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Despertad, que empieza un nuevo día, un día que alumbra la esperanza. Quitad de vuestras vidas la rutina, que la tristeza no invada vuestras almas. Abrid, que entre la luz, todas las puertas, abrid, que entre la brisa, las ventanas. Que brote la flor y la sonrisa y se limpien de mal de ojo las miradas. Habrá muchos, seguro, que lo ignoren, R por eso, id a gritarlo por las plazas: E El Dios del amor y la ternura G pasará por la puerta de tu casa. Vigila, estate atento, pues seguro, Ó te pide que le dejes visitarla. N Traerá vestidos nuevos para todos. Vestidos perfumados por su gracia. Y las viejas rutinas que nos duermen, quedarán para siempre trasnochadas, E porque siempre su luz y su presencia nos regalan la vida renovada. Que el pánico no cunda entre nosotros, D cuando vemos que el mundo tanto cambia. V El Señor está cerca, ¿no lo sientes? I Él pasa a nuestro lado y nos levanta. E ¡Es Adviento! Soñemos ya despiertos, N que es tiempo inundado por la gracia. T Isaías, María y el Bautista con su cálida voz nos acompañan. O A los desencantados y aturdidos, a los que nada ven, ni esperan nada, a los que la injusticia ha empobrecido, ¡que alumbre con más fuerza la esperanza!

P

D A

PARROQUIA CORAZÓN DE MARÍA GIJÓN www.pacomargijon.org

Avda. Pablo Iglesias, 82

985 37 09 44

Domingo 1º Adviento

Ciclo C

29-11-2015

DÉJATE ENCONTRAR POR DIOS

Desmontemos las falsas imágenes que nos hemos formado sobre Dios. Tenemos el peligro de aferrarnos a las ideas sobre Dios que hemos heredado. Pero a Dios no se le puede encerrar en unas fórmulas o imágenes fijas. La humanidad se ha hecho, a lo largo de la historia, muchas imágenes sobre Dios, tratando de dar respuesta a su existencia, desde el convencimiento de su presencia. Toda esas imágenes son imperfectas: no dejan de ser ídolos que el hombre ha fabricado para conocer a Dios. Conocer a Dios es controlarlo, es manejarlo, es poseerlo. Sin embargo Dios no se deja controlar por el hombre, no es su marioneta. Los esfuerzos intelectuales, si no van acompañados por la sorpresa y la admiración ante lo que Dios nos puede y quiere revelar, resultan inútiles y terminan en la propia negación de Dios: es lo que ha sucedido con todos los humanismos existencialistas más recientes. Sólo los sencillos, los pobres, los que se admiran y se dejan sorprender, son los que alcanzan a Dios. Ya lo decía el propio Jesús: Por aquel entonces exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor” (Mt. 11, 25-26)


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