ramírez Villamizar, María Cristina Cortés, Lucy Tejada, Enrique Grau y Olimpio Jaramillo. También están Jorge Elías Triana, Lorenzo Jaramillo, Marco Ospina, Ignacio Gómez Jaramillo, Antonio Samudio, Alejandro Obregón, David Manzur, Guillermo Wiedemann, Ángel Loochkardt, Hernando del Villar y Martha Granados. Y es, con esta exposición, como se pretende grabar en la memoria de sus visitantes más que una historia del arte moderno en Colombia; más que eso, son 20 muestras que se consideran paradigmáticas para el trasegar del arte en el país.
Ganando espacios
“Cuando estas piezas pasan a ser parte de la colección de un museo, el carácter público
FACETAS
Colección Abierta Bancafé
Obras que se acercaron al público Obras de la Colección del Museo de Arte del Tolima, de artistas como Eduardo Ramí rez Villamizar, Guillermo Wiedemann, Jorge Elías Triana y Carlos Rojas, complementan la exposición.
Ignacio Gómez Jaramillo Paisaje con río 1963 Óleo sobre tela
pendiente de Bancafé, concentró sus esfuerzos primordialmente en conformar una colección de arte colombiano del siglo XIX. De esa manera, intentó complementar el panorama del siglo XX que había iniciado anteriormente el Banco Cafetero. Pasaron 10 años hasta cuan-
Jorge Elías Triana La danza nupcial 1968 Óleo sobre tela
“Colección Abierta” hace parte del programa de Exposiciones itinerantes del Museo Nacional de Colombia; es concertada con el Ministerio de Cultura.
Enrique Grau El gato de Consuelo 1963 Óleo sobre tela
del mismo aumenta las posibilidades de estudio, divulgación y goce para un mayor número de beneficiarios donde la exhibición de las obras permite centrar la atención en lo que ellas generen por sí mismas”. Con estas sabias palabras, que hacen parte de la muestra, se consolida el propósito de hacer que el arte se vuelva público y literalmente palpable. Por ello, esta muestra itinerante se transformó de ser una colección privada y exclusiva para identificación de sus espacios internos a consolidar parte del patrimonio nacional.
Y todo empezó…
… En 1974, cuando esta colección ya contaba con un significa-
Lucy Tejada Escena georgiana a las viudas 1961 Óleo sobre tela
tivo número de obras, no obstante desde este año y hasta 1990 la División de Divulgación, a cargo de la historiadora Aída Martínez, tuvo a su disposición un presupuesto centrado en la adquisición de obra de los grandes artistas del siglo XX en Colombia. Antes, en 1972, el Banco Cafetero había creado un fondo para patrocinar diferentes manifestaciones culturales como la publicación de libros y la elaboración de programas de enseñanza e investigación. A través del Fondo, en 1980 se creó el Museo del Siglo XIX, hoy en manos de la Federación Nacional de Cafeteros y con la participación del Ministerio de Cultura. Dicho Fondo, el Cultural Cafetero, entidad jurídicamente inde-
do Bancafé dejó de adquirir obras y se concentró en el patrocinio de exposiciones regionales que promovieran la imagen corporativa del Banco, y en que se exigía a los artistas expositores una obra en donación para la colección. “La Colección de Bancafé pasó a
David Manzur Flores para un planeta. De la serie: elementos de una flor 1969 Óleo sobre tela
Bancos centrales (Banco de la República) y ban cos comerciales (como Popular, Granahorrar, Central Hipotecario, BanEstado y Bancafé) son los dos grupos en cuanto a la recolección artísti ca y cultural de entidades financieras.
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Es el Renacimiento, en Italia, la época en que se inicia el interés de la banca por impulsar colecciones. En Colombia, iniciativas de esta índole se producen en el siglo XX.
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Noé León El tigre cazando lagartos 1978 Óleo sobre madera
manos del Ministerio de Cultura cuando el Banco Cafetero fue adquirido por Davivienda (en 1994 cambió su nombre a Bancafé). Mediante legislación del Estado colombiano se estableció que los bienes culturales y patrimoniales de las instituciones bancarias públicas no serían objeto de compra y venta y, por el contrario, serían parte de los acervos de la Nación1”. Fue así como en 2008 esta exposición, en principio recopilada por el Banco Cafetero, pasó a ser parte del acervo del Museo Nacional de Colombia, en un evento
Maria Cristina Cortes Las vacas 1981 Óleo sobre tela
concertado con el Ministerio de Cultura. Desde entonces, ha recorrido distintos periodos museos regionales como el de Arte Moderno de Bucaramanga, el de Arte de Caldas y el Zenú de Arte Contemporáneo, en Montería, Córdoba. Así, sólo así, se cumple el objetivo de hacer que estas obras trasciendan a otros escenarios y salas del territorio nacional, por lo que el Museo de Arte del Tolima adopta esta exposición que el Museo Nacional de Colombia seleccionó previamente, convirtiéndola en itinerante.
