#09
ARTE
Avignon
AGOSTO 2014
Publicación mensual de distribución gratuita producida por: Taller de Artes Plásticas El Portón Verde
un puente hacia otra forma de ver
Agosto 1914
Cartas desde la linea de fuego* ..
A 100 anos que el hombre dejo de serlo
Por Ernst Junger Queridos padres: Mi existencia se desarrolla más o menos de la siguiente manera: 2 días en la línea de fuego. Cada 4 horas, 2 de servicio, y el resto del tiempo tiritando de frío bajo tierra. Se dispara muy poco, apenas si le tiré a un chasis. Silba un poco, pero es completamente en vano.
por Walter Pugliese
V
ivimos la época de la violencia extrema. Se rompieron todos los códigos, se quebró la inocencia. El individualismo se multiplicó en sí mismo. Cien años de la mayor violencia desatada por el hombre contra el hombre. Cien años de un insulto a la inteligencia. Agosto 1914, comienzo de la primer guerra mundial.
Las guerras continúan y cada vez más sofisticadas. Las vemos por televisión. Ya no hay soldados que la pinten, que la dibujen o graben sobre metal. Ahora son sólo grandes actores de un cine para la diversión. La guerra paso a ser entretenida, un juego de video. El dolor está anestesiado. Los muertos, irreales. Por nuestros pagos, nunca hubo un equivalente Guernica al bombardeo a la Plaza de Mayo del ´55, ni hay una pintura del genocidio atroz o nuestros soldados de Malvinas.
Y el arte se revolucionó. El siglo XX se transformó en un hallazgo. Se fracturó, se expandió, se puso más negro que nunca y también se iluminó. Quizá, todo esto pretenda Los límites se volvieron diser un llamado de atención fusos. Y se avanzó aunque ante tanta banalidad y frivoDibujo con carbonilla sobre papel madera - 2014 por momentos el hombre lidad. Cien años de guerras y Miguel Maestripierim, alumno del taller de dibujo EL PORTON VERDE pareciera retroceder. Nos violencia indiscriminada. El hicimos cubistas, expresiodinero como único objetivo. Y nistas, surrealistas, fauvistas que se adelantaron en una época de que todo siga como si nada. Repitiéndose, aquí o allá. paz ficticia e inquietante al abismo y la decadencia absoluta de la sociedad que se avecinaba. La humanidad necesita una vez más de sus artistas. Comprometidos, jugados con una causa, que es la paz. Necesita de sus Comprometidos con el hombre, el arte pudo mostrar todo colores, de sus formas, de sus sombras y luces, líneas y planos para su dolor en carne viva. Soutine, Otto Dix, Kirchner, Picasso, poner verdad sobre un tiempo de grandes mentiras. Munch, Dalí entre tantos otros. Recordar la primer guerra mundial de la que huyó mi abuelo Con el tiempo la guerra se fue enfriando y todo se hizo más y tantos miles más por hambre y desesperación, para que no se Pop. Más de todo pero muy poco de lo esencial. Todo muy expli- repitan, para no olvidar. cado, muy instalado como si el hombre no pudiera pensar por sí mismo. Como si el hombre hubiera dejado de serlo. Un NUNCA MÁS mundial plasmado sobre lienzo o piedra.
Fama y soledad de Picasso por John Berger En 1914 el grupo se dispersó. Braque, Derain, Léger, Apollinaire, se fueron a combatir. Kahnweiler, el marchante de Picasso, tuvo que huir del país por ser alemán. Picasso no se preocupaba de la guerra. No era suya. Sin embargo, sufrió al quedar solo. No fue sólo dispersión. Después de la guerra, la mayoría de
los cubistas volvieron a París. Sin embargo, fue imposible por completo para ellos encontrar o volver a crear el espíritu y la atmósfera de 1910. No sólo la desilusión había ocupado el lugar de la esperanza, sino que su posición misma, en relación con ese mundo, había cambiado. Hasta 1914 se habían adelantado a los acontecimientos en su trabajo profético. Después de la guerra fueron los acontecimientos quienes se adelantaron. Ya no sentían –ni aún de forma intuitiva- el empuje de lo que estaba ocurriendo.
De comer no hay mucho. Nadie creería el aspecto que tenemos. Me volví casi insensible al frío. Cuando entramos a un lugar con calor, las rodillas duelen. Mis primeras impresiones de la guerra fueron un poco decepcionantes. Cuando cayeron las primeras balas y obuses, casi todos nos reímos. También pude percibir tranquilamente y por largo rato los gritos de los heridos, la sangre y los sesos del guardia en el portal del castillo. Los obuses mataron a 12 hombres hasta ahora, todavía hay 3 tirados. En Hannover creo que me hubiera desmayado de verlos, pero me alegro de que mis nervios sean tan fuertes. Hoy a las 10.30 de la mañana disparé un tiro realmente magistral. Sobre una elevación a por lo menos 600 metros de nuestra trinchera corría, como una miniatura color caqui, un inglés. Justo me había parado junto a un observador de artillería, que tenía un telescopio de tijeras dirigido a la zona neutra. Le señalé al inglés, apunté, dejé 1 cm. de distancia de tiro (nunca había tenido a una persona tan clara en el punto de mira) y disparé. Me pareció como que se había puesto a cubierto, pero el observador vio nítidamente con sus lentes que el hombre dio dos pasos más, cayó de espaldas, bamboleó dos veces el brazo y luego cayó dentro del agujero de una bomba, salvo por un pedazo de la manga marrón. No volvió a pararse. Es la primera vez en mis 2 años y cuarto de guerra que pude comprobar por completo que di en el blanco. En realidad es poco bonito, pero igual me alegro. ------Querido Fritz: Así que pronto volverás al campo de batalla. Espero que ahora tengas una buena noción del oficio. No tenemos un sistema de trincheras fijo, sino guardias de campo bien adelantados, que están escondidos en hondonadas, detrás de despeñaderos y áreas forestales. Estos apostamientos son una piedra en el zapato para los ingleses, y en los últimos tiempos casi no pasó un día en el que no intentaran invadirlos. En esas circunstancias tuve la oportunidad de librar junto a 24 hombres una larga batalla nocturna contra dos divisiones de indios, lideradas por oficiales ingleses, y contra una compañía de reserva inglesa. En el momento crítico, su jefe, un teniente inglés, armado con maza y revólver, se acercó a pocos pasos. Un tiro a través del ojo y la sien alcanzó a enviarlo justo a tiempo a mejor vida. De botín nos trajimos tres indios heridos a nuestra trinchera. Al teniente inglés lo encontramos recién a la tarde siguiente en los altos pastizales. En su Cold (sic) había sólo dos balas cargadas, junto a cuatro cartuchos disparados. Agarré un casco de acero al que un tiro le había arrancado un pedazo del borde. También encontramos junto a él una botella chata de metal llena de whisky escocés. Parados a su lado en la oscuridad, hicimos una libación por el muerto que nos lo había servido. En breve voy a hacer que envíen mis nuevos trofeos a casa. Ahora poseo: una magnífica carabina inglesa, exquisitamente apropiada para próximas tareas de caza, acompañada de un cinto con cartuchos, el casco baleado del teniente inglés, su maza salpicada de sangre y su estuche para cigarrillos, que me dio Kius. Las praderas silvestres de por acá están ahora magníficamente coloridas. * Cartas publicadas en diversos medios alemanes durante este año.