Tomaron al poeta, por asalto; sacudieron su limbo, sin modales; lo hirieron, escupieron, desnudaron y, crueles, lo arrojaron a la calle. Estrujaron su cuerpo en el asfalto, furiosas, y en el acto mĂĄs infame, -al filo de un instante de quebrantoescribieron un verso con su sangre. SonrĂen celebrando su proeza y danzan, complacidas, en su vientre. La noche tiene el rostro de la muerte. Callando algunos gritos, torpemente, una lĂĄgrima rueda en la maleza: Mientras cruje... se alejan ya las letras. 26