Para un Adviento y Navidad distintos 1. Felicitar a personas «distintas»: Una de esas personas que está tirada en la calle, el portero de tu casa, un compañero de trabajo con quien no tienes mucha confianza, el equipo de Cáritas, un catequista, una enfermera o un médico, un enfermo ingresado en un hospital, un vecino anciano que vive solo en nuestro bloque, alguien que ha perdido recientemente un ser querido... 2. Montar un belén cristiano en casa y hacer de él el centro de nuestra vida. Reunirnos en familia en torno a él. Tener pequeños momentos de oración con la Palabra de Dios en la mano. Poner en la cuna nombres de personas que están pasando por malos momentos y pedir por ellas, etc.. Hacer lo mismo con personas que hacen más humano nuestro mundo. 3. Derrochar es el peor modo de entrar en sintonía con el Señor. Por eso: ponerse de acuerdo con quien sea posible en no hacerse regalos por cumplir. No regalar cosas innecesarias. Hacerlos a personas que realmente lo necesiten. Regalar miradas de afecto y palabras cordiales. 4. Destinar un porcentaje de nuestros gastos navideños a Cáritas o alguna ONG que lo emplee de manera responsable. 5. Procurar que alguna de las personas de nuestro entorno pueda gozar de un rato de descanso o de disfrute en medio de su tarea diaria de atender a enfermos, padres mayores.. Suplirla o ayudarla. 6. Dedicar un rato libre a un enfermo, a una persona que vice sola, a echar una mano en tareas sencillas a nuestro alcance.
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Domingo 2º Adviento
Ciclo C
06-12-2015
Hacen falta profetas. Nuestros tiempos son difíciles, pero la dificultad no es excusa para ceder ante el desaliento. Y para conseguirlo necesitamos guías creíbles que nos lleven por los caminos de lo concreto, de lo importante. El mundo está lleno de realidades, pero la tinta y las pantallas solo nos hablan de una pequeña parte. Son tiempos difíciles, y más que nunca necesitamos profetas auténticos. Que no llenen las horas con informaciones superficiales o sobre la omnipresente crisis, porque merecemos profetas que nos hablen, también, de lo bueno que está por venir, que rescaten lo importante de entre las marañas de lo banal. Que recuperen su legítima función de ser altavoz de los ignorados. Que informen pensando en las necesidades reales de la gente, que pasan por recibir información, no publicidad. Que luchen por contar la verdad sin temor a ser perseguidos por un ajuste económico. Que atiendan a lo importante. Que griten sin miedo lo que los poderosos de nuestro tiempo no quieren oír y no censuren su propia voz por miedo. Y faltan buenas nuevas. En estos tiempos, más que nunca.