En el ámbito local, su llegada a Ibagué es posible gracias a un logro conjunto entre el MAT, el Ministerio de Cultura, la Gobernación del Tolima, la Dirección de Cultura Departamental, la Alcaldía de Ibagué y La Secretaría de Cultura, Turismo y Comercio. Entes estos, que muestran su interés por difundir estas nobles iniciativas y nos dejarán ver, hasta final de mes, 20 formas de resumir el arte en 30 años. 1 http://www.mincultu ra.gov.co/index. php?idcategoria=21042, consultado en agosto 9, a las 9:06 p.m.
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Roberto Cadavid Misas Argos Van 22 años sin el Guardián del Idioma Gramático antioqueño, recordado por su extensa bibliografía y por sus aportes al periodismo nacional, inició su vida en Andes, en noviembre de 1914, y falleció repentinamente, en Medellín, el 15 de agosto de 1989.
perió dico El Colombiano, de Medellín. El diario El Espectador también lo tuvo entre sus filas; desde allí educó a sus lectores con lecciones de gramática, ortografía y sintaxis. Y sus columnas, fuera el diario desde donde se dirigiese, tuvieron éxito debido a esas dosis de buen humor, sal, pimienta, sal picante, gracia e ironía, mas no mortificaba ni hería; por ello se recuerda a un Roberto Cadavid lleno de o frecimientos de diarios nacionales. Y, en efecto, tenía el conocimiento propicio para afrontar esas “gazaperas” a las que se medía constantemente, pero, en medio de su sencillez, confesaba: “No me las sé todas, pero sí sé dónde buscar o consultar las cosas cuando las necesito”. Es así, como el prolífico sentido de preservación del idioma que caracterizó en su tiempo a Argos, pues también se añade que perteneció a la Academia Colombiana de la Lengua desde 1983 hasta su desaparición, queda latente en los cientos de guerreros del periodismo actual. De seguro no se olvidará tan fácil a alguien para quien idioma y palabra no eran “árido desierto, sino dulce fuente de sorpresas” y quien no dejaba escapar errores de los más elaborados discursos políticos y literarios, con su particular agudeza para ello.
Hernán C. Yepes V.
Han transcurrido 22 años desde que falleció Roberto Cadavid Misas, más conocido como Argos, todo un personaje en la preservación del idioma castellano y su enseñanza, a veces irreverente y picaresca, a las generaciones venideras. Fue un hombre de baja estatura y menudo, pero con un universo polifacético que lo caracterizó (como Ingeniero civil de la Escuela de Minas, ahora facultad de Minas de la UdeA, escritor y cazador de gazapos y profesor universitario), que dedicó sus más recientes 13 de existencia, con gran énfasis, a la salvación de las palabras. Prueba de ello está en su bibliografía, cargada de enseñanza en acrónimos, americanismos, anglicismos, arcaísmos, barbarismos, colombianismos, expresiones bien empleadas, etimologías, eufemismos, galicismos, idiotismos, impropiedades, italianismos, muletillas, neologismos, paremiología, pleonasmos, uso de algunas preposiciones y uso de los signos de puntuación. Y para ser más específicos, figuran como títulos Gazaperas gramaticales (1992), Refranes y dichos (1996), estos editados por la Universidad de Antioquia, a los que se suman Cursillo de mitología, el ensayo El lenguaje de las exageraciones paisas, El Quijote a lo paisa (1993), Cursillo de historia de Colombia (1995), Cursillo de historia sagrada (1995), Historia de Antioquia (1996) y El Ensayo en Antioquia. Cursillo de Mitología, en parti-
cular, presenta los misterios sobre la sociedad grecorromana describiendo con picardía y humor todas las pasiones, vicios y virtudes de los dioses, creados a semejanza de los humanos. “... Y el principio de Zeus (y de cualquiera) son los padres. El taita de él era Cronos, que
viene a ser el Saturno de los romanos. Era el dios del tiempo. Con Rea Cibeles, su hermanita, tuvo a Zeus. Porque, en ese tiempo, como que no le ponían muchas bolas a impedimentos de parentescos y cismatiquerías de esas y le echaban mano a la que estuviera más cerquita...”.
De esta manera, entra a ser su repertorio un paradigma en la pedagogía del idioma, que también orientó al periodismo, se recuerda, de esta manera, su ejercicio juicioso de años atrás, entre 1985 y 1989, evidenciado en la columna La Historia de Antioquia, en el
1. http://www.buenastareas. com/ensayos/Roberto-Cadavid/737085.html 2. http://biblioteca.posterous.com/ cursillo-de-mitologiapdf 3. http://biblioteca-virtual-antioquia.udea.edu.co/ pdf/11/11_780012661.pdf 4. http://www.elperiodico. com.co/el-campanario/92campanario/269-argos-un-colombiano-fuera-de-serie.html
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IBAGUÉ, AGOSTO 14 DE 2011 Editorial: Alfaguara Título: Missing (una investigación) Autor: Alberto Fuguet Páginas: 388
Editorial: Grijalbo Título: Los herejes de Oxford Autor: S.J. Parris Páginas: 456 Bogotá, Colprensa
S.J. Parris es el seudónimo de la crítica literaria Stephanie Merritt, quien ahora que se lanzó al mundo de la escritura en el género de la novela, decidió utilizar otro nombre, con el fin de poner distancia entre esta actividad y su trabajo en la crítica. Qué mejor lugar que situar su primera obra en la ciudad universitaria de Oxford, a finales del siglo XVI, cuando era un verdadero hervidero de secretos, enigmas y conspiraciones. Bueno, algunos se atreven a decir que ese tipo de cosas no han cambiado para nada pese al paso de los siglos. Con el trasfondo de las luchas religiosas, entre protestantes y católicos, aparece el científico y filósofo Giordano Bruno, quien inicia la búsqueda de un libro prohibido, mientras investiga una serie de crímenes atroces. La base histórica es interesante, aunque la trama es común en este tipo de propuestas de novelas.
Bogotá, Colprensa
Como ya es costumbre en el autor chileno Alberto Fuguet, en esta obra mezcla, suma, resta, juega con la realidad volviéndola ficción, en esta, su novela más personal y a la vez más arriesgada, siempre vital, conmovedora y cautivante. Se trata de una historia de la familia Fuguet, de las que parecen mentiras, pero que son tan reales, que el escritor necesitaba tiempo para digerirla bien y encontrar el tono adecuado para su completa narración. Carlos Fuguet, tío de Alberto, quien era la oveja negra de la familia, desapareció un día sin dejar rastro. Se convirtió en un tema incomodo para la familia, algo que nadie quería tocar. Qué mejor historia para un narrador como Fuguet, quien, seguramente, ahora es considerado la oveja negra por ventilar secretos familiares, aunque sea desde el género de la novela.
Editorial: Empresa Activa Título: Espíritu de aventura Autor: Albert Bosch Páginas: 160
Título: Sopa de diamantes Autora: Norma Huidobro Editorial: Norma Resuelta a liberarse de sus conflictos familiares, Malena viaja a Córdoba, Argentina, a pasar vacaciones con su abuelo. Allí la espera un misterio relacionado con un reciente asesinato que la pondrá a investigar un fascinante caso. En la línea de la obra de Norma Huidobro, esta es una emocionante historia de suspenso muy bien armada, que se desarrolla en Argentina. Norma Huidobro nació en Lanús, provincia de Buenos Aires, en 1949. Es egresada de la carrera de letras por la Universidad de Buenos Aires. Ha dictado clases de Lenguaje y Literatura en colegios secundarios. Ha publicado en el fondo internacional de Editorial Norma los exitosos libros El misterio del mayordomo, El misterio de la casa verde y El sospechoso viste de negro en la colección Torre de Papel.
Bogotá, Colprensa
Si se encuentra un anuncio clasificado donde se busca personas para un viaje peligroso, salario bajo, frío agudo, meses de completa oscuridad y pocas posibilidades de volver con vida, aunque de regresar se garantizan los honores y el éxito, seguramente no pensaría en postularse. Sin embargo, dicho anuncio apareció en 1914 y fue contestado por 27 personas que, al final, se fueron de expedición al Polo Sur con Ernest Shackleton, con quienes duraron dos años perdidos. Todo esto le resultó inspirador para Albert Bosch, quien su deseo de aventura le ha permitido crear una empresa de consultoría para liderar grupos de inversores. Todo lo que ha aprendido entre la aventura y el manejo empresarial decidió plasmarlo en su libro Espíritu de aventura, donde el autor muestra que la pasión por aventurarse sigue las mismas líneas de acción de los emprendedores más exitosos en el mundo de los negocios.
DIRECTOR: Antonio Melo Salazar JEFE DE REDACCIÓN: Martha Myriam Páez Morales COORDINADOR: Redacción cultural EL NUEVO DÍA PERIODISTA: Hernán Camilo Yepes Vásquez EDITOR: Heernán Camilo Yepes Vásquez DISEÑO: Carlos Augusto Delgado Gutiérrez FOTOS: Internet. Suministradas. Colprensa. Carrera 6a. No. 12-09 Tels.: 2770050 - 2610966 Ibagué Tolima - Colombia Apartado Aéreo 5476908-K www.elnuevodia.com.co Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa del Grupo Editorial Aguasclaras S.A.. ISSN: 021545-8